TEATRO SAN MARTÍN: 70 AÑOS DE CULTURA

El frente del TSM sobre la Avenida Corrientes al 1500
Editorial Diario La Nación
 
El Teatro San Martín (TSM) cumple hoy 70 años plenos de historia, éxitos y también, claro, de polémicas. Se trata, entonces, de un aniversario para celebrar y para reflexionar, una actividad esta última que a los argentinos suele costarnos, dados siempre a adherir impulsivamente a un solo aspecto de la realidad.
Desde el primer momento quiso el destino que el predio del futuro TSM estuviera dedicado a alojar allí un teatro: en 1911, se creó Teatro Nuevo, que más tarde sería Teatro Corrientes; luego, otorgado en comodato, en ese ámbito funcionó el legendario Teatro del Pueblo y, por fin, en 1943, el Gobierno quitó la concesión y, un año después, creó el denominado Teatro Municipal de la Ciudad. En 1953 comenzó a construirse el edificio actual -obra del prestigioso estudio del arquitecto Mario Roberto Álvarez- que se terminó en 1960 y que, desde ese momento, se transformó en un hito patrimonial y cultural para todos los argentinos.
Un párrafo aparte merece la Fundación Amigos del Teatro San Martín, creada en 1990, cuyo papel ha sido y es fundamental en la búsqueda de apoyos económicos e institucionales, colaborando en la mejora de las producciones y preservando su patrimonio artístico y edilicio.
Los 70 años serán festejados como corresponde, con un criterio curatorial que busca cruzar "la memoria con la identidad y la historia": habrá una programación especial, coproducciones, títeres, Teatroxlaidentidad y, también, un documental cuya dirección estuvo a cargo del director Eliseo Subiela. Pero uno de los puntos más destacables es que ha sido idea del ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, y del director general del Complejo Teatral de Buenos Aires, Alberto Ligaluppi, integrar todo el recorrido cultural sobre la calle Corrientes, del cual el TSM es el gran representante; por ello, habrá también a lo largo del año un desfile callejero de los titiriteros del teatro, y un ciclo de funciones especiales en el Paseo La Plaza, el teatro Picadero y el Cultural San Martín, para que el teatro oficial se una con el comercial y el alternativo, y así se potencie el teatro de Buenos Aires.
A lo largo de su existencia, el Teatro San Martín -y ahora el Complejo Teatral que integra desde 2000 con los teatros Presidente Alvear, Regio, Sarmiento y de la Ribera- ha logrado erigirse en símbolo del amor por el teatro y por la libertad de expresión, aun en los momentos más oscuros de la historia argentina. Este año, en ocasión del aniversario, también empiezan a publicarse libros que buscan reflejar esa historia, con sus distintas particularidades, y como balance estético e histórico de 70 años de producción ininterrumpida.
Es un momento clave, tanto para el teatro mismo como para la comunidad cultural porteña: el San Martín está en obra, porque se tiene la intención de renovar todas sus salas, con una inversión de 315 millones de pesos, como una apuesta al futuro, pero también un reconocimiento a su historia.
Es, por fin, un motivo de orgullo para todos que, a través de los años y de sus distintas gestiones culturales, el Teatro San Martín se haya transformado en sinónimo de cultura argentina en el mundo.

Fuente: lanacion.com

CHARLIE CHAPLIN TENDRÁ SU MUSEO

Proyecto
Se restaurará su casa en Suiza, que albergará muestras sobre sus films


CORSIER-SUR-VEVEY (AFP).- Tras catorce años de negociaciones, trámites y bloqueos, el proyecto de museo dedicado a Charlie Chaplin (1889-1977), en su residencia en Suiza, podría abrir sus puertas en la primavera boreal de 2016. En la inmensa propiedad de 14 hectáreas de la mansión de Ban, donde Charlie Chaplin vivió los últimos 25 años de su vida, se distingue una excavadora, prueba de que se superaron todos los obstáculos existentes para llevar adelante este proyecto a la vez artístico y cultural.
Tres de los ocho hijos que Charlie Chaplin tuvo con Oona O'Neill estuvieron presentes en el anuncio: Michael, Eugene y Victoria. Cinco de sus hijos viven en Suiza, mientras que los otros tres viven en Colombia, los Estados Unidos y Francia. "Mis padres fueron felices aquí", afirmó Eugene Chaplin, quien contó que su padre paseaba todos los días en los jardines de la mansión, bajo la sombra de árboles centenarios, "incluso cuando llovía". El proyecto comprende la restauración de esta casa neoclásica construida hace unos 200 años, y la construcción de una nueva estructura para albergar el museo. La Mansión podrá ser visitada como la última morada de Chaplin, y el museo será dedicado a la obra del cineasta, actor y compositor, con unos 4000 metros cuadrados de exposición. Los visitantes podrán descubrir al artista desde sus modestos orígenes en Londres hasta su período en Hollywood. Se reconstituirán escenografías de sus films, entre otros la Easy Street que aparece en varias de sus películas.
El museo Grévin, que participa en el proyecto, presentará unos treinta personajes de cera, entre ellos Charlie Chaplin, pero también personajes célebres con los que compartió momentos de su vida. Se calcula que unas 300.000 personas visitarán cada año este museo cuando abra sus puertas.

