EL ARCHIVO DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
SE MUDA A ESTADOS UNIDOS

El manuscrito de "Cien años de soledad".
   El manuscrito de "Cien años de soledad".
Julieta Roffo

Si el Centro Harry Ransom, que depende de la Universidad de Texas en Austin, lleva al día su libro de inventario, va a tener que agregarle algunos activos: ayer anunció que acaba de adquirir el archivo de Gabriel García Márquez. Esto significa que compró los manuscritos originales de diez libros –entre los que se cuentan Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera y Memoria de mis putas tristes–; adquirió también unas 2.000 cartas de su correspondencia, algunas firmadas por Carlos Fuentes y Graham Greene; compró varias máquinas de escribir Smith Corona y algunas computadoras Apple en las que Gabo escribió sus obras, y más de cuarenta álbumes de fotos que registran casi noventa años de vida –el escritor colombiano murió en abril de este año, a los 87–. La Universidad también se hizo con el borrador del discurso con el que García Márquez agradeció el Nobel en 1982 y los recortes de diarios de Latinoamérica y de todo el mundo que dan cuenta de su trayectoria literaria. Como si fuera poco, tampoco se privó de comprar el borrador de la novela En agosto nos vemos, que García Márquez dejó inconclusa.
“Nuestro objetivo central es sostener el legado de García Márquez para que la comunidad internacional pueda acceder a él”, explicó a Clarín ayer Stephen Ennis, director del Centro Harry Ranson. Se trata de un museo y biblioteca especializada en Humanidades que depende de la Universidad de Texas.
Las letras latinoamericanas no son una novedad en esa institución: una parte del archivo de Jorge Luis Borges está allí, donde el autor de El Aleph dictó sus consagratorias conferencias sobre literatura argentina. Y también hay papeles que pertenecieron a Octavio Paz. Según detalló Ennis desde la ciudad de Austin, la familia García Márquez se contactó en diciembre de 2013 con la Universidad para saber si la institución estaba interesada en el archivo del Nobel colombiano.

El Nobel colombiano en plena revisión de “Cien años de soledad”, la novela que inventó el realismo mágico en 1967. Ese manuscrito es uno de los diez originales vendidos a un precio no revelado. / AFP
   El Nobel colombiano en plena revisión de “Cien años de soledad”, la novela que inventó el realismo mágico 
   en 1967. Ese manuscrito es uno de los diez originales vendidos a un precio no revelado. / AFP

“La reputación del Centro Harry Ranson ayudó, y nos pareció una oportunidad excelente. Luego de la muerte de García Márquez viajamos a México D.F. para revisar ese archivo y las negociaciones terminaron recientemente”, contó Ennis, que prefirió no detallar la cifra pagada a la familia.
“Se podrá acceder a la obra por múltiples vías”, sostuvo Ennis. En principio, el material va a ser catalogado y luego podrá ser consultado por estudiantes e investigadores. En ese sentido, tal vez el tesoro más valioso sea la obra inconclusa: “Se podrá leer en nuestra biblioteca pero dependemos de que la familia decida si la editará o no para difundirla más ampliamente”, aseguró el director del centro.
En pleno siglo XXI, otro de los objetivos del trabajo que acaba de empezar es la digitalización del archivo: lo primero que la Universidad de Austin quiere subir a Internet son los manuscritos de los libros ya publicados con las correcciones de García Márquez. “Creemos que es una buena forma de entender cómo construía su literatura”, dijo Ennis.
Esta Universidad tiene la colección más grande de literatura latinoamericana de los Estados Unidos. Pero no es la única entidad ni el único acervo literario. El material de José Donoso fue depositado en Iowa, y Princeton adquirió el archivo personal de Carlos Fuentes, así como las cartas de Elena Garro, entre las que hay unas 90 firmadas por Adolfo Bioy Casares. Es siempre difícil saber cuánto se pagan estos archivos: las universidades (y las familias) son muy reservadas.




Fuente: clarin.com

EL FILETE PORTEÑO PODRÍA SER PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Costumbres argentinas.

Por estos días, la práctica cultural que forjaron los inmigrantes se presentó ante la Unesco para ser reconocida en 2015.


Muy porteño. El filete aparece en las puertas de algunos bares y en los colectivos, entre ortos lugars.

Muy porteño. El filete aparece en las puertas de algunos bares y en los colectivos, entre otros lugares.



