Últimas tendencias II es mucho
más que una muestra: es una manera de poner en discusión la producción
de una década y revisar las políticas de adquisiciones de museos
públicos como el Mamba
Hablar es donarse al malentendido. Más que escuchar lo que el otro dice, cada oyente presta oídos a su propio delirio. Siempre fue complejo pensar un espacio en el que el compartamos el sentido: ya en el siglo V antes de nuestra era, Gorgias desconfiaba incluso de que pudiéramos comunicarnos. Pero la Modernidad aceleró el proceso hasta el infinito cuando Nietzsche demostró que no existen los hechos, sino que sólo existen las interpretaciones. Todo sentido que "compartimos" es el resultado de una lucha. Nada de lo que podemos pensar es algo dado: todo es (posible) objeto de controversia. No podemos pensar en nada si no podemos decirlo: es decir, si no podemos convertirlo en un hecho de lenguaje, en una interpretación. A comienzo del siglo XX, esta proposición llegó al extremo cuando Ludwig Wittgenstein dijo: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo". Eso no quiere decir que no haya nada fuera del lenguaje. El propio Wittgenstein dice que sí existe un afuera del lenguaje: "Existe ciertamente lo inexpresable. Se muestra; es lo místico". La ética (los valores, el sentido de la vida), lo místico (lo inefable) y el arte no "dicen" nada del mundo, sino que lo muestran: le dan valor. Al mismo tiempo que Wittgenstein desarrollaba estas ideas, Marcel Duchamp con sus ready-made fundaba otra forma de hacer y pensar el arte: como un "pensamiento" más allá de la filosofía (más allá del lenguaje). Un siglo más tarde, estas consideraciones ocupan el centro de la escena artística, como bien lo demuestra Últimas tendencias II en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba). No se trata de una muestra más, sino de un acontecimiento significativo: una nueva producción estética en sí misma.
Más que una muestra, Últimas tendencias II es
una forma de poner en discusión el arte contemporáneo. No es casual, por
eso, que, además de las obras que incluye (unas 120, de 112 artistas),
se haya convertido en el centro de un debate. Ese debate surgió al
cuestionarse de qué manera se conforman los patrimonios de los museos
oficiales (ver recuadro), pero ya ha derivado en algo mucho más
importante: se ha convertido en una nueva obra de arte. Una obra que
resignifica tanto la muestra como el catálogo que la acompaña y que,
además, abre nuevos rumbos (una última tendencia) en la producción
estética contemporánea. El arte no cesa.
Últimas tendencias II (como su nombre lo indica) es "la segunda parte" de una muestra acaecida hace una década: Últimas tendencias 2002
(que pasaría a ser la versión "I"). La similitud del título surge de un
mismo propósito por parte de la dirección del museo: la de poner a
consideración del público un recorrido importante, exhaustivo, aunque
obviamente sea un recorte parcial de las principales corrientes del arte
actual. Y ponerlo a consideración en dos momentos muy diferentes: el
primero, en pleno estallido de la crisis de 2001 (como una forma de
resumir el arte de los años 90, que tuvo su epicentro en la Galería del
Rojas, pero que se expresó también en otros ámbitos, como el CAyC, el
ICI, la beca Kuitca y la galería Ruth Benzacar) y, el segundo, en la
actualidad, resumiendo los primeros años del siglo XXI. Es una pena que
no se hayan aprovechado las otras dos salas del museo para montar ambas
muestras juntas, lo que hubiera permitido ver las diferencias, pero
también las insistencias, y, además, hubiera acercado al nuevo público
de arte contemporáneo (hoy mucho más masivo que hace apenas diez años)
un recorrido por mucho de lo mejor de los años 90.
