EL MUSEO DEL PRADO CUMPLE DOS SIGLOS


Recibe a casi tres millones de personas por año y preserva obras de grandes maestros europeos de los siglos XVI al XIX.
                    La denominada "fachada de Velázquez" en el Museo Nacional del Prado. (Foto: DPA)



Fue el 19 de noviembre de 1819 cuando, con un catálogo de 311 piezas de artistas españoles, abrió el Real Museo de Pintura y Escultura de Madrid, en un edificio que había sido diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva. Aunque antes había funcionado allí un gabinete de Ciencias Naturales y hasta un cuartel militar, el rey Fernando VII dio el impulso definitivo para que se transformara en un espacio dedicado a la difusión del arte.  
Ahora, el Museo Nacional del Prado es uno de los más importantes de Europa y por año recibe a casi tres millones de personas. En noviembre próximo empiezan las celebraciones por los dos siglos de puertas abiertas, que se cumplen en 2019. 
A diferencia de otros grandes salones europeos como el Louvre (París) o la National Gallery (Londres), donde se exhiben obras -prácticamente- de todas las escuelas y épocas, su colección ha sido formada, inicialmente, por unos pocos reyes aficionados al arte y, posteriormente, se ha completado con otros aportes. Así, en El Prado se encuentran, singularmente, obras de maestros europeos, muchos de ellos españoles, de los siglos XVI al XIX. Preserva, especialmente, trabajos de Velázquez, el Greco, Goya (artista con fuerte presencia en su patrimonio), Tiziano, Rubens y el Bosco. En algunos casos, más de un centenar de piezas por autor. A ellos se agregan pinceles tan importantes como los de Murillo, Ribera, Zurbarán y Rafael, entre otros.

Las meninas. Óleo sobre lienzo pintado en 1656 por Diego Velázquez.
                              Las meninas. Óleo sobre lienzo pintado en 1656 por Diego Velázquez.


Las peculiaridades con las cuáles se formó su colección ha llevado a que muchos lo definan como un "museo de pintores, no de pinturas", sin que por eso mermara su prestigio.  
De cara a los festejos, el Prado se propone instruir a los visitantes acerca del recorrido de la pinacoteca desde aquellos comienzos hasta nuestros días, a través de exposiciones y reuniones de expertos nacionales e internacionales; un programa que lleva a pasear algunas de las más importantes piezas de su colección por el interior de España e, incluso, por las ciudades norteafricanas de Ceuta y Melilla y una muestra fotográfica del archivo de la agencia de noticias EFE que ilustra los momentos más relevantes de los últimos 80 años de la Institución situada en Madrid.

Interior del Museo del Prado
                  Interior del Museo del Prado


Asimismo, el programa de exposiciones temporales para 2019 incluye un recorrido por el Siglo de Oro Español, a través de los dibujos de Goya Velázquez; obras de Rembrandt, el más importante referente del barroco neerlandés, y del renacentista florentino Fra Angelico.
El Prado también homenajeará a las mujeres artistas, a través de los trabajos de las italianas Sofonisba Anguissola, considerada la primera mujer pintora exitosa del Renacimiento, y Lavinia Fontana, una de las más relevantes del Barroco. Además, se editarán 27 publicaciones, entre ellas un comic.
Las celebraciones comenzarán este 19 de noviembre, con la inauguración de una exposición sobre la historia del Prado a la que se espera que asistan los reyes de España, Felipe VI y Letizia. 
El 3 de mayo en Madrid o ''Los fusilamientos'' (1814). Oleo sobre lienzo de Francisco de Goya.
   El 3 de mayo en Madrid o ''Los fusilamientos'' (1814). Oleo sobre lienzo de Francisco de Goya


En este festejo, en el que "se han convocado a todas las musas", también habrá cine, teatro, ópera, zarzuela, danza y literatura, con un presupuesto de más de 12 millones de euros, de los cuales el 20% procede de las aportaciones de los patrocinadores y el 80% del presupuesto anual ordinario del museo.

“Sin el Museo del Prado, la historia del arte hubiera sido diferente”, expresó días atrás su director Miguel Falomir, en conferencia de prensa. Se refirió también a la colocación de andamios en su fachada para la reconstrucción de ciertas decoraciones de granito, tal vez una mancha en las celebraciones: “El museo es un cuerpo de 200 años, no de 18 -enfatizó- nos habría gustado tenerlo sin andamios durante el Bicentenario pero, si lo hacemos ahora, estará en mejores condiciones luego”.