Patricia Kolesnicov

Lo que se ve dentro de la Unesco no es muy distinto de lo que se ve afuera: caras orientales, negras, con rulos, rubias, aindiadas. Adentro, representantes de Estados de todo el mundo. Afuera, inmigrantes, ex inmigrantes, nativos de colores varios, la mezcla que ofrece una ciudad que supo ser metrópoli de tanta colonia. Adentro discursos, diplomacia, traductores. Afuera la elegancia de una ciudad que se sabe hermosa y que cada tanto estalla por los suburbios. “¿A medianoche en subte? Andá tranquila”, aconseja una funcionaria a una turista que hace horas tuvo una lucha a francés partido con el taxista del aeropuerto que le engordó la tarifa frente a  la puerta del hotel.
Afuera sabores, olores, adentro, desde el lunes, se discute qué prácticas culturales, presentadas por qué países, serán declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (¿la del engorde de tarifas sería una presentación multilateral?)
En realidad, son dos listas: la de “salvaguardia urgente”, donde se anotan los elementos del patrimonio vivo particularmente frágiles o en peligro y la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Hasta hace unos días, la Argentina proponía incluir en esta lista el hábito porteño del café, pero un informe preliminar del Comité Ejecutivo desaconsejó su inscripción e hizo algunas recomendaciones para intentarlo de nuevo el año que viene. Argentina –que no puede integrar el Comité porque no paga la cuota desde la creación de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en 2003—no tiene  nada para ser inscripto en la lista este año. Y, en realidad, desde que la lista empezó, sólo inscribió el tango, en conjunto con Uruguay.
Pero para 2015 ya está en marcha otra presentación: en marzo el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi llenó los papeles para que el filete porteño –“Un sentimiento alegre que se pinta”—integre el patrimonio mundial. Hay que pasar una larga lista de requerimientos técnicos, enviar videos, contestar preguntas. Eso está casi todo hecho y el fin de semana pasado, en París, Lombardi se reunió con gente de la Unesco para preparar esa candidatura.
“Queríamos armar una trilogía: tango, filete y sainete”, dice, sentado en el Café de Flore, una esquina de París donde alguna vez dejaron sus horas Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, entre muchos muchos otros. “Se trata de la cultura de la inmigración en Buenos Aires”.
El filete –se sabe—es esa forma particular de ilustración que arrancó en los carros que hacían repartos a fines del siglo XIX. Dos chicos que cebaban mate y hacían mandados en una carrocería –donde hacían los carros—un día tuvieron la oportunidad de tomar el pincel y le dieron un toque personal. La historia empieza así con Vicente Brunetti y Cecilio Pascarella, ninguno mayor de 13 años. La técnica se fue perfeccionando y se usó –cuentan Esther Barugel y Nicolás Rubió en “El filete porteño”-- para poner el nombre del dueño del carro y su especialidad: leche, pan, verduras.  Aparecieron flores, pájaros y hasta dragones. Si el cartel era grande había que pagar impuestos, así que la idea fue hacerlo chico pero llamativo. Y aparecieron, a pedido de los dueños, las frases: “Para ti, madre”;  “De ranas como vos tengo la sartén llena” y hasta “Si su hija sufre y llora es por este pibe señora”. Del carro el filete saltó al camión y de ahí al colectivo. Hasta que en 1975 lo prohibieron, argumentando que tanto ornamento confundía a los pasajeros. El filete se mudó a los cuadros y a muchos otros soportes. “Palermo no es Hollywood”, proclamaba con su inconfundible estilo un cartel hace poco, como una doble afirmación de identidad.
“Tiene que ver con un cambio en los procesos productivos, cuando se implementó el carro como sistema de distribución le hizo falta un arte decorativo, que aportaron las corrientes migratorias”, dice Lombardi. “Y los inmigrantes intentan construir una identidad nueva, plural, que busca reafirmarse. Entonces lo que hacen enseguida es criollo, nacional”.

-¿Qué pasó con la nominación del hábito del café?

-En la devolución, la Unesco insinúa que se trata de un hábito rioplatense. Seguramente el camino será volver a presentarla junto con Uruguay, como el tango.

--¿Para qué sirve tener una práctica en esa lista?

--Genera un compromiso, después tenés que mostrar que hiciste las cosas que te comprometiste a hacer para cuidar esa práctica.

--Como una auditoría externa…

--Y además te da visibilidad y reconocimiento internacional: la Unesco hace muestras, publicaciones, cursos.

En la Unesco, en confianza, dicen que algo que se gana con estas cosas es turismo. Mientras tanto, discretamente, Lombardi saca un “Buenos Aires” fileteado, una marca más para el desfile multicultural de la Unesco.

Ya está fresco en París. Son las diez de la mañana y con los abrigos puestos, en la vereda de un bar, cuatro o cinco chicas toman café y fuman. Los olores –perfumes, café, tabaco—acompañan a los que pasan. Hábitos culturales.

Fuente: clarin.com

SUBASTAN EL PIANO DE "CASABLANCA"
POR CASI 3 MILLONES DE DÓLARES

En una subasta realizada en Nueva York, con objetos de películas célebres, subastaron el piano de "Casablanca" por casi tres millones de dólares. Otro lote destacado fue el disfraz del león en "El mago de Oz" y el abrigo de Clark Gable en "Lo que el viento se llevó".
Humphrey Bogart y Dooley Wilson "Sam" en la escena de Casablanca
Humphrey Bogart y Dooley Wilson "Sam" en la escena de Casablanca













 

"Play again, Sam" ("Tócala de nuevo, Sam") es, acaso, una de las citas cinéfilas más difundidas de la historia (que, por cierto, nunca se dice realmente así en el film). Y, sin duda, el piano de la película Casablanca (1942) será recordado como uno de los objetos más queridos en la historia de la pantalla grande y por este motivo es que el comprador del instrumento lo adquirió en una subasta a 2,9 millones de dólares en Nueva York. El famoso piano de Sam, papel interpretado por Dooley Wilson --quien canta Según pasan los años--, se vendió junto a otras decenas de objetos de la época dorada de Hollywood, de los que alrededor de 30 pertenecían a Casablanca: vestidos de Grace Kelly, Marilyn Monroe, Judy Garland, una chaqueta de Clark Gable en el film "Lo que el viento se llevó", el disfraz de león de "El Mago de Oz (vendido por más de 3 millones de dólares) y fotografías originales, compartieron la noche junto al mítico instrumento.


                                             


El piano pasó a la historia grande del cine por la escena en que Ilsa (Ingrid Bergman) se acerca al pianista Sam y le pide que toque la canción As Time Goes By, además de ser una pieza clave en la historia del film, ya que su interior se usaba como tráfico de papeles ilegales (también subastados por más de 100 mil dólares). Fabricado 15 años antes del estreno de la película, el instrumento sólo tiene 58 teclas, 30 menos que un piano actual y hasta los años 80 había pertenecido a un dentista de Los Ángeles.Vale recordar que Casablanca es considerada por el Instituto Americano del Cine como uno de los tres mejores films de todos los tiempos, junto a Ciudadano Kane y El Padrino.
Se subata el piano usado en la escena de Casablanca
El piano subastado.



