LA POLICÍA ITALIANA "SECUESTRA" EN SUIZA
UNA OBRA DE LEONARDO

El «Retrato de Isabel d'Este», hallado en 2013 en un búnker de una familia suiza, estaba en un banco de Lugano, listo para ser vendido por 150 millones de euros a compradores árabes
La policía italiana «secuestra» en Suiza una obra de Leonardo
El cuadro confiscado por la policía suiza
 ÁNGEL GÓMEZ FUENTES / ABC / ROMA

El misterio ha sido completamente desvelado. Un cuadro de inestimable valor, atribuido a Leonardo da Vinci, ha sido «secuestrado» en Suiza por la Guardia de Finanzas de Italia y carabineros encargados de la tutela del patrimonio artístico italiano. Se trata de un óleo que Leonardo realizó a la marquesa de Mantua, Isabel d'Este (61 x 46,5 centímetros), una pintura de la que se perdieron las huellas durante siglos y que está considerada como una de las precursoras de la célebre «Gioconda».

Ilegalmente había sido transferido al extranjero y actualmente se encontraba depositado en un banco de Lugano (Suiza), listo para ser vendido por 150 millones de euros a compradores árabes. Después de oportunas comprobaciones técnicas, la pintura fue atribuida a Leonardo da Vinci por el profesor Carlo Pedretti, el mayor experto en el maestro del Renacimiento. Ahora, cuando el cuadro sea trasladado a Italia, se realizarán nuevas pruebas para establecer de forma definitiva que se trata de una obra creada por la mano de Leonardo.

La noticia del descubrimiento del cuadro la dio el «Corriere della Sera» en octubre 2013. Los historiadores creían que nunca había sido pintado, porque la obra estuvo «perdida» durante 500 años. La investigación policial italiana se inició en 2013 y ha estado coordinada por la fiscalía de Pesaro, que se muestra convencida de estar en la pista de un notable tráfico internacional de obras de arte. El fiscal Manfredi Palumbo ha hablado de «decenas de investigados», que podrían ser responsables de delitos de exportación ilegal de obras de arte y asociación para delinquir.


La policía italiana «secuestra» en Suiza una obra de Leonardo
     Sett - «Retrato de Isabel d'Este»
La policía italiana «secuestra» en Suiza una obra de Leonardo
Sett - El carboncillo conservado en el Louvre


                                                       



















El «Retrato de Isabel d'Este» fue encontrado en 2013 en el búnker de la casa de una adinerada familia suiza y es el sucesor del carboncillo previo hecho por el maestro italiano y conservado hoy en el Museo del Louvre en París. Todo indicaba entonces que, mientras el carboncillo fue realizado por Da Vinci a principios del siglo XVI, cuando era huésped del marqués Francisco II Gonzaga en la ciudad italiana de Mantua, el retrato a color tuvo que esperar alrededor de quince años y tras la constante insistencia de la esposa del marqués y modelo, Isabel d'Este.
Se trata de un óleo sobre tela realizado entre los años 1513 y 1516 y que presenta varios motivos iconográficos inspirados en Santa Catalina de Siena, tales como corona y cetro. No hay dudas sobre la autenticidad del retrato y la firma del maestro florentino: «La tela es auténtica», dijo Pedretti.

Similitudes con la Gioconda


Además, el análisis del Carbono 14 demostró que la pintura se realizó en un periodo entre el 1460 y el 1650, evitando así la sospecha de que hubiera sido realizada en un tiempo posterior al de Leonardo. El retrato presenta muchas similitudes con el de la Gioconda, especialmente en cuanto al color y la iluminación, aparte de la pose de ambas modelos.
De hecho, los expertos presentaron varios documentos en los que se puede intuir una división entre La Gioconda y la Mona Lisa, como si fueran dos cuadros distintos, y en los que se habla de una de ella como una «dama italiana, consorte de un caballero llamado Francesco».
Por ello, la duda de que una de ellas fuera realmente Isabel d'Este queda latente y tendrá que ser investigada más a fondo. Isabel d'Este fue una noble italiana, gran mecenas de artistas y protectora de, entre otros, Rafael, Mantegna y Giulio Romano y retratada por otros genios como Tiziano.
Fuente: abc.es/cultura

UN ARTISTA HAWAIANO GANÓ EL PREMIO FAENA

El proyecto interdisciplinario se realizará en octubre.

El jurado seleccionó la obra por su carácter de cruce entre el arte, la ciencia, la tecnología y el diseño.

Cinema Architecture. Boceto del proyecto ganador.
Cinema Architecture. Boceto del proyecto ganador.


Mercedes Pérez Bergliaffa

Finalmente se supo quién es el ganador del Premio Faena a las Artes, uno de los más importantes de la región: se trata del hawaiano Cayetano Ferrer (1981), quien actualmente vive y trabaja en Los Angeles.
Su proyecto, “Cinema architecture” –que fue elegido entre más de 400 proyectos llegados desde todo el mundo para concursar–, hace foco en la creación de entornos virtuales, acompañados de un banda sonora elaborada por él mismo. La obra intenta crear, específicamente, cruces experimentales entre el arte, la ciencia y el diseño.
En este caso el proyecto tomará como excusa y punto de base para desarrollarse la arquitectura del propio espacio exhibitivo: la sala Los Molinos del Faena Art Center de Buenos Aires. Será un site-specific diseñado en diálogo con la historia del edificio -una construcción patrimonial, el espacio del Art Center eran los antiguos molinos de trigo pertenecientes a principios del siglo XX a Molinos Río de La Plata -, y con la arquitectura de la ciudad de Buenos Aires.
Premio codiciado por la alta visibilidad internacional que brinda al artista que lo gana, así como por el dinero que se le otorga al ganador para realizar el proyecto y para él mismo –75.000 dólares, de los cuales 50.000 se destinan a la creación de la obra y 25.000 son para el artista–, los Premios Faena (o Premios F, como se los conoce comúnmente), se encuentran ya en su cuarta edición. Hagamos un repaso: durante la primera edición (2006) los ganadores habían sido 13 artistas de todas las disciplinas y generaciones, entre ellos Margarita Bali, Margarita Paksa y Lorena Cardona. En la segunda edición del premio (2009) la modalidad había cambiado, se dedicó el premio a un solo ganador y dos menciones. En ese momento lo ganó el uruguayo Martín Sastre. En la tercera edición (2013) el premio fue otorgado al argentino Franco Vico. La cuarta edición es la actual, ganada por Ferrer, con dos menciones a Pablo Rasgado (México, 1984) por “El color del espectro” y Nicolás Gullota (Argentina, 1981) por “Piedra Movediza Archive”.
Con un jurado internacional importante –Rita González del County Museum de Los Ángeles, Katie Sonneborn de la Skowhegan School de Nueva York, Caroline Bourgeois de la Fundación François Pinault de París y Sonia Becce, curadora argentina independiente, con la coordinación del jurado de Ximena Caminos, directora del Faena Arts Centre y del Faena Forum de Miami Beach–, cada edición del premio ratifica su consolidación internacional.

Fuente: clarin.com

PAUL TROUBETZKOY, UN REFINADO ESCULTOR IMPRESIONISTA


    Mujer sentada,1908.