  

Fuente: agencia EFE

PUBLICAN EL MANUSCRITO ORIGINAL DE "EL RETRATO DE DORIAN GRAY"
LOS PASAJES PROHIBIDOS QUE WILDE BORRÓ DE SU NOVELA MÁS FAMOSA-

Incluía descripciones del amor entre dos hombres que, bajo presión, quitó.
Ahora, se publica el original.
                  La primera versión de la novela fue tachada de “inmoral”. / Retrato tomado por Napoleon Sarony.

Donna Ferguson - The Guardian 
Una nueva edición de El retrato de Dorian Gray, con notas manuscritas de Oscar Wilde, revela hasta qué punto el escritor se debatía acerca de cuánto contenido homoerótico debía poner en su novela.
Es la primera vez que se publica -por ahora sólo en el mundo anglosajón- el manuscrito original de Wilde, que muestra cómo el autor censuró algunos de los párrafos románticos. Atenuó las referencias más abiertas a la naturaleza homosexual de la relación de Basil Hallward con Dorian y tachó la confesión de que “el mundo se vuelve joven para mí cuando sostengo su mano”.
El manuscrito también tiene pasajes -después quitados de la novela que conocemos hoy- que dejan en evidencia que Wilde quería conmocionar a sus lectores victorianos escribiendo sobre sentimientos homosexuales. Por ejemplo, esta declaración de amor de Basil a Dorian en la página 147: “Es totalmente cierto que te he idolatrado con mucho más romance del que un hombre debiera jamás consagrar a un amigo. De una manera en que nunca he amado a una mujer… Admito por completo que te he adorado locamente, extravagantemente, absurdamente”.
“El manuscrito muestra cómo trabajaba la mente de Wilde”, dijo Merlin Holland, nieto de 72 años del autor, que escribió un prefacio a la nueva edición. “Wilde había llegado a un punto en el que corría riesgo de hacerse respetable y convencional: en 1889 estaba casado, tenía dos hijos y vivía en el ligeramente bohemio barrio de Chelsea.

En su ensayo La decadencia de la mentira - publicado apenas unos meses antes de que empezara a escribir Dorian Gray -, Wilde se pronuncia en favor de una mayor imaginación en la literatura. “Creo que todo su propósito era escapar a lo que en La importancia de llamarse Ernesto su personaje Lady Bracknell llamaba la ‘novela en tres tomos de sensiblería repugnante por encima de lo común’”, dijo Holland. “No quiere, en esta circunstancia de su vida, acatar las normas y respetar las convenciones sociales. Su propósito es conmocionar y retorcerle la nariz al establishment, pero es lo suficientemente inteligente para saber que si va demasiado lejos, habrá problemas.”
El manuscrito fue publicado originalmente en 1890 por una revista mensual, Lippincott’s, y los críticos de la época lo describieron como “un libro ponzoñoso, cuya atmósfera está cargada de los olores fétidos de la putrefacción moral y espiritual” y escrito “para proscriptos de la nobleza y pervertidos del telégrafo”, en alusión a un burdel masculino donde empleados jóvenes de la Oficina General del Correo prestaban “servicios” fuera de hora a integrantes de la aristocracia.
Basándose en esas críticas, el librero WH Smith (“eternamente autodenominado guardián de la moral británica”, según escribe Holland en su prólogo) se negó a tener en sus estantes el número de Lippincott’s de ese mes. Bajo presión para lograr que la novela se publicara en formato de libro, Wilde atenuó entonces los pasajes que habían objetado los críticos ysacó del todo la declaración de amor de Basil a Dorian. La novela se publicó en 1891 y es la versión autocensurada de Wilde en la cual se basan todas las ediciones populares de Dorian Gray hoy.