Fuente: clarin.com

NUEVO COLECCIONISMO: CÓMO COMPRAR ARTE DESDE $ 3.000

Cultura

En ferias y galerías, por ese valor se pueden conseguir obras de artistas emergentes e incluso consagrados. Así, el mercado busca seducir a los jóvenes para sus primeras inversiones.
ArteBA. Cada año, un sector que concentra mucha gente para las galerías emergentes. (Fernando de la Orden)
ArteBA. Cada año, un sector que concentra mucha gente para las galerías emergentes. (Fernando de la Orden)
Diego Erlan

Todo límite puede ser una posibilidad. A principios de los años 90, Gustavo Bruzzone entendió que podía destinar un pequeño porcentaje de su sueldo como fiscal a comprar obras de artistas argentinos. Ese era su límite. La primera obra fue una tinta china de Alberto Greco. Un amigo se lo explicó: enmarcar un póster comprado en la tienda de un museo puede costar más caro que el original de un artista. Las charlas que vendrían después y la amistad de Jorge Gumier Maier y Pablo Suárez hicieron el resto. En una puesta en práctica de la estética relacional que teorizó el crítico Nicolas Bourriaud, Bruzzone comenzó a gravitar en la escena del Rojas para conformar la colección más importante de los últimos veinte años del arte argentino.



Coleccionar arte por poco dinero, ¿se puede? Para empezar, habría que establecer un límite: digamos tres mil pesos. Cada vez más se observa que las galerías tratan de tener obras en ese rango: son alternativas gráficas, serigrafía o dibujos. Y desde luego ofrecen facilidades de pago y financiamiento. El mapa incluye ferias –desde los pasillos del Barrio Joven de ArteBA hasta los de Arte Espacio y EGGO–, las galerías como Mar Dulce o las que integran el Patio del Liceo, los talleres de artistas o los eventos como maratones de arte. Máximo Jacoby, coordinador del espacio de arte del Centro Cultural Rojas, dice que empezar a coleccionar según lo que se puede gastar puede parecer un criterio limitado, pero es un criterio al fin. “Tarde o temprano, cuando te gusta una obra, preguntás cuánto cuesta. Cuando el dinero se vuelve criterio, viene una negociación entre el criterio y tu deseo”.
Esos deseos pueden calmarse con las maratones. La galería Sara García Uriburu (Uruguay 1223), por ejemplo, organiza hoy el Saratón donde convoca, desde hace 21 ediciones, a artistas propios e invitados a producir obra especialmente y es la oportunidad que tienen los nuevos coleccionistas de comprar obra –desde el mediodía hasta medianoche–, en la mayoría de los casos, por menos de tres mil. Emilio Reato, Carlos Gorriarena, Remo Bianchedi, Luisa Atucha, Josefina Robirosa, Milo Lockett, Pablo y Tomás Fracchia, Fermín Eguía y Francisco Ungaro serán algunos de que participen.
Hace casi cinco años, Ral Veroni abrió junto a Linda Neilson la galería Mar Dulce en Palermo, especializada en pequeño formato, con obra en papel o pequeñas pinturas y fuerte presencia de la figuración. Muchos de los que se acercan a la galería compran obra por primera vez. “Tal como están los precios de otras cosas, como una campera, unos zapatos o las expensas, mucha gente se sorprende porque puede adquirir un original”, dice Veroni. En este espacio hay obras de pequeño formato de artistas consagrados como Daniel Santoro, Juan Carlos Romero, Alfredo Benavídez Bedoya, Daniel García y Tulio de Sagastizabal, de artistas clásicos como su padre, Raoul Veroni (1913-1992), pero también de Víctor Rebuffo o Ana María Moncalvo, cuyas xilografías de 1947 conviven en un diálogo enriquecedor con obras contemporáneas de Andy Mermet y Verónica García. Una estrella de la galería es la selección de artistas que provienen de la ilustración como Diego Bianki, Cristian Turdera, Isol o Decur. Las obras en papel recortado de Cecilia Afonso Esteves integraron la muestra El viento en las ramas, y ellas reproducen el mundo de los haikus y las observaciones poéticas de Ramón Gómez de la Serna. Son bellas, sensibles y oscilan entre los 1.600 y los 2.300 pesos.



Coleccionar implica una negociación con tus deseos, y no el deseo de hacer negocios. “Entiendo que la fantasía del arte como inversión es muy potente”, comenta Jacoby. “La historia del arte respalda esta fantasía de comprar barato una obra extraordinaria y es el leitmotiv que utiliza el mercado para vender: ‘Vas a ganar con este artista’, entonces confiás o no en el galerista”. La obra que el coleccionista compre, explica Jacoby, le tiene que gustar, incomodar, fascinar o incluso tener una función decorativa. “Quizás quede bien con tu sillón: aunque no es el criterio que recomendaría, me parece válido”. Cada persona es un mundo, y el coleccionismo puede ser un mundo muy variado. Están los coleccionistas que fijan un límite a su colección, el que colecciona sólo arte argentino de los 90 o arte conceptual político de los setenta, libros de artista, pintura abstracta de los años 50. Son criterios. Y cada coleccionista incipiente los irá desarrollando de manera subjetiva. Por eso, de algo está seguro Jacoby: “Las colecciones más interesantes son las que multiplican su valor, pero está claro que el coleccionista no va a deshacerse de ella. Más vale la colección cuanto menos interés en desarmarla exista. Ocurre con Bruzzone: su colección hoy debe valer ochenta veces más de lo que él gastó, pero vale eso porque creo que él no va a desarmarla nunca".


