"AMALIA", DE ENRIQUE GARCÍA VELLOSO,
EL PRIMER LARGOMETRAJE ARGENTINO


A la Argentina, el cine llegó poco después de su lanzamiento en París, al poco tiempo empezaron a rodarse las primeras producciones nacionales. Entre melodramas, policiales, cintas cómicas y temas camperos; durante el período mudo, se hicieron más de 200 películas; se destacaban los asuntos tangueros de Agustín Ferreyra.
Si bien nunca se organizó una verdadera industria fue con la llegada del cine sonoro, allá por 1933, donde se empezó a poner el foco en maximizar a este arte. La primera exhibición pública fue en 1896 en el céntrico Teatro Odeón de Buenos Aires y fue organizada por el empresario Francisco Pastor y el periodista Eustaquio Pellicer.

Auguste y Louis Lumière, los inventores del proyector cinematográfico.

Entre los films proyectados se encontraba "La llegada del tren", del sello Lumière, que según testimonio registrado en el Diccionario Histórico Argentino (de Piccirilli, Romay y Gianello) "provocó el pánico entre algunos espectadores de la tertulia alta, uno de los cuales al ver la locomotora que avanzaba se lanzó a la platea, lastimándose".
Ya para entonces el belga Enrique Lepage empezaba a interesarse en la importación de aparatos filmadores y proyectores, ante la necesidad de enriquecer su comercio de artículos fotográficos de Bolívar 375, a una cuadra del Colegio Nacional Buenos Aires.
Lo habían entusiasmado dos empleados de su establecimiento, el francés Eugenio Py y el austríaco Max Glücksmann, atentos lectores de los catálogos de la especialidad que enviaban las casas europeas. La mención de la nacionalidad de estos precursores es deliberada, pues el cine también se integra en el bullente fenómeno inmigratorio que caracterizó a la Argentina en el trance al siglo XX. Ya en 1897 llegaron a Buenos Aires las cámaras Elgé, francesas, fabricación de León Gaumont. Fue con una de ellas que Eugenio Py comenzó a filmar, a manera de ensayo. Fue una suerte de amateurismo que habría ganado circunstancialmente a unos pocos aficionados a la fotografía fija. Por obra de Py, el primer producto habría sido un corto de diecisiete metros titulado "La bandera argentina", la insignia patria flameando en el mástil de la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno. El entusiasta Py era un artesano, experto hombre de laboratorio. Otras eran las ilusiones de Glücksmann. Su instinto comercial advirtió él porvenir de la novedad e inició sin dilaciones la venta de aparatos y de vistas, pequeños rollos de actualidad.
Entre 1896 y 1914 el cine mudo se había desarrollado solamente en cortometrajes.

Escena de la película "Amalia" en una habitación. En primer plano, sentados a una mesa, Raquel Aldao con el codo sobre la mesa, José Miguens y Rodolfo Quesada Pacheco con un sable en el cinturón. A la izquierda, de pie, María Delfina Astengo en el papel de Jesusa.
Fotografía blanco y negro sobre papel fotográfico brillante.
Año: 1914 Dimensiones: 24 cm x 18 cm Código: FOT002629
Colección del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken


La ficción histórica creció hacia el largometraje con “Amalia”, del año 1914, sobre la novela homónima de José Mármol. La puesta en escena, el guión, la adaptación y la dirección fueron del dramaturgo Enrique García Velloso. Superó en mucho la escolaridad atribuida a los cortos de Mario Gallo, que había hecho “La Revolución de Mayo” en 1909 y superó las limitaciones de un elenco de no profesionales. La producción fue de Max Glücksmann y la fotografía de Eugenio Py. Es un drama y tiene una duración de 61 minutos. Como es muda, tiene títulos sobreimpresos.
En la película participan integrantes de la sociedad porteña de entonces en calidad de actores y los espectadores también fueron representantes de la burguesía local, quienes se integran al espectáculo como a un juego.
La película se presentó en el Teatro Colón, escenario inhabitual para el cine, en diciembre de 1914.
La importancia de “Amalia” radica en que fue el primer largometraje producido en la Argentina.
Raquel Aldao, que en la ficción representó el papel de Manuelita Rosas, se presentó ante las damas de la Sociedad del Divino Rostro y les contó la idea que había tenido de filmar una película para luego exhibirla cobrando la entrada, a fin de recaudar fondos para destinarlos a solventar parte de las muchas obras de bien que realizaba la entidad. El elenco se conformaría con parientes y amigos, todos amateurs que iban a actuar en forma desinteresada. Integraron también el elenco de “Amalia”, dos hermanos de Raquel Aldao: Ricardo, como Pedro, y Camilo, haciendo el papel de Corvalán.
Según relatos de la misma Raquel, gran parte de las escenas se filmaron en un terreno baldío de la entonces Avenida Alvear, hoy del Libertador, lo que llegó a provocar que en algunas de ellas, se pueda ver que los decorados se mueven por efecto del viento.
Muchas de las escenas en exteriores, con y sin caballos, se filmaron en el Parque Tres de Febrero, en Palermo, donde en esa época era común ver ciervos y ovejas sueltos.