Paolo Troubetzkóy

Se lo conoce por Paolo por haber nacido en Italia o Pável Petróvich Trubetzkói (cirílico ruso, Павел Петрович Трубецкой, Intra di Verbania, 15 de febrero de 1866 - Novara, 12 de febrero de 1938.
Escultor y pintor ruso nacido en Italia. Destacado en el arte impresionista.



Biografía

Descendía de una noble y acaudalada familia; siendo hijo del príncipe Pyotr Troubetzkoy, diplomático ruso en Italia, y de la pianista estadounidense Ada Winans. En su obra, influyó notablemente Auguste Rodin y, en general, el arte milanés, pues también se formó en los talleres de Giuseppe Grandi en Milán. Tuvo una formación autodidacta, comenzando a tomar como modelos a los caballos que había en las caballerizas de su propia casa; destacando Nella Stalla, Elefante y Bue, que fueron muy exitosas cuando fueron exhibidas en una exposición de arte en Venecia en 1887. Desinteresado por los estilos de su época, y sin dejarse influenciar por ninguno en particular, consiguió un modelado personal en el que solamente se pretendía representar la expresión de los movimientos. Entre sus obras primerizas destacada el estupendo retrato del pintor Giovanni Segantini (1896, Verbania, Museo Paesaggio) Provocó la admiración de varios artistas; entre ellos, la del mismo Auguste Rodin; cuando tuvo una exposición en la galería Hébrard, de París (Francia); aunque también tuvo el rechazo de otros, que no comprendían que ese arte pretendía plasmar lo natural, sin ningún condicionante cultural. Dentro de su vida personal destaca su tendencia al vegetarianismo, pues él sentía que era muy cruel matar a animales indefensos para luego comérselos. Su amigo (y colega vegetariano), George Bernard Shaw, decía de él, con un punto de humor:


Troubetzkoy es un gigantesco y terrible humanitario que podría hacer cualquier cosa con un animal excepto comérselo

                                                                                                                                     XV Congreso Mundial Vegetariano, Libro conmemorativo (1957)
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f2/Troubetzkoy_Levitan.jpg/576px-Troubetzkoy_Levitan.jpg
   Retrato de Isaac Levitan, 1899.
   Museo Estatal Ruso

La Academia Imperial de Bellas Artes de Moscú lo llamó para impartir clases de escultura, permaneciendo en dicho instituto por nueve años (1897-1906). En dicha institución, jamás quiso vincular a sus alumnos con las figuras clásicas. Fue un artista reconocido por sus contemporáneos: ganó el Grand Prix de la Exposición Universal de París (1900) y contribuyó con una serie de bronces al Salón d'Autome (1904). La mayor y más conocida de sus obras es la monumental estatua ecuestre del Zar ruso Alejandro III en San Petersburgo. El monumento fue inaugurado en 1909 sobre el Nevsky Prospekt, cerca de la terminal de Moskovsky Vokzal. Después de la revolución rusa de 1917, el gobierno soviético retira el monumento de la calle principal al traspatio del Museo Ruso de San Petersburgo. Después del colapso de la Unión Soviética, el monumento al Zar Alejandro III se colocó delante del Palacio de Mármol, cerca del terraplén del río Neva. Al finalizar esa etapa de su vida en Rusia, decide trasladarse a París, y un tiempo más tarde, a Estados Unidos. En 1932 regresa a Italia, a Pallanza, cerca del Lago Mayor, y sigue exponiendo y estando activo. Muere en Novara un 12 de febrero de 1938.


http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/8e/Trubetzkoy_Children.jpg
    Los niños, escultura hecha por Paolo Trubetzkoy en 1900.



     Joaquín Sorolla y Bastida,


http://www.mnba.gob.ar/img/coleccion/obra/alta/2929.jpg
      Amazona,
      Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.

            Niña con perro, 1897
            Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.








                      Retrato de Matías Errázuriz Ortúzar
                      Escultura en bronce  –  fundidor Adrien Hébrard (1865-1937)
                      Firmado y fechado 1909
                      Francia.  Siglo  XX
                      Museo Nacional de Arte Decorativo, Buenos Aires.

Don Matías Errázuriz Ortúzar aparece sentado, el cuerpo apoyado en el respaldo del asiento y las piernas cruzadas.   La cabeza algo girada hacia su izquierda, el rostro sereno y complacido, lleva patillas y bigote recortados según la moda impuesta por el emperador Francisco José de Austria.  La dirección de la mirada se cruza en ángulo recto con la línea  marcada por la pierna izquierda cruzada lo que genera dinamismo e interacción con el espectador.
Lleva un saco amplio y chaleco, las manos apoyadas sobre las piernas sostienen los bordes del saco y el borde del pantalón permite ver el fino calzado abotonado















SECRETA BUENOS AIRES:
UNA ESCULTURA DE VERANO EN RECOLETA

Es la de El Sediento, un notable conjunto hecho en mármol de Carrara que puede apreciarse en la Plaza Rodríguez Peña.

El sediento y su fuente, en plaza Rodríguez Peña. (Julio Juárez)
   El sediento y su fuente, en plaza Rodríguez Peña. (Julio Juárez)


Eduardo Parise

El verano en Buenos Aires se siente cada vez con más rigor. Para comprobarlo alcanza con recordar lo que fueron las temperaturas en estas últimas semanas y así darse cuenta que el verano porteño es mucho más que ese maravilloso tango compuesto por Astor Piazzolla. Ante esta situación, los médicos previenen sobre los peligros del golpe de calor y recomiendan beber mucha agua para mantener al cuerpo bien hidratado. Pero el tema de la sed y el agua es una cuestión de vieja data para los seres humanos y para la gente de la Ciudad. Y la mejor prueba la otorga una pequeña escultura que, desde 1914, se luce en una plaza porteña. La obra se conoce como El sediento.
Instalada en un sector de la Plaza Rodríguez Peña (avenida Callao, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear), la obra apenas supera el metro de altura. La imagen: un muchacho agachado y bebiendo el agua que brota de una roca. Una fuente que lo rodea completa la escena. La escultura, realizada en valioso mármol de Carrara, es obra de la artista argentina Luisa Isabel Isella de Motteau, una mujer que nació en Buenos Aires el 21 de octubre de 1886. Con estudios realizados en la ciudad de Monza (Italia) y en la Academia Nacional de Bellas Artes de Chile, la escultora desarrolló su obra a pedido de la entonces Municipalidad de Buenos Aires.
Para el tiempo en que le encargaron el trabajo, Luisa Isella ya tenía su prestigio. A tal punto que el mismísimo Carlos Pellegrini la había recomendado para que le dieran una beca de estudio en París. Isella ya había ganado varias medallas de oro en distintos concursos y su talento quedó a la vista con la imagen que logró para El sediento: un cuerpo desnudo, con perfectas proporciones, en las que el frío mármol dejó lugar a la perfección de tensos y pulidos músculos. Claro que no todo fue elogio. Vale recordar que era el principio del siglo XX y exponer el cuerpo de un joven desnudo en un espacio público generaba reparos en la gente con mente pequeña, aunque se tratase de una estatua. Pero igual la obra se instaló en la plaza, aunque sin la presencia de la autora: estaba en Europa y recién volvería al país en 1919, tras el fin de la Primera Guerra Mundial.
Desde su llegada a la Argentina, Luisa Isella se dedicó a la docencia prácticamente hasta el 15 de enero de 1942, cuando murió en San Isidro, el lugar en el que residía. Algunas otras de sus obras se encuentran en el Museo Nacional de Bellas Artes. Pero la escultura de El sediento (monumento al que algunos también denominan Niño de la Fuente) sigue presente dándole arte a ese Boulevard Callao, como se conocía a la lujosa avenida a principios del siglo pasado.
La Plaza Rodríguez Peña fue diseñada por el gran paisajista francés Carlos Thays en 1893 y se inauguró un año más tarde cuando el intendente era Emilio V. Bunge. Dicen que todavía conserva mucho de su diseño original. Lleva el nombre de una de las figuras más importantes de la Revolución de Mayo: Nicolás Rodríguez Peña, el único prócer al que se le erigió un monumento vecino a la casa paterna en la que nació. Es que aquella zona, conocida en un tiempo como “la perla de la Capital”, había sido parte de la quinta de Alonso Rodríguez de la Peña y Damiana Funes, los padres de Nicolás, un hombre que fue figura en la lucha contra los invasores ingleses en 1806 y 1807 y también, junto con Hipólito Vieytes, el impulsor de las reuniones en la famosa jabonería, que luego derivaron en la Revolución de Mayo de 1810.
Gran amigo de José de San Martín, Nicolás Rodríguez Peña colaboró en la formación del Ejército de los Andes. El 23 de mayo de 1910, en vísperas del primer centenario de la Revolución y en la plaza que lleva su nombre, se inauguró el monumento de bronce para recordarlo y homenajearlo. Lo realizó el artista Gustav Heinrich Eberlein, un escultor, pintor y escritor alemán. Pero esa es otra historia.