Fuente: clarin.com

EL ROSEDAL:
UN ÍCONO de 100 AÑOS RECONOCIDO EN EL MUNDO

Patrimonio porteño. Ayer se cumplió un siglo desde su inauguración. Unico en el país, alberga 8.000 ejemplares de distintas especies y fue premiado como "Jardín de Excelencia" por una entidad internacional.
Colorido. Las rosas y, detrás, una de las tantas obras que componen el paseo. Foto: Luciano Thieberger

Romina Smith
Sólo el puente que ostenta en su entrada, y que llama la atención por su estilo griego, podría contar miles de historias. También podrían hacerlo sus 8 mil rosas, tan cuidadas como históricas. O quizás alcance con su pasado: se sabe que el encargado de armar el paseo fue un discípulo del genial arquitecto y paisajista francés Carlos Thays, que en esos tiempos era el director de Parques y Paseos, y que supo dejar su mirada y trabajos en grandes espacios verdes de la Ciudad. Cualquiera de esas historias pueden contar su historia. Pero todas forman una. Y es la que hoy se celebra: ícono de la Ciudad, el Rosedal de Palermo, que es reconocido en todo el mundo y fue premiado por una entidad internacional, cumplió cien años ayer. Y lo festeja hoy con tres homenajes que coincidirán dentro del predio.
Inaugurado en 1914, el Rosedal es un espacio de 3,4 hectáreas delimitado por las avenidas Infanta Isabel, Iraola y Pedro Montt, dentro del Parque 3 de Febrero, que parece salido de un cuento de Lewis Carroll: sus senderos aún mantienen su diseño y el perfume que se desprende de las 93 especies de rosas lo distinguen de cualquier otro paseo de la Ciudad.
Además, dentro del predio, que fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad por la Legislatura porteña en 2011, para que ninguna restauración altere el diseño original, hay una colección de 26 bustos de poetas y escritores, y hasta un patio andaluz que supo formar a artesanos que mantuvieron la estética del paseo durante años.
Y también muchas más historias. Juan Manuel de Rosas tenía en esas tierras su residencia de verano mientras era gobernador de Buenos Aires. Pero en 1875 Domingo Sarmiento bautizó el parque 3 de Febrero, la batalla en la que Urquiza derrotó a Rosas.
   Se inauguró en 1914

Más cerca en el tiempo hubo una etapa “privatizada”: durante 20 años, y hasta 2012, su mantenimiento estuvo a cargo de la empresa YPF, que invertía $ 300.000 por mes para tenerlo arreglado. Ese contrato se terminó cuando la petrolera fue expropiada por el Gobierno nacional. Y desde entonces lo mantiene la Ciudad. Ayer, desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público aseguraron que la idea es que siga siendo así. Para eso, hoy tienen una cuadrilla de 20 personas y cuentan con un presupuesto de $ 500.000 mensuales.
De todas maneras, y con sus miles de historias a cuestas, el Rosedal es, sin dudas, un centro de atracción único por su diseño y plantación de flores. A pesar de que la cantidad fue variando (tuvo casi 15.000 rosales de unas 1.200 variedades en sus primeros años) todavía esas flores siguen dándole fama en el mundo. Según cifras del Gobierno porteño, unas 25.000 personas lo visitan por semana.
Hoy tendrá su homenaje triple: por un lado se descubrirá la placa por haber sido premiado con el “Garden Excellence Award” por la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas, que lo declaró “Jardín de Excelencia” por “su belleza, historia y valor educativo”. Es el primero en Sudamérica en ganarlo. Por otro lado, pondrán dos placas para conmemorar el centenario (ver Pasado y presente). Valentina Casucci, actual presidenta honoraria de la Asociación Argentina de Rosicultura (estuvo a cargo ocho años de esa entidad fundada en 1951) será quien reciba hoy el premio. “Es un orgullo para mí, que fui parte de la remodelación que se hizo en 2008. Fue un gran trabajo y hoy es un honor que este espacio, que es un símbolo de la Ciudad, tenga este prestigio”, celebró.


Pasado y Presente
Variedad. En el jardín hay 93 especies.

La historia

El Rosedal abrió sus puertas el 24 de noviembre de 1914. El responsable de su diseño fue Benito Carrasco, discípulo de Carlos Thays. Con el tiempo se convirtió en un símbolo de la Ciudad, aunque hacia los años 90, por falta de mantenimiento, quedó deteriorado. La petrolera YPF lo apadrinó y en 2008 financió una gran reforma para ponerlo en valor. El padrinazgo terminó en 2012, cuando la empresa fue reestatizada.

El reconocimiento

El Rosedal fue premiado con el Garden Excellence Award, un reconocimiento internacional otorgado por la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas (WFRS, por sus siglas en inglés). Por eso, hoy se descubrirá una placa que lo acredita como “Jardín de Excelencia”. En el mismo acto se descubrirán otras dos placas, una de la Legislatura porteña y otra en nombre del Gobierno de la Ciudad.

Cuándo visitarlo

En invierno abre de martes a domingo de 8 a 18. En verano, el horario se extiende hasta las 20. Durante todo el año, los lunes permanece cerrado por tareas de mantenimiento.
   El Rosedal en 1920.
   Jóvenes paseando en bote en la década de 1930.

    El Rosedal en 1926.


                      Otra vieja imagen del Rosedal.


   El antiguo Rosedal, muy concurrido.

    La gente, cuidaba el paseo.

    El Parque Tres de Febrero y el Rosedal, pronto fueron el paseo predilecto de los porteños porque ofrecían múltiples motivos de distracción para
     los visitantes.
        Una vista aérea actual.
   Rosales y jacarandás en flor.




Fuente: clarin.com

ANNEMARIE HEINRICH INÉDITA

heinrich


Estrategias de la Mirada: Annemarie Heinrich, inédita.