ELENCO DE “AMALIA” DE GARCÍA VELLOSO:


Amalia………………………………...Srta. Susana Larreta y Quintana

Eduardo Belgrano…………………...Sr. Luis García Lawson

Daniel Bello ………………………….Sr. Jorge Quintana

Florencia ……………………………..Srta. Lucía de Bruyn

D. Juan Manuel de Rosas ………….Dr. José Miguens

Manuelita Rosas …………………..Srta. Raquel Aldao

Cuitiño ………………………………..Sr. Rodolfo Quesada Pacheco

Doña Josefa Acosta ………………..Srta. Josefina Acosta

Doctor Alcorta ……………………….Sr. Carlos Morra

Luisa ………………………………….Srta. María Luisa Constanzó

Pedro………………………………….Dr. Ricardo Aldao (h)

Agustina R. de Mansilla …………….Srta. María Carolina Harilaos

Corvalán ……………………………...Sr. Camilo Aldao

Sra. de Dupasquier…………………..Srta. Lola Marcó del Pont

D. Cándido Rodríguez ……………….Sr. Delfín Huergo Paunero

Jesusa ………………………………...Srta. María Delfina Astengo

Mariño …………………………………Sr. Juan Carlos Huergo

Josefa …………………………………Srta. Inés González Guerrico

General Mansilla ……..………………Sr. Enrique Bustillo

Petra.…………………………………..Sra. Florencia Quesada

Felipe Arana.………………………….Sr. José Estrada

Rosa……………………………………Srta. Rosa Huergo

Fermín………………………………….Sr. Enrique Schlieper (h)


Srtas. María Ayerza, Manuela Lloveras, María Teresa Bravo, Susana Estevez, María Luisa y Laura Salas, Silvina Cobo, Mariana Vivot, María Helena Saguier, María Luisa Larreta y Quintana, Carmen y Josefina Zuberbühler, Ana María y Lola Flores Pirán, Josefina y Silvia Lagos García, Delia Guerrico, Arminda Luro Roca, Alicia Richard Lavalle, Carmen Sauze, Tita Yañez, Clara Becú, Elina Cramer, Elisa Luque Bustillo.
Una foto de las Bodas de Oro del Dr. Ricardo C. Aldao y Rosa Freyre de Aldao, padres de los tres Aldao que integraron el elenco de actores no profesionales de Amalia, el primer largometraje argentino. Se los puede ver dentro del rectángulo, de izquierda a derecha, Camilo, Raquel Aldao de Rodríguez - también autora de la idea de hacer el film para recaudar fondos para la Sociedad de Beneficencia de la Capital - y Ricardo (h). Esta foto fue tomada el 24 de mayo de 1936, 22 años después de estrenarse Amalia en el Teatro Colón de Buenos Aires.

Tengo entendido que una copia de Amalia, verdadero fósil de la cinematografía argentina, se salvó por milagro de un incendio que hubo en la Cinemateca Argentina.
Hace varios años, tuve el raro privilegio de poder ver la “Amalia” de García Velloso en la Sala Martín Coronado del Teatro Municipal General San Martín, sentado al lado de mi tía abuela Raquel Aldao, quien había tenido la idea de hacer la película y que representó en ella el papel de Manuelita Rosas. Al mismo tiempo de la proyección, un pianista ejecutó en vivo música de principios del siglo XX.


Otra escena de "Amalia", el primer largometraje argentino.

Enrique García Velloso, guionista, adaptador y director de "Amalia".


Raquel Aldao

Fue un personaje singular y encantador de un Buenos Aires ya ido y una precursora en muchas cosas a quien quise mucho. Era hija de un gran patriarca propulsor del deporte amateur en la Argentina, el Dr. Ricardo C. Aldao y de Rosa Freyre. Era, por naturaleza, trasgresora. Creo que podría caberle a Raquel algo que Jorge Luis Borges dijo de Victoria Ocampo: “En una época en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser individuo”. En 1916, se consagró como primera campeona femenina en los greens de la cancha de Playa Grande de la
llamada Catedral del golf de nuestro país, el Mar del Plata Golf Club.
 
El Mar del Plata Golf Club. 


Con su hermano César y a escondidas de su padre, se escapaba a volar con Jorge Newbery, el gran deportista y pionero de nuestra aviación, en un precario avión Morane-Saulnier. Raquel iba atrás de Newbery, que piloteaba el avión, “sentada en una tabla puesta de caño a caño”, a modo de asiento y atada con unos correajes, según su propio relato, para no volarse y con unos anteojos como antiparras.
Raquel bailaba admirablemente, fumaba cuando ninguna mujer fumaba y usaba su piel bronceada, cuando entre las mujeres de la época la moda eran la palidez extrema y los polvos faciales de arroz.
Raquel Aldao fue también una de las primeras mujeres que manejaron autos en Buenos Aires y tenía el registro Nro. 5. Los tres primeros carnets para manejar, correspondían a tres hombres, el cuarto a otra mujer y el quinto era el de ella, por lo que es fácil deducir que fue Raquel la segunda mujer que manejó oficialmente habilitada para hacerlo aquí. Raquel, que tenía un gran sentido del humor, durante los últimos años de su vida, estando ya casi ciega, llevaba su carnet de manejar Nro. 5 en su cartera, protegido por una bolsa de plástico, y, sonriendo, lo mostraba como cosa insólita, buscando sorprender a quien quisiera verlo. 