Fuente: lanacion.com

QUINO:
PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS PARA UN ARTISTA UNIVERSAL

CULTURA 

Es el primer historietista en ganarlo. Mafalda, la tira que recorrió el mundo, retrata con agudeza y cariño la clase media argentina.
Aplausos. Quino, ayer, llega la conferencia de prensa en el Centro Cultural de España en Buenos Aires./ LUCIA MERLE
Aplausos. Quino, ayer, llega la conferencia de prensa en el Centro Cultural de España en Buenos Aires./ LUCIA MERLE

Es 1935. Es Mendoza. Un matrimonio decide ir al cine y deja a los chicos a cargo del tío Joaquín. No hay televisión, claro, así que el tío ilustrador dibuja y hace dibujar hasta que a los chicos los vence el sueño: uno de sus sobrinos descubre esa noche, y para siempre, que de un lápiz puede salir un mundo.
Es 1963. El niño del descubrimiento ya estudió Bellas Artes, ya vive en Buenos Aires y ya vive de dibujar. La empresa de electrodomésticos Mansfield le encarga una campaña gráfica con la única condición de que el nombre del personaje principal empiece con M, como la marca. La empresa se funde. El personaje está inventado.
Es ayer a la mañana. Es Buenos Aires. Suena el teléfono en la casa de Quino –a quien le inventaron un apodo para no confundirlo con el tío Joaquín–. Llama su sobrina Julieta, atiende Alicia, la compañera de siempre del artista. El creador de Mafalda, sacándole punta y mundos a los lápices, acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. No le habían revelado, la noche del martes, que era finalista, junto al periodista mexicano Jacobo Zabludovsky y al filósofo español Emilio Lledó. Que había superado a candidatos como la agencia fotográfica Magnum y los creadores de Skype.
“Esto me ha sorprendido mucho, no sé ni siquiera lo que tengo que decir... todavía estoy en la camita”, le dijo Quino a Clarín a media mañana. Se trata de uno de los ocho premios que cada año otorga a cada ganador 50 mil euros y una escultura diseñada por Joan Miró.
Y se trata, nada menos, de la primera vez que la Fundación Príncipe de Asturias de España reconoce a un historietista: “La historieta debería ser más respetada. Puede ser considerada un ‘arte menor’, pero como medio de comunicación puede difundir humor y también ideas. Todavía hay quien te pregunta ‘¿Además de los dibujitos, qué trabajo hacen? Por ahí este premio los hace reflexionar, se entusiasman y leen una historieta. Como representante del colectivo de la historieta y el humor, me siento muy contento”, dijo ayer a la tarde Quino, en la conferencia de prensa que ofreció a los medios argentinos después de que los husos horarios le dieran prioridad a los ibéricos y de almorzar con Kuki Miler y Daniel Divinsky, editores históricos y escoltas en sus presentaciones.

El director del Instituto Cervantes, Víctor de la Concha presidente del jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, lee el acta del jurado que otorga el galardón de esta edición al humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado "Quino" creador de "Mafalda". EFE
El director del Instituto Cervantes, Víctor de la Concha presidente del jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, lee el acta del jurado que otorga el galardón de esta edición al humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado "Quino" creador de "Mafalda". EFE