La disidencia que manifestaron los artistas ante la
insistencia por parte de la dirección del museo en que se donasen las
obras exhibidas ya estaba inscripta en esas mismas obras. La puesta en
discusión de las donaciones no hizo más que volverla visible. El
movimiento Artistas Organizados (AO) -que surgió a partir de esta puesta
en cuestión- y las acciones que se vienen realizando (desde performance s que acompañaron la inauguración hasta el sellado de las paredes de la muestra y de los catálogos, obra que se denomina Última tendencia: donaciones en suspenso
) son la puesta en escena de una obra colectiva que transforma la
muestra dedicada al arte producido en esta última década (del que las
obras y los artistas seleccionados conforman un recorte plausible) en un
intervención site-specific cuestionadora de las políticas
culturales. Podríamos decir que el grupo Artistas Organizados ha
producido una instalación mental que permite leer todo lo producido en
está década desde otro lugar.
La curadora general de Últimas tendencias II es Laura Buccellato (también curadora de la primera Últimas tendencias
y directora del museo en el que la muestra está montada). A Buccellato
la asistió un comité de selección del que formaron parte Valeria Balut,
Julia Converti y Marcelo Grosman. La selección ha sido exhaustiva y
rigurosa: no están todos los artistas cuya obra haya dejado una marca en
esta primera década del siglo XXI (lo que sería imposible), pero todos
los que están son incuestionables. Hay algún artista fuera de registro
(como Sergio Avello), pero eso se debe a que se ha querido subsanar un
hueco muy notorio en la colección del museo, ya que estuvo ausente en la
anterior exposición. El criterio de selección, además, ha sido amplio
en cuanto a soportes, estéticas, estilos, puntos de vista y
trayectorias, ya que incluso (hecho que es auspicioso) ha convocado a
artistas muy jóvenes, como Santiago Villanueva (Azul, 1990), que están
creando una obra muy personal, en este caso, centrada en una relectura
cimarrona de la historia del arte argentino.
Obra sin título de Diego Bianchi, 2011. Foto: ANDREA KNIGHT |
La muestra se despliega en varias salas, desde la
planta baja hasta el segundo subsuelo del museo. Para no dispersarnos en
la multiplicidad de líneas que propone la selección que realizó la
curadora y su equipo y poder concentrar la intensidad de la mirada en
algunos momentos que nos parecen especialmente valiosos, vamos a acotar
el recorrido a algunas decenas de propuestas en vez de referirnos a las
más de cien obras que componen el recorrido completo. Pablo Accinelli
presenta una serie abstracta que insiste en lo mínimo; de Manuel Ameztoy
se exhiben textiles no tejidos; un puré de papas sobre un colchón y una
rosa seca que se degrada se conjugan en la obra de Nicanor Aráoz para
generar uno de esos delirios oníricos que caracterizan sus apuestas; de
Ernesto Arellano se seleccionó una de sus cerámicas vinculadas al
imaginario del manga; una obra minimalista, matérica y lúdica de Nicolás
Bacal (un carrete de VHS flotando en el espacio, titulado Las líneas paralelas se cruzan en el infinito
). De Gabriel Baggio están los injertos cerámicos que mostró en
Fundación Klemm. Javier Barilaro aporta su poesía latina y Leo
Battistelli, uno de sus talismanes aéreos, que petrifica en cerámica el
soplo mágico del candomblé .
Un monstruo informe, de amenazante vidrio (trozos de
botellas rotas), es el aporte de Diego Bianchi; un gran tapiz, bordado a
mano, es el marco en el que Chiachio&Giannone se autorretratan como
samuráis en un paraíso de mariposas multicolores; Ariel Cusnir (con una
acuarela que congela instante en la vida de un personaje imaginado),
Mariano Dal Verme (con una hoja A4 sostenida por una estructura de minas
de grafito: un dibujo tridimensional que dibuja en tres dimensiones el
acto de dibujar), Alfio Demestre (que presenta un mundo a medio
construir, como si intentara recuperar un sueño), Tomás Espina (con Fragmentos del triunfo de la muerte
), Mariano Ferrante (con sus coloridos círculos paralelos y
fluctuantes) y Adrián Villar Rojas (con un poema de pequeñas dimensiones
y un gran poder evocativo) destacan la potencia expresiva que aún late
en una de las prácticas más clásicas: el dibujo.
