"EL PASADO NO EXISTE
PORQUE LO INTERPRETAMOS HOY Y AQUÍ"


Dice que los objetos antiguos tienen valor no por los objetos en sí, sino porque son referentes de nuestra identidad. Para algunos son cosas incómodas porque nos explican a nosotros mismos.
Daniel Schávelzon, arqueólogo urbano

Daniel Schávelzon, arqueólogo urbano.
Por Daniel dos Santos

Qué hay de nosotros bajo tierra? La pregunta puede ser inquietante, pero la respuesta tal vez la supere: más de lo que imaginamos. Daniel Schávelzon no hace magia negra ni resucita a los muertos. Es un arqueólogo urbano, investigador principal del Conicet, director del centro de Arqueología Urbana (FADU, UBA) y del Area de Arqueología Urbana en el gobierno de la Ciudad. Excava el suelo de esa ciudad originaria de quince cuadras por cinco que fue la Buenos Aires bebé, después de la segunda fundación de ese pequeñísimo aglomerado convocado por el conquistador Juan de Garay.
Claro que no es fácil cuando lo único literalmente sano que quedó fue la cuadrícula de esa gran aldea, con centro en la plaza de Mayo. Lo demás, derruído, derrumbado, perdido, borrado. Pero no todo, aunque -como dice él- el proceso de recambio urbano o, mejor, la velocidad de destrucción de la ciudad reconoce magnitudes impensadas. Un edificio tapa a otro y aquél es sepultado por el próximo, en capas sucesivas como una cebolla con tiempo quizás para las lágrimas pero no para la memoria.
¿Hay que conservar lo antiguo por el sólo hecho de serlo?
Los objetos antiguos tienen valor porque son referentes materiales de la identidad. Son las cosas que nos explican a nosotros mismos. Por eso se deben conservar, no por el objeto en sí -eso sería caer en fetichismo- sino por lo que explica. Y sólo explica lo que tiene contexto.
Una sociedad como la nuestra que invisibiliza a los ancianos ¿cómo trata los vestigios del pasado?
En una sociedad que no pudo superar la etapa aluvional, esa visión del progreso indefinido que le inculcó la generación del ochenta, los objetos del pasado resultan al menos incómodos. En esa visión, si se los puede hacer desaparecer (lo que nunca estuvo), mejor.
¿Y en el caso contrario?
Se puede reconstruir el pasado y, por lo tanto, la identidad.
¿Un ejemplo?
Los pozos de basura a partir del siglo XVIII en adelante muestran que la gran mayoría de los objetos de la vida doméstica eran importados. Y este fenómeno atravesaba a todas las clases sociales. También el facón, el poncho y hasta el cinturón de los gauchos, que eran mayoritariamente de raza negra, venían de afuera. Al ver ese contexto se puede entender cómo es el modelo de sociedad en el que vivimos. Entonces, esos objetos no se ven con agrado, porque son referentes de la memoria.
¿Desde los pozos de basura se puede inferir cómo se vivía en una época?
Sí, pero el proceso es largo.
Si dentro de 500 años, algún arqueólogo del futuro revisara nuesta basura ¿qué descubriría?
