GIACOMETTI: LA OBSESIÓN DEL VACÍO

Desplegadas en cuatro salas de Proa, con un diseño de montaje impecable, más de 140 obras hablan de la relación que tenía con el espacio una de las grandes figuras del arte del siglo XX.



Por Ana Maria Battistozzi

Giacometti ha llegado a ser escultor porque tiene la obsesión del vacío”, escribió Sartre en Derriére le miroir en 1957. “Es escultor porque lleva su vacío a la manera que un caracol porta su caparazón, porque quiere darlo a conocer en todas sus facetas y dimensiones. Y tan pronto puede vérsele acomodado con ese destierro minúsculo que le acompaña permanentemente, como horrorizado ante él”….
Cuando Sartre escribió este ensayo ambos llevaban más de década y media compartiendo una reflexión desesperada que intentaba situarlos ante la realidad de la guerra primero y cuando ésta acabó los enfrentaba a lo que dejó. Una realidad habitada por seres que, como los de Giacometti, marchaban acompañados pero en profunda soledad. Sartre decía que Giacometti había expulsado todo lo que abundaba en los cuadros y esculturas. Aún así, para el escultor no era suficiente. No lo era para alcanzar la “verdad” imposible que perseguía en esas figuritas de límites espaciales imprecisos y vacíos enormes. “El hueco está en el centro de lo sólido y lo sólido se deshace en lo que ni siquiera es aire, en lo que es, simplemente, existencia”, interpretó Sartre con una agudeza imposible de replicar.
Diez años antes de su muerte en 1966, la obra de Giacometti había llegado así al momento esencial de todas las búsquedas que inició tempranamente en Suiza junto a su padre y su hermano Diego, dos figuras imprescindibles tanto en su formación como en su derrotero profesional. Presentar y reflejar la trayectoria de este artista es de algún modo hacer pie en los momentos más radicales del arte del siglo veinte. Es lo que la exhibición de Proa hace a través de 140 obras que vienen de la Fundación Alberto y Anette Giacometti en un despliegue infrecuente para estas geografías.
Especialmente seleccionado por la especialista en el artista, Véronique Wiesinger, para un recorrido latinoamericano que abarcó San Pablo y Río de Janeiro, el conjunto incluye pinturas, dibujos y esculturas, disciplinas absolutamente complementarias y necesarias en cada una de las búsquedas de Giacometti.
Todas ellas se desgranan en cuatro salas con un diseño de montaje impecable. Desde los primeros momentos en que la influencia de Cézanne y, sobre todo la del cubismo, es notable el deslumbramiento que le produjo el arte africano. Como bien observa Wiesinger le llega de manera tardía en los años 20 pero sin embargo contribuyó al giro absolutamente original que le imprimió a su obra. A este momento pertenecen piezas icónicas de esos años como La Pareja y Mujer cuchara, ambas de 1927.
Estas obras, que fueron presentadas en el Salón de las Tullerías y marcaron la primera aparición pública de real importancia en la trayectoria de Giacometti, ocupan un lugar de privilegio en el ingreso. La poderosa energía totémica de ambas preparan al visitante para las reflexiones que lo ocuparán y lo aproximarán al surrealismo y sobre todo, al pensamiento mágico que plasmará en una inédita representación de lo humano.
Vinculada a esta reflexión un sector se concentra en la cabeza, un tema que convirtió prácticamente en una obsesión. “No pienso en el interior de una persona ni en su personalidad”, confesó en una entrevista. “Es preciso representar lo que se ve y no lo que se siente”, expresó dando por tierra con cualquier carga subjetivista.
Así, su padre, su hermano Diego, su esposa Anette, pero también Simone de Beauvoir, Sartre e Isaku Yanaihara, el filósofo que tradujo a Sartre al japonés y fue uno de sus modelos favoritos, fueron víctimas de ese empeño. Sus bustos en bronce, yesos intervenidos en color y lápiz y pintura dan cuenta de esa ambición de objetivar en extremo a sus sujetos.
El paso por el surrealismo, que fue tan problemático como fructífero influyó en esculturas como la Boule suspendue (Bola suspendida), en la que Giacometti recurre por primera vez a la “jaula”, que le permite delimitar un espacio onírico de representación como el de la “Nariz” de 1947.
El espacio de la representación es sin duda otra de las cuestiones centrales en su obra y la relación de la figura con él es lo que lo define y le da escala. Sean esas diminutas figuras que caben en una caja de fósforos, las figuritas femeninas en un pedestal o los hombres que marchan. “Toda la escultura que parte del espacio como existente es falsa, el espacio es ilusión de espacio”, afirmó.
Otra de las cuestiones de gran interés que aporta esta exhibición, tiene que ver con los vínculos que Giacometti llegó a entablar en distintos momentos con coleccionistas argentinos. El primero surge no bien el visitante traspone la primera sala en la muestra de Proa a partir de Cabeza que mira. El delgado yeso de 1929, apenas intervenido por las leves marcas en lápiz que solía deslizar el artista en algunos de sus trabajos, perteneció a Elvira de Alvear. Esa pieza temprana y clave en el interés que despertó Giacometti en el París de los años veinte, fue adquirida por la entonces joven coleccionista argentina, en la Galería Jeanne Boucher. El dato –según consigna la investigadora italiana Braschi–fue registrado por el propio Giacometti en anotaciones personales a mediados de los años 30. Poeta y escritora, Elvira de Alvear, era sobrina de Carlos María de Alvear, a quien Bourdelle, maestro de Giacometti había realizado el monumento ecuestre que se encuentra en Recoleta. Braschi recuerda que a Giacometti le encantaba que uno de sus primeros coleccionistas fuera justamente descendiente de un prócer latinoamericano a quien su maestro le había dedicado un monumento. Elvira de Alvear era amiga de Borges y frecuentaba un destacado círculo se intelectuales latinoamericanos en París del que participaron Vicente Huidobro, Miguel Angel Asturias y Rafael Alberti entre otros. Muchos de ellos colaboraron con Imán, la revista que dirigió en 1931, sostenía económicamente y tenía como secretario de redacción a Alejo Carpentier. Entre sus colaboradores se contaban Xul Solar y Hans Arp, Robert Desnos y John Dos Passos, algunos de los notables que hicieron de París una fiesta. Pero el grupo estaba vinculado también a Michel Leiris y Georges Bataille, promotores de Documents, la revista que en 1929 publicó el primer artículo sobre Giacometti en Francia. Ese año la crisis económica eclipsó la rutilante estadía parisina de Elvira de Alvear y la obligó a regresar a la Argentina.
Pero no se interrumpieron allí los vínculos de Giacometti con el coleccionismo argentino. Un nuevo capítulo giró alrededor de Jean-Michel Frank, decorador de moda. Durante años Giacometti realizó muebles y objetos de decoración para él. En tanto Frank, a su vez, entabló una relación comercial con los hermanos Ignacio y Ricardo Pirovano a través de Comte, la sociedad que importaba el exquisito mobiliario modernista europeo que se puso de moda entre las elites porteñas entre los años 30 y 40. Por esa vía indirecta Giacometti volvió a vincularse con Argentina. Y así sus piezas de diseño ingresaron a varias colecciones locales, como las de Murature, Alejandro Santamarina y sobre todo la de Jorge Born y Matilde Born para cuya casa de San Isidro diseñó especialmente las bellas chimeneas, luminarias y ménsulas, que se exhiben en esta exposición.