La abstracción hipercolorida de Verónica Di Toro; una
mínima escultura abstracta (esas líneas que al escapar del plano se
convierten en efectos 3D del dibujo) de Marcolina Dipierro; un lobo
mítico dibujado por Matías Duville, con que con un trazo inconfundible
va cimentando un imaginario tan personal como universal; la performance
de Leopoldo Estol, que hace de jefe de gobierno y conecta lo actual con
lo importante: la vida en la villa de Retiro con el viaje en el
transporte público; Max Gómez Canle homenajeando (a través de imágenes
del Renacimiento flamenco) la estética constructiva del marco recortado;
una serie de esos objetos fallidos y fallados de Carlos Herrera, que
mezclan lo icónico con lo lúdico; una acción para la ciudad (registrada)
de Juliana Iriart; uno de los textos-objeto autobiográfico de Iuso; una
de las piezas volumétricas de Silvana Lacarra y dos obras pictóricas de
Fernanda Laguna: la razón, la expresión y la pasión unidas a la
pulsión.
Una instalación, guerrilla de pared y resignificación
de los objetos, de Luciana Lamothe; una serie de mesas de Mariana López
(la pintura transformada en objeto); los libros recortados de Julia
Masvernat; el registro de la performance de Diego Melero como
caudillo del conurbano norte en campaña por el barrio de San Telmo; un
diorama del grupo Mondongo, que genera la sensación de penetrar la pared
del museo hacia lo desconocido; una serie de fotos de Miguel Mitlag,
que sabe rimar formas y colores como los poetas las sílabas; una
escultura sonora del colectivo Oligatega Numeric; Gastón Pérsico,
generando un lugar con tan sólo un picaporte, así como Karina
Peisajovich recorta el mundo con un trozo de marco y una luz. La muñeca
acéfala que tiene a sus pies muchas cabezas cortadas, obra de Florencia
Rodríguez Giles. El esmalte sobre chapa de Hernán Salamanco; los globos
de vidrio (el diálogo ausente) de Alejandra Seeber; la mesa incompleta
en el mundo (que la mente termina de completar en la imaginación) de
Marcela Sinclair: formas de sugerir más allá de lo dicho.
La escultura colgante (neumáticos de bicicleta) de Luis
Terán: un juguete para niños monstruosos, un anillo para un dedo
infinito. Ese homenaje a la historia de la pintura en un solo cuadro que
pintó Juan Tessi: borrando todo con óleo blanco; así construye el
fantasma de lo que alguna vez fue el arte. Las cabeza decapitadas (Orpheos de Michoacán) retratadas por Nahuel Vecino. Las martas de bocas sangrantes comiendo
de un enamorado (Me has robado el corazón) en la pintura de Diego
Vergara. Los paisajes maravillosamente anacrónicos que recrea Mariano
Vilela: la posibilidad de poder volver a pintar luego de que la pintura
ha muerto.
Últimas tendencias II muestra -aun con más insistencia de la que había en Últimas tendencias 2002
- que el actual arte contemporáneo es múltiple y diverso. No sólo no
tolera ningún dogma, sino que no puede ser limitado por criterios e
ideas que todavía funcionaban en los comienzos de la era contemporánea
(digamos, de los años 60 a los 80). Hoy no tiene sentido hablar de la
adscripción de un artista a un movimiento o estilo. En los años 60 se
podía ser pop o minimalista. En los 70, hiperrealista. En los 80,
neoexpresionista. Desde los 90 no hay etiqueta (no hay definición) que
sea válida para describir la producción de un artista.
Una obra contemporánea puede dialogar (proponer un
intertexto) con una obra de otra época y por lo tanto "parecer"
abstracta o pop o expresionista o conceptual; pero ya no puede adscribir
a ninguno de esos idearios. Porque el pop o el neoexpresionismo eran
visiones globales del mundo. Aún insistían en una idea de arte que
apostaba a que un discurso externo hablara de él: un discurso que lo
describiera, que lo definiera. Hoy, por definición, el arte no puede
contenerse en un discurso externo: es puro fluir hacia la dispersión.