Si se incluyeran los restos materiales de las construcciones, aseguraría que esta sociedad rayana en la incoherencia del recambio y el consumo es casi esquizoide, en aras de intereses económicos que favorecen las distancias sociales. Aunque también vería que se investiga y se preserva.
Dicen que el psicoanálisis resignifica el pasado al ver los hechos desde otra óptica. ¿La arqueología hace lo mismo?
Sí. Diría que el pasado no existe porque lo hacemos hoy. Lo interpretamos desde este lugar y desde este tiempo. Por eso las interpretaciones del pasado van cambiando.
¿Cuál es el mayor misterio que esconde bajo tierra Buenos Aires.
Por qué no descubrimos antes que había que sacar a la luz lo enterrado. Por qué no hicimos lo que otros países hacen desde hace más de cien años. Lo mismo, por aquella velocidad que contaba al principio, esta será la última generación que podrá buscar restos materiales de hace 400 años bajo tierra.
Prometeo -un titán en la mitología griega cuyo nombre quiere decir “mirar adelante”- tenía un hermano, Epimeteo, “mirar atrás”. Sin el designio de los dioses a sus espaldas como esos hermanos, Schávelzon se siente en una encrucijada cuando se le pregunta hacía dónde usaría una máquina del tiempo: “Para satisfacer deseos personales iría hacia adelante sin duda, pero para regocijo intelectual iría hacía atrás, para ver si lo qué hacemos e interpretamos está bien o mal”.
Propio de un obsesivo compulsivo por el trabajo, Schávelzon no sólo sigue su actividad sábados y domingos, sino que se angustia y presenta signos de ansiedad (abstinencia) cuando no cumple con ese deber ser autoimpuesto. Por suerte para él, su mujer, restauradora, le sigue el tren. Pero, en realidad, no hay por qué sentir lástima por él. “No es trabajo, sino un placer enorme”, dice ahora metido en la excavación del patio de la casa del virrey Liniers en pleno centro de la ciudad.
Y sin que se le pregunte, cuenta que donde se siente más feliz es al lado de un pozo, encorvado y aunque se le doble la espalda de dolor a los 61 años, mojado y con frío como hace tres meses le pasó en Ushuaia, junto a sus compañeros de excavación, pero -eso sí- con tiempo suficiente para hacer un mínimo asado. “
Con una infancia vivida en el barrio de Once, mal alumno e irreverente, ninguno de sus profesores de los muchos colegios secundarios que pasó hubieran previsto, ni con la ayuda de la máquina del tiempo, que se recibiría de arquitecto en la UBA, y obtendría una maestría y un doctorado en preservación de monumentos históricos en la Universidad Nacional Abierta de México (UNAM). Una forma de aprovechar los años de exilio que pasó en ese país, en Guatemala y Ecuador.
¿Cómo un arquitecto se metió a arqueólogo?
Nunca me sentí arquitecto, aun cuando tengo el título. No sabría construir un edificio ni mi propia casa. Yo quería seguir Antropología, pero Onganía cerró la carrera. Para no perder el año empecé arquitectura, pero desde siempre me fascinó la historia de la ciudad como catalizadora de cultura.
Porque al fin de cuentas, si la gente no se juntara otra sería la película.