Fuente: clarín.com


NUESTRA OPINIÓN



Lo que es inconcebible es que esta fuente tenga justo adelante el enorme kiosco de diarios y revistas que se le ha puesto sobre la vereda de la Av. Callao.
Parece hecho a propósito para impedirle a la gente que pasa por ahí caminando o en auto disfrutar de esa linda obra de la escultora argentina Luisa Isabel Isella de Motteau, 1886-1942. El citado kiosco de diarios y revistas debería estar en la vereda de enfrente.
En la misma plaza, pero en la esquina de la Av. Callao y Paraguay, está el imponente monumento al Dr. Bernardo de Irigoyen, realizado en España por el escultor valenciano Mariano Benlliure y Gil,1862-1947, e inaugurado el 28 de diciembre de 1933.
Rodean a la figura de bronce de Irigoyen, fundida a la cera perdida, que se encuentra sobre un pedestal, figuras de mármol que representan a la Fuerza y la Abundancia, el escudo de la Argentina y alegorías de las riqueza agrícola y ganadera del país.
Hoy, ese monumento parece el monumento a la roña y del lado de atrás, se ha convertido en el baño de los cirujas del barrio, en refugio de drogadictos, malvivientes, etc.
Habría que limpiarlo bien, ponerlo en valor con una iluminación adecuada y tomar medidas que desalentaran el resto de los inconvenientes señalados.

P.L.B.

EL ENIGMA DE LAS MENINAS DE VELÁZQUEZ



Las Meninas es la obra más famosa de Velázquez y fue pintada por el genial artista sevillano en 1656 (según Antonio Palomino), fecha bastante razonable considerando que la infanta Margarita nació el 12 de julio de 1651 y aparenta unos cinco años de edad.





Las Meninas es una pintura realizada al óleo sobre un lienzo de grandes dimensiones formado por tres bandas de tela cosidas verticalmente, donde las figuras situadas en primer plano se representan a tamaño natural. Es una de las obras pictóricas más analizadas y comentadas en el mundo del arte.


Fuente: cienradios.com

UN CUADRO DE GAUGIN SE VENDE EN 300 MILLONES DE DÓLARES
Y SE CONVIERTE EN LA OBRA MÁS CARA DE LA HISTORIA

Un óleo de Paul Gauguin, Nafea Faa Ipoipo, perteneciente a una colección privada suiza, habría sido vendido por casi 300 millones de dólares a un comprador de Qatar, según informa The New York Times.
Nafea Faa Ipoipo, el óleo de Paul Gauguin, perteneciente a una colección privada suiza, habría sido vendido por casi 300 millones de dólares a un comprador de Qatar, según informa The New York Times.

El importe desembolsado por este cuadro, que data de 1892, sería, de confirmarse, el más alto pagado por una obra de arte. Su venta ha sido confirmada por el hasta ahora propietario, Rudolf Staechelin, que tenía cedida en préstamo la obra al Kunstmuseum de Basilea.
Según The New York Times, que cita fuentes conocedoras de la operación, el comprador de la obra procede de Qatar, extremos que no ha sido confirmado ni desmentido por el vendedor, quien tampoco ha querido revelar el precio.
El rotativo estadounidense tampoco ha encontrado confirmación a la información en las autoridades de los Museos de Qatar, que no han respondido ni a sus llamadas ni a sus correos electrónicos.
Por su parte, el alcalde de Basilea dijo conocer la noticia de la venta de la obra de Gauguin y lamentó su pérdida. Si se confirma que el precio pagado por este óleo asciende a casi 300 millones de dólares, sería el más alto de la historia, 50 millones por encima del desembolsado por el cuadro 'Los jugadores de cartas' de Paul Cézanne.


Fuente: expansion.com

RELATOS SALVAJES GANÓ EL PREMIO GOYA
A LA MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA

La película de Damián Szifrón fue galardonada en España; el director argentino subió al escenario junto a Pedro Almodóvar
Parte del elenco de Relatos Salvajes  Foto: Archivo
Parte del elenco de Relatos Salvajes.


Relatos Salvajes, el éxito argentino dirigida por Damián Szifrón, fue galardonada hoy con el premio Goya como "Mejor película iberoamericana".
La película, entre los cuales actúa Ricardo Darín, fue en esta edición de los Goya españoles la tercera película con más candidaturas tras "La isla mínima", de Alberto Rodríguez, con 17 nominaciones, y "El niño", de Daniel Monzón, con 16.
La película de Damián Szifrón se convirtió en la película más taquillera de la historia del cine argentino y figuraba como candidata en las principales categorías del Goya.
El premio que recibió hoy Relatos Salvajes la deja a las puertas del Oscar, donde está nominada en el rubro "Mejor película de habla no inglesa".