La utopía más radical de las primeras vanguardias fue
transformar la vida en una obra de arte. Para las vanguardias de los
años 10 y 20, se trataba de desenmascarar las formas alienadas de la
vida burguesa. Para las vanguardias de los años 60, menos ingenuas a
fuerza de haber conocido la violencia de las dos guerras mundiales y el
horror del exterminio de masas, el nuevo arte debía intervenir en cada
aspecto de lo cotidiano, transmutando la experiencia diaria en una
fuente de sentido.
Mattaclark de mesa, de Marcela Sinclair, 2010. Foto: ANDREA KNIGHT
Ahora no se trata ni de la militancia resistente ni de la reivindicación de lo existente. Tal como se puede ver en Últimas tendencias II
(aunque ya estaba claro en la muestra de 2002), el arte contemporáneo
parte de asumir la multiplicidad irreductible de la experiencia humana y
de fugarse inventando nuevos mundos. Somos diversos: multipliquémonos. A
los mil senderos que hoy recorren los artistas se los podría resumir
(¡qué contrasentido!, pero vale la pena intentarlo) con una frase de
Oscar Wilde: "No ames a tu prójimo como te gustaría que te amen a ti; él
puede tener otros gustos".
Ficha. Últimas tendencias II, muestra colectiva en el Mamba, avenida San Juan 350, hasta septiembre. Entrada general: $ 1. Martes gratis
La misma idea, otro escenario
La muestra Últimas tendencias II comenzó a gestarse hace un par de años. Al igual que su predecesora ( Últimas tendencias 2002
) se pensó como una muestra patrimonial: a partir de la muestra el
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires ampliaría su colección con obras
de la primera década de este siglo. La forma de incorporar esas obras
era a través de la donación: el grueso debía ser aportado por los
artistas "invitados a donar", a lo que se sumarían algunas obras donadas
por galeristas y coleccionistas.
Así había sido ya en 2002 y se creyó que en 2012
sucedería lo mismo, sin conflicto. Pero entre ambos momentos no sólo
pasaron diez años sino que además cambió radicalmente la situación
económica y social (el contexto político) y la situación del mundo del
arte (el contexto cultural). La Argentina ahora no se encuentra en una
crisis histórica y el mundo del arte contemporáneo argentino se ha
incorporado (con timidez aún, pero ya claramente) al mercado de arte.
Unos pocos artistas se negaron explícitamente a donar
sus obras y, según dicen en la página web de Artistas Organizados
http:/artistasorganizados.wordpress.com/, se vieron marginados por ese
motivo de participar en la muestra. Laura Buccellato, directora del
museo, declaró hace unos días que a los artistas no se los marginó por
no donar, sino que, al tratarse de una muestra del patrimonio, las obras
que no pertenecían al museo no formaron parte de la muestra.
Lo que surgió como un gesto individual (aunque fueran
varios casos) se tornó rápidamente masivo, y a la fecha ya son unas 700
las personas del mundo del arte que adhieren a la propuesta de Artistas
Organizados: discutir las formas en las que los museos estatales
argentinos adquieren sus patrimonios. Incluso se está debatiendo que los
artistas que participan en esta muestra y que se habían comprometido a
donar sus obras dejen sus donaciones en suspenso hasta que se acuerde
algo en común entre todos.
Del debate ya han surgido algunos acuerdos: el consenso
es unánime en que no pueden ser los artistas los que sostengan los
patrimonios museísticos. Más allá de lo que suceda en esta ocasión, lo
cierto es que ya no está legitimado que los museos soliciten obras a los
artistas. A partir de ahora, las colecciones coherentes deberían
conformarse con obras adquiridas con fondos propios de los museos,
donaciones de auspiciantes y de coleccionistas. El tema no es meramente
económico (aunque el aspecto económico no es menor porque que la obra es
el capital del artista): se trata, sobre todo, de discutir si a la
sociedad (a través de sus instituciones) le interesa invertir en la
conformación de un patrimonio artístico. Si le interesa, tiene que
generar los fondos como para que eso sea posible.