Sueños

Hay gente como Daniel Schávelzon que convierte los sueños en desafíos o en deudas a pagar. Él tiene uno. Excavar en un lugar de esclavitud, una casa donde hayan vivido, un mercado donde fueron vendidos. Pero no es fácil, primero habría que ubicar dónde hacerlo. Mientras tanto, recuerda que Buenos Aires fue uno de los más importantes puertos negreros del continente.

Fuente: clarin.com

LECTURAS PROFANAS

Arte / Muestras

Religión, violencia y erotismo se combinan con irreverencia en las obras que León Ferrari exhibe en Malba; realizadas a lo largo de tres décadas, integran su primera exposición individual en el museo Viaje, 1987, collage sobre papel Vista de la muestra en Malba.





La era vikinga se inicia el 8 de junio de 793, cuando estos guerreros asaltaron a sangre y fuego el monasterio de Lindisfarne, al norte de Inglaterra. Nunca antes la cristiandad había sufrido un ataque a sus recintos sagrados y a partir de entonces una nueva plegaria se comenzó a recitar: "De la furia de los hombres del norte, líbranos Señor". Los ataques a la Iglesia cristiana -independientemente de sus razones- se fueron repitiendo a lo largo de la historia con más o menos virulencia; se objetaba haber perdido el norte señalado por el mensaje de Jesús, su alianza con el poder temporal, su enriquecimiento y su corrupción.
Las críticas provienen de todos los frentes, desde los no creyentes, los fieles, facciones internas de la Iglesia, e incluso desde el arte; aquí se inscriben las series Brailles y Relecturas de la Biblia que presenta León Ferrari en Malba, con curaduría de Florencia Battiti, y un catálogo con un texto de Daniel Link.
Viaje, 1987, collage sobre papel.
Nacido en 1920, Ferrari ha recibido innumerables distinciones nacionales e internacionales, entre ellas el León de Oro de la Bienal de Venecia de 2007, y no en vano. Es paradójico que el artista más profano, el que se ha lucido por sus ataques a la Iglesia católica, haya devenido en una intocable vaca sagrada del arte.
Su trayectoria se inicia cuando ayudaba a su padre Augusto a decorar iglesias cordobesas y porteñas, y sus puntos de inflexión fueron dos obras emblemáticas del conceptualismo: La civilización occidental y cristiana (un Cristo de santería adosado a un avión de guerra), de 1965; y Juicio Final (palomas vivas defecando sobre una reproducción del Juicio Final de Miguel Ángel), de 1985.
En las dos series de Malba, Ferrari arremete contra la Iglesia no como un vikingo sino como un erudito teólogo e historiador del arte, y lo hace con la imagen y la escritura, aunque ésta sea en braille. Los puntos en relieve de la escritura para ciegos son inaccesibles para un vidente que no conoce el código y también para un no vidente que no puede tocar la obra resguardada por el vidrio (a excepción de cuatro designadas a tal fin). Esta contradicción es la misma que subyace en las Sagradas Escrituras: cómo explicar un Dios de amor y perdón frente a las torturas de la Inquisición o los tormentos del infierno anunciados por la Iglesia.
Sin título, 1986, collage sobre papel. Foto: GENTILEZA MALBA
La gramática visual de Ferrari se basa en una técnica utilizada por dadaístas, cubistas, futuristas y surrealistas a principios del siglo XX, el collage ; en estos trabajos conviven imágenes del arte de Occidente y Oriente, erotismo e historia sagrada, los manuscritos del Beato de Liébana, la Cicciolina y la explosión atómica de Nagasaki. Todos son alegatos contra la violencia.
Los rechazos a la obra de Ferrari y las bataholas difundidas por la prensa en muestras anteriores no son episodios aislados del contexto internacional. En los años 80 y 90 estallaron los escándalos entre arte y religión; basta recordar el Piss Christ , de 1987, de Andrés Serrano; o La Santa Virgen María , de 1996, hecha con bosta de elefante por Chris Ofili. Para entonces, la religión dogmática iba por un lado y la espiritualidad por otro.
Pronto se difundió la creencia de que si los artistas se apropiaban de símbolos religiosos era para demostrar su animadversión, aunque no siempre era así; de hecho, Ofili es católico practicante. Extrañamente, la derecha religiosa interpretó las obras como una mofa, pero también críticos y curadores, aun cuando los artistas lo negaran.
Estas presunciones llevaron a los artistas creyentes a camuflar sus temas o, por el contrario, a expresar directa y abiertamente su devoción. También están quienes desafían a la religión organizada, como es el caso de Ferrari, y aun frente a la indiferencia o resistencia del mainstream del arte hay artistas -como Anish Kapoor, Wolfgang Laib, Kiki Smith y Mariko Mori, entre otros- que siguen inspirándose en fuentes religiosas y creencias espirituales.
 
Ficha. León Ferrari-Brailles y relecturas de la Biblia en Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415), hasta el 2 de julio
adn Ferrari
Buenos Aires, 1920 


Es uno de los artistas argentinos con mayor proyección internacional. En 2007 ganó el León de Oro en la 52ª Bienal de Venecia, donde se exhibió su obra más emblemática, La civilización occidental y cristiana, de 1965. Autodidacta, hijo del pintor, fotógrafo y arquitecto Augusto Ferrari, inició su producción artística como escultor, en Roma. De regreso en Buenos Aires, donde vive y trabaja, exploró además con collages, dibujos, heliografías,
videotexto, instrumentos musicales, arte postal, grabados y ensamblaje. Todos los recursos le sirvieron para criticar el poder político y religioso. En 2005, una retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta desató una polémica con sectores ultracatólicos.

 Fuente: adn Cultura LA NACIÓN

MONASTERIO COLONIAL EN PELIGRO



Monumento histórico nacional, Santa Catalina corre riesgo por la construcción de una torre de 18 pisos en la misma manzana.