Ahora, la editorial SP Books ha impreso sólo 1.000 ejemplares del manuscrito, numerados a mano, a un precio de 200 libras esterlinas cada uno (unos 250 dólares). “Es un objeto hermoso: lo segundo mejor que tener en las manos después del manuscrito original”, dijo Holland, cuyo padre Vyvyan era hijo de Wilde.
La familia perdió todas las obras publicadas de Wilde cuando sus originales fueron secuestrados por agentes judiciales en 1895, año en que Wilde fue encarcelado por ultraje a la moral pública. En los tribunales, los abogados del marqués de Queensberry interrogaron severamente a Wilde acerca de los pasajes que el escritor había eliminado de la novela en Lippincott’s, calificando a su historia de “obra obscena e inmoral”.
“Puede decirse que el párrafo de la página 147 le hizo un daño terrible a su familia, que él lamentó enormemente”, dijo Holland. “Arruinó la niñez de mi padre.” Vyvyan tenía ocho años cuando Wilde fue enviado a prisión. Al autor no se le permitió volver a ver a ninguno de sus dos hijos y la madre les cambió el apellido. “Pero la gente sabía”, agregó Holland.
Ahora, el original manuscrito es propiedad de The Morgan Library and Museum de Nueva York. Leer un ejemplar facsimilar, dice Holland, es casi como mirar por sobre el hombro de Wilde mientras escribe. “Ver cómo construye su prosa es algo maravilloso. Te da una conexión directa con Wilde como escritor.”

Traducción: Román García Azcárate



Fuente: clarin.com

EN PARÍS, EL BEAUX-ARTS RESISTE EL PASO DEL TIEMPO

      El museo de Orsay, antigua estación de trenes, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura de Bellas Artes
      de París. (Francois Guillot/Agence France-Presse — Getty Images
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Sam Lubell

PARÍS — La sede de la Bienal durante mucho tiempo, el Grand Palais, con su base de piedra enorme y repleta de columnas, un atrio brillante y extraordinario y un techo monumental redondo hecho de vidrio y metal, es un ejemplo perfecto de la arquitectura del academicismo francés.
Nacida en la venerada escuela de arte y arquitectura de París, la École des Beaux-Arts (Escuela de Bellas Artes), los emblemas del movimiento desde el siglo XIX y comienzos del siglo XX son su peso, grandeza y tradición clásicos combinados con un foco asistido tecnológicamente, puesto en la luminosidad, enaltecimiento y ornamentación intrincada. No sorprende descubrir que los edificios de estilo académico francés se pueden descubrir en toda la ciudad de París, y ofrecen una visión de una época optimista y dorada en la cual los diseñadores se inspiraban en simultáneo del pasado y el futuro.
¿Qué mejor lugar para comenzar que donde nació la arquitectura de Beaux-Arts, la École des Beaux-Arts? La escuela está en el VI distrito, entre el encantador Boulevard Saint-Germain y el aún más encantador río Sena. Su punto central, en el extremo más alejado de un patio de entrada, es el Palais des Beaux-Arts, diseñado en 1840 por Félix Duban, egresado de la escuela. La fachada del Palais, regimentada, de piedra, parecida a un templo, está repleta de arcos y columnas de estilo románico y con blasones con los nombres de los grandes artistas y arquitectos del Renacimiento.
Al caminar por su interior, uno se siente envuelto por el resplandor etéreo de su Cour Vitrée, que recuerda una galería romana, llena de motivos clásicos y estatuas. Está coronada por un techo elevado de hierro y vidrio (agregado en 1863) que deja ver el cielo. Mientras se encuentre en su interior, explore los otros edificios de la academia, que van desde el siglo XVII al XX. No muy lejos de allí, puede encontrarse con otro encanto del academicismo francés: la cavernosa Grande Galerie de l’Évolution de Jules André, que presenta miles de especies animales, y afianza el extremo sur del majestuoso Jardin des Plantes.
La sala de lectura Labrouste de la Biblioteca Nacional, Site Richelieu, en París.  (Francois Guillot/Agence France-Presse — Getty Images)
         La sala de lectura Labrouste de la Biblioteca Nacional, Site Richelieu, en París.      (Francois Guillot/Agence France-Presse -                 Getty Images)