FICHA
Alberto Giacometti

Lugar: Fundación Proa (Av. Pedro de Mendoza 1929).
Fecha: hasta el 9 de enero.
Horario: martes a domingos, 11 a 19.
Entrada: $12.


Fuente texto: Revista Ñ Clarín


ENCONTRARON UNAS CERÁMICAS DE PICASSO
PERDIDAS 40 AÑOS

Las había donado el Partido Comunista Francés a un museo de una ex república soviética.
Unas cerámicas de Picasso que habían caído en el olvido fueron halladas de casualidad en las reservas del museo de arte de Tashkent, en Uzbekistán, unos 40 años después de haber sido donadas a esta ex república soviética de Asia central por el Partido Comunista Francés.
"Estábamos en busca de porcelanas rusas en las reservas para instalarlas en la sala consagrada a la Vanguardia rusa. Y de repente dimos con estas cerámicas de Picasso", relató una de las organizadoras de la exposición, Gulchehra Ajunova.
La colección se expondrá hasta enero y comprende platos de postre, bandejas decorativas y jarras en los que están representados los motivos preferidos del célebre pintor, entre ellos una paloma, el rostro de una mujer y la cabeza de un toro.
Pablo Picasso se había lanzado a la cerámica en los años 40 y creó centenares de objetos en el taller Madoura, en Vallauris (sur de Francia). Estas piezas las donó Nadia Leger --la mujer del célebre pintor francés y amigo de Picasso Fernand Léger-- en nombre del Instituto Maurice Thorez del Partido Comunista francés.

AFP

Fuente:Revista Ñ Clarín

BUENOS AIRES, ESTALLADA DE COLOR
EN EL "MAPA MENTAL " DE UN ALEMÁN

Desde hoy se puede admirar la gigantesca obra. Además, abre una exhibición de arte experimental argentino.