El premio de la Academia de Cine estadounidense se entregará el 22 de febrero próximo en Los Ángeles, Estados Unidos, y será la séptima producción nacional que participará en los premios. Allí, competirá por la codiciada estatuilla dorada con "Leviathan" de Andrey Zvyagintsev (Rusia), "Tangerines" de Zaza Urushadze (Estonia), "Timbuktu" de Abderrahmane Sissako (Mauritania), e "Ida" de Pawel Pawlikowski (Polonia).
Damián Szifrón con el premio obtenido por Relatos Salvajes.   AP Photo/Daniel Ochoa de Olza


Fuente: lanacion.com

LA VENGANZA DE LA HEREDERA:
MARINA PICASSO, LA NIETA REBELDE DEL GENIO

Sufrió por su abuelo y ahora se desprende de un legado millonario
Marina recibió también como legado la villa La Californie, ubicada en Cannes  Foto: NYT
Marina recibió también como legado la villa La Californie, ubicada en Cannes. Foto: NYT


Por Doreen Carvajal / The New York Times

MARSELLA.- Desde que era una niña, cuando vivía al borde de la miseria y esperaba pacientemente junto a su padre frente a las rejas de una mansión de Francia para pedirle a su abuelo, Pablo Picasso, un poco de dinero para subsistir, Marina Picasso ha tenido que lidiar con la pesada carga del legado del artista.
Cuando era una veinteañera y heredó esa mansión del siglo XIX, La Californie, así como el vasto tesoro de las obras de su abuelo, colgó los cuadros al revés, de cara contra la pared, como gesto de resentimiento. En 15 años de terapia, logró desmenuzar los amargos recuerdos familiares de la aparente indiferencia de su abuelo y del suicidio de su hermano. En sus memorias, publicadas en 2001, Picasso: mi abuelo, descargó su dolor y su furia contra el clan del artista.
Marina Picasso tiene ahora 64 años y reconoce que planea extender su rebelión vendiendo muchas de las obras de su abuelo para financiar y ampliar su labor filantrópica: ayuda para un hospital pediátrico en Vietnam y proyectos benéficos en Francia y Suiza destinados a adultos mayores y adolescentes con problemas.
Su heterodoxo método de ventas está haciendo olas en el mercado internacional del arte, donde los galeristas y rematadores están acostumbrados a jugar un papel clave, y lucrativo, en la venta de obras de artistas reconocidos. En una entrevista, la heredera dijo que venderá las obras de forma privada, y que decidirá personalmente "una por una, según la necesidad", cuántas y cuáles de las obras de Picasso que le quedan, de las cerca de 10.000 que heredó, sacará a la venta.
Hace años que Marina Picasso vende paulatinamente las obras de su abuelo para cubrir sus necesidades y apoyar obras benéficas. Y desde la muerte de su marchand histórico, en 2008, ha probado diversas estrategias en el mercado, como la subasta, en 2013, de dos importantes pinturas, o la exhibición de una colección de dibujos de desnudos en la sede de Sotheby's en París, el año pasado.
Pero su decisión de venderlas por su cuenta sugiere un intento más contundente de purgarse de su herencia. Y si bien otros herederos de Picasso han vendido ocasionalmente sus obras, Marina es la única que parece estar "acelerando" la venta, según dijo Enrique Mallen, profesor de historia del arte de la Universidad Estatal Sam Houston, de Texas, creador del Online Picasso Project, destinado al seguimiento de las obras del artista.
"Prefiero vender las obras y guardar el dinero para distribuirlo en causas humanitarias", dijo Picasso públicamente al referirse a su nueva estrategia de ventas durante su visita a un hospital en construcción en Marsella, donde está financiando una unidad psiquiátrica para adolescentes en crisis. "Tengo cuadros, por supuesto, que puedo usar para apoyar estos proyectos."
La noticia de su inusual estrategia se está difundiendo de boca en boca en las más altas esferas del arte, generando rumores y desinformación, incluido el reciente informe de un tabloide que señala que Marina estaría planeando vender la mansión francesa de su abuelo y siete de sus cuadros importantes. Y ya se especula con que Marina podría inundar el mercado y hacer caer los precios.
"En vez de hacer que un marchand muestre las obras, ya es un secreto a voces que hay obras en venta y hay gente preguntando quién está interesado en comprarlas", dijo John Richardson, historiador y biógrafo de Picasso que reside en Nueva York. "Hay gente rara que viene y me dice que está por hacer un gran negocio y que Marina está vendiendo todo."
Aunque esquivar a los marchands y las casas de remates para la venta de obras importantes no es algo nuevo, quienes tienen obras en venta y deciden ir por su cuenta pueden estar en desventaja a la hora de estimar el valor de sus obras y de excluir a ciertos compradores o averiguar el origen de sus fondos. Por otra parte, como algunas casas de subasta están aumentando sus comisiones, para los que están ansiosos por vender, hacerlo por su cuenta puede ser una forma de ganar más dinero.
Marina Picasso, que entre las 10.000 obras de arte heredadas de su abuelo -cerámicas, dibujos, bocetos y esculturas- también tiene 300 pinturas, dijo que todavía no ha decidido la cantidad de piezas que venderá, y que no planea sacar a la venta la mansión francesa. Pero sí sabe qué obra piensa vender primero: La familia, el retrato de 1935 de una familia en medio de un paisaje inhóspito.
"Es muy simbólico, porque yo nací en el seno de una familia grande, pero era una familia que no era una familia", dijo Marina. Al morir, en 1973, Picasso dejó un legado de 50.000 obras de arte y un entramado de cuatro hijos y ocho nietos, así como sus esposas y sus musas, que se disputaron durante años sus propiedades y su legado. Marina es hija de Paulo, hijo de Picasso, y desde siempre mantuvo distancia del resto de la familia. Su guía fue durante años el marchand suizo Jan Krugier, que hasta su muerte, en 2008, fue el curador y vendedor de las mejores piezas de la colección de Marina.
Marina Picasso dice que los canales de venta convencionales la han decepcionado, como la subasta de 2013 de la casa Sotheby's de dos pinturas importantes, entre ellas, Mujer sentada con vestido gris. La obra se vendió en 6,8 millones de dólares, según la sede de Sotheby's en París, pero Picasso dice que esperaba más, ya que los compradores sabían que el dinero sería destinado a obras de caridad.
Marina recibió también como legado la villa La Californie, ubicada en Cannes  Foto: Corbis
Marina recibió también como legado la villa La Californie, ubicada en Cannes  Foto: Corbis