A partir del 11 de noviembre de 2014 – en MUNTREF Artes Visuales (Sede Caseros I)

En las principales capitales culturales de la modernidad, durante las décadas de 1920 y 1930, adquirió visibilidad la disputa por el lugar de la fotografía entre las “Bellas Artes”. Buenos Aires, como metrópolis moderna, no fue la excepción y es durante esos años en los que tanto Annemarie Heinrich como Grete Stern y Horacio Coppola, protagonizaron esta saga.
Tempranamente, Annemarie Heinrich (Darmstadt, Alemania 1912- Buenos Aires, Argentina 2005) desplegó su trabajo en una doble vertiente: por un lado, una fotografía social centralmente destinada a retratar el naciente star system local y el ballet y, por el otro, experimentó con la técnica, los recursos visuales, los objetos y los tipos humanos en busca de desarrollar una imagen contemporánea.
A lo largo de su extensa trayectoria, construyó una mirada de una potente dimensión expresiva, la que tiñó tanto su trabajo de carácter comercial, como también sus exploraciones artísticas. Si bien es habitualmente conocida por sus retratos de actores de cine, retratos y desnudos, esta exhibición revela un conjunto inesperado de imágenes inéditas, (a partir de negativos 6×6 alojados en su archivo) y documentos, escritos, cuadernos de recortes, apuntes de viaje en donde conviven contactos fotográficos, textos escritos en una lengua entre el alemán y el español, recortes de prensa y fotos de otros artistas.
Estrategias de la mirada: Annemarie Heinrich, inédita, exhibe las exploraciones y ensayos – en su mayor parte inéditos- llevados a cabo por la fotógrafa entre las décadas de 1930 y 1950.
Esta exposición es un avance de los resultados de la investigación que lleva a cabo el equipo de investigación dedicado al Archivo Annemarie Heinrich, del Instituto de Investigaciones en Arte y Cultura “Dr.Norberto Griffa” de la UNTREF, dirigido por Diana Wechsler (UNTREF-Conicet) e integrado por Cecilia Belej (UNTREF) y Paula Hricyk (UNTREF-Uba). Este proyecto de la Universidad Nacional de Tres de Febrero ha sido incluido dentro del programa de apoyo a las investigaciones de Archivos de la Britisch Library de Londres. Así mismo, la labor de archivo y la edición de las fotografías para la exposición, cuenta con el invalorable acompañamiento de los fotógrafos Alicia y Ricardo Sanguinetti.
La exposición está organizada en las siguientes grandes zonas:

  1. Abstracciones y reflejos: ensayos fotográficos
  2. Territorios americanos, registro de un espacio natural y cultural
  3. Territorios sociales, registro y reconocimiento del otro cultural
  4. Sobre la práctica fotográfica y artística: retratos y autorretratos, escenas de

Taller, documentación de archivo.


A partir del 11 de noviembre de 2014 y hasta el 31 de mayo de 2015 (del 1 de enero hasta el 8 de febrero, cerrado) MUNTREF Artes Visuales (Sede Caseros I, Valentín Gómez 4838)


Annemarie Heinrich:
pionera de la fotografía contemporánea

En el Museo de Artes Visuales de la Universidad Tres de Febrero (MUNTREF).
La muestra reúne más de cien imágenes realizadas entre 1930 y 1950, además de objetos y escritos.

MUNTREF Album de trabajo de annemarie heinrich
Un cuaderno de trabajo de Annemarie Heinrich
Marcela Mazzei 

Cuenta una anécdota que 17 horas estuvo Mirtha Legrand en el estudio de Callao y Las Heras, entre cambios de vestuario y maquillaje, para que Annemarie Heinrich la retratara. Allí también posaron Tita Merello, una juvenil Eva Duarte y Tania, entre otras estrellas de la emergente industria del cine y la radio argentina de los años 30. La fotógrafa, nacida en la ciudad alemana de Darmstadt en 1912 y emigrada en 1926, llegó a tener siete empleados en su estudio, codiciado por una clientela ávida de las prácticas sociales de la época. “Cualquier familia que se preciara iba a hacerse una foto a su estudio”, comentó alguien la semana pasada mientras se inauguraba Estrategias de la mirada: Annemarie Heinrich, inédita, la muestra que plantea una relectura de su obra.
En el Museo de Artes Visuales de la Universidad Tres de Febrero (Muntref)se exhiben hasta mayo más de cien imágenes realizadas entre 1930 y 1950, rescatadas del Archivo Annemarie Heinrich, que administran sus hijos, los fotógrafos Alicia y Ricardo Sanguinetti.


Delia Garcés

“Sólo estamos mostrando esas fotos que se conocen, como un retrato de Palito Ortega, en las que se ve que eran resultado de mucha experimentación”, señala Diana Wechsler, al frente del proyecto de investigación que aporta una nueva mirada sobre el archivo.
En una primera sala del museo los objetos, escritos e imágenes ponen al descubierto la intimidad del taller de la artista que, aunque hizó exposiciones en su época –la primera en Chile en 1938–, conservó esta faceta casi oculta. Hay una serie de autorretratos, resultado de juegos con esferas y espejos que llevan al espectador a preguntarse: ¿es realmente un autorretrato? “Ahora entiendo qué hacía a la noche en el estudio”, manifestó su hijo Ricardo.


            
                     Zully Moreno
     Tita Merello
   Mirtha Legrand

Establecida a los 14 años junto a su familia en la localidad entrerriana de Larroque, donde su tío era el fotógrafo del pueblo, Annemarie dio los primeros pasos en un oficio para el que no necesitaba saber español. Cuando se trasladaron a Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, –donde vivió hasta su muerte, en 2005–, comenzó de aprendiz en varios estudios porteños hasta que, a los 18, abrió el propio en la casa de sus padres.
Están exhibidas las carpetas donde registraba sus experimentos con viejas cámaras con placas, que permitían una sola toma; las primeras fotos publicadas en revistas; unos graffitis de 1955, que aluden al derrocamiento de Perón y la resistencia peronista, y fotos documentales donde se reconoce a Carlos Alonso con su hija Paloma, Enrique Policastro, Antonio Berni, Carlos Castagnino, entre otros: su grupo de pertenencia.
Fundadora del Consejo Argentino de Fotografía junto a otras cinco mujeres, entre ellas sus alumnas Sara Facio y Alicia D’Amico, Heinrich protagonizó la escena del alto modernismo del siglo XX que disputaba para la fotografía un lugar entre las bellas artes. “Hasta ahora lo teníamos claro con el texto que escribe Grete Stern en 1935 para su exposición (en la Revista Sur) junto a Horacio Coppola, cuando recién llegan emigrados de Alemania, pero la escena era mucho más rica y había otros: Anne era una de ellos”, relata Wechsler.
En otra sala, en copias analógicas, hay fotos seleccionadas con objetos encontrados, que son ejercicios formales, inusuales en los años 30: imágenes de papeles quemados, montañas, herramientas y playas con un componente surrealista y metafísico. Otra serie ejemplifica el tratamiento de los horizontes bajos: cuando en las fotos de horizontes la línea solía aparecer centrada, ella la ubicaba más abajo para que la experiencia fuera como en la realidad. “Por eso la muestra se llama Estrategia de la mirada –reflexiona Wechsler–, porque recupera la cabeza de alguien que pensaba mirando y construía recursos para representar”.