Artista y obra. Ackermann delante de su “Walking South”, acrílico sobre madera y fotos, 5.90 x 42 m./MARIO QUINTEROS.
Por Mercedes Pérez Bergliaffa

El Faena Arts Center explota de color. Porque desde hoy se muestra allí una pintura gigante, gigante, del reconocido alemán Franz Ackermann. Es, en realidad, la pintura más grande que hizo en toda su vida. De unos 260 metros cuadrados, construida con 21 paneles, el gran mural sobre tela es el resultado de lo que vio el artista a lo largo de varios recorridos por Buenos Aires, “con sol, con lluvia, en buenas y malas calles”, contará Ackermann después. Famoso por realizar “mapas mentales” de las ciudades que visita, el pintor mezcla un poco de todo, en sus obras: líneas “como cables sueltos”, formas abstractas –orgánicas, blandas, y geométricas, duras–, fotografías blanco y negro con vistas de los barrios de Once, Flores, La Boca, Palermo (pero vistas de ómnibus abandonados, bajadas de autopistas, carteles de negocios medio derruidos, y toda una serie de cosas que a algunos artistas del “Primer Mundo” les llama siempre la atención como objetos plástico- visuales: los ven como si fueran esculturas o intervenciones urbanas...). Sobre todo, en medio de esa gran extensión de 42 metros de largo que es el mural, hay esa especie de núcleo, “una pupila, lo llamo yo”, explica Ackermann, “que divide al mural en dos. Si no estuviera, uno entraría en la sala y vería esta pintura grande, pero se perdería, no sabría por dónde empezar a mirarla. En cambio, con esto, la gente se acerca al núcleo, mira los detalles, lo mira de cerca. Si no estuviera esta pupila central, observarían el mural sólo de lejos, como quien observa la Torre de Pisa o la Torre Eiffel”.
Si bien el pintor insiste en que su gran mural “es como una película, como un túnel, que hay que mirarlo, recorrerlo de izquierda a derecha, comienza por unos cables sueltos en el panel izquierdo y termina con otros cables sueltos en el panel de la derecha”, en realidad, cuando uno entra en las salas del Faena, el color que tiene la obra por todos lados es tal, que inmediatamente nos fagocita. Si usted va a verlo le va a pasar eso, que el color lo va a llamar mucho, muy fuertemente. Entonces usted va a acercarse –irremediablamente– a la obra, y va a empezar a mirarla por varios costados. ¿Pero por qué pasa esto? ¿Cómo una pintura puede tener varios principios y finales? Porque aunque Ackermann insista en contar una y otra vez lo que el mural narra –el tema– de manera lineal, en realidad, quien más nos está diciendo en esta obra es el color. El es uno de los verdaderos ejes rectores de la cosa.
Usted habló acerca del tema del mural, pero cuando lo vi sentí que tiene una fuerte relación, casi física, con el color. ¿Es así?
–Sí, el color es la parte más fuerte de este trabajo. Te voy a contar una cosa: Hay una pintura de Barnett Newman –un pintor abstracto de los años 50, que trabajaba con pinturas en las que realizaba “campos de color”–, que se llama Quién le teme al rojo, al amarillo y al azul . Cuando Newman la hizo, quiso decir con eso que no sólo la arquitectura podía ser una cosa física, sino que el color también, y mucho. Empezó a hacer enormes pinturas basadas en esa situación, pero teniendo en cuenta que el color puede ser físico y espacial a la vez. Pensando en todo eso, decidí pintar este mural, que no es sólo narrativo, sino que es también un momento ambivalente respecto a la arquitectura que lo contiene.” Comenzado en agosto de este año en Berlín –ciudad donde Ackermann vive–, y terminado luego durante dos viajes que hizo a Buenos Aires para pintarlo, el artista trabajó con dos ayudantes que vinieron con él desde Alemania más otros siete argentinos. “En realidad siempre que viajo estoy pintando, pero regularmente lo hago en cuartos de hoteles, en tamaños muy chicos y con acuarelas”, explica Ackermann. “Ese tipo de pintura es muy, muy flexible, la puedo hacer en cualquier lugar. En cambio, en el caso de esta enorme pintura, primero tuve que ver la pared; y ella me estaba esperando.” Ackermann la mira de arriba a abajo, vestido de overall. “La próxima”, dice, “me alquilo un coche y me voy a recorrer la Patagonia con mi cuaderno de bocetos. Ahí voy a pintar mis pinturas flexibles. Mis mapas mentales”, sonríe. Y uno, mirándolo, le cree.