Cómo pensar la filantropía
Históricamente, la existencia de nuestros museos ha sido posible gracias a la solidaridad, no sólo de artistas, sino también de benefactores, para legitimar a través del tiempo la acción de éstos. Es mi deber, como directora y como amante del arte, proteger a los artistas y estimular su producción, ya que finalmente son ellos los que abastecen de contenido a instituciones y museos. Si bien existe una ley de mecenazgo del Gobierno de la ciudad, sería deseable una ley de mecenazgo a nivel nacional, por tantos años postergada, que fuese más amplia y que pudiera contribuir a mejorar este propósito.
El museo es un work in progress que tiene la responsabilidad de construir identidad cultural, conservar y exhibir las obras para las generaciones futuras. Es por ello que en esta ocasión se solicitó la ayuda de otras instituciones, galerías, coleccionistas y artistas para la concreción de este proyecto, a quienes desde ya, les agradecemos su generosa contribución.
Políticas ausentes
Volviendo al terreno de lo privado, una biblioteca. Y entre sus muchos libros asoma un tomo que parece un catálogo de Siquier pero cuyas páginas dan cobijo a un atento estudio sobre nuestra escena. Es un libro jugoso que data del año 2007. Tiene casi 300 páginas en donde José Miguel Onaindia, Marcelo Pacheco y Victoria Noorthoorn, entre otras figuras, hacen una radiografía de la cultura porteña. Circuló en los momentos previos a la primera elección de Mauricio Macri como jefe de gobierno, cuando puso por escrito las propuestas del PRO en el área cultural. En él, Pacheco dice cosas muy interesantes; por un lado, expone la necesidad de inaugurar un modelo de acción y desarrollo en lo que entendemos redundaría la búsqueda de la autonomía del museo, es decir que no sea tan dependiente de los presupuestos puntuales que transforman toda gestión de una muestra en una riña en pos de auspicios y costos operativos básicos, que dejan al museo y a sus autoridades sin más soplos que un respiro cansino. Segunda meta: ganar la fidelidad del público. Diseñar una estrategia que despierte el apetito de los ciudadanos de nuestra ciudad, generar la sensación y, más que una sensación, la necesidad de la "visita regular". Las propuestas del libro, luego de cinco años de gestión, brillan por ser todavía tan vírgenes como hermosas.
Visibilidad y futuro
Es importante destacar , que además del registro del catálogo, el Mamba tiene un área de archivos personales de los artistas, que forman parte de su colección que pueden ser completados a medida que se desarrolla y avanza la carrera.
Estos archivos funcionan como un espacio de consulta y estudio. En varias oportunidades, estudiantes que se especializan en curaduría o historia del arte han consultado mis archivos y me han contactado para ampliar y redireccionar sus investigaciones.
En 2012 se repite la invitación a formar parte de Últimas tendencias II . Visibilidad, difusión y vínculos serán algunas de las consecuencias de esta muestra, también la donación de obras para un patrimonio cuidado que apuesta al futuro. La historia del arte se lee desde el Mamba una vez más.
Ser artista es un trabajo
Los artistas somos, un poco por necesidad y otro poco por necedad, seres muy individualistas. Sin embargo, nuestro material de trabajo es el espíritu de nuestro tiempo y creemos en la transformación de los lugares que habitamos. El grupo de artistas que se reunió en las semanas previas a la inauguración encontró una serie de metas de mínima, expresadas en la solicitada que ha estado circulando para juntar firmas, con las que todos creímos estar de acuerdo. Últimas tendencias II invita a disfrutar de muchas de nuestras mejores obras y a pensar en la posibilidad de un cambio. Ser artista es, en muchos sentidos, un privilegio y es también un trabajo. Fuente: ADN Cultura LA NACIÓN
Cómo pensar la filantropía
Por Laura Buccelato / Para LA NACIÓN
En
cultura hay que establecer prioridades para llevar adelante los
proyectos. A menudo, las dificultades representan un desafío que
compartimos los que intervenimos en el circuito del arte. Es importante
reflexionar, entre todos, de qué manera se podría estimular la
filantropía para que coleccionistas, mecenas, empresas, galerías y otras
instituciones apoyen más activamente a los museos.