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Miguel de Molina, 1942.
   Isabel Sarli
Eva Peron Fotografia: Annemarie Heinrich
 Eva Duarte





Detrás de la serie “Reflejos”, de 1932, hay ejercicios con la cámara cuyo registro minucioso revela una intención. De la misma forma que en sus viajes por las provincias argentinas y Latinoamérica registraba objetos y personas, muchas veces representantes de oficios. Para ella, fue una manera de reconocer la tierra que la había adoptado pero, lejos de todo exotismo: lo que se pone de relieve es la condición humana desde la diversidad, en Perú, en Chile y el Norte argentino. La curadora argumenta: “Estaba todo el tiempo sobre estas imágenes, por eso vale la pena reivindicarlas, no es que son cosas descartadas”.

A través de la mirada de Annemarie Heinrich, artista emblemática  del siglo XX, precursora en el uso de recursos que adoptaron los discursos contemporáneos, la investigación se propone contar otras dimensiones de la época. Una investigadora se unió al equipo para trabajar sobre las fotos de rodajes. Cuando se instalaba en las filmaciones, por ejemplo de Daniel Tinayre, en los tiempos de descanso su cámara se alejaba de las estrellas y prefería a los técnicos y peinadores. La exposición condensa la primera etapa de una investigación que sigue. En abril se editará un libro, el primero de una serie de publicaciones sobre Heinrich. En paralelo comenzará la digitalización del archivo, mediante un subsidio obtenido en la British Library de Londres; y planea completar este auténtico trabajo de hormiga. Porque todos estos hallazgos surgieron de un recorte de 5 mil inéditos entre 16 negativos, contactos y copias que forman el archivo. Todavía queda un mundo de imágenes por descubrir.
Dónde: Museo de Artes Visuales de la Universidad Tres de Febrero (MUNTREF), sede Caseros I, Valentín Gómez 4838. Cuándo: Hasta el 31 de mayo (Del 1 de enero hasta el 8 de febrero, cerrado). De lunes a domigo de 11 a 20.


Fuentes: Varias

BORGES Y MANUCHO: EL AMOR POR BUENOS AIRES

Si hubieran nacido en Londres o en París, tal vez habrían encontrado todo hecho, pero no son ni Dickens ni Balzac, y aquí había mucho por hacer.
Dos grandes escritores de esta ciudad, en un diálogo con la pasión de la literatura.
Manuel Mujica Lainez y Jorge Luis Borges, 1980 . Foto Revista Somos