El momento que ha elegido es inmejorable: el año pasado, la subasta de obras de Picasso alcanzó los 449 millones de dólares, sólo superada por las ventas de obras de Andy Warhol, en un mercado internacional que movió 16.100 millones de dólares, según Artnet, empresa que hace el relevamiento del mercado del arte.
Picasso dijo que si bien las ventas le permitirán cumplir sus anhelos filantrópicos, también la ayudarán a deshacerse de la carga de su historia familiar. Aseguró además que no poseía fotos de ella con su abuelo y que no tenía ni una sola de sus obras hasta que recibió su herencia. Recordó que su abuelo le hacía flores de papel con sus manos, pero que no la dejaban conservarlas.
Su padre, Paulo, era el hijo de Picasso con su primera esposa, la bailarina rusa Olga Khokhlova. Marina dijo que todavía recuerda con dolor que su padre, Paulo, hacía de chofer de su abuelo, entre otras tareas menores, y que debía rogarle que le diera dinero.
La madre de Marina, Emiliénne, se separó de Paulo tras un fugaz matrimonio y luchó contra el alcoholismo. Emiliénne dependía del poco dinero que le pasaba su ex marido para criar a Marina y a su otro hijo, Pablito.
"Veía muy poco a mi padre", recordó Marina. "Y abuelo, no tuve."
Su alejamiento de su abuelo y de su entorno se intensificó cuando su hermano Pablito fue excluido del funeral de Picasso en 1973 por la segunda esposa del artista, Jacqueline Roque. Pocos días después, su hermano se suicidó ingiriendo lavandina. El entierro de Pablito se pagó con el aporte de amigos, según Marina Picasso, quien a partir de entonces se ganó la vida trabajando en un hospicio para niños autistas y con enfermedades mentales.
A su muerte, a los 91 años, Pablo Picasso no dejó testamento, lo que desató una feroz disputa entre su viuda, sus hijos y sus nietos. Inesperadamente, Marina fue designada una de las herederas, y recibió una quinta parte de sus bienes, incluida la mansión La Californie.
"La gente dice que debería valorar mi herencia, y yo lo hago, pero fue una herencia sin amor", dijo Marina. Finalmente, logró aprender de su pasado. "Fue realmente difícil llevar este célebre apellido y pasar una vida de apremios económicos", confesó. "Creo que por eso desarrollé un sentido de la solidaridad y un deseo de ayudar a los demás."
Su alejamiento de su abuelo y de su entorno se intensificó cuando su hermano Pablito fue excluido del funeral de Picasso en 1973 por la segunda esposa del artista, Jacqueline Roque. Pocos días después, su hermano se suicidó ingiriendo lavandina
Olivier Widmaier Picasso, un nieto descendiente de la amante del artista Marie-Thérèse Walter, que publicó su propia biografía del artista, tiene una opinión más benigna del legado de su abuelo. En cuanto a Marina, con quien se enfrentó cuando Olivier negoció con Citroën ponerle a un modelo de autos el nombre Picasso, dijo entender su enojo, pero considera que no todo es atribuible a su abuelo.
"Hay que ser honestos", dijo. "Pablo Picasso no fue la causa de todo lo que le pasó. La madre tenía la custodia exclusiva de Marina. Picasso no quería darle dinero a la madre porque le preocupaba que no la gastara en sus hijos. Así que prefería pagar directamente su educación."
Olivier dijo estar sorprendido por el método de venta elegido por Marina. "Todos los herederos han trabajado siempre con los principales marchands, como lo hizo Picasso en vida", dijo. "Ellos conocen el mercado y a los compradores, y trabajan para evitar cualquier jugada deshonesta."
En la década de 1970, cuando la herencia debió dividirse para pagar impuestos, el cuadro La familia fue considerado uno de los más valiosos, debido a su inusual estilo realista, reveló Olivier. "Es una obra de gran formato; se trata obviamente de un trabajo importante", dijo James Roundell, un marchand de la galería Simon Dickinson Fine Art, de Londres, quien dice que la obra vale "varios millones" de dólares. Marina no ha revelado públicamente cuánto espera obtener por esa obra.
"El pasado se queda en el pasado. Pero nunca olvidaré, nunca. Respeto a mi abuelo y su relevancia como artista. Fui su nieta y su heredera, pero nunca fui su nieta del corazón."
Marina Picasso, que tiene cinco hijos, tres de ellos adoptados en Vietnam, dijo que vender más obras de Picasso para ampliar sus obras de caridad es darles un uso acertado. Tan sólo el año pasado, donó alrededor de 1,7 millones de dólares al Hospital Foundation de París y Londres. Parte de ese dinero fue destinado a la construcción de una unidad de emergencias psiquiátricas para adolescentes, y Picasso también financió un proyecto de internación hospitalaria crónica para pacientes de la tercera edad.
"Ahora vivo en el presente", dijo. "El pasado se queda en el pasado. Pero nunca olvidaré, nunca. Respeto a mi abuelo y su relevancia como artista. Fui su nieta y su heredera, pero nunca fui su nieta del corazón."

Traducción de Jaime Arrambide.


Fuente: lanacion.com
 

HOMENAJE AL INFORMALISMO

   Obra de Martha Peluffo

Por Daniel Gigena


La exposición actual en el Museo de Arte Tigre (MAT), que se puede visitar hasta inicios de marzo, representa, además de una oportunidad histórica de ver en persona obras poco conocidas de Alberto Greco, Martha Peluffo o Rubén Santatonín, la recreación de una época a veces eludida en la historia del arte nacional. La explosión de la forma reúne trabajos (ya que no siempre son "obras") de fines de los años cincuenta, circunscriptos en una corriente estética orientada a la abstracción libre. El informalismo, movimiento que abrevó tanto en la abstracción no geométrica como en el art brut y el surrealismo, agrupó a artistas, teóricos y protoperformes.
Al cuidado de Mariana Marchesi, la muestra del MAT se plantea como un delta regulado. Gracias al préstamo de coleccionistas privados (hasta ahora, el patrimonio del museo local se caracteriza por contar sólo con obras figurativas), La explosión de la forma acerca la abstracción a Tigre y sitúa en tiempo y espacio un trabajo artístico que apela a la percepción y la participación activa del espectador.
En dos salas que operan como sucintos prólogos a los grandes trabajos del informalismo, se exhiben, entre otras, piezas de José Antonio Fernández Muro y Sarah Grilo, esculturas de Ennio Iommi y Alberto Heredia, además de documentos y registros de exposiciones y performances en galerías porteñas como Lirolay o Van Riel.

   Sin título, óleo sobre tela de Kenneth Kemble, 1960  Foto: Gentileza MAT


En vitrinas se exhiben los retratos de los entonces jóvenes artistas hechos por Sameer Makarius, las fotos de Jorge Roiger sobre la muestra Arte destructivo en Lirolay, en 1961, y un ejemplar del primer número de la revista Boa, dirigida por Julio Llinás, ilustrada por una magnífica obra de Peluffo que también integra la muestra.
El MAT retoma de exposiciones anteriores su valorado afán didáctico en el montaje: entre las obras aparecen citas de críticos como Aldo Pellegrini sobre el movimiento surrealista, declaraciones rotundas de artistas como Greco al pie de las obras, manifiestos impresos para que el visitante se lleve a casa y una organización por núcleos temáticos que permite agrupar las obras seleccionadas. Esos núcleos, para más de cuarenta obras y esculturas, son cuatro: exploración de la forma, de la materia, el monocromo y la liberación del gesto.
La ausencia de composición y el azar como principio creativo, la anulación de la ilusión espacial, la salida del plano, la preeminencia del sentido del tacto (con los volúmenes de materia, ya sea óleo, cartón, brea e incluso arena, como se ve en una de las obras de Kemble), los chorreados y rayados sobre el soporte, todos los recursos formales elegidos se emparientan con búsquedas similares en otras experiencias estéticas o sociales de la época, de las que la violencia no estaba ausente.
Paraguas y muñecos rotos, chapas, trapos, sillones tajeados, maderas recogidas en la calle y otros "materiales del desastre" cobran sentidos poéticos y existenciales en obras de Marta Minujín o Heredia, y anticipan una práctica que desafió el sentido dominante de la pintura a la vez que recuperó para la actividad artística lo que la sociedad industrial desechaba.