Un avión Morane-Saulnier Type L Airco DH.2 como los que volaba Raquel con Jorge Newbery.


Cuando fue a tramitar su carnet, Jorge Newbery, que a la sazón era algo así como el Director de Paseos y la persona que debía firmar las licencias de conducir, le pidió a Raquel que le diera dos fotos suyas. Ella, muy suelta de cuerpo por la confianza que le daba su anterior trato con Newbery, le preguntó para qué quería dos fotos si con una sola debía bastarle. Newbery, sonriendo admitió que una de las dos fotos la quería para tenerla él.

Jorge Newbery en su avión. 


Tenía Raquel muchísima personalidad, un gran atractivo y muchísimo poder de convocatoria; era quizás más interesante que bonita y causaba sensación en los salones de la época, amén de organizar fiestas que hicieron historia. Siempre fue una mujer elegante y hasta sus últimos días tuvo siempre un toque de gracia o un detalle de buen gusto en su vestimenta.
 



También bailó tango con Eduardo de Windsor, cuando visitó la Argentina siendo Príncipe de Gales - heredero del trono británico – en el Palacio Ortiz Basualdo, sede actual de la Embajada de Francia en Buenos Aires, en la esquina donde se tocan la Avenida Alvear y las calles Cerrito y Arroyo, frente a la plaza Carlos Pellegrini. Eduardo estuvo en la Argentina solo en 1925 y en 1931 volvió, esa vez en compañía de su hermano, el Príncipe Jorge, que después sería Duque de Kent. En su primera visita al país, Eduardo de Windsor se tuvo al Palacio Ortiz Basualdo como residencia oficial. Más adelante, a los once meses de reinar como Eduardo VIII, iba a abdicar al trono británico ante la imposibilidad de casarse con su prometida Wallis Simpson, que era divorciada y vuelta a casar. 



El Palacio Ortiz Basualdo, donde Raquel Aldao bailó tango con el Príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, heredero del trono británico, en 1925.

Eduardo de Windsor y Wallis Simpson en una foto de Richard Avedon


Tenía además Raquel una desarrollada sensibilidad artística y un modo plástico de ver el Mundo. Durante años pintó con la guía de su maestro, el gran pintor y escenógrafo Héctor Basaldúa, que tenía por ella una particular estima, puesta de manifiesto en el retrato que le hizo y que Raquel le regaló a mi madre unos años antes de morir. Hizo coloridos paisajes de Buenos Aires, del Tigre, de Ascochinga, Córdoba, naturalezas muertas, retratos, etc.
 
El London Herald anuncia la abdicación del rey Eduardo VIII para casarse con Wallis Simpson: “Eduardo VIII abdica. El rey renuncia a la corona por amor”.

Escena de “Amalia” en una habitación. Sobre la izquierda, una mesa a la que están sentados José Miguens, Raquel Aldao y Rodolfo Quesada Pacheco. A la derecha, de pie, María Delfina Astengo. Colección Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken.

Escena de la película "Amalia" en exteriores, donde aparecen en primer plano, hacia la derecha, sentados en un banco de izquierda a derecha: María Delfina Astengo en el papel de Jesusa, con vestido largo, peinetón y mantilla hablando con José Miguens que interpreta a Rosas, cruzado de piernas y con la mano izquierda apoyada en un bastón; y Raquel Aldao en el papel de Manuelita, hablando con otro hombre. Detrás de pie, una esclava mulata y tres mazorqueros. Muchas de las escenas en exteriores, con y sin caballos, se filmaron en el Parque Tres de Febrero, en Palermo. Colección Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken.

Una escena multitudinaria de “Amalia” que podría perfectamente asociarse con escenas costumbristas plasmadas en sus cuadros por el pintor uruguayo Pedro Figari. Fotografía de la colección del Museo del Cine Pabló C. Ducrós Hicken.

                     
                  Raquel Aldao, izquierda, con su hermana menor, Inés, paseando           Raquel bromeando a bordo.
                    sus perros.

Raquel Aldao retratada por su maestro, el pintor y escenógrafo
argentino Héctor Basaldúa.
Raquel Aldao de Rodríguez, un personaje singular de Buenos Aires, aquí con su marido, el uruguayo Omar Rodríguez y sus hijos Raquel y Ricardo. La foto, del diario La Nación, de Buenos Aires, es de las Bodas de Oro de los padres de Raquel, el Dr. Ricardo C. Aldao y Rosa Freyre de Aldao, el 24 de mayo de 1936.



           Pedro L. Baliña



Link para ver “Amalia”, parte 1/7, en You Tube:
http://www.youtube.com/watch?v=PQcUMfQPjzQ


1 comentario:

  1. Muy interesante y bien explicado. Me gusta la última fot, que coincide con lo enunciado por el relator.

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