El museo y la Asociación de Amigos del Mamba realizan
continuamente esfuerzos para posibilitar la concreción de sus múltiples
actividades culturales.Históricamente, la existencia de nuestros museos ha sido posible gracias a la solidaridad, no sólo de artistas, sino también de benefactores, para legitimar a través del tiempo la acción de éstos. Es mi deber, como directora y como amante del arte, proteger a los artistas y estimular su producción, ya que finalmente son ellos los que abastecen de contenido a instituciones y museos. Si bien existe una ley de mecenazgo del Gobierno de la ciudad, sería deseable una ley de mecenazgo a nivel nacional, por tantos años postergada, que fuese más amplia y que pudiera contribuir a mejorar este propósito.
El museo es un work in progress que tiene la responsabilidad de construir identidad cultural, conservar y exhibir las obras para las generaciones futuras. Es por ello que en esta ocasión se solicitó la ayuda de otras instituciones, galerías, coleccionistas y artistas para la concreción de este proyecto, a quienes desde ya, les agradecemos su generosa contribución.
Políticas ausentes
Por Leopoldo Estol / Para LA NACIÓN
Son
las siete y media, inaugura la muestra, arranca. Y la gran sala de la
planta baja del Mamba permanece aún cerrada. El equipo de montaje da los
últimos toques, afuera se escucha un grito unido hecho de muchas voces
que sacude las orejas como un estruendo: "Artistas organizados". Son
muchos, tantos que algunos están tirados en el piso, apretados como en
una foto gigante de viaje de egresados. En las bambalinas los artistas
no pierden el foco y a puro ritmo sellan los catálogos de la exposición
con la siguiente leyenda: "28 de junio de 2012. ÚLTIMA TENDENCIA.
DONACIONES EN SUSPENSO. ARTISTAS ORGANIZADOS".
El museo en estados generales. Afuera, Beto De Volder,
Magdalena Jitrik y Máximo Pedraza, como vocales de un movimiento en
vísperas, se excluyen de cualquier brindis oficial. Esa noche no pondrán
un pie en la institución. La causa: que donar la obra sea condición
para participar de la muestra que arbitra y delinea a grandísimos rasgos
las últimas tendencias. Últimas tendencias: sí. Donación sine qua non
: no. Sentados a una mesa con Laura Buccellato el intercambio de
opiniones deja en claro algo. El museo esta hecho de hormigón, cal y
ladrillos pero sostenido por palitos muy minúsculos que hacen que su
creatividad sea ínfima.Volviendo al terreno de lo privado, una biblioteca. Y entre sus muchos libros asoma un tomo que parece un catálogo de Siquier pero cuyas páginas dan cobijo a un atento estudio sobre nuestra escena. Es un libro jugoso que data del año 2007. Tiene casi 300 páginas en donde José Miguel Onaindia, Marcelo Pacheco y Victoria Noorthoorn, entre otras figuras, hacen una radiografía de la cultura porteña. Circuló en los momentos previos a la primera elección de Mauricio Macri como jefe de gobierno, cuando puso por escrito las propuestas del PRO en el área cultural. En él, Pacheco dice cosas muy interesantes; por un lado, expone la necesidad de inaugurar un modelo de acción y desarrollo en lo que entendemos redundaría la búsqueda de la autonomía del museo, es decir que no sea tan dependiente de los presupuestos puntuales que transforman toda gestión de una muestra en una riña en pos de auspicios y costos operativos básicos, que dejan al museo y a sus autoridades sin más soplos que un respiro cansino. Segunda meta: ganar la fidelidad del público. Diseñar una estrategia que despierte el apetito de los ciudadanos de nuestra ciudad, generar la sensación y, más que una sensación, la necesidad de la "visita regular". Las propuestas del libro, luego de cinco años de gestión, brillan por ser todavía tan vírgenes como hermosas.