Artistas creando: una muestra experimental


A la par de la exposición del mural de Ackermann, en la planta baja del Faena Arts Center se presentan las obras de un grupo de artistas argentinos, jóvenes y de mediana edad. Ellos estuvieron trabajando durante los últimos tres meses en el espacio de LEA, el Laboratorio de Experimentación Artística que funciona dentro del mismo centro de arte, pero en otro piso. El resultado de esos meses de taller son estos trabajos que se exponen ahora: esculturas hechas con trozos de botellas de vidrio, latas llenas de cemento; videos filmados en los espacios del Faena hotel; intervenciones de arena mezclada con cola, esparcidas por el suelo; instalaciones donde el color y la textura de la mezcla de plastilinas reina.
Si usted va, observe estos trabajos como experimentos, procesos o pruebas que estos artistas están haciendo, quizás no como un punto de llegada. Y no deje de ver las obras de Luis Terán, Irina Kirchuk, Adriana Minolitti, Ernesto Ballesteros y Lucrecia Liontti.

Fuente: clarin.com

DESCUBIERTO EN BULGARIA UN TESORO
DE UNA TRIBU TRACIA CON OBJETOS DE ORO.


Un cofre con objetos de oro de finales del siglo IV o principios del III antes de Cristo fue descubierto en el noreste de Bulgaria, anunció este jueves la responsable de la expedición arqueológica Diana Guergova a la AFP.

Por Bgnes

Un cofre con objetos de oro de finales del siglo IV o principios del III antes de Cristo fue descubierto en el noreste de Bulgaria, anunció este jueves la responsable de la expedición arqueológica, Diana Guergova, a la AFP.
"Un pequeño cofre de madera descubierto en una capa superior del túmulo de Omourtag (en el noreste de Bulgaria) contiene huesos quemados y exquisitas ofrendas de oro que fueron envueltas en una tela de hilos de oro", explicó Diana Guergova.
Una diadema con cabezas de leones y animales fantásticos, pulseras, un anillo con un relieve de Eros, el dios griego del amor y de la fuerza creadora y adornos de riendas de caballo forman parte de este tesoro de los Getas, una de las tribus tracias que habitaba en el sureste de Europa del segundo milenio antes de Cristo hasta el siglo III después de Cristo, añadió.
"El tesoro se encuentra en el túmulo más alto, lo que marca el apogeo de la cultura de los Getas", quienes vivían a ambos lados del Danubio.
Este túmulo forma parte de la misma necrópolis que alberga la tumba de Svechtari (noreste), del siglo III antes de Cristo, descubierto en 1982 y que forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO, precisó.
Guergova ya descubrió entre 1992 y 1996 en este mismo túmulo una tumba con columnas dóricas o el esqueleto de un caballo enterrado en el marco de unos funerales getas. Sin embargo, las excavaciones fueron interrumpidas por falta de fondos. La arqueóloga está convencida de que la tumba de un rey tracio será descubierta en este túmulo durante próximas investigaciones.
"Nuestro hallazgo ilustra el esplendor de este enclave de los Getas, una tribu que, con sus ideas sobre la inmortalidad del alma, influyó a tribus de Europa Occidental como los Celtas". Varias tribus celtas dejaron huellas de su paso por el sureste de Europa, especialmente objetos de cerámica, precisó Guergova.

Fuente: AFP

AFIRMAN QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO
MARCÓ EL FIN DE LA CIVILIZACIÓN MAYA


Un equipo de la Universidad de Pennsylvania descubrió que un prolongado período de sequías, entre los años 1020 y 1100, golpeó a la evolucionada cultura centroamericana.

Continuos períodos de sequía debilitaron y finalmente provocaron la desaparición de la cultura maya, según apuntan los descubrimientos de un grupo internacional de investigadores presentados en la revista científica estadounidense Science.
Los descubrimientos, cuando falta poco más de un mes para el 12 de diciembre, fecha que según interpretan algunos estudiosos de las predicciones mayas supondría el "fin del mundo", se basan en datos detallados sobre las precipitaciones entre los años 300 y 1100 d.C. fundamentados en un análisis de las calcificaciones de las cuevas de estalactitas y estalagmitas de América Central.
El equipo de científicos, dirigido por Douglas Kennett, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, estudió las estalagmitas de la cueva de Yok Balum, en Belice, donde floreció la civilización maya hace más de un milenio.
La investigación de Kennett se centró en los isótopos, átomos de un mismo elemento cuyos núcleos difieren en masa. La concentración de los diferentes isótopos de oxígeno en los sedimentos permite deducir de forma detallada la cantidad de lluvia caída. Al mismo tiempo, la antigüedad de los depósitos de sedimentos se determinó gracias a otros isótopos.
Los científicos compararon el calendario de lluvias obtenido con los estados de la cultura maya conocidos a través de sus múltiples escritos. A partir de esa comparación, los investigadores pudieron establecer un patrón claro para la época traducida entre el año 300 y el 1100. Entre los años 400 y 660, los mayas vivieron un período de gran expansión, con construcción de ciudades y bienestar general, que coincide con épocas de lluvias copiosas.