La preservación de destacados enclaves que caracterizan la rica arquitectura de nuestra ciudad entra muchas veces en colisión con los intereses económicos de algunos sectores inmobiliarios. No hay duda de que en los últimos años ha crecido la conciencia sobre la importancia de proteger y cuidar a aquellos edificios de indudable valor histórico, gracias a la acción de numerosas ONG y ciudadanos que han sabido alertar a tiempo sobre, por ejemplo, demoliciones que dejan como saldo irrecuperables pérdidas del patrimonio urbanístico.
Resulta imprescindible a estos fines mejorar la comunicación entre los diferentes organismos del gobierno de la ciudad, para que el trabajo conjunto alcance los mejores resultados. A nadie se le ocurriría destinar un grueso presupuesto a la preservación de un espacio para que, con la venia de alguna otra oficina municipal, se autorice, por ejemplo, una megaconstrucción en el terreno lindero que atente contra ese mismo patrimonio que se busca preservar.
Esto parece estar ocurriendo con la iglesia y el monasterio Santa Catalina de Siena, que ocupan parcialmente la manzana delimitada por San Martín, Viamonte, Reconquista y Córdoba, en el microcentro porteño, y que fueran declarados monumento histórico nacional en 1942 y en 1975, respectivamente.
Aparentemente, el proceso se habría iniciado con una audiencia pública a la que sugestivamente no fueron invitadas las autoridades eclesiásticas. Llama la atención también que, en marzo de 2011, el gobierno de la ciudad autorizara la construcción de una torre de 60 metros con 18 pisos en la referida manzana, justo antes que la Legislatura porteña aprobara una ley de ampliación de los límites del área histórica que incluye el convento y la iglesia, cuyo origen se remonta a 1745. Con la vigencia de dicha ley, hoy no se habría podido conseguir la autorización.
El proyecto inmobiliario contempla el desarrollo de un hotel, viviendas, oficinas y subsuelos para cocheras. Cualquier emprendimiento de las proporciones mencionadas tendrá nefastos efectos. Por su antigüedad, los cimientos y la estructura de Santa Catalina son sumamente vulnerables y no resistirían los movimientos y vibraciones que las excavaciones y la posterior construcción acarrearían. Además, subyacen allí las ruinas de una enfermería y un cementerio que el gobierno porteño debería preservar en tanto órgano de aplicación de la ley de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico.
Hay que consignar también que en medio de la vorágine cotidiana, muchos llegan a Santa Catalina en busca de actividades, atención espiritual o del simple y reparador sosiego que ofrece su patio de añosos árboles. No menos importante resulta considerar el impacto visual negativo que afectará irremediablemente la escala urbana del colonial conjunto edilicio y que, además, dejará sin el sol necesario a la antigua estructura que verá amenazada su conservación por las humedades propias de un edificio histórico.
Vecinos y representantes de la ONG Basta de Demoler, de la Fundación Ciudad, de la revista Todo es Historia y del rectorado de Santa Catalina presentaron un recurso de amparo en oposición a la construcción mientras que el Ministerio de Desarrollo Urbano de la Ciudad niega las acusaciones y refiere que los planos fueron debidamente aprobados.
Somos también los ciudadanos quienes debemos alzar la voz ante la desaprensión de las autoridades para evitar atentados contra un patrimonio arquitectónico y arqueológico que nos pertenece a todos y que tenemos la obligación de preservar para las futuras generaciones.


Fuente texto: lanacion.com 
SANTA CATALINA

Santa Catalina, fundado en 1745, fue en sus orígenes un Monasterio y una Iglesia de monjas dominicas contemplativas de clausura. Declarado en 1942 Monumento Histórico Nacional, hace treinta años fue legado al Arzobispado de Buenos Aires. En 2001 el Monasterio fue renovado con el fin de ponerlo al servicio de su nueva misión: atender las necesidades espirituales de las personas que trabajan en el microcentro porteño, sin exclusiones.
Hoy Santa Catalina atiende a quienes se acercan en busca de una escucha personalizada contando para ello con un calificado grupo de sacerdotes y laicos especializados en el acompañamiento espiritual, servicios de asesoría jurídica, de orientación laboral y de acompañamiento en el duelo. Desde su identidad católica, no sólo ofrece talleres y seminarios sobre temas religiosos, sino también cultiva el camino espiritual de la belleza mediante la promoción del canto, la música, la danza, las artes visuales y la restauración de pinturas e imágenes.

