Se exhiben en el Borges cien fotos de la italiana que retrató la primera década de la Revolución Mexicana. Discípula de Edward Weston, amiga de Kahlo y Rivera, vivió y fotografió su época con la misma pasión.
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Mujer con bandera. México, D.F., 1928. |
Por Marina Oybin
Fotógrafa, miembro del Partido Comunista, revolucionaria,
responsable del Socorro Rojo Internacional. Mujer jugada, cautivó a
hombres que dejaron huella. Trabajó como empleada en una fábrica textil,
fue modelo, actriz de Hollywood, de teatro, y luego tomó el camino de
viajera incansable en la causa revolucionaria. Fue, sobre todo, una
mujer con una biografía apasionante, a contrapelo del México
tradicionalista de los años veinte.
Tina Modotti. Fotógrafa y
revolucionaria reúne en el Centro Cultural Borges una selección de cien
fotografías, pertenecientes a la galería Bilderwelt de Berlín, que
recorren distintas series de esta fotógrafa que entre 1923 y 1930 logró
una vasta producción fotográfica, antes de dejar la cámara por la
revolución.
Amiga de Diego Rivera, que la retrató en murales;
Frida Kahlo, Siqueiros, Neruda, Rafael Alberti y Miguel Hernández,
Modotti publicó muchas de sus fotos en medios de México y de otros
países y en “El Machete”, órgano oficial del Partido Comunista
Mexicano.
“Su obra fotográfica es un paradigma de la fusión entre
la cultura revolucionaria mexicana y la estética fotográfica
vanguardista”, dice Blanca María Monzón, curadora de la muestra junto
con el alemán Reinhard Schultz, director de la galería Bilderwelt,
especialista en la obra de Modotti y en los aspectos más ocultos de su
biografía. La muestra –son modern prints , es decir, no son
copias de época sino copias actuales, hechas a partir de negativos en
Alemania por Schultz– es un recorrido que va desde sus primeras fotos,
donde se evidencia la influencia de Edward Weston, hasta la Modotti con
sello propio que deja de lado las estructuras despojadas y las
composiciones más geométricas y avanza con los retratos para después
meterse con series como Madres y niños , Campesinos , Trabajo y miseria ,
Revolución y Mujeres de Tehuantepec . Hay fotografías inolvidables:
las asambleas campesinas, los sarcófagos de dirigentes campesinos
asesinados (1927), Diego Rivera en un mitin del Socorro Rojo
Internacional, el Comité Nacional de la Organización de los Jóvenes
Comunistas y una foto de los chicos pioneros en Berlín (1930). Se exhibe
también la conocida “Mujer con bandera”, una de las pocas fotografías
preparadas que hizo Modotti, y se proyecta en sala The Tiger´s Coat
(1920, EE.UU.), una de las películas mudas en la que actuó.
“Trato
de no producir arte”, señaló en una oportunidad de sus imágenes
simples, sin pretensiones y potentes que pusieron el foco, entre otros
temas, en la organización del partido, en el trabajo y los medios de
producción, y en símbolos revolucionarios como la hoz y el martillo.
Tras
un largo olvido, la obra de Modotti empezó a revalorizarse
vertiginosamente. “Hoy es considerada una de las fotógrafas más
destacadas del siglo XX”, dice Reinhard Schultz.
Hay, además, una
serie de bellísimos retratos de Modotti actriz y un sector dedicado a
los deslumbrantes desnudos que le hizo Weston y que en la época causaron
polémica.
Con 17 años y paso fugaz por la escuela, Tina Modotti
emigró a Los Estados Unidos siguiendo a su padre y a su hermana, que
habían viajado a San Francisco siete años antes, en 1906, escapándole a
la pobreza de Italia. Su pareja, el pintor y poeta Roubaix de l’Abrie
Richey murió en 1922, de viruela. Luego, tuvo una relación con el famoso
fotógrafo Edward Weston, su primer maestro. Juntos viajaron a México.