La mayor parte de los visitantes conocen bien el Musée d’Orsay, ex estación del ferrocarril Gare d’Orsay convertida en 1986 en lo que se transformó en el segundo museo más popular de París después del Louvre. Aunque la mayoría desconoce que también es uno de los mejores ejemplos del academicismo francés en la ciudad. La obra maestra de Victor Laloux, terminada, al igual que el Grand Palais, para la Exposición Universal de 1900, tiene una base de mampostería clara enorme engalanada por grandes ventanas con arcos, coquetas guirnaldas de piedra y balaustradas y frontones clásicos. Su cielorraso macizo, abovedado, con arcos bordeados de flores y cuadrados de vidrio brillantes, se abre en un espacio sorprendentemente amplio cruzado por puentes y ribeteado por galerías en bloque.
La sección más famosa del museo, su colección inigualable de arte impresionista, se encuentra en el último piso, pero no deje de visitar las áreas igualmente valiosas y menos frecuentadas, como los diseños de art nouveau de toda Europa. Mientras se encuentre en París, trate de visitar más estaciones espléndidas del ferrocarril de estilo académico francés, con sus fachadas decoradas y sus interiores cavernosos de hierro y vidrio, que incluyen a la Gare du Nord, Gare de l’Est, Gare de Lyon y Gare St.-Lazare.
Desde la Rue de Richelieu, apenas podría decir que la ex Biblioteca Nacional de Francia, hoy denominada Bibliothèque Nationale, Site Richelieu, (la Biblioteca Nacional François Mitterrand de Dominique Perrault ahora es la ubicación principal de la biblioteca), es una de las maravillas más grandes construidas en la ciudad.
Diseñada por un egresado famoso de la École des Beaux-Arts, Henri Labrouste, la fachada de piedra severamente austera revela solamente frontones románicos firmes, columnas corintias y unos pocos toques clásicos más. Pero, camine por su interior y se quedará maravillado. El hall de la biblioteca de 1867, la sala de lectura de Labrouste, está inundada de espacio y luz gracias a una serie de claraboyas abovedadas decoradas de colores sobrenaturales, soportadas por columnas de hierro forjado altas y delgadas.
Sus arcos de piedra redondeados están cubiertos de libros y murales de paisajes, e incluso sus escritorios de madera oscura, con lámparas de vidrio verde protuberantes son sorprendentes. Créase o no, hay una sala de lectura aún más grande en el complejo, la Sa­lle O­vale con techo de vidrio de Jean-Louis Pascal, aunque estará cerrada hasta 2020 por reformas.
Para tener un panorama fenomenal de la capacidad de La­brouste, visite la Bibliothèque Saint-Geneviève, cubierta por dos cielorrasos largos y en forma de tubo, cerca del Panthéon. Más cerca del Site Richelieu, explore la mítica Ópera de París de Charles Garnier. Si bien combina la escala y majestuosidad del diseño del academicismo francés, generalmente está clasificada como neobarroca por su nivel de decoración.
El Grand Palais fue el centro de atención en la exposición de 1900, y todavía se encuentra en la Avenue Winston Churchill, como una cuña entre Champs-Élysées y el Pont Alexandre III del academicismo realizado por Eugène Hénard, con sus vanos arqueados, columnas importantes y estatuas cubiertas de oro. Aunque su hermano vecino, el Petit Palais de Charles Girault (originariamente denominado Palais des Beaux-Arts de la Ville de Paris), es probablemente un ejemplo más sublime del estilo de Beaux-Arts.
Envuelto alrededor de un patio semicircular exuberante y al que se accede por una puerta de piedra y vidrio estratificada, el museo, que exhibe el arte francés de los siglos XIX y XX, evoca genuinamente un palacio, con sus salas abovedadas, muy iluminadas, murales sorprendentes, frescos y pórticos, además de herrajes y adornos intrincados y curvos.

Fuente: clarin.com

SALVATOR MUNDI SIGUE DANDO QUE HABLAR

                          Salvator Mundi


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EL IMPERIO DE LOS AMORES PROHIBIDOS


Sus tres ventanales se abren prodigiosamente sobre un jardín abandonado en donde se pueden percibir, de vez en cuando, inocentes conejitos saltando entre sus rejas”. Así le describía Rodin a Rilke el departamento que el escultor habitaba en el Palacio Biron y la vista al exterior que tenía su suite.

Museo Rodin: Imperio de los amores prohibidos
   ElPalacio Biron, sede del Musée Rodin, en París.


Por Jorge Fernández Díaz


Francois Auguste René Rodin, el titán de la escultura moderna, se instaló en 1908 en esas habitaciones legendarias y desarrolló allí las mejores ocurrencias de toda su obra.