Santa Catalina
San Martín 705
www.santacatalina.org.ar

 

LA PSICODELIA IMPACTA EN EL BELLAS ARTES


Cultura / La exposición más ambiciosa del museo en una década

La mayor muestra de arte cinético desde los tiempos del mítico Di Tella reúne 70 obras de artistas argentinos, como Le Parc y Polesello.



 
Mouvements chromocinétiques, de Martha Boto, una de las piezas que más atrajeron al público durante la inauguración oficial. 

Por Loreley Gaffoglio / LA NACIÓN

Imagine al mayor templo de las artes plásticas sumido en la penumbra, con sus paredes pintadas de negro. Luego, imagine la activación mancomunada de 70 portentosas obras cinéticas que hicieron historia en los años 60. Aquellas "situaciones visuales nuevas" que mediante simples o complejos engranajes producen movimiento, se desplazan, tienen luces, aguas danzantes, despiden fulgores y formas geométricas multicolores. Piense también en obras inmóviles -lienzos y objetos- pensadas para "marear" al ojo y engañar la percepción. El viejo "ardid" del arte óptico.
Quien recorra los 1000 metros del anexo del Museo Nacional de Bellas Artes asistirá a la más deslumbrante sinfonía cinética de producción nacional: una danza de destellos psicodélicos y de frecuencias lumínicas programadas como no se veía desde la época del Instituto Di Tella.
"Real/ Virtual. Arte cinético argentino en los años 60", es el título del imperdible envío, que se inaugura hoy, a las 19, y que el público podrá visitar hasta el 19 de agosto con entrada libre y gratuita. Curada por María José Herrera, esta apuesta fuerte y costosa, solventada por la Asociación de Amigos del MNBA, invita a una aproximación lúdica con el arte, a un tipo de contemplación que, alejado de lo intelectual, estimula la fantasía, desafía la imaginación del espectador y lo incluye como partícipe necesario. De paso, recrea la efervescencia en la inventiva de los años 60. Toda una época signada por la indagación experimental, aliada del desarrollo industrial y los nuevos materiales, como el acrílico. Y que tuvo en ese agitador cultural que fue Jorge Romero Brest al principal impulsor de las artes visuales en el país.
En parte gracias a él, que dirigió el museo de 1955 a 1963 y fue un "vector" para las vanguardias, hoy el Bellas Artes cuenta con un patrimonio importante de obras cinéticas, que se expande con los préstamos de otras instituciones y colecciones.
Ary Brizzi, puro movimiento.

Las 70 obras revelan con afán historiográfico el abanico de gramáticas abonadas al cinetismo, a partir de sus más conspicuos exponentes: los artistas instalados en París Boto y Vardánega; los aglutinados en el Groupe de Recherche d'Art Visuel (GRAV), Le Parc, García Rossi y Sobrino, y los que descollaron aquí con esas poéticas: Brizzi, Tomasello, Polesello, Kosice con su hidrocinetismo, Bedel, Silva, Espinosa, Dadive, Demarco, Rodríguez, Durante, Bangardini, Benveniste, Gamarra, Fioravanti y la dupla de Guisiano y Schneider.
En su faz dual, el guión curatorial también les habla a los estudiosos del arte y contribuye a su historiografía a partir de un libro-catálogo de 350 páginas que indaga en el surgimiento y legitimación del cinetismo como vanguardia festejada por el público general. Pero para ambos públicos la muestra supone también un recorrido por obras consagradas, surgidas de los diferentes premios que estimularon las exploraciones ópticas-cinéticas.
"El Bellas Artes cumplió un rol fundamental en la difusión del cinetismo -acota Herrera-. Se venía de la abstracción geométrica, con el arte concreto y Madí, cuando Romero Brest, que quería dar a conocer los valores de la modernidad internacional, trajo una muestra del artista francés Víctor Vasarely. Esta fue determinante para los artistas por el uso de la metodología serial y geométrica, que en fuertes contrastes de blancos y negros acentuaban las leyes de la óptica."
 