“Tina se identificó a tal punto con la cultura y con la gente que inició
su militancia política”, cuenta Monzón. Weston regresó a EE.UU. y al
tiempo Tina conoció al muralista Xavier Guerrero, miembro del Comité
Central del Partido Comunista Mexicano. Luego llegaría el gran amor de
su vida: Julio Antonio Mella, cofundador del Partido Comunista en Cuba,
que planificaba derrocar al dictador Machado. Llegaría también el final
trágico: Mella fue asesinado frente a Modotti en 1929. El jefe de
policía junto con la derecha mexicana inventaron la historia de un
crimen pasional con el papel estelar de Tina Modotti como asesina,
dejando de lado la investigación por el asesinato político. “La verdad
es que Machado contrató a una persona para que lo asesinara”, afirma
Schultz.
Y hubo un quiebre para siempre en Tina, que llegó a
confesar que la tristeza le impedía seguir: “Si me permites emplear la
palabra derrota, en este caso te diré que la derrotada me siento yo por
no tener más nada que ofrecer y por no tener más fuerzas para la
ternura”, le escribía a un amigo ese año. Se exhiben fotos inolvidables:
Mella apolíneo, heroico. Otra imagen: su máquina de escribir de la que
asoma la hoja tipeada con un texto de Trotsky. Siguiente foto tomada por
Modotti: Mella muerto, en un plano cerrado que estremece.
En
1930, el atentado al presidente electo Ortiz Rubio fue el pretexto justo
para que el gobierno iniciara una cacería de militantes del Partido
Comunista en todo el país. Siqueiros cayó preso. Después de pasar trece
días en la cárcel, Modotti fue liberada con la condición de abandonar
México en dos días. El primer destino fue Berlín; luego Moscú, desde
donde, como responsable en el Socorro Rojo de las relaciones con las
secciones latinoamericanas, hizo arriesgados viajes clandestinos a otros
países para ayudar a presos políticos. Siguieron Viena, España, París.
En 1932 su pareja era Vittorio Vidali, comisario político del V
Regimiento en la Guerra Civil Española. En España, Modotti fue una de
las figuras centrales del Socorro Rojo Internacional: se ocupó de tareas
administrativas y de gestión hasta de la atención de víctimas en los
hospitales y también fue asistente del médico canadiense Norman Bethune,
el primero en hacer transfusiones de sangre en el campo de batalla.
“Tina Modotti fue una persona generosa, amada por todos los que la
conocieron en su trabajo, principalmente por su entrega durante la
Guerra Civil Española”, señala Monzón.
Regresó a México en 1939
como “persona non grata” y poco después el presidente Lázaro Cárdenas
anuló aquella expulsión de 1930. Tras el pacto entre Stalin y Hitler,
cortó relación con el partido, y la arena política la distanció también
de viejos amigos como Frida y Diego Rivera.
“Murió pobre y débil,
muy triste, sola y decepcionada, pero hasta último momento, ayudando a
la gente”, apunta Schultz. Y aunque hasta hoy siguen las dudas sobre su
muerte, el galerista sostiene que son infundadas: “La prensa acusó a
Vidali de asesinarla por encargo del servicio secreto soviético, pero no
hubo nada de cierto: murió de un infarto”.
“Tina Modotti,
hermana, no duermes, no, no duermes./Tal vez tu corazón oye crecer la
rosa/de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa./Descansa
dulcemente, hermana.”, así empezaba el poema Tina Modotti ha muerto que
escribió Neruda, uno de los pocos viejos amigos con los que siguió en
contacto.
“El arte –escribió Modotti– no puede existir sin la
vida, lo reconozco, pero (…) en mi caso la vida está luchando siempre
por imponerse, y el arte, como es natural, sufre en esas
circunstancias”. En ella, hubo un momento en que arte y vida se unieron
en un camino de acción vinculado con la política y, al mismo tiempo, con
el amor.
Fuente: Revista Ñ Clarín
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