Por María Esther Vázquez / LA NACIÓN


Intervienen en este diálogo Jorge Luis Borges y Manuel Mujica Lainez. En él se analizan las diferencias entre el Buenos Aires actual y el de las décadas de 1920 y 1930, las ventajas y desventajas de ser argentino y hasta dónde el haber nacido en esta ciudad y el hecho de amarla han influido en la obra respectiva de los interlocutores.
María Esther Vázquez:- ¿Cómo era o cómo vieron ustedes esta Buenos Aires, que tan presente estuvo en la obra literaria de ambos?
Jorge Luis Borges:- Lo que yo recuerdo de aquellos años de mil novecientos veintitantos a 1930 es que había una pasión que ahora ha desaparecido: la pasión literaria y la pasión metafísica. Ahora lo único que parece interesar a la gente es la pasión política y la política partidaria. Y hay otro hecho: entonces nadie pensaba en el éxito.
Manuel Mujica Lainez:- Es muy cierto.
Borges:- Nosotros pensábamos mal de Arturo Cancela, que era muy buen escritor, porque sabíamos que se vendían sus libros y él le aseguró a mi padre que eso era una calumnia propalada por sus enemigos. Se pensaba que si un escritor vendía, no podía ser bueno y actualmente, no sólo se piensa en el éxito, sino que hasta se organiza. Hay eso que se llama promoción. Recuerdo un año que se vendieron treinta y siete ejemplares de un librejo mío. Historia de la eternidad; se lo conté a mi madre y ella me dijo: "Es imposible". Le mostré la factura y me creyó. En aquellos años lo conocí a Gerchunoff. Él me preguntó si yo escribía y, como le contesté afirmativamente, me pidió que le llevara algo a la nacion; yo le dije: "Mire, no creo que lo que escribo merezca ser publicado". Todo esto lo cuento para significar que había pasión literaria, que no tenía nada que ver con el hecho de que los libros se vendieran o no, o de que el autor fuera conocido o desconocido. Hoy parece que la gente está más interesada en su carrera o en su destino personal como escritor. Posiblemente yo exagere; nunca he tenido muchos amigos, aun ahora me trato con media docena de personas, no más, y evito, cuidadosamente, las comidas literarias. Pertenezco a la Academia Argentina de Letras y no voy nunca, pertenezco al Pen Club y no voy, me borré de la Sociedad Argentina de Escritores.
Vázquez:- Pertenezco al universo, pero no lo frecuento.
Mujica Lainez:- Con todo, Georgie, vos perteneciste a un grupo que se llamaba el grupo de Florida.
Borges:- El grupo de Florida fue una invención de Ernesto Palacio y Roberto Mariani. No hubo ni grupo Florida ni grupo Boedo. Eso se hizo porque se pensaba que convenía que en Buenos Aires hubiera vida literaria a la manera de París, que hubiera cenáculos. A mí me hablaron de los dos grupos y yo dije que prefería ser de Boedo, pero los organizadores me dijeron que ya me habían puesto en el de Florida. Total, no tenía importancia porque era una broma. Hubo escritores, como Arlt y Olivari, que pertenecían a los dos.
Vázquez:- Pese a que la obra de ustedes es tan diferente, ¿creen que por haber sido elaborada casi toda en Buenos Aires tiene determinadas características?
Mujica Lainez:- Lo único que pueden tener en común no depende de nosotros sino de nuestro origen. Es decir, tanto Borges como yo descendemos de una serie de personas que en una forma o en otra han contribuido a ser el país y esas personas que en el caso de él son héroes y en el mío son escritores [se interrumpe y dirigiéndose a Borges, dice: "Vos tenés a Lafinur"].
Borges:- Y vos la muerte de Varela en Montevideo.
Mujica Lainez.:- ¡Qué te parece!
Borges:- ¡Y un degollado! Casi nada, ¿no?
Mujica Lainez:- Bueno, esos que nosotros tenemos, que yo tengo a Varela, que vos tenés a Laprida, que yo tengo a Cané, que vos tenés a Suárez, gente que nos hemos repartido, en cierto modo.
Borges: -Y al cabo de cien años, tendremos los mismos antepasados, además de don Juan de Garay.
Vázquez: A Garay se lo reparten a medias.
Mujica Lainez:- Sí, claro. Bueno. Esos hombres han contribuido a hacer nuestras obras y eso es lo que nosotros tenemos en común. Aunque vos insistís demasiado en que sos pariente de Rosas, así como yo no dejo de señalar que soy descendiente de Florencio Varela. Eso nos pondría de pique, pero yo creo que no: somos dos unitarios.
Borges:- ¡Claro que soy unitario!
Mujica Lainez:- Es lo que hay que ser.
Borges:- No sé si te acordás cuando a mi madre le hicieron una operación, que pudo ser seria. Al sacarla en la camilla, ella quiso darme a entender que esa operación no era nada, que ella seguía siendo Leonor Acevedo, y entonces, con un hilo de voz, me dijo: "¡Salvaje unitaria!". Entonces me di cuenta de que todo estaba bien.
Mujica Lainez:- Tu madre era uno de los últimos seres admirables que yo he conocido.
Vázquez: ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de haber nacido en una ciudad como ésta, tan alejada de Europa y de los Estados Unidos, pero a la que llegaban los exponentes más importantes de la cultura occidental?
Borges:- No sé si venían los exponentes, pero sí sus libros.
Mujica Lainez: -En la época paqueta venían ellos también. Venían por Amigos del Arte.
Borges:- Cierto. Recuerdo que Helena Udaondo me dijo que vendría Chesterton, que ella iba a recibirlo en su casa y que iba a invitarme. Yo me sentí triste, porque pensé: "¡Qué lástima que Chesterton, a quien yo veo como a un hombre mágico, esté aquí en Buenos Aires, conozca a personas que yo conozco y forme parte de esta vida nuestra! ¡Ojalá no venga!". Y efectivamente, no vino y se mantuvo en su condición mágica de un hombre que vivía en un Londres mágico.
Mujica Lainez:- Me parece que la ventaja, cuando hemos tratado los temas de Buenos Aires, es que estaba prácticamente todo por hacer. Si nosotros hubiéramos nacido en Londres o en París, habríamos encontrado todo hecho. Creo que Balzac y Dickens se habían ocupado bastante bien. Mientras que lo que había aquí, antes que nosotros (que conste que yo lo respeto).
Borges:- Pero era casero.
Mujica Lainez:- Claro. Así que se podían hacer cosas interesantes y hemos tratado de hacerlas.
Borges:- Y además tenemos una ventaja sobre los europeos y es que somos, podemos ser, buenos europeos y más europeos que ellos. Porque un italiano corre el hermoso peligro de ser solamente italiano y un inglés de ser inglés; en cambio, nosotros somos herederos de toda la cultura occidental, no tenemos por qué fijarnos en una región más que en otra. Somos lo que queremos y podemos ser. ¡Es una lástima que se haya perdido la hegemonía de Europa! Ahora estamos abandonados a dos países que han de parecerse muchísimo: Rusia y los Estados Unidos. Un bisabuelo mío, inglés, estuvo un año en los Estados Unidos y tuvo ocasión de cambiar unas palabras con un piel roja: "El único caballero que conocí en América!" -dijo. ¡Qué lástima esas dos guerras mundiales europeas! Ahora tenemos a Europa en segundo lugar, y en Europa está todo. Y está nuestro pasado, porque limitarnos al pasado sudamericano sería un poco miserable. Un poco pobre.