Menos producción

Sin embargo, le siguió un período de sequías recurrentes, durante el cual disminuyó la producción agraria. Como consecuencia de este cambio climático se produjeron una caída del poder central, la división en diferentes comunidades y el inexorable declive político y social general.
El final definitivo de la evolucionada cultura maya coincidió con dos períodos de especial sequía, en los años 1020 y 1100, que golpearon duramente la ya afectada y dividida sociedad y condujeron a su extinción definitiva.
"Los efectos del cambio climático son complejos y transcurren en diferentes escalas temporales. Los cambios bruscos del clima son seguramente sólo una parte de la historia", subrayó Kennet en un comunicado.
Este nuevo análisis ofrece los datos más precisos de precipitaciones en el período maya. Sin embargo, desde hace tiempo ya se suponía que una serie de períodos de sequía podía haber sido la causa del hundimiento de la cultura maya.

Agencias DPA y AP .

Fuente: lanacion.com

LEÓN FERRARI, ARTISTA DE CULTO


Recibirá el martes próximo el premio Konex de Brillante, que comparte con César Pelli


León Ferrari

Por Victoria Noorthoorn / Para LA NACIÓN


Los artistas con mayúscula suelen exhibir ciertas virtudes: claridad, humildad, solidez y urgencia. Claridad de intenciones; la humildad de que su propuesta sea sólo una de las vías posibles para alcanzar tal objetivo; solidez de una situación de enunciación avalada por cientos de investigaciones y urgencia de que las obras sean plenamente necesarias. Es el caso de León Ferrari, elegido por el curador Robert Storr para la entrada a su Arsenale en la 52a Bienal de Venecia (2007). En ese momento, trabajamos arduamente y contrarreloj con Robert y León para seleccionar obras de la prolífica producción del artista: a los collages y dibujos de sus series Heliografías (1980-82), Nunca Más (1994-2004), L'Osservatore Romano (2001) y Relecturas de la Biblia (2000-2004), León propuso sumar sus recientes esculturas en poliuretano, reminiscentes tanto de la bomba atómica como de seres desfigurados que enmarcarían la pieza principal: La civilización occidental y cristiana (1965), creada en plena guerra de Vietnam y respecto de la cual Ferrari escribió palabras de escalofriante actualidad: "Quitar la crítica del arte es cortarle su brazo derecho, limitar la crítica a lo que no sea acre o corrosivo es ahogarla con azúcar", y "lo que pretendo con esas piezas es, como dice el cronista, 'enjuiciar nada menos que a la civilización occidental y cristiana'. Porque creo que nuestra civilización está alcanzando el más refinado grado de barbarie que registra la historia". La Sala Ferrari causó impacto en el jurado internacional que le otorgó el León de Oro, galardón máximo del arte. Al premio siguieron cientos de notas periodísticas que reconocían la importancia de un artista que denunció abusos políticos y religiosos, así como atropellos a la libertad de expresión y sobre la figura del artista. León siempre cuestionó el status quo; siempre reclamó la autocrítica política, religiosa, social y cultural. Hoy, más que nunca, como en 2007 y ante el nuevo premio Konex de Brillante, es momento de escucharlo y de aplaudirlo.

Fuente texto: ADN Cultura La Nación

CÉSAR PELLI, BRILLANTE



Formado en la Universidad Nacional de Tucumán, desarrolló su carrera en Estados Unidos, fue decano de Arquitectura en la Universidad de Yale y proyectó edificios en Kuala Lumpur,Tokio, Bilbao y Buenos Aires, donde recibirá el Konex de Brillantes



Todo lo demás parecería que le salió increíblemente fácil. Su estudio fue nombrado uno de los diez más influyentes de Estados Unidos; ganó todo tipo de concursos y premios internacionales; fue decano de arquitectura de la Universidad de Yale, uno de cuyos edificios más emblemáticos puede ver por su ventana. En la cercana Manhattan, a sólo dos horas de tren, tiene una enorme base de operaciones conectada con el planeta y es de los poquísimos que reciben el mote de "señor rascacielos". ¿Cómo lo hizo? Pocos días antes de volar a Buenos Aires para recibir el Premio Konex de Brillante le contó a adncultura su historia.
-¿Era el típico niño que ya desde pequeño hacía las torres más altas con bloques en el jardín de infantes y del que todos decían "ése va a ser arquitecto"?
-Creo que ésos son cuentos que se inventan después. Yo nací en Tucumán, me crié en Tucumán, me hice arquitecto en Tucumán y no sabía qué iba a estudiar. Mi madre era una educadora de profesión que tenía la idea muy de avanzada de poner a los niños desde muy jovencitos en la escuela, así que yo hice primaria, secundaria y la universidad con dos o tres años menos que mis compañeros. No me daba cuenta entonces, pero eso significó que los varones no me querían en su equipo de fútbol y que las chicas no me prestaban la menor atención. Pero también significó que, a los 16 años, yo ya estaba para entrar en la universidad, y, aunque no tenía ninguna idea concreta, me animé a probar con arquitectura, que era una carrera muy nueva en Tucumán, sabiendo que si me equivocaba no importaba perder un año.