Visibilidad y futuro
Por Carlos Herrera / Para LA NACIÓN
En el año 2002 fui invitado a formar parte de la exhibición de arte contemporáneo Últimas tendencias
, muestra que dejaba ver un recorrido posible de las propuestas de los
años noventa y las nuevas propuestas de jóvenes artistas. Las obras
expuestas habían sido seleccionadas con dedicada atención, pensadas para
la estructura de una colección sólida y con una mirada hacia el futuro,
hacia un Mamba renovado. Las obras expuestas fueron donadas y un
libro-catálogo de calidad ejemplar, con textos simples y claros, fue
distribuido en la escena nacional e internacional del arte.
Las consecuencias de esta exhibición y visibilidad del
libro-catálogo generó en el transcurso de los años posibilidades
concretas de encuentro y diálogo con agentes y representantes del arte
nacional e internacional. Fui visitado en mi taller por los directivos
de la Tate Modern, Palais de Tokio. de París, y curadores reconocidos en
la escena artística, quienes aseguraban haber "descubierto" mi obra
gracias al libro-catálogo del Mamba, de ese modo encabezaban sus
presentaciones.Es importante destacar , que además del registro del catálogo, el Mamba tiene un área de archivos personales de los artistas, que forman parte de su colección que pueden ser completados a medida que se desarrolla y avanza la carrera.
Estos archivos funcionan como un espacio de consulta y estudio. En varias oportunidades, estudiantes que se especializan en curaduría o historia del arte han consultado mis archivos y me han contactado para ampliar y redireccionar sus investigaciones.
En 2012 se repite la invitación a formar parte de Últimas tendencias II . Visibilidad, difusión y vínculos serán algunas de las consecuencias de esta muestra, también la donación de obras para un patrimonio cuidado que apuesta al futuro. La historia del arte se lee desde el Mamba una vez más.
Ser artista es un trabajo
Por Carlos Huffmann / Para LA NACIÓN
Cuando
pasó lo que pasó en 2001 yo tenía 20 años y no discriminaba lo
suficiente en materia de política como para salir con convicción a las
calles o participar de asambleas. Intuitivamente siento desconfianza de
cualquier postura, sea del color que fuere, que tenga en su
justificación la supuesta existencia de un enemigo común, evidente e
inequívoco. En aquellos años furiosos, sentía afinidad con los objetivos
enunciados, pero me resulta insoportable la certeza de que, a la sombra
de las consignas grandilocuentes, hubiera personas listas para
apropiarse de las manifestaciones espontáneas de energía.
Pocos días antes de la inauguración de Últimas tendencias II
, leí y escuché que éramos muchos con intenciones de reunirnos para
hablar de cuestiones que también me preocupaban, y sentí deseos de
formar parte de una energía grupal así. Mi resumen de la chispa que nos
reunió es que el modo en el que se organizó esta muestra fue un modelo
ejemplar de las falencias en los usos y costumbres existentes en el
circuito del arte. La resultante de estas insuficiencias y malos manejos
hace que sea demasiado fácil depositar sobre los hombros de los
artistas una exigencia de sacrificio desmedida.Los artistas somos, un poco por necesidad y otro poco por necedad, seres muy individualistas. Sin embargo, nuestro material de trabajo es el espíritu de nuestro tiempo y creemos en la transformación de los lugares que habitamos. El grupo de artistas que se reunió en las semanas previas a la inauguración encontró una serie de metas de mínima, expresadas en la solicitada que ha estado circulando para juntar firmas, con las que todos creímos estar de acuerdo. Últimas tendencias II invita a disfrutar de muchas de nuestras mejores obras y a pensar en la posibilidad de un cambio. Ser artista es, en muchos sentidos, un privilegio y es también un trabajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario