Composición gráfica de la mezquita de los Omeyas de Alepo, antes (en el cuadrosuperior)y después(imagen inferior) del hundimiento del minarete, el 24 de abril de2013 en Alepo.
Por Jalal al-Halabi
Tras el hundimiento el miércoles del minarete de la
mezquita de los Omeyas de Alepo, joya histórica de esta metrópoli del
norte de Siria, repasamos las principales destrucciones de bienes
culturales en conflicto:
- MALÍ: Tombuctú, apodada "la ciudad de los 333 santos" e inscrita en
el patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco, permaneció entre
abril de 2012 y enero de 2013 bajo control de los grupos armados
islamistas que la destrozaron. En junio de 2012, los yihadistas de
distintos movimientos relacionados con Al Qaida, que consideran la
veneración de santos como "idolatría", iniciaron la destrucción de
varios mausoleos, entre ellos el de la principal mezquita de la ciudad.
En enero de 2013, el Instituto de Investigación Islámica Ahmed Baba fue
saqueado, aunque se pudieron guardar la mayor parte de sus famosos
manuscritos y libros.
- LIBIA: En agosto de 2012, los islamistas demolieron con excavadoras
y profanaron el mausoleo del sabio Al Shab al Dahmani, en Trípoli.
También hicieron explotar el mausoleo del jeque Abdesalem al Asmar, un
teólogo sufí del siglo XVI, en Zliten, 160 km al este de la capital.
- TÚNEZ: Desde octubre de 2012, cerca de 40 mausoleos sufíes fueron saqueados o incendiados, según la Unión Sufí de Túnez.
- IRAK: En el caos que siguió a la invasión estadounidense de 2003,
al menos 32.000 piezas fueron robadas de los 12.000 sitios arqueológicos
catalogados. En Bagdad, otras 15.000 piezas fueron robadas del Museo
Nacional.
- AFGANISTÁN: En marzo de 2001, el jefe supremo de los talibanes, el
mulá Omar, ordenó la destrucción de los dos budas gigantes de Bamiyan
(centro-este), tesoros arqueológicos de más de 1.500 años de antigüedad,
considerados "antiislámicos", ya que representan figuras humanas.
- EX-YUGOSLAVIA: A finales de 1991, durante el conflicto serbocroata,
la ciudad medieval de Dubrovnik, clasificada en el patrimonio mundial
de la humanidad, fue arrasada. La biblioteca nacional de Sarajevo, joya
de la arquitectura austrohúngara del siglo XIX, fue destruida en agosto
de 1992 por la artillería de las fuerzas serbobosnias durante la guerra
de Bosnia.
En noviembre de 1993, las fuerzas croatas de Bosnia destruyeron el
puente de Mostar, considerado como una obra maestra de la arquitectura
otomana. La obra fue después reconstruida.
Tejido en el siglo XVI, robado de una catedral española en 1979
supuestamente por uno de los mayores expoliadores de Europa y vendido en
cinco países, un valioso tapiz regresó a España después que una historiadora lo descubriese a subasta en Internet.
Por Diego Crespo
Tejido en el siglo XVI, robado de una catedral española
en 1979 supuestamente por uno de los mayores expoliadores de Europa y
vendido en cinco países, un valioso tapiz regresó a España después que
una historiadora lo descubriese en una subasta en internet.
Los ministros españoles de Cultura, José Ignacio Wert, y del Interior, Jorge Fernández Díaz, presentaron este jueves a la prensa el recién recuperado tapiz 'La Virgen con San Vicente entre San Ramón y San Valero'.
La obra había sido robada hace 34 años de la catedral románica de
Roda de Isábena, en el noreste del país, "al parecer" por René Alphonse
van der Berghe, más conocido como 'Erik el belga', uno de los más
famosos expoliadores de iglesias de Europa, explicó a AFP un portavoz
policial.
El tapiz fue sustraído "junto a numerosas obras de arte, tras forzar
la puerta de entrada a la basílica con dos palanquetas", precisaron en
un comunicado conjunto los ministerios de Interior y Cultura. "Desde su
sustracción en 1979, el tapiz experimentó un largo periplo de viajes con
sucesivas ventas y adquisiciones en el mercado del arte, llegando a
pasar por cinco países: Bélgica, Alemania, Italia, Francia y,
finalmente, Estados Unidos", agregó.
La obra fue descubierta en 2010 por una investigadora del Museo de
Lleida, Carmen Berlabé, que "lo localizó a la venta a través de internet
en el catálogo de una galería que se dedicaba al comercio de tapices
antiguos" en la ciudad belga de Mechelen, cerca de Amberes, precisó el
portavoz.
A partir de ese momento comenzó una investigación que condujo a la
policía española hasta el último comprador, en la localidad
estadounidense de Houston. "Entre octubre y noviembre de 2012, un equipo
integrado por expertos en tejidos antiguos (...) viajó a Estados Unidos
para acreditar la autenticidad del tapiz", según el comunicado.
El análisis fue tan minucioso que se llegaron a contar los hilos del
tapiz para comprobar que se correspondían con la técnica utilizada en el
siglo XVI.
Tras su autentificación, las autoridades estadounidenses acordaron la
devolución de la obra, que ahora será sometida a una minuciosa
restauración en el Instituto del Patrimonio Cultural de España. Ésta
permitirá conocer aspectos "tales como el tipo de telar que se utilizó
en su confección, la calidad del taller y de los artesanos que lo
produjeron, su procedencia" o "la naturaleza de las fibras y
colorantes", precisó el comunicado.
Dos esculturas procedentes del saqueo del Palacio de Verano de Pekín en 1860 serán restituidas a China,
anunció el viernes un portavoz del grupo dirigido por el empresario
francés del sector del lujo Henri Pinault, cuya familia las había
adquirido tras una polémica subasta y nuevos avatares en 2009.
Pinault, presidente del grupo Pinault-Printemps-Redoute (PPR), se lo
anunció directamente al presidente chino, Xi Jinping, durante la cena de
Estado ofrecida el jueves por el mandatario chino a su par francés
François Hollande, precisó el vocero, que solicitó el anonimato.
Las piezas robadas del Palacio de Verano por las tropas
franco-británicas durante la Segunda Guerra del Opio (1856-1860) son dos
esculturas de bronce que representan cabezas de animales -una rata y un
conejo- del zodiaco chino, de la época del emperador Qianlong
(1736-1795).
Fueron subastadas en 2009 por Christie's, en el marco de la venta de
la colección de obras de arte de Pierre Bergé y de su compañero
sentimental, el modisto Yves Saint-Laurent, fallecido el año anterior.
China trató por vía judicial de impedir el remate, que finalmente se llevó a cabo en febrero de 2009.
Los dos bronces se adjudicaron por 14 millones de euros cada uno a un comprador anónimo que participaba por teléfono en la puja.
El misterioso comprador se identificó un mes más tarde como Cai
Mingchao, experto del Fondo de Tesoros Nacionales, una fundación privada
que tiene por misión adquirir obras de arte chinas dispersadas en el
extranjero.
Pero Cai indicó que se negaba a abonar la suma anunciada en el remate.
Posteriormente, "la familia Pinault compró las dos piezas", dijo a la
AFP el portavoz de PPR. Se abstuvo de precisar el precio de la
adquisición, pero aclaró que "no fue el que habían alcanzado en la
subasta".
Henri Pinault integra la delegación de unos sesenta empresarios de la
comitiva que acompaña a Hollande en su primera visita oficial a China. Fuente: AFP
Un busto del artista suizo Alberto Giacometti, que representa a
Caroline, su última musa, y valorado en entre 3 y 5 millones de francos
suizos (entre 2,5 y 4,1 millones de euros) será subastado el próximo 13 de junio en Lucerna, Suiza.
Por Carl Court
Un busto del artista suizo Alberto Giacometti que representa a Caroline, su última musa, y valorado en entre 3 y 5
millones de francos suizos (entre 2,5 y 4,1 millones de euros) será subastado el próximo 13 de junio en Lucerna (centro de Suiza).