   Escultura de Enio Iommi  Foto: Gentileza MAT

Una "aerocosa" de Santatonín, similar a un saco de boxeo, interviene en el espacio de la muestra como un ovni; cerca de allí, un tríptico descomunal de Kemble se impone como un paisaje cerca de una escultura con varillas de hierro de Noemí Gerstein. Obras de Mario Pucciarelli (artista aún a la espera de una retrospectiva cabal de su producción), de Clorindo Testa, de Kayuza Sakai, de Emilio Renart expresan la energía vital de un movimiento que comenzó a abrir grietas en las tradicionales funciones asignadas al arte burgués, al mismo tiempo que licuaba con procedimientos de la poesía y de la acción política los severos cánones de la pintura abstracta. Paseo impostergable para locales y visitantes.

Ficha.
La explosión de la forma en el Museo de Arte Tigre (Av. Victorica 972), hasta el 8 de marzo


Fuente: adn Cultura La Nación

ARTE: KANDINSKY EN RÍO

En Brasil, una muestra recién llegada desde Rusia, integrada por más de 150 piezas, permite descubrir las influencias que tuvieron la cultura popular y los rituales chamánicos sobre la obra del revolucionario padre de la abstracción
Sobre blanco, óleo sobre tela, 1920  Foto: gentileza Centro Cultural Banco do Brasil
Sobre blanco, óleo sobre tela, 1920. Foto: gentileza Centro Cultural Banco do Brasil
 
Por Alberto Armendáriz



RIO DE JANEIRO.- El genial Wassily Kandinsky pasó a la historia como el padre del abstraccionismo, gran teórico de la relación entre la pintura y la música. Pero lo que no mucha gente sabe es que su arte estuvo muy influenciado por las raíces de la cultura popular de Rusia y los rituales chamánicos del Norte de su país y Mongolia, como demuestra la exposición Kandinsky: todo comienza en un punto, que acaba de inaugurarse en la sede de Río de Janeiro del Centro Cultural Banco do Brasil.
"Son aspectos del universo creativo de Kandinsky que muy pocos en Occidente conocen. Se cree que su obra nació abstracta, pero tuvo un proceso muy intenso de desarrollo alimentado por el folklore ruso y las creencias chamánicas, que él, que tenía familia en Siberia, conoció luego de hacer un viaje por el norte, a los veintitrés años", contó a adn Evgenia Petrova, curadora de la muestra junto con su colega Joseph Kiblitsky.
Ambos expertos trabajan en el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, de donde proviene la mayor parte de las 153 piezas que componen la muestra -pinturas, grabados, dibujos, documentos y objetos-, y que fue enriquecida con obras de otros siete museos de Rusia y colecciones de Alemania, Austria, Francia y Gran Bretaña.
Cuadros clave de Kandinsky, como Improvisación nº 11 (1910), San Jorge (1911) y Sobre blanco (1920), se exhiben junto con íconos ortodoxos, tradicionales máquinas de hilar y trineos finamente decorados, así como vestimentas e instrumentos musicales utilizados en rituales chamánicos y telas de otros artistas contemporáneos que siguieron sus tendencias. Por ejemplo, Mikhail Larionov, David Burliuk, Kazimir Malevich y la expresionista alemana Gabriele Münter, quien fue su pareja durante muchos años.
"Kandinsky fue un revolucionario en su búsqueda de nuevas formas de representación. Escapó del realismo. Con esta exposición queremos mostrar los puntos materiales y espirituales en los que basó su obra", resaltó Petrova, directora científica del Museo Estatal Ruso, que guarda más de cuatrocientos mil tesoros artísticos de Rusia.
Para entender la evolución del arte de Kandinsky, la muestra se dividió en cinco bloques: las raíces de su obra en relación con la cultura popular y el folklore ruso; el universo espiritual del chamanismo en el Norte de Rusia; su vida en Alemania, donde creó el grupo Der Blaue Reiter ("El Jinete Azul"); el diálogo entre la pintura y la música a través de su amistad con el compositor austríaco Arnold Schönberg; y los caminos abiertos por la abstracción, con su influencia en otros artistas contemporáneos.
"Pocas veces se puede tener una comprensión tan integral de cómo un pionero del arte moderno desarrolló esa visión única que ha tenido un fuerte impacto en tantos otros que vinieron luego", comentó el cubano Rodolfo de Athayde, director general de la exposición, integrada por piezas valuadas en casi medio millón de dólares. Él quería llevarlas también a la Argentina, pero sus negociaciones con el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) no dieron frutos. En cambio, antes de volver a Rusia, la muestra se exhibirá en las sedes del Centro Cultural Banco do Brasil en Belo Horizonte y San Pablo.
Para el montaje en el fabuloso edificio del Centro Cultural Banco do Brasil, en Río de Janeiro, los organizadores sumaron una instalación participativa debajo de la majestuosa rotonda. Con lentes especiales y audífonos, los visitantes pueden pasearse delante de paneles copiados de Sobre blanco para apreciar detalles de la obra en tres dimensiones mientras disfrutan de la música de Schönberg.
"Para Kandinsky, la música y la pintura tenían una relación íntima. Él veía en cada nota una tonalidad de color, figuras y movimientos en la melodía y el ritmo", explicó Petrova. Recordó a su vez que el artista ruso, formado en Derecho, dejó de lado su promisoria carrera como académico para dedicarse a la pintura luego de que en 1895 viera una exposición de impresionistas franceses en la cual llamaron su atención los trazos de Claude Monet. Poco después asistió a una representación de la ópera Lohengrin, de Richard Wagner.
Esos dos hechos generaron en él una suerte de epifanía que lo llevaron a mudarse a Alemania a estudiar pintura en la Academia de Artes de Múnich. Allí comenzó a pintar paisajes -se destacan en la retrospectiva los que realizó en diferentes estaciones en el pueblo bávaro de Murnau-, para luego unirse a otros artistas y formar el vanguardista Der Blaue Reiter.
Tras un breve pero intenso período de regreso en Rusia, donde participó activamente de eventos culturales y políticos posrevolucionarios, en 1922 volvió a Alemania, donde fue invitado a colaborar con la Bauhaus de Walter Gropius. La muestra incluye algunas de sus pinturas sobre vidrio de esa época, así como otras telas consideradas "degeneradas" por los nazis cuando llegaron al poder, lo cual lo obligó a mudarse a Francia hasta su muerte, en 1944.
En la exposición sólo faltan obras de la fase final de Kandinsky, desbordantes de colores. Su ausencia se debe a la falta de acuerdo de los organizadores con el Centro Pompidou en París, y los museos Metropolitano y Guggenheim en Nueva York, que poseen los trabajos más expresivos de ese período.


adn Kandinsky

Moscú, Rusia, 1866-
Neuilly-sur-Seine, Francia, 1944

Estudió Derecho y se casó con una prima. Abandonó su carrera como profesor para dedicarse a la pintura luego de ver una exposición de impresionistas y asistir a la ópera Lohengrin de Richard Wagner. En 1896 se mudó a Alemania para estudiar pintura. Se divorció y comenzó una relación con la artista Gabriele Münter; con ella y Franz Marc fundaron en 1911 el grupo Der Blaue Reiter, que transformó el expresionismo alemán. Al estallar la Primera Guerra Mundial volvió a Moscú, donde tuvo una activa participación cultural y política en grupos posrevolucionarios. Se casó con la hija de un general ruso. Con el surgimiento del realismo socialista, después de 1922, sus obras fueron prohibidas en los museos soviéticos y regresó a Alemania. Allí, invitado por Walter Gropius, participó de la escuela Bauhaus de arte y diseño hasta que los nazis la cerraron en 1932. Obras suyas y de otros artistas de vanguardia fueron consideradas "degeneradas".
Ficha. Kandinsky: todo comienza en un punto en Centro Cultural Banco do Brasil
Río de Janeiro hasta el 30 de marzo; en Belo Horizonte, del 15 de abril al 22 de junio; en San Pablo, del 19 de julio al 28 de septiembre.