 
Una clásica imagen del arquitecto que triunfa en el mundo y extraña el calor tucumano. Foto: Daniel Pessah


-¿La arquitectura lo sedujo enseguida?
-En la facultad enseñaban con un concepto muy antiguo, heredado de la École des Beaux-Arts: aprendíamos a usar tinta china, estirar las láminas y hacer órdenes clásicos. Yo lo hacía muy bien pero no tenía ni idea de para qué iba a servir. Pero al fin del primer año vinieron dos jovencitos de Buenos Aires como profesores y las cosas empezaron a cambiar. Me hicieron analizar un edificio de Frank Lloyd Wright en vez de un palacio renacentista y tuve que diseñar una parada de ómnibus en vez de una tumba o una urna. Ahí me empezó a entusiasmar la cosa, porque veía que combinaba el arte con el sentido social.
-¿Pudo empezar a construir en cuanto se recibió?
-Después de que me recibí tuve un par de obritas muy chicas. El primer edificio construido fue una casa de vacaciones para mis futuros suegros.
-Si luego le entregaron a la hija, supongo que quedó bien.
-Quedó preciosa y, sobre todo, fue baratísima. Ellos habían comprado un terreno con los cimientos de una escuelita, y los usé para abaratar costos, quedó bien, cuadrada y muy simpática; en Campo Quijano, Salta.
-¿Y viviendas más masivas?
-Empecé a enseñar en la facultad, mientras trabajaba en una organización creada por el gobierno de Perón. Me pusieron a cargo de la construcción de viviendas sociales. Hasta entonces, lo que se hacía eran conjuntos de casitas californianas en lo que se llamaba un "barrio jardín", pero terminaban siendo para gente de clase media que tenía contactos, así que pensé: "Los voy a jorobar", y a propósito, diseñé edificios sobrios muy utilitarios, de un solo piso extendido, como usa la gente en el campo. Nunca vi la obra construida hasta este año, en uno de mis últimos viajes fui a Tucumán y fue emocionante encontrar que allí seguían? ¡pero las habían arreglado muy bonitas, con flores, y con mamparas para armar compartimentos!
-¿Cómo fue que tomó la decisión de iniciar una carrera en Estados Unidos?
-Fue raro y nada fácil. Llegué con una beca de 95 dólares por mes a la Universidad de Illinois, teníamos una habitación en una casa compartida con varias parejas ¡y mi señora embarazada! Así que tuve que trabajar de bibliotecario nocturno y otras cosas, hasta que un profesor de la escuela de posgrado de arquitectura me consiguió trabajo en el estudio de Eero Saarinen, a dos dólares con cincuenta la hora. Naturalmente acepté y estuve en el estudio de Saarinen diez años. Luego fui director de Diseño en un estudio de ingeniería en Los Ángeles, donde diseñé obras que se publicaron mucho y de allí pasé al estudio de Victor Gruen, por primera vez como socio y no como empleado. Diseñé la embajada estadounidense en Japón y un edificio muy popular llamado la Ballena Azul. Para entonces ya era conocido. Philip Johnson me ofreció proponerme como decano de Arquitectura en Harvard, pero le dije que no me interesaba.

El Carnival Center en Miami, Florida, un edficio waterfront consagrado a las artes visuales y escénicas. Foto: Gentileza Estudio Pelli.
-¿Por qué?
-No me gustó nada el sistema, nada. En Harvard, a diferencia de Yale donde el puesto es para una sola persona, hay una división entre el decano y el chairman ; uno se ocupa de la parte académica y otro, del dinero, con el resultado, previsible, de que quien se ocupa de la parte académica no tiene poder "real". Además, cada escuela se vale por sí sola, mientras que en Yale siempre esta la "Madre Yale" que viene a rescatarte. Por suerte, parece que en Yale se enteraron de mi manera de pensar y me ofrecieron ser decano aquí. Me mudé aquí dispuesto a hacer vida académica.
-¿No fue así?
-Duró poco. A los dos meses de decanato, me convocaron para ampliar y renovar nada menos que el MoMA de las calle 53 entre la Quinta Avenida y la Sexta, algo que todavía no puedo creer, porque no es que yo no tuviera estudio, ¡no tenía ni un tablero! Mi señora consiguió este lugar, llamé a un muy joven arquitecto de apellido Clarke, hoy mi socio, que estaba en la Universidad de Rice, y empezamos de la nada.
-A propósito del MoMA, ¿qué opina de la reciente ampliación de Taniguchi?
-No quiero criticarlos porque les debo tanto, pero me parece que no fue lo mejor que se podría haber hecho. Eran épocas distintas. Ahora había mucho dinero y querían algo muy vistoso y grandilocuente. Cuando vinieron a mí era porque estaban al borde de la quiebra y querían algo lindo, decente y barato.
-¡Como lo de sus suegros!