Vázquez:- ¿Cuáles son las desventajas?
Borges:- Son tan evidentes que mejor sería ni nombrarlas.
Mujica Lainez:- Voy a hablar egoístamente. Las desventajas para mí, que soy un hombre cuya obra está construida sobre la base del pasado, son que nuestro pasado es hermoso, es un pasado romántico, pero muy limitado. Si yo hubiera sido aunque fuera brasileño, el Imperio, esos reyes desterrados, los negros, el trópico. Todo eso me hubiera dado toda clase de temas. Pensá en la obra de ciertos escritores belgas que han tenido atrás a Flandes y que han hecho esos libros admirables. Yo, con envidia siempre. sin embargo, pensé, como vos, que nosotros éramos los herederos de esas culturas y por eso me di el lujo de escribir Bomarzo, El unicornio, libros de carácter universal, porque creí que tenía ese derecho.
Vázquez:- ¿Qué es lo mejor y lo peor de Buenos Aires?
Mujica Lainez:- Lo mejor de Buenos Aires es que nosotros estemos conversando en este momento.
Borges:- Es que lo mejor es la amistad, que todavía perdura en Buenos Aires y que es una pasión, un sentimiento que se ha perdido en otros países, como se ha perdido el sentido de la familia: parece que nadie tuviera parientes, ni amigos. No hay intimidad.
Mujica Lainez:- Es curioso. Nosotros, a través del tiempo hemos tenido una especie de amistad, me doy cuenta ahora.
Borges:- Desde luego. Una amistad muy importante para mí y una amistad que ha podido prescindir de la frecuentación. Pasamos años sin vernos, pero, de pronto, estoy en un sanatorio, donde me han operado, y Mujica Lainez está a mi lado. Eso es muy importante para mí. Además del placer de la lectura de tus libros.
Mujica Lainez: -El gran vínculo era tu madre. Yo la quería mucho y ella me quería.
Borges:- Sí, es verdad.
Vázquez: ¿Y qué es lo peor de Buenos Aires?
Borges:- Hay tantas cosas peores, que es difícil elegir.
Mujica Lainez:- No creo que entren en una página de la nacion. Tendrían que hacer un número especial.
Vázquez:- El amor que ustedes sienten por Buenos Aires, porque sienten amor, ¿no es cierto?
Borges:- A pesar de Buenos Aires, sí.
Mujica Lainez:- La prueba es que si no, nos hubiéramos ido. Nos hemos quedado siempre acá y casi todos los demás se han ido.
Borges:- Cierto. Me acuerdo que Carriego le decía a mi padre, de un modo un poco campanudo: "Aquí estamos, los dos entrerrianos". Y mi padre le contestaba: "Y, como todos los entrerrianos que pueden, estamos en Buenos Aires".
Vázquez:- Y ese amor tiene algo que ver con los elementos folklóricos: el Sur, el tango, los compadritos, los suburbios.
Borges:- Yo podría prescindir de esos elementos, pero los cuchilleros, ¡caramba!, ésos son un vicio mío.
Mujica Lainez:- Es una geografía tuya.
Borges:- Y posiblemente apócrifa.
Mujica Lainez:- Eso yo no lo he conocido. Siempre he sospechado que esos cuchilleros y esos suburbios y tal, eran anteriores a vos, eran cosas que vos habías oído.
Borges:- ¡Ah!, pero desde luego. Todo eso yo lo debo, no a lo que yo he experimentado, sino a las mentiras del viejo caudillo Paredes, a toda la gente que vi en su casa, que serían tan embusteros como él, y a conversaciones con comisarios, que también tienden a exagerar las cosas, y luego a algunos relatos de los Iberra, de Turdera, también de segunda mano; yo conocí a un primo hermano de los asesinos.
Vázquez:- ¿Y eso no es renegar de las fuentes?
Borges:- No, quizá convenga que las cosas lleguen así. Yo no me comparo con Homero, pero todo le puede haber llegado así.
Mujica Lainez:- Vos tuviste tus mitos y yo, ahora que pienso, también tuve los míos. Porque mi padre, que era un hombre tan especial, que era un clubman. Fijate que nunca, en mi vida entera, lo vi a mi padre vestirse en casa, tenía sus roperos en el Círculo de Armas. Ese hombre, cuando a mí me hablaba de chico de los hombres de su época, de Roca. Eso pasó a ser algo tan mítico como tus cuchilleros.
Borges:- Quizá convenga todo eso; el arte se hace con recuerdos personales y ajenos que llegan, al fin, a ser también personales. Como todo el pasado, como los clásicos.
Mujica Lainez:- Claro, vivimos devorando.
Borges:- Los recuerdos que uno tiene de El Quijote son los recuerdos del patio de la casa. Uno incorpora todo.
Vázquez: ¿A ustedes les gusta vivir en Buenos Aires? ¿Estarían más cómodos en otra ciudad?
Borges:- Quizá para extrañar, para querer a Buenos Aires, convenga estar lejos de ella. Estoy pensando en Joyce que no volvió nunca a Irlanda.
Mujica Lainez:- Henry James, Eliot. Yo sería muy feliz viviendo un tiempo en Venecia o en París.
Borges:- Yo también.
Mujica Lainez:- Pero tendría que volver, de eso no hay duda.
Borges:- Entonces, ¿tenemos el impulso centrífugo?
Mujica Lainez:- Sobre todo los jóvenes.
Borges:- Quizá porque deseamos volver a Europa, porque somos desterrados de algún modo.
Mujica Lainez:- Hay una virtud en los argentinos, que observé no acá, sino viajando, en el extranjero. Los argentinos son muy inteligentes. En Europa, por ejemplo, los he ido encontrando en puestos claves.
Vázquez:- Y haciendo las cosas más disparatadas.
Mujica Lainez:- Sí, por ejemplo, me acuerdo que en Israel hace muchos años, en un instituto donde se hacían estudios sobre tuberculosis, los principales médicos eran argentinos. En Egipto, en El Cairo, el segundo especialista en el Museo de Antigüedades Egipcias, era un argentino. Los directores más importantes de teatro, en París, son argentinos. Hay actores, hay directores.
Vázquez:- El que perfeccionó el traje de los astronautas es un argentino.
Mujica Lainez:- Es cierto. Creo que los argentinos son muy inteligentes. ¡Lástima es que no apliquen esa inteligencia a este país!

bio

JORGE LUIS BORGES
Buenos Aires, 1899
Ginebra, 1986
A los 15 años viajó con su familia a Europa y cursó en Ginebra el bachillerato. Cuando regresó al país publicó su primer libro, Fervor de Buenos Aires (1923). Obtuvo el Premio Nacional de Literatura, el Formentor, dirigió la Biblioteca Nacional y fue distinguido con el premio Cervantes (1980). Su obra -Ficciones, El Aleph, El hacedor y varios volúmenes de poemas- se tradujo a 25 idiomas

MUJICA LAINEZ
Buenos Aires, 1910-1984
Escribió más de 20 libros, como Los ídolos, El viaje de los siete demonios y El escarabajo. Varias novelas y cuentos fueron llevados al cine y la TV, y Alberto Ginastera realizó una ópera a partir de Bomarzo. Recibió el Premio Nacional de Literatura y la Legión de Honor de Francia


Fuente textos: lanacion.com