Fuente: adn Cultura La Nación

NADA DE "EXTRAVAGANCIAS"

Exposición.

57 obras adquiridas en su momento por Quinquela Martín y que hoy pertenecen a la colección del Museo muestran el apego incondicional del artista a la más pura tradición figurativa.
Benito Quinquela Martín. Día luminoso. Oleo de 1958.
Benito Quinquela Martín. Día luminoso. Óleo de 1958.
Por Mercedes Pérez Bergliaffa

Las obras del patrimonio del museo Benito Quinquela Martín se muestra bajo un nuevo guión: en sus salas principales se expone Arte argentino en la colección del Museo Quinquela Martín , 57 trabajos pertenecientes a la colección del museo, muchos de ellos conocidos pero no frecuentemente exhibidos. Agrupados en los núcleos Paisajes, Retratos y La tradición boquense , la selección celebra lo mismo que el museo y las ideas de Quinquela: la tradición figurativa. Esto se mantuvo a rajatabla: mientras el artista vivió, la entrada al museo de obras abstractas estuvo prohibida. Por eso aparecen en la muestra obras importantes de artistas figurativos, como Eduardo Sívori, Antonio Berni, Pío Collivadino, Raquel Forner, Guillermo Butler, Antonio Alice, Fortunato Lacámera y Emilio Centurión, entre otros.
Como se sabe, la colección del Quinquela fue creada por el propio Quinquela Martín, quien no quería “refugiarse en la extravagancia” al armarla, según él mismo decía (esto es, hacía la vista gorda a los nuevos lenguajes y las vanguardias). “La mayoría de las obras que pertenecen al museo las fue comprando él mismo”, explica Víctor Fernández, director de la institución. “A partir de los años 20 Quinquela hizo mucho dinero con la venta de sus pinturas. Fue entonces cuando adquirió parte de este patrimonio. Otra parte pasó a integrar el acervo del museo mediante el Premio Quinquela Martín , que el pintor creó en 1952 como parte de los Premios que formaban el Salón Nacional de Artes Plásticas”, explica el director. La gran mayoría de las obras pasaron a integrar la colección de esa manera, con Quinquela destinando un dinero para los premios adquisición que llevaban su nombre. Estos existieron hasta el año 79, dos años después de su muerte.
Un pequeño porcentaje de las obras expuestas son donaciones realizadas por artistas, algunos amigos y otros extranjeros. A estos últimos, Quinquela los conoció durante sus viajes al exterior, el primero de ellos a Río de Janeiro cuando el artista tenía 31 años, en 1921, y a partir de 1923, durante sus diversos viajes por Europa.
En la primera sala de la muestra aparece una obra extraña dentro del conjunto: una figura en cerámica esmaltada, “Promesante jujeña”, del escultor Luis Perlotti. A tamaño natural, seria, con los brazos cruzados bajo su manto de colores, los ojos entrecerrados, esta mujer es única en el grupo de trabajos: casi podría relacionarse más con la sala de mascarones de proa que con el resto de esculturas, pinturas, grabados y dibujos que integran la exposición. Perlotti –quien adquirió sus primeras herramientas artísticas trabajando en una ebanistería; luego, asistiendo a los cursos nocturnos de la mutual Unione e Benevolenza (creada en 1858) y más tarde, a los talleres de la Asociación Estímulo de Bellas Artes– se juntaba con Quinquela en La Peña del Tortoni. Sus trabajos fueron, generalmente, influidos por las tradiciones americanas y del Altiplano. En la cerámica expuesta en la muestra se ve perfectamente.
Otra obra interesante para detenerse en el recorrido de la exposición es “Alrededores de Ushuaia” (1952) del platense Guillermo Martínez Solimán. Empastada, de gran escala, de gestos violentos, definen el paisaje fueguino de manera emocional, en una época en que muy pocos artistas reparaban en él.
El temple sobre cartón de Guillermo Butler “Amanecer en Córdoba” también merece un vistazo por su paleta, por su composición armónica y serena –tan propia de Butler, quien había recibido una fuerte influencia de Cézanne durante su estancia en la colonia artística de Worpswede, en Alemania, a principios de los años 20– y porque difiere del resto de los paisajes que se exponen: figura y fondo son integrados en un todo, a través de la luz, de un “clima” meditativo con eje en la naturaleza, tan central en la obra de Butler. Al costado de este trabajo se encuentra otro muy distinto, “Tarde primaveral” con un cerezo en flor a pleno, un trabajo del cordobés José Malanca, del año 42.
En la sala siguiente, ya dentro del núcleo de la exposición Retratos , toda una pared pintada de anaranjado expone pequeñas pinturas de cabezas: retratos, como lo detalla el título. Allí, el “Retrato de Butler”, de Antonio Alice (1923), el “Autorretrato” de la pintora y poeta santafesina Emilia Bertolé (1937) y “Niños humildes” de Facio Hebeqer ( sin fecha), llaman la atención. Pero cerca se destacan dos magníficos óleos de gran tamaño: “El niño y su moneda” ( 1951) de Antonio Berni; y especialmente “El manto rojo” (1941), de Raquel Forner. La expresión dramática, trágica, el escorzo del cuerpo de la mujer, y el uso de un color significativo simbólicamente (el rojo), caracterizan la obra de Forner y convierten a éste en un trabajo fuerte.

Emilia Bertolé. Autorretrato de la poeta y pintora. Oleo de 1937.
Emilia Bertolé. Autorretrato de la poeta y pintora. Oleo de 1937.