Hoy ese palacete rococó se ha transformado en su museo oficial, los cuartos contienen una cronología de sus yesos, mármoles y bronces, y aquel jardín abandonado es ahora un luminoso rectángulo de rosas, plantas y árboles modelados en forma cónica, que custodian a lo lejos la Torre Eiffel y el Domo, en cuyos subsuelos dormita Napoleón.
El paseo es siempre una experiencia alucinante, y cada visita permite descubrir aspectos nuevos. Sobre todo, en “La puerta del infierno”, que está inspirada en “La Divina Comedia” y que contiene trescientas figuras sufrientes.
Dentro del edificio, se pueden apreciar en detalle las preparaciones, los bocetos y los ensayos de cada una de esas microesculturas luego en ensambladas de una obra infinita.
El averno, abigarrado y activo, se eleva hacia el sol: Dante se hubiera postrado ante semejante despliegue de genialidad.
Muy cerca, resignados y más dolientes que nunca, siguen en pie “Los burgueses de Calais”, una historia heroica de la Guerra de los Cien Años, cuando un grupo de franceses sacrificaron sus vidas para liberar a esa ciudad del asedio inglés.
Los cuatro hombres, delgados y sombríos, marchando hacia el ocaso transmite eternamente una desolación extrasensorial. Enseguida, uno se encuentra caminando junto con ellos, con la soga al cuello y arrastrando los pies hacia el cadalso.
No menos dramática es “Ugolino y sus hijos”: un hombre se inclina sobre sus pequeños vástagos para comérselos. Ignorando por completo lo que representan, turistas alegres se colocan junto a estas dos esculturas y se hacen fotografiar con su mejor sonrisa.
Por allí cerca está “El pensador”, que tiene los rasgos del Dante, de Cronos y del propio Rodin, e intenta transmitir la fe en la naturaleza humana y racionalista.
La Argentina opulenta de aquellos años le encargó una escultura idéntica, que se encuentra en la Plaza del Congreso, que casi nadie se detiene a contemplar y que incluso de vez en cuando es vandalizada por marginales o agitadores, todos ellos ignorantes por opción.
La relación de Rodin con los argentinos fue intensa, aunque no siempre apacible. Rodin esculpió a Sarmiento y levantó una enorme polvareda.
Era un Sarmiento aguerrido y desafiante, pero sus críticos dijeron que lo había hecho más feo de lo que era y le había fabricado “un cráneo de degenerado, y la cabeza de un notario o de un farmacéutico de aldea”. Sigue sin embargo allí, en el parque Tres de Febrero de Buenos Aires, donde hoy casi nadie lo mira.
Subiendo las escaleras del antiguo hotel Biron, uno imagina la vida cotidiana y las obsesiones de Rodin, y los ídolos literarios y pictóricos que lo rodeaban y lo atraían: Balzac, Víctor Hugo y Georges Clemenceau, aquel gran escritor periodístico (editor y amigo de Emile Zola) que visitó la Argentina durante las fiestas del Centenario, en 1910, y compuso un libro memorable sobre la superpotencia económica que éramos entonces.
Lo inquietante es que, según el amigo de Rodin, en aquel momento los argentinos habíamos superado el gran defecto de muchas naciones jóvenes: copiar a Europa, pero solo a medias. Después empezó nuestra barranca abajo y abrazamos ese defecto con ardor evidente. Así nos fue.
Rodin también tenía en ese hotel cuadros de Van Gogh, de Renoir y de Monet, y sus propios dibujos demostraban un interés marcado por la sexualidad femenina.
Incontables obras en yeso o en bronce transmiten erotismo, aunque en muchos casos no son hombres y mujeres abandonados a la lujuria sino a la paz espléndida de los entretiempos.
“Soy bella” es esa clase de escultura que debe mirarse una y otra vez, desde distintos ángulos y en sucesivas visitas: un hombre alza a una mujer como si fuera un niño, celebrando con alegría su hermosura y la suerte de ese premio.
“El beso” es de inspiración dantesca: allí están Paolo y Francesca condenados por su amor adúltero (eran cuñados) a sufrir los castigos infernales.
Pero en ese instante de entrega sin pudores, no hay pecado ni sufrimiento, sino pura sensualidad amorosa y lánguida. Precisamente esa dulzura sentimental hizo que Rodin la resignificara y la apartara de “La puerta del infierno”, adonde estaba destinada y donde fue reemplazada, para que tuviera una existencia independiente.
El adulterio era un tema imperioso que lo martirizaba. Rodin había conocido a los 24 años a Rose Beuret, quien fue su modelo y esposa, y madre de su hijo.
Pero quedó luego prendado de una joven aprendiz, que se transformaría en su musa y amante: Camille Claudel. Ese amor tortuoso necesita contarse una vez más, quizás porque encierra historias calcadas o equivalentes de todos los tiempos, y porque se trata de una alegoría extrema de ese averno que a menudo son las relaciones clandestinas.
O a lo mejor no se trata de nada tan trascendente, sino del simple morbo que nos produce la chismografía trágica.
Camille, como todo el mundo sabe, tenía una vocación volcánica, y Rodin fue su primer profesor. Al año siguiente, ella comenzó a trabajar en su taller: sus facciones y su cuerpo pueden rastrearse en múltiples obras de aquella época.