Hidroactividad H-13, de Gyula Kosice.
Hay, al menos, cuatro puntos altos que ayer, durante la presentación a la prensa especializada, ganaron en adhesión: las obras históricas de los "franceses" se situaron en la pole position. En algunos casos, anticipan los grafismos digitales que se ven hoy en las computadoras.
Las obras cautivan por el ingenio de sus mecanismos y sus indómitos efectos y entramados ópticos, ya sea dentro de cajas lumínicas o a partir de proyecciones sobre la pared. Los diminutos resortes con espejos en sus extremos para irradiar la luz -instalación de Le Parc- son un buen ejemplo. Lo secundan el "plasma", de ajedrez multicolor de García Rossi y las secuencias lumínicas temporales en las cajas de Vardánega y de Boto.
Polesello, junto a una de sus obras (Lupalente, Prisma).
Otro núcleo remite al futuro y lo que hoy se cifra como pura entelequia: el agua en movimiento iluminada por el neón y encerrada en gotas pentahédricas o el mural de sendas tapas acrílicas con la que Kosice logra atrapar a la lluvia.
Otra instalación imperdible es el Premio del Salón Nacional de 1968, Generador de imágenes, que consagró a Eduardo Giusiano y Jorge Schneider. Mediante un espejo cóncavo y filtros de colores desplazables, la dupla logró dibujar sobre la pared grafismos y formas etéreas sin parangón.
Otro baluarte es la instalación Lux 2, de Nicolás Schöffer, uno de los máximos exponentes del luminocinetismo internacional. Y aquí otra vez aparece el aporte de Romero Brest, quien primero la vislumbró en la Bienal de San Pablo en 1961. Tres años más tarde, ingresó como patrimonio del Bellas Artes.

Fuente: lanacion.com /Fotos: Fernando Massobrio

EN URUGUAY DICEN QUE RESOLVIERON LA POLÉMICA
SOBRE EL ORIGEN DE GARDEL


A partir del pasaporte rescatado de los restos del avión en el que falleció, medios charrúas sostienen que resolvieron la polémica sobre si nació en Francia, Argentina o Tacuarembó

En Uruguay dicen que resolvieron la polémica sobre el origen de Gardel

La discusión lleva más de 70 años. A partir de un documento que certifica la llegada de Charles Romuald Gardes a la Argentina, algunos sostienen que el genial cantante de tango nació en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890. Otros, en cambio, aseguran que nació el mismo día, pero de 1887 en Tacuarembó, Uruguay. Incluso, unos pocos sostienen que nació en ese lugar, pero en 1883.
Si bien todos reconocen que Carlos Gardel fue argentino por adopción, charrúas y galos se disputan la gloria de ser la cuna del intérprete. Ahora, el diario El País de Uruguay asegura haber saldado la discusión a partir del chamuscado pasaporte que se rescató del accidente de avión que el cantante sufrió el 24 de junio de 1935 en Colombia.
Si bien el dato estuvo a la vista durante 77 años, el periodista Alberto Moroy asegura haber sido el primero en detectarlo: Carlos Gardel nació, según ese pasaporte, el 11 de diciembre de 1882 en Tacuarembó, dando por tierra con casi todas las fechas que se manejaban hasta el momento.
De todos modos, el medio uruguayo aclaró que la verdadera edad del cantante no es "un descubrimiento sino una reivindicación, pues el 25 de junio de 1935, al informar del fallecimiento, el diario uruguayo La Mañana publicó una necrológica en la que aseguraba que Gardel tenía 52 años el día del accidente aéreo. La fuente no debió pasarse por alto –destaca Moroy– pues era don Pedro Bernat, íntimo amigo y apoderado en Uruguay de los negocios del ídolo".


Fuente: infobae.com

LOS GEOMÉTRICOS DE HOY EN LA ARGENTINA


Una muestra reúne un conjunto de obras de artistas argentinos en su madurez creativa que pueden considerarse tributarios de la tradición geométrica. Itinerará por Córdoba, Santiago del Estero y Salta.


CECILIA BIAGINI. “La tela espacial”, 2009, pintura vinílica sobre tela, 150 x 150 cm.

EMPECINAMIENTO FUNDACIONAL




La segunda. Garay funda Buenos Aires donde hoy está Plaza de Mayo.