Imposible ignorar, un poco escondido –no se ve a primera vista al entrar a la exhibición– el enorme lienzo de Eduardo Sívori, “La muerte del marino” (1888). Comprado por Quinquela Martín como “La muerte de un paisano " , el artista de La Boca no dudó en cambiarle el nombre para que fuera más adecuado al contexto: la comunidad portuaria boquense de entonces sentiría más próxima la muerte de un marino que la de un simple paisano.
En la misma sala, esos dos pequeños, exquisitos, metafísicos óleos del gran Fortunato Lacámera, “Biblioteca casera” (1938) y “Serenidad” (1948), los dos de la etapa en que el pintor observaba el interior de su casa lentamente, con detenimiento, antes que los paisajes ribereños. Una frágil mesa con algunos papeles y libros, cercanos a un frasco vacío; y una pera reflejándose sobre la superficie de madera (la cortina ondulando suavemente por detrás, son los colores de la tarde) explican el clima de los interiores de La Boca, sus tiempos.
“Cocina casera” (1956), el óleo de Eugenio Daneri, y “Apuntes sobre mi madre” (1935), de Miguel Carlos Victorica, marcan un buen cierre de la exposición, cierta despedida. Que nunca es, en realidad, una despedida final, tratándose del Museo Quinquela Martín: su casa y su taller –ubicados en el último piso del museo– abiertos al público, siempre son un must , la posibilidad de adentrarse en una rara avis como fue Quinquela. Su piano pintado, las paletas manchadas, sus fotos familiares –esas con los padres adoptivos–, su prensa de grabado; y la información sobre la Orden del Tornillo, mediante la que premiaba a artistas a través de un ritual: vistiendo un traje de almirante, les entregaba “el tornillo que les faltaba” y hacía girar al homenajeado mientras con un bastón lo golpeaba en el hombro y le decía: “Bueno, ya estás atornillado, ¡pero no te lo ajusté mucho porque eso no es bueno!” Además de esta información, en su casa-taller se exhiben sus numerosos e inmensos óleos con escenas del puerto de La Boca en apogeo. Y ahora que el museo está, por primera vez en décadas, destapando las ventanas, estos paisajes de Quinquela se duplican en ellas, aggiornados, con escenas vivas, móviles, contemporáneas. Y la casa-taller y la exhibición cobran un nuevo sentido. Quizás, en parte, el barrio no haya cambiado tanto.

FICHA
Arte argentino en la colección del museo Quinquela Martín

Lugar: Museo Quinquela Martín, Av. Pedro de Mendoza 1843
Fecha: hasta diciembre
Horario: martes a domingos de 11 a 17.30
Entrada: gratuita

El artista que se debía al barrio

Hay aspectos no tan conocidos de Benito Quinquela Martín; por ejemplo, su primera infancia triste. Abandonado por sus padres, fue criado en la Casa de los Niños Expósitos. Allí, al cumplir 7 años, lo adoptan Manuel Chinchella –un cargador de leña del puerto– y Justina Molina –analfabeta y entrerriana–. A los 17 se inicia en el arte con Alfredo Lazzari, conoce a Lacámera y Facio Hebequer. Más tarde, en 1916, será Pío Collivadino quien lo guiará e identificará como “el pintor de La Boca y de su puerto”.
Pero uno de sus rasgos más importantes fue su gran impronta como gestor cultural de La Boca (algunos lo llamaron “animador cultural”). En los años 30 fundó La peña, espacio de encuentro de artistas; en 1933 compró el terreno que luego donó al Estado para la construcción de una escuela-Museo (esa cercana a Caminito) y un museo de Bellas Artes (donde había instalado en los últimos pisos su taller y su casa, aún es posible visitarlos allí). También cedió terrenos para un instituto odontológico y una escuela de artes gráficas.


Fuente: Revista Ñ Clarín

OSVALDO LAMBORGHINI: LOS COLLAGES DE SUS ÚLTIMOS AÑOS

Una muestra en Barcelona reúne fotomontajes e intervenciones del autor en libros y revistas porno. Cuando estaba enfermo y en cama, el autor se hacía con publicaciones pasadas y las convertía en cosas diferentes.
Outsider. El arte de Lamborghini es difícil de exhibir y de catalogar.
Outsider. El arte de Lamborghini es difícil de exhibir y de catalogar.

Por Jorge Carrión - Especial para Clarín


Entre los eslóganes que el escritor argentino Osvaldo Lamborghini nos dejó en herencia destaca el de “primero publicar, después escribir”. La provocación admite una lectura literal: primero estudiar lo publicado, después reescribirlo. O, más literal aún, comprar lo publicado y escribir, pintar, componer encima de su superficie.
Su obra visible hasta el momento –con cuentos como “El niño proletario”– permitía la primera lectura. La que se expone desde ahora hasta el 1 de junio en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) evidencia la segunda. Se trata de toda la producción de texto ilustrado, collage, fotomontaje e intervención en libros y revistas porno que realizó en esa ciudad entre 1981 y su muerte, en 1985. Encamado, le encargaba a su pareja, Hanna Muck, que le comprara publicaciones desfasadas y las convertía en otras cosas:Las que se exhiben en esta exposición.
Las páginas del Teatro Proletario de Cámara ocupan una pared semicircular casi entera de la gran sala. Impresiona. La escenografía invita a leer cada uno de los fragmentos de poemas, juegos de palabras y pasajes en prosa manuscritos, que conviven con recortes pornográficos y dibujos, a modo de ilustración, contrapunto o expansión simbólica (a menudo crítica y política). En vitrinas, se muestran los libros intervenidos, algunos objetos, composiciones de intención artística, la escasa biblioteca sobre arte del escritor y el catálogo de la muestra, El sexo que habla, con textos de César Aira, Alan Pauls, Antonio Jiménez Morato, Paul B. Preciado y el comisario del proyecto, Valentín Roma.
La literatura expandida de Lamborghini, aunque más punk, llegó una década más tarde que la de Julio Cortázar, y la hemos conocido 25 años después de su realización. El editor gallego Antxo Rabuñal editó en facsímil, en 2008, una selección de “Teatro proletario de cámara”. La existencia de ese libro y la del catálogo de esta muestra homónima provocan una pregunta: ¿Es el formato libro el mejor para dar a conocer esa obra póstuma de Lamborghini, que puede entenderse como su pasión última y su legado? Hay ahora en el Macba dos muestras muy poderosas: “La pasión según Carol Rama”, sobre la artista italiana, y “La herencia inmaterial”, sobre la colección del museo. A su lado, palidecen los ensayos plásticos de Lamborghini.
Para la ocasión, César Aira firmó un remake del prólogo que escribió para el libro de 2008. Si en aquél destacaba la escritura, ahora insiste en la pintura, tal vez porque ambas no pueden disociarse en los tres últimos años de vida de Lamborghini. La interpretación de Aira de otro eslogan (“Yo vengo de ahí”, decía Lamborghini refiriéndose a la pintura) conecta la infancia como aficionado a la pintura con una vejez prematura en su cama taller: “en las dos únicas etapas de su vida estable”, dice, “optó por la plástica.”
Sin embargo, en la misma cama también escribió mucho. Mi duda como lector es hasta qué punto todo ese material gráfico es más relevante que la letra que lo acompaña y da sentido. Puede que la clave la dé el propio Aira al mencionar la filiación de esos dibujos y pinturas con la obra de Henry Darger. Arte outsider, nailf, difícil de exhibir y de catalogar.


Fuente: Revista Ñ Clarín

VENDEN UNA OBRA DE MIRÓ EN 23 MILLONES DE DÓLARES

SUBASTA DE ARTE. Una persona mira una una pintura de Joan Miró titulado “L’Oiseau au plumaje deploye vole vers l’arbre argente”, durante la presentación de la subasta de la casa Christie en Londes. Se estima que su precio rondará los 13 millones de dólares. (AFP)
La obra “El pájaro de plumaje desplegado vuela hacia el árbol plateado”, de Joan Miró, en la casa de subastas Christie's, en Londres, el pasado 30 de enero. Foto Reuters