 
La Torre Iberdrola, en Bilbao, es el fondo inesperado del paisaje decimonónico. Foto: Estudio Pelli
-Parecido, salvo que mis suegros me dejaron que hiciera lo que yo quería, éstos no?
-¿Le duele en el alma que hayan "tocado" su proyecto?
-No, porque gracias a ese cliente tengo mi estudio, me dio un gran empujón y la torre del museo que diseñé quedó como un marcador contra el cielo que recuerda mi paso por allí.
-Tuvo el gran privilegio de diseñar en el World Financial Center el conjunto de edificios que escoltaban a las Torres Gemelas, ¿Qué opina del proyecto para el Ground Zero ?
-Ahhhhh. El monumento es lindo, me gusta, pero todo lo que lo rodea ha sido afectado por demasiada política y apuro.
-Hablando de rascacielos, ¿Cuál fue la clave para que le dieran el diseño de las Torres Petronas?
-En las bases del concurso pidieron que los edificios fueran "bien malayos". Cuando pregunté y pedí más detalles, ni los desarrolladores inmobiliarios mismos sabían qué querían expresar con esta sugerencia. Se trataba de un país que no conocíamos, lejano y distinto. Por suerte había estudiado mucho arte islámico e interpreté que no querían unas torres que pudieran estar en Chicago o Fráncfort, sino que tuvieran sensibilidad para los habitantes de Kuala Lumpur, algo así como un símbolo, una obra icónica. Y lo fue. Muchos años después me enteré de que los demás no habían prestado atención a este requerimiento, que obviamente resultó ser decisivo.
-¿En qué lo cambió la fama y el dinero ?
-No creo que lo poco de fama que tengo me haya cambiado para nada. No tengo preocupaciones monetarias, pero no soy rico.
-¿Cuáles son los arquitectos y obras que más admira?
-Muchos. Desde los arquitectos de Hagia Sofía, la Catedral de Chartres, el patio de Ry?an-ji, pasando por Frank Lloyd Wright, Le Corbusier, Mies van der Rohe hasta Frank Gehry y Saana.

 
En Puerto Madero, con un perfil inconfundible se levanta la torre proyectada para YPF. Foto: DyN
-¿Y qué tal le resulta trabajar en la Argentina?
-Fantástico, me encanta. Acabamos de terminar un master plan precioso para el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, en un terreno con árboles centenarios y edificios que servían para la cuarentena de los caballos, gallinas, pescados? Ojalá se construya. Por lo menos el master plan fue muy bien recibido.
-Ahora viaja a Buenos Aires para recibir el premio Konex de Brillante, y ha proyectado para la ciudad tres edificios emblemáticos en ubicaciones estratégicas. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero en su caso?
-No lo creo. Después de todo, ¡no tengo ninguna obra en Tucumán!

CONQUISTAR LAS ALTURAS SIN FRONTERAS

  • Torres Petronas en Kuala Lumpur,Malasia
  • Torre de Cristal, Madrid
  • Torre Iberdrola, Bilbao
  • World Financial Center, Nueva York
  • Torre Repsol YPF,  Buenos Aires
  • Embajada de Estados Unidos, Tokio
  • Torre República, Buenos Aires
  • Torre Bank Boston, Buenos Aires
  • International Finance Centre, Hong Kong
  • Ampliación del MoMA, Nueva York
  • Centro de Artes Dramáticas, Charlotte