El busto en bronce patinado, de una altura de 48 cm, fue puesto a la venta por un coleccionista suizo, indicó la galería Fischer de Lucerna, que organiza la subasta. Giacometti conoció a Caroline en 1958, cuando ella tenía 20 años y él 57. Permanecieron juntos hasta la muerte del artista en 1966.
El busto cambió de manos en varias ocasiones. La última vez que estuvo en el mercado fue en 1995, cuando su actual propietario lo adquirió por 320.000 dólares en la subasta de Sotheby's en Nueva York.
Alberto Giacometti (1901-1966) es uno de los escultores más caros del mundo. Su obra "L'Homme qui marche I" ("El hombre que camina I") fue subastada en Londres en 2010 por el precio récord de 104,3 millones de dólares.
Reúne unas 2 mil obras de 180 artistas, entre ellos dos argentinos.
La familia soñando (2011). La foto del argentino Alejandro Chaskielberg, tomada en Kenia, integra la muestra.
Berlin.- Ningún viaje, ninguna cola de espera, ningún ticket. Todo el
tiempo del mundo para admirar lo que se quiera, sin interrupciones ni
molestias. Hoy comienza la primera bienal de arte contemporáneo del mundo en Internet,
en la que se podrá disfrutar de las cerca de 2 mil obras de 180
artistas de todo el mundo sin levantarse del sillón de casa. Y que,
además, incluye creaciones de dos artistas argentinos.Los organizadores de la exposición digital ( www.biennaleonline.org ) esperan recibir al menos 100 mil visitas. “Nuestro objetivo
es sacar el arte de la torre de marfil en la que está recluido y
hacerlo accesible para la gente, que evita normalmente los pasillos de
las galerías”, explicó el creador de la iniciativa, David Dehaeck.
Autocensura (2006). Un video de la artista cubana Jeanette Chavez.
El
director artístico de la bienal, Jan Hoet, fue curador de la Documenta
IX (1992), una de las exposiciones más importantes del mundo, y durante
años también estuvo al frente del Museo de Arte Contemporáneo de Gante,
en Bélgica. Su trabajo se apoya en el criterio de 30 curadores de renombre internacional,
entre los que se encuentran Nancy Spector, del museo Guggenheim de
Nueva York; Daniel Birnbaum, del Museo de Arte Moderno de Estocolmo;
Yuko Hasegawa del Museo de Arte Contemporáneo de Tokio; y el argentino Rodrigo Alonso,
curador del pabellón nacional en la 54° bienal de Venecia. “Formé el
equipo de trabajo en dos semanas”, comentó Hoet. “Cuando comencé a
recibir una confirmación tras otra supe que la idea funcionaba”.
Pedazo de exposición (2010). De la holandesa Gwenneth Boelens.
Alonso comentó que “el planteo de Hoet fue bastante amplio: hay un tema general, ‘Reflexión e imaginación’, y a partir de ahí dio total libertad a los curadores para que elijan lo que quieran ”. La idea, agregó, fue “seleccionar a artistas jóvenes que no estén muy consagrados”.
Así, cada curador podía proponer a cinco artistas, de los cuales al menos dos debían ser de su país. Los dos argentinos elegidos por Alonso son Eduardo Basualdo y Alejandro Chaskielberg. “Son
dos artistas que me interesan mucho. Basualdo tiene una obra potente,
que dialoga perfectamente con la producción contemporánea internacional,
y que sólo necesita un poco de visibilidad para que su trabajo llegue a
lugares destacados.
El silencio de las sirenas (2012). Obra del argentino Eduardo Basualdo.
La obra fotográfica de Chaskielberg es igualmente
poderosa y ya ha llamado la atención internacional también”, dijo
Alonso.
Con la elección de los curadores se armó la muestra, que
ofrece cerca de 2 mil obras (cuadros, esculturas, instalaciones, videos)
de 180 talentos de todo el mundo. Las obras se
podrán ver a través de fotografías de gran resolución, complementadas
con una biografía del artista y un comentario del comisario. El público
podrá además entrar en contacto con los artistas a través de Facebook o
Twitter.