Claudel demostraba un enorme talento propio, y Rodin le confiaba la hechura de pies y manos de sus grandes esculturas. Cuando ella tenía diecinueve años, y él cuarenta y tres, Auguste le escribió una carta desesperada donde la trataba de “feroz amiga mía”, le confesaba su “atroz locura”, le pedía que no tuviera celos de ninguna otra y le rogaba que no lo dejase nunca: “Toda mi alma te pertenece”.
Mientras Camille Claudel se convertía en una eximia artista, experimentaron juntos una pasión larga, dichosa y conflictuada, aunque Rodin jamás condescendió abandonar a Rose Beuret. Y esa ambivalencia literalmente enajenó a la muchacha.
Que en un momento de amargura e inspiración creó “La edad madura”, un increíble conjunto escultórico donde Camille está arrodillada e implorante, mientras Rodin se marcha con una vieja bruja: Rose Beuret, su rival triunfante.
Esa soberbia recreación del drama íntimo que vivían se encuentra hoy en el Palacio Biron, y resulta realmente desgarradora. Uno de los más impresionantes tesoros de París.
Camille Claudel cayó en sucesivas crisis nerviosas y en depresiones, pasó encerrada los últimos treinta años de su vida, al morir su padre la internaron en un manicomio y al final la sepultaron en una tumba sin nombre.
Isabelle Adjani y Juliette Binoche la encarnaron en el cine. A los pocos días descubrimos que frente a nuestro atelier de la Cité International de las Arts, cruzando el Sena, una placa señala la casa donde transcurrieron sus años de aislamiento, tristeza y demencia.
Allí se rescata un fragmento de una misiva que alguna vez le envió a Rodin. La frase es elocuente: “Siempre hay algo ausente que me atormenta”.
En la librería del Museo Rodin se destaca un libro que reúne la profusa correspondencia del maestro con su gran discípulo: Antoine Bourdelle.
Para hallar las esculturas de este segundo titán, que también se relaciona con la historia argentina, cruzamos caminando un París dominguero y semidesierto fuera de los círculos turísticos, con 29 grados a la sombra y un sol calcinante de primavera.
El Museo Bourdelle es más pequeño y recóndito, se encuentra en una calle insulsa detrás de las Galerías Lafayette de Montparnasse. Antoine fue ayudante de Rodin cuando los encargos llovían, pero más tarde siguió su propio destino.
Dividía sus obras en “alimentarias” y “artísticas”. Las primeras le permitían comer; las segundas experimentar su visión vanguardista.
Allí nos reunimos con el fenomenal “Hércules arquero”, que pasa inadvertido en la Plaza Dante de Buenos Aires, pero que también puede verse en el Metropolitan de Nueva York.
Y con “El centauro moribundo”, que se ha vuelto invisible para la mayoría de los porteños en las inmediaciones de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes.
El centauro tocado y hundido, de patas traseras caídas y una contorsión imposible de su cabeza y de su torso, está lleno de poesía y provoca una pena invencible.
Bourdelle, con el tiempo, cayó en ciertos gigantismos. Y su obra cumbre es el monumento ecuestre sobre un héroe controvertido: Carlos María de Alvear.
El escultor tardó diez años en finalizarlo, fue inaugurado en 1925 y ya casi nadie se detiene a contemplarlo en lo alto de la Plaza de Caro.
Avanzando por el jardín de Bourdelle, uno puede encontrarse con ese caballo marcial, y en los interiores de su viejo taller, con los distintos ensayos y maquetas de la obra.
Alvear era hijo de un noble español, miembro de la masonería de Cádiz e introductor de San Martín en la sociedad del Río de la Plata.
Pero desde el primer día rivalizó duramente con el héroe de Maipú y Chacabuco, y a lo largo de los años se transformó en un íntimo y fiel enemigo.
Alvear fue oficial del Regimiento de Granaderos a Caballo y padrino de casamiento del guerrero de Yapeyú. El aristócrata pretendía que aquel coronel, en devolución de tantas gentilezas, actuara como un eterno subordinado suyo.
Pero San Martín fue rebelde a ese mandato implícito, y se fue distanciando por cuestiones políticas y de temperamento personal.
La Logia Lautaro se partió entonces en dos, y Alvear participó después en el sitio de Montevideo, batalló contra Artigas, fue nombrado director supremo de las Provincias Unidas, creó una dictadura centralista y cometió errores, participó en revoluciones internas y en guerras latinoamericanas, y cumplió polémicas misiones diplomáticas en Bolivia, Estados Unidos e Inglaterra.
A la vuelta de sus campañas militares, ya veterano y amargado, el general San Martín compartió una reunión social con Alvear en Londres, donde el segundo quiso chicanearlo en público y por muy poco la cosa no termina en un duelo a sable o pistola.
Ese personaje de luces y sombras, que hubiera inspirado decenas de películas épicas en Hollywood, se yergue todavía sobre la ciudad de Buenos Aires gracias a la intensidad detallista y genial de un hombre llamado Boudelle. Alumno de Rodin, compañero de Camille, apologista de Alvear. A veces París queda demasiado cerca.

