Es una cuadra breve, bella y exquisita. Seguramente a él le
hubiera gustado que llevara su nombre, como le gustaba el barrio”. Ayer,
a los 87 años, Alberto Delmar bajó de su departamento y cruzó la
avenida Quintana para celebrar, junto a otros vecinos, que el elegante
tramo de la calle Schiaffino, entre Posadas y avenida Alvear, ahora
lleva el nombre de Adolfo Bioy Casares, un hombre que él, como muchos de
los que se acercaron, solía ver por las calles de Recoleta, o en las
mesas del café La Biela. El cambio apunta a rendir un homenaje a uno de
los grandes maestros de la literatura argentina. Y la fecha y la zona
elegida no fue arbitraria: el autor de El sueño de los héroes
nació el 15 de septiembre de 1914 en la avenida Quintana, cerca del
tramo rebautizado, y vivió muchos años en Posadas 1650, a la vuelta, y
en la misma manzana.
La escritora Maria Esther Vázquez, también
presente en el acto, destacó la importancia del tributo y, rodeada de
vecinos, destacó: “Haberle puesto ese nombre a este pedacito de calle es
un homenaje necesario y una recordación permanente de una casa donde
Bioy Casares y Silvina Ocampo vivieron tantos años”; y recordó que
“todas las ventanas de la casa de Posadas daban a ese pedacito de calle
que ahora se va a llamar Bioy Casares”.
También señaló: “Tenemos
nombres de estadistas, de políticos, de todo tipo de personas que han
hecho algo, a veces muy bien y a veces muy mal, pero que le hayan puesto
su nombre a ésta me parece muy justo. Además vale la pena que Buenos
Aires tenga una calle con el nombre de Bioy, porque él amaba Buenos
Aires”.
Como Delmar, ayer hubo varios vecinos que recordaban
haberse cruzado con Bioy en el barrio, en algún momento de sus vidas. Y
por eso muchos mostraban con orgullo el cartel que nombra el nuevo
tramo, que da justo enfrente de la plazoleta San Martín de Tours.
Algunos testigos del cambio recordaron que en esas calles creció Honorio
Bustos Domecq, el personaje que Bioy creó con su amigo Jorge Luis
Borges durante los almuerzos que compartían en la casa de Posadas
(Domecq era el apellido materno de su padre). Y otros contaron que el
departamento que anidó esas historias había sido un regalo de los padres
de Silvina. “Es que esta es un área de nuestra ciudad que ha sido
absolutamente afín a su vida: en esta manzana el autor desarrolló la
mayor parte de su actividad y vivió allí hasta su muerte. Por esas
calles solía andar, cerca de allí está el bar al que iba. Era su zona de
influencia”, explicó el diputado Raúl Puy, presidente de la Comisión de
Cultura de la Legislatura porteña y la persona que impulsó la ley que
avaló el cambio.
La iniciativa viene a sumar nombres de escritores
a las calles porteñas, un ítem escaso que incluye a Jorge Luis Borges
(Palermo), Julio Cortázar (Agronomía), Leopoldo Lugones (vía rápida) y
Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros.
“Nos dejó textos imprescindibles, como La invención de Morel o Una muñeca rusa
, que son mis favoritos. Por eso esto es un orgullo. Su obra es
maravillosa y es importante que quede una señal de él para siempre”,
cerró Manuel Florenz, otro de los vecinos que ayer apoyaron la novedad.
LAS VENTANAS CERRADAS
Por Ezequiel Martínez
“Hay que cerrar las ventanas”, pedía Bioy. Siempre. O al menos
eso le escuché decir todas las veces que estuve en su departamento de la
calle Posadas, ese desmesurado piso en forma de “L” que pegaba la
vuelta sobre el Pasaje Schiaffino.
Desde ayer, el edificio donde vivió junto a su esposa Silvina Ocampo –una placa de bronce recuerda que allí la pareja tuvo su residencia en esta tierra–, gira sobre ABC, las prolijas iniciales de Adolfo Bioy Casares que ahora le presta su nombre a una calle de cotizada brevedad. Todos esos saltos y curvas cambiantes son los mismos que jugaban los vientos inquietos que surcaban la estampa impecable del autor de “La invención de Morel”.
Por eso Bioy pedía que cerraran las ventanas, para no tener que sufrir el azote invisible de las corrientes de aire sin domesticar que le llegaban desde la Plaza de San Martín de Tours para aterrizar sobre el Palais de Glace. Pero antes, sin pedir permiso, atravesaban su casa pasándole el plumero a las bibliotecas infinitas del escritor y a su alma de dandy con bastón.
Desde ayer, el edificio donde vivió junto a su esposa Silvina Ocampo –una placa de bronce recuerda que allí la pareja tuvo su residencia en esta tierra–, gira sobre ABC, las prolijas iniciales de Adolfo Bioy Casares que ahora le presta su nombre a una calle de cotizada brevedad. Todos esos saltos y curvas cambiantes son los mismos que jugaban los vientos inquietos que surcaban la estampa impecable del autor de “La invención de Morel”.
Por eso Bioy pedía que cerraran las ventanas, para no tener que sufrir el azote invisible de las corrientes de aire sin domesticar que le llegaban desde la Plaza de San Martín de Tours para aterrizar sobre el Palais de Glace. Pero antes, sin pedir permiso, atravesaban su casa pasándole el plumero a las bibliotecas infinitas del escritor y a su alma de dandy con bastón.
Fuente: clarin.com