Amor (2004). Una creación de la artista griega Maro Michalakakos.
Esta muestra
virtual estará online hasta 2015. Por ahora, visitarla tiene su costo:
quienes quieran ingresar entre hoy y el 14 de octubre deberán pagar 10
dólares. Del 15 de octubre en adelante el pase será gratuito.
Como
en una partitura, la nueva exposición colectiva de una de las galerías
más sofisticadas de la ciudad, en términos de criterio conceptual y
seleccionado de artistas, opone al ruido y la saturación visual un
conjunto delicado y armónico de trabajos.Blanco de silencio comparte
obras de diez artistas representados por la galería que ejecutan
variaciones sobre el blanco: abstractas, poéticas, inspiradas en la
naturaleza, o bien piezas de laboratorios ópticos intransigentes y
refinados como los de Macaparana, Fidel Sclavo y Marcolina Dipierro,
todas ellas recuperan un legado de las vanguardias artísticas del siglo
XX -el blanco- y lo hacen progresar por medio de diferentes materiales y
perspectivas.
Dipierro, una de las artistas jóvenes de la casa,
presenta grillas escultóricas, más un conjunto de origamis desplegados
que conservan las huellas del doblado y, apilados, erigen un tótem de
papel blanco. La única obra de Juan Lecuona basta para hacer visibles
las razones que lo han convertido en un artista secreto y a la vez
universal: la bruma blanca de su pintura restituye protagonismo a los
fondos y a las atmósferas inestables del cuadro. El díptico Escena de la que surgimos
, de Carlos Arnaiz, con sus referencias a un mundo de semillas, piedras
y plantas, reconstruye mediante grafismos y texturas de blancos impuros
un escenario preternatural. Laura Lío, artista argentina residente en
Madrid, aporta imágenes de dos hojas de árboles trabajadas en papel
calado envuelto entre dos capas de tul. Una pieza escultórica a gran
escala y un óleo en el que opera la distancia de una niebla se articulan
de manera técnica y poética. Primeras imágenes de una virtuosa que en
2013 volverá a exponer.
Óleos y maquetas de César Paternosto evocan el trabajo
iniciado hace cien años por los suprematistas rusos, cuando el blanco
era considerado plataforma de la sensibilidad plástica. El artista de La
Plata traduce ese programa estético en clave musical y afablemente
irónica, y sus óleos, como pentagramas sin notaciones, recubren el
silencio. Una solitaria obra de Kirin, con sus líneas que forman bucles o
estancias abiertas, contagia vigor y elegancia.
Una revelación de la muestra es la artista checa Kveta
Pacovská, pintora, escultora e ilustradora nacida en 1928, que en 1992
obtuvo el premio Hans Christian Andersen. En los trabajos exhibidos
conviven rastros de la sensibilidad de sus obras para niños con una
libertad aplicada a la pintura tan imaginativa como emocionante. De
Eduardo Stupía, uno de sus raros paisajes pálidos, en los que las
manchas blancas infunden energía al conjunto, y tres assemblages organizados como laberintos o puzles tridimensionales.
Las enigmáticas escrituras de Fidel Sclavo, caladas en
cartón, y sus cuadros de ambigüedad figurativa parecen inscribir su
genealogía en escritores como Felisberto Hernández, Mario Levrero o
Marisa Di Giorgio, más que en artistas visuales. Por último, el solista
del conjunto en un espacio exclusivo: Macaparana. Diagramas blancos
retocados de dorado y plata, notaciones algebraicas informadas por la
música, últimas manifestaciones de la poesía concreta brasileña, míticas
maquetas de su serie de las ciudades, las creaciones de este artista
excepcional nacido en 1952 acompasan el refinamiento formal con la
sencillez de materiales: apenas cartón y un sacabocados.
Blanco de silencio en Jorge Mara-La Ruche (Paraná 1133), hasta el 31 de mayo.