Jorge Fernández Díaz
Jorge Fernández Díaz es un periodista y escritor argentino. En sus libros se mezcla el periodismo con la literatura. Alterna en sus relatos temas emocionales y cotidianos de gente común y corriente, con historias épicas de héroes contradictorios. Ha escrito seis novelas, numerosos cuentos, crónicas, críticas y artículos. Fue redactor especial y cronista policial de La Razón, en épocas del editor Jacobo Timerman. Emigró luego a la Patagonia, donde fue jefe de redacción de El Diario del Neuquén. A su regreso a Buenos Aires, asumió la jefatura de Política de El Cronista y, más tarde, fue subdirector de las revistas Somos y Gente. Fue también subdirector y miembro del grupo fundador del diario Perfil. Asimismo, fue director de la revista Noticias, y del suplemento semanal ADN Cultura, que fundó junto con Tomás Eloy Martínez. Actualmente, es columnista del diario La Nación y conduce el programa Pensándolo Bien por Radio Mitre. El 9 de junio de 2016 fue elegido académico de número de la Academia Argentina de Letras.



DESCUBREN EL DEDO FALTANTE DE UNA ESTATUA ROMANA... EN EL LOUVRE


La pieza faltante estaba inhallable desde hacía siglos. 
El museo francés descubrió que lo tenía en posesión desde 1863.

Foto: Twitter


El Museo del Louvre en París descubrió en sus colecciones el dedo índice de 38 centímetros de alto que le faltaba desde hace siglos a una mano de la famosa estatua del emperador Constantino, cuyos fragmentos se exhiben en los Museos Capitolinos de Roma.
El museo francés descubrió que estaba en posesión del dedo desde 1863. A través de un trabajo de investigación sobre técnicas de soldadura en estatuas de bronce antiguas se identificó el fragmento como dedo índice de Constantino, informó la entidad.
El fragmento proviene de la colección del empresario y coleccionista de arte italiano Giampietro Campana, a quien el Louvre dedicará una amplia exposición en noviembre. Bajo Napoleón III, Francia adquirió gran parte de la colección Campana, junto con Reino Unido y Rusia.
Según Claudio Parisi Presicce, director de los Museos Capitolinos, el dedo muy probablemente fue separado de la mano en 1584. Ya en un grabado que realizó el abad Diego Revillas en 1759 la mano aparecía sin dedo índice, explicó Presicce.
Para la muestra prevista en noviembre en el Louvre bien puede ser que la mano del emperador pueda ser vista por primera vez junto con su índice, aseguró el Louvre. Actualmente Roma está analizando la posibilidad de un préstamo.


Fuente: clarin.com

LA ESCULTURA EL PENSADOR DE RODIN NO ESTÁ EN SU LUGAR
¿QUÉ PASÓ?


La sacaron para restaurarla. Tendrá una base más alta que la de hasta ahora.