    Maestro a distancia

    Por Graciela Melgarejo / LA NACIÓN


    No ha dejado nunca de estar presente en ninguna de las trece bienales internacionales de arquitectura de la Ciudad de Buenos Aires, esa creación de Jorge Glusberg que se transformó en una cita de honor para los arquitectos y estudiantes de arquitectura argentinos de todas las edades. Vino para mostrar aquellas obras que a lo largo de su trayectoria fueron para él un desafío, porque con su mensaje quiso "llegar a los más jóvenes". Por eso, sigue siendo emocionante recordarlo, rodeado de estudiantes profesionales muy jóvenes, en la fotografía de tapa del suplemento de Arquitectura de La Nacion, hacia fines de la década de 1990. Poco antes había inaugurado su primera obra porteña, el edificio República.
    Egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán en 1948 -de ella ha dicho: "Por aquellos años (del 44 al 50) era con Harvard la mejor escuela de arquitectura del mundo"-, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Yale, Estados Unidos, entre 1977 y 1984, Pelli nunca ha dejado de hacer docencia, aun a la distancia. Por ejemplo, cuando se le pregunta por su "estilo", contesta con firmeza: "Yo comenzaría por hacer notar que he evitado un estilo propio. Esto me permite comenzar todo nuevo trabajo libre de prejuicios y abierto a nuevas posibilidades. Entonces diseño para el lugar con sus características físicas, su clima, su cultura, su historia. También diseño para la gente que usará mi edificio. Mis intenciones estéticas se enriquecen en el proceso. Sin duda, esto requiere un esfuerzo, pero creo que vale la pena". Y ésta es la respuesta del creador de las Torres Petronas, en Kuala Lumpur, Malasia, que de 1998 a 2003 fueron las más altas del mundo (452 metros), y que muestran una armoniosa fusión entre modernidad y tradición.
    Aunque por derecho propio ocupa un lugar de privilegio entre los arquitectos top ten del mundo, Pelli siempre rescata el mismo concepto: "Mi trabajo es fruto de un equipo, un conjunto de cien colaboradores que hace años que se mantiene conmigo, y que comparte criterios y la misma escala de valores".
    La idea de que la arquitectura es más importante que el arquitecto y que "el arquitecto es un proveedor de servicios: un servicio refinado, artístico, pero un servicio a la sociedad" no sólo sustenta todo su trabajo, sino que también se remonta a la esencia misma de la profesión, esa que nació como un oficio para ser transmitido de maestros a aprendices. Lo que César Pelli sigue haciendo, afortunadamente.

    El otro César

    Por Ignacio Dahl Rocha / Para LA NACIÓN


    En una helada madrugada del invierno de 1983 caminábamos con Jacques Richter, mi actual socio en Suiza, desde nuestras residencias de estudiantes hacia el edificio de arte y arquitectura de la Universidad de Yale, donde cursábamos nuestras maestrías. Nos detuvimos unos minutos en la cafetería del Yale Center for British Art, la última y más sublime obra de Louis Kahn, para tomar un café antes de entrar en la escuela. Como es habitual entre estudiantes de arquitectura, habíamos pasado una noche en vela. No era la primera ni sería la última, pero ésta era una ocasión especial. Aún no habíamos terminado el trabajo de la noche anterior, pero decidimos interrumpirlo porque nos esperaba "Caesar" en su oficina de decano de Arquitectura.
    Respondiendo al pedido de un grupo de estudiantes, César Pelli, además del curso regular de proyecto que dictaba, había accedido, durante ese semestre, a darnos un curso especial de teoría de la arquitectura en su despacho. Dedicó esa mañana, como todas las que seguirían, a compartir sus experiencias con nosotros. Nos escuchaba y nos guiaba con toda su inteligencia y paternal generosidad. Hacia el final de la reunión César, que no había hecho ningún comentario al respecto hasta ese momento, nos pidió que no despertáramos al "pobre Jacques", que para entonces, y a pesar de los enormes esfuerzos por evitarlo, había sido vencido por el sueño y descansaba en los confortables sillones del decanato.
    Cuento esta anécdota, aparentemente trivial, porque pinta esa imagen tan grata que tengo de César Pelli. Es el complemento necesario de la imagen de la "estrella" que desde entonces, y cada vez con mayor intensidad, ha irradiado su talento y energía en el universo de la arquitectura internacional. La imagen de la humildad y generosidad del maestro que transmite su pasión a las nuevas generaciones.
    En un momento en que la arquitectura está llamada a reorientar su camino revalorizando su misión fundamental como servicio a la sociedad, la trayectoria de Pelli nos ofrece un modelo ejemplar de arquitecto que, habiendo alcanzado la excelencia y el reconocimiento profesional, no ha cesado de explorar y compartir la disciplina como hecho de cultura y como pasión personal. Hoy, junto al cariño y la admiración que le profesamos, somos muchos los que compartimos con César el destino de haber encontrado nuestro camino profesional fuera de la Argentina. Él ha sido el pionero más notorio. Celebramos este Konex tan merecido y esperado, que se puede interpretar, además, como una manera de incorporar el trabajo de los argentinos en el exterior a nuestro patrimonio cultural.

    Fuente: ADN Cultura La Nación