La selección de obras del exquisito
artista evoca universos mágicos, místicos y misteriosos y dialoga en
Colección Fortabat con trabajos de jóvenes seguidores en un contrapunto
bautizado Trascendencia /Descendencia; la muestra es también una oportunidad para recordar las peripecias de su vida, su imaginario y sus obsesiones
Con
vista al río, oteando otra ribera, Roberto Aizenberg vuelve. Es
justicia poética con predicamento homérico y quevediano que su obra se
exhiba en la sede portuaria de la Colección de Arte Amalia Lacroze de
Fortabat, y sume belleza sublime al contexto fashion de Puerto
Madero. La consideración evoca una temprana obra maestra de Aizenberg,
óleo esquivamente confesional donde un padre y su pequeño hijo, vestido
de marinero, enfocan la mirada hacia otra orilla, otro confín.
Estaba destinado desde su nacimiento en Villa Federal, colonia judía donde sus padres hallaron refugio de los pogroms
rusos. A poco la familia se estableció en La Paternal y desde allí
Bobby pasó al Nacional Buenos Aires, seguido de un lapso en la Facultad
de Arquitectura y al taller de Antonio Berni hasta el encuentro
definitivo con Juan Batlle Planas. Otro exiliado venido de Torroella de
Montgrí, búnker surreal en plena Cataluña.
La obra de Aizenberg metaboliza todos estos estímulos,
diversificados por una curiosidad incesante, metódica, que alcanzaba
otras disciplinas: neurología, biología, filosofía.
Jorge Kleiman, fallecido semanas atrás, muy afín y
compinche en seriedades y chanzas, resumió el ideario creador de
Aizenberg. En el principio fue el automatismo, la fluencia del
inconsciente sin intervención volitiva. La mano trazaba este dictado en
múltiples, pequeños apuntes. Seguía el reposo de este material examinado
más tarde, que excluía todo azar. Seleccionaba, realizaba bocetos que
también analizaba. El laboreo posterior observaba todos los rigores
renacentistas: veladuras innúmeras, raspados y secativos, sumando capas
tras capas de pintura hasta lograr esos cromatismos y degradés
infinitos, insuperables. Y todo sin perder la frescura, la respiración
del lienzo, esos entramados virtuosos hechos a pedido en Bélgica, o la
pulpa de dibujos y grabados. Tales rigores determinaban que anualmente
concluyera media docena de obras.
Arlequín (1979).
Su
maestría fue temprana y sostenida por la introspección y la
contemplación, esa receptividad vibrátil y parsimoniosa, zen. Santiago
Kovadloff habla de una disposición mística cuajada en estética que
contiene el decurso de su peripecia humana y los arcanos infinitos. Y se
acuerda al considerar las arquitecturas simbólicas, metafóricas y
mayestáticas de pinturas y esculturas. Incendio del Colegio Jasídico de Minsk de 17... es paradigmático.
Sin pathos las alfajías perfectas arden por
fuego que no es de este mundo, como las torres enhiestas sobre cielos
impertérritos. Se trata de panteísmo, la enunciación de la unidad
viviente más allá de los episodios históricos, gozosos o dolorosos, al
fin humanos en su precaria condición, pero no contingentes a un diseño
que Aizenberg escrutó desde la poética plástica.
Esta entrega y testimonio demanda disposición acorde
del espectador copartícipe. Acercarse a la obra de Aizenberg recordando
que, como dijo san Juan de la Cruz, "te buscaré en el silencio y, en lo
secreto, hablaré a tu corazón".
***
A fuerza de hermetismo y probidad ejemplar de
imaginería y oficio se nos hace cuento que Roberto Aizenberg fue
vulnerable, jaqueado por desdichas y padeceres desgarradores. Más
lancinantes y próximos que el incendio de la sinagoga de Minsk, tan
desolados como ese padre y su hijo oteando un mar, horizonte, tierra o
estrella prometida... esa pérdida del reino que estaba para él.
Humeante (1967).