Vacío. ¿A dónde está el Pensador? La figura está siendo restaurada en el MOA./ Guillermo Rodriguez Adami
                         Vacío. ¿A dónde está el Pensador? La figura está siendo restaurada en el MOA./ Guillermo Rodriguez Adami


Los que pasen estos días por la Plaza del Congreso se encontrarán con el pedestal vacío de la estatua de El Pensador, del francés Rodin. La figura ya no está. Sólo quedó la base, de un metro y medio de altura, rodeada de una reja para evitar actos de vandalismo.


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    La obra. Así se la veía, hasta el martes. / Archivo Clarín
¿Qué pasó con El Pensador? La escultura del francés Auguste Rodin, uno de los mayores tesoros del arte público porteño, fue retirada el martes pasado de su histórico lugar en la plaza con destino a los talleres de Monumentos y Obras de Arte (MOA) en Palermo, para una limpieza y revisión.
Mientras tanto, se remodelará su pedestal, que pasará a tener el doble de altura. Para restaurarlo no habrá que demoler el actual: se le agregará un cubo de hormigón o mampostería.
El pedestal, ahora vacío, será restaurado y pasará a tener el doble de altura. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.
    El pedestal, ahora vacío, será restaurado y pasará a tener el doble de altura. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Es la primera vez que la estatua del Pensador es retirada, ya que siempre se restauró en su lugar. Todos los años se revisan los monumentos de la Ciudad y se intervienen, según la necesidad. En este caso, MOA se encargará de la escultura y nosotros, de la restauración del pedestal y el paisajismo que lo rodea", explica a Clarín Ezequiel Capelli, subsecretario de Mantenimiento del Espacio Público. Y señala que la figura tardará un mes, aproximadamente, en volver renovada a la Plaza del Congreso.
La idea de la restauración surgió en reuniones entre la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos que preside Teresa Anchorena, la ONG Basta de Demoler y el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad. "Los descendientes de Rodin nos hicieron una visita desde Francia y recorrieron las obras del escultor que están en la Ciudad. Quedaron muy conformes con todas y realizaron algunas observaciones que vamos a cumplir. Por eso, El Pensador está en el MOA. Allí le harán una limpieza, reemplazarán los anclajes y le aplicarán un proceso para volver la superficie a su configuración original", indica Capelli.
  
La estatua sufrió múltiples ataques de vandalismo, los últimos en los incidentes violentos de las manifestaciones de diciembre./ Archivo Clarín
La estatua sufrió múltiples ataques de vandalismo, los últimos en los incidentes violentos de las manifestaciones de diciembre./ Archivo Clarín

Durante años, la escultura sufrió múltiples ataques vandálicos. Pintadas, inscripciones, frases, tanto en su base como en la figura de bronce. En 2013, el Gobierno de la Ciudad decidió cercarla con un blindex que después fue retirado. Ahora le harán una base más alta para que nadie pueda treparse. "En las reuniones de la Comisión se decidió que la escultura se iba a elevar un poco más para que no esté tan a mano del vandalismo", dice Capelli.
La altura colaborará también a tener una mejor perspectiva. Habrá que alejarse más para apreciar la figura de El Pensador sobre un alto pedestal coronado por el Congreso de la Nación.
Primer plano. De la escultura de Rodin en Congreso. / Archivo Clarín
   Primer plano. De la escultura de Rodin en Congreso. / Archivo Clarín

El Pensador fue creado por el artista francés en 1880, como parte del conjunto escultórico Las puertas del infierno, basado en la Divina Comedia del poeta italiano Dante Alighieri.
Rodin decía que ese hombre pensaba no sólo con el cerebro sino con todo el cuerpo. Iba a ser colocado en un museo parisino que nunca se construyó. En 1906 el artista retomó la obra y fundió tres “pensadores” del mismo molde inicial, incluso con su firma. El entonces director del Museo Nacional de Bellas Artes, Eduardo Schiaffino, encargó a París una de ellas y llegó a Buenos Aires en 1907. La idea era destinarla a las escalinatas del Congreso pero la demora en la construcción de ese edificio obligó a dejarla en la Plaza del Congreso, que fue inaugurada para el Centenario. Tras algunos intentos de mudarlo, El Pensador quedó ahí. Hasta ahora, aunque su ausencia será temporal.


Fuente: clarin.com