Por Miguel Jurado
Editor Adjunto Arq

El sábado pasado, después del partido con los muchachos, Gastón empezó con que la solución de los piquetes era trasladar la Capital. “¿Te das cuenta? si la Presidenta, los ministros y el Congreso no estuvieran acá, no tendría sentido cortar puentes y avenidas porteñas para protestar”, explicaba y volvía a contar el calvario del viernes pasado cuando los piquetes cortaron varios accesos a la ciudad. “Sí, tenés razón –se sumó el Manteca en lo que sería el comienzo de una memorable saga de desaciertos–, habría que mudarla a Viednam como quería Alfonsín”. “¡Viedma, animal, Viedma!”, lo corrigió Nacho con la ternura que lo caracteriza.
“Qué curioso –terció el Gallego–, vos decís eso de mudar el gobierno a otro lado y justo el viernes se cumplieron 25 años de ley que ordenaba el traslado de la Capital a Viedma. Y ojo que todavía está vigente”. Manteca recobró valor y volvió a la carga “Ves, ves. Acá viejo, nadie cumple las leyes. Si la ley dice que hay que mudar la Capital, hay que mudarla y ya”, sentenció. “Pará animalito de Dios, no es cuestión de cambiar la capital de un país porque a vos te molestan los piquetes”, le espetó Nacho, convirtiendo la discusión en su causa personal. “Es más –agregó el Gallego con ese tono doctoral que anticipa su clase de historia– varios proyectos represivos buscaron aislar a las autoridades nacionales de la protesta social. Sin ir más lejos, los milicos tenían la idea de hacer una ciudad gubernamental separada de Buenos Aires frente a Costanera Sur. Por eso que empezaron a rellenar lo que se convirtió en la Reserva Ecológica”. “Sí, sí, lo que digas, el asunto es que acá siempre tenemos excusas y mirá los brasileños, ellos dijeron vamos a hacer una capital y se mandaron Brasilia en medio de la selva”, saltó Gastón.
Tuve ganas de explicarle que Brasilia no está en el medio de la selva sino en el mato , que es otra cosa, pero no sabía por dónde empezar porque, además, la capital del Brasil fue una necesidad geopolítica desde que esa nación existe como tal. Una apuesta estratégica a colonizar el interior de un país sumamente costero. Y también nació como la solución a la rivalidad histórica entre San Pablo y Río de Janeiro. Es más, su existencia estuvo establecida de antemano en la propia constitución brasileña.
Para cuando había organizado mi discurso, el Gallego había empezado su clase magistral y tuve que meter violín en bolsa. “Las capitales no se inventan, nacen, crecen, ejercen su liderazgo con pertinaz determinación. Buenos Aires, por ejemplo: fijate la insistencia en fundar una ciudad en un lugar que no daba más que disgustos y, para colmo, no tenía riquezas naturales. Juan Díaz de Solís descubre el Río de la Plata en 1516 pero se lo almuerzan los guaraníes. Veinte años más tarde, Pedro de Mendoza, enfermo de sífilis, funda Buenos Aires y se muere de regreso a España. Ahora nadie sabe bien dónde fundó su puerto. Algunos dicen que en Parque Lezama, otros en Vuelta de Obligado o en Parque Patricios. Y no faltan los excéntricos que afirman que la primera fundación fue en Escobar, a más de 60 kilómetros del Obelisco; el asunto es que fue un fracaso”.
“Y claro, qué animal –interrumpió el Manteca– ¿Cómo va a fundar Buenos Aires tan lejos de Centro?”. Ahí creí que Nacho lo mataba. Gracias a Dios, el Galle no lo escuchó y siguió: “El caso fue que, al principio, los querandíes se hicieron amigos de los españoles pero después no se los bancaron más y les dieron para que tengan. Al fin, los pocos que quedaron, muertos de hambre, abandonaron la primera Buenos Aires. Pero mirá vos que empecinamiento de la Historia, 44 años más tarde, Juan de Garay vino a refundar la ciudad, primero mató a los indios y puso un poste fundacional el 11 de junio, un día como el lunes, hace 442 años ¿Y sabés qué, Manteca? No va el suertudo de Garay y funda Buenos Aires justo en la Plaza de Mayo ¿No te parece un mensaje del destino como para aceptar que siga siendo la Capital?”.

Fuente: clarin.com