Era
riguroso y prodigaba rigores. Accedió a ser entrevistado por una
periodista novel y estableció que la cita sería a las 21 -puntualmente,
señaló- en su departamento que hacía proa, desde la avenida Caseros,
sobre el Parque Lezama. Despuntaban los años de hierro y había pavor por
la responsabilidad periodística ante
el artista, y por las circunstancias,
lugar y hora del encuentro. Perfectamente cortés -como deben ser los
surrealistas-, abrió la puerta y aquilató sin dar a conocer su decepción
ante la magra entidad de la azorada entrevistadora.
El taller tenía la asepsia meticulosa de un quirófano. Y
la periodista supo que se jugaba a todo o nada. En la mesa de trabajo,
como tubos de un órgano virtuoso, se alineaban lápices de puntas bien
temperadas. La desdichada arguyó: "Allí tiene los HB, grafitos duros y
puros, secos, inconcesivos y los otros son grafitos B de menor a mayor
pastosidad". "¿Cómo lo sabe?", dijo él. "Por el olor de la mina", dijo
ella. Y a partir de ese momento todo fluyó. Desde el fondo del
departamento un llanto pequeño, acotó la charla. "No es grave, dijo,
sólo la molestia de la primera vacuna del nieto de Matilde."
Como si valiera la pena, escandió para la ignota
periodista, con notable claridad, los fundamentos surreales de su
creación, los pormenores obsesivos, renacentistas, de su factura
plástica, los entramados que examinaba con psicólogos o biólogos de la
talla de Samuel Goldstein, como otrora la hiciera con Juan Batlle
Planas.
Otros rigores cayeron sobre Bobby -nombre de mascota,
chanceaba-. Y el exilio hizo su marca indeleble. Volvía a Buenos Aires,
tanteando la posibilidad del regreso tras el desastre que arrasó a los
tres hijos de Matilde Herrera, sus parejas y nietos. Fue por mediación
de otro artista exiliado que la azorada periodista estableció el vínculo
para dar a conocer la creación de Roberto Aizenberg en el medio
porteño. En el departamento alquilado, casi clandestino, con fotos
improvisadas -para no comprometer a colegas expertos en cámara-,
Aizenberg daba razón de la obra consumada. Se debe a Ernesto Schoo,
editor en la cornisa, la posibilidad de publicar la nota.
Pasaron los años, también para la periodista. El
reencuentro se produjo a primera hora de la tarde, en un departamento de
calle Juncal, compartido por Matilde, Bobby y Ludmila. "Me la regaló
Aurora Bernárdez. ¿Sabés que es parienta de la gatita de Julio
Cortázar?", precisó Bobby. Matilde llegaba de la peluquería y saludó
brevemente mientras ceñía un pañuelo blanco a su cabeza. Por eso sé que
era un jueves. Bobby desvió la mirada hacia un tapiz de Carlos Luis Pajita
García Bes, otro amigo en común. Los encuentros se sucedieron, pautados
por rigores, precisiones y recatados dolores. Y como antes fue velada
Matilde, en la cama, la gatita anidó sobre el pecho y maltrecho corazón
de Bobby.
Encuentro generacional:
La lección del maestro
Trascendencia / Descendencia , muestra que
inaugura la temporada 2013 de exposiciones temporarias en Colección
Fortabat, reúne 65 obras de Roberto Aizenberg (Entre Ríos, 1928-Buenos
Aires, 1996) junto con trabajos de artistas contemporáneos como Pablo
Lapadula, Amadeo Azar, Cristina Schiavi, Max Gómez Canle y Daniel
Joglar. "La exposición no pretende añadir hipótesis acerca de lo que la
obra de Aizenberg fue, sino jugar en torno de lo que puede ser", aclara
su curadora, Valeria González, quien valora el clima "onírico,
pesadillesco, cabalístico, metafísico y poético" de la producción de
este gran artista, discípulo de Juan Batlle Planas, que alcanzó
cotizaciones por arriba de los 100.000 dólares en subastas
internacionales.
Ficha. Roberto Aizenberg.
Trascendencia/Descendencia en la Colección de Arte Amalia Lacroze de
Fortabat (Olga Cossettini 141), hasta el 23 de junio. Entrada: $ 35.
Visitas guiadas: martes a domingos a las 17