“La obra de Quino conlleva un enorme valor educativo y ha sido traducida a numerosos idiomas, lo que revela su dimensión universal. Sus personajes trascienden cualquier geografía, edad y condición social”, señaló el jurado, que estará con el Príncipe Felipe en la entrega del premio, en octubre. Habla de un autor traducido a más de treinta idiomas. Que en la Argentina ha vendido unos 2,5 millones de ejemplares de cada uno de los diez volúmenes de Mafalda. Pero no sólo de ese personaje, su familia y sus amigos se nutre el premio: la burocracia, las desigualdades sociales y el poder siempre fueron tema para un retratista que encontró a una musa en la clase media argentina que volvía y vuelve del supermercado desencajada porque la inflación “SUNESCAN DALUNA BUSO”.
La vigencia que hizo estallar ayer las redes sociales, la que pone a Quino a firmar libros por tres horas y a tres generaciones en cada Feria del Libro es un misterio para el autor: “Lo que escribí hace 40 años sigue de moda, no lo entiendo, porque el mundo ha cambiado mucho; lo que creo es que la curiosidad infantil puede cambiar de tema pero se mantiene porque los chicos siempre tienen que aprender todo”, dijo ayer. A Clarín le contó que sus pasos por estas últimas Ferias, lo hacen sentir “muy contento”: “Uno se pasa la vida en una tarea solitaria y de repente le ves la cara a la gente que te ha leído”.
Ayer, entre amigos y periodistas de los dos lados del Atlántico, a Quino le surgió una reflexión: “¿Qué pensarían hoy mis padres, andaluces y republicanos, al saber que recibo un premio de la monarquía?”. ¿Quién sabe? Tal vez pensarían en lo bien que hicieron en ir al cine.

Fuente: clarin.com

VENDEN POR INTERNET
LOS RESTOS DEL PABELLÓN ARGENTINO DE 1889

Una familia pide $ 1,5 millones por lo que queda de la monumental estructura de hierro creada para la exposición internacional de París; las columnas y las vigas están en un campo de Merlo
El imponente Pabellón Argentino que participó de la Exposición Universal de París en 1889  Foto: Archivo
El imponente Pabellón Argentino que participó de la Exposición Universal de París en 1889. Foto: Archivo

Hace dos meses, un inusual producto empezó a venderse por Internet: los restos del Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889. La estructura, que formó parte de la feria mundial en la que la Argentina se mostró al mundo junto a la Torre Eiffel a fines del siglo XIX, y que fue declarada Bien Cultural de la Ciudad por la Legislatura porteña en 2009, está compuesta por 16 columnas de 9 metros de alto, ocho cabriadas y doce vigas de entrepiso. Según sus vendedores, representa un tercio del pabellón original. Hoy se puede conseguir, con un clic, a $ 1.500.000 en Mercado Libre.
Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar

Sus propietarios, herederos de Isidro Solana, el último dueño, que instaló la estructura en el fondo de su casa en Mataderos, explicaron a LA NACIÓN que decidieron ponerla en venta "para cerrar un ciclo de la historia". Es que, antes de llegar a sus manos, había pasado por un ajetreado periplo de 125 años.
En 1889, el pabellón se mostró en todo su esplendor en París con sus vitrales, sus cúpulas y lámparas eléctricas que lo mantenían iluminado durante la noche. Después de la exposición, se lo desmontó y se lo trajo a Buenos Aires, donde fue sede de la Exposición Internacional del Centenario de la Revolución de Mayo y, luego, del Museo Nacional de Bellas Artes.
En 1894 se demuelen los cuarteles de Retiro y se coloca allí el Pabellón Argentino.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
En 1894 se demuelen los cuarteles de Retiro y se coloca allí el Pabellón Argentino.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar

En 1933 se lo remató como chatarra. Cuando, en 1947, Solana compró una propiedad sobre la calle Andalgalá al 1400, en Mataderos, los hierros ya estaban apilados allí. Él los ensambló y les colocó un techo de postes de lapacho y chapas bajo el que funcionaron una fábrica de carruajes y un taller hasta años antes de su muerte, en 1997.
"Desde entonces la intención fue venderlo -explicó una de sus hijas, que pidió no publicar su nombre-, aunque para eso teníamos que estar seguros de su valor. Mi papá siempre pensó que había sido un cuartel de los Granaderos que había funcionado en la plaza San Martín. Pero después de investigar en archivos, bibliotecas y hemerotecas, con mi hermano descubrimos que era parte del Pabellón de París." Visitaron a un anticuario ya fallecido de apellido Bonamassa, en el barrio de San Telmo, quien estimó el valor de la estructura en 600.000 dólares.

Frente superior del Pabellón.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
Frente superior del Pabellón.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar

A partir de entonces, se sucedieron ofertas a particulares, entidades públicas y privadas, pero ninguna prosperó. Según contó la hija de Solana, funcionarios del gobierno porteño mostraron su interés por comprar la estructura en 1998, aunque la operación no se concretó. Relató que también se la ofrecieron al Museo Nacional de Bellas Artes, pero no recibieron respuesta, y que incluso le enviaron una carta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
La construcción despertó el interés del público ya que se trataba de un edificio muy moderno.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
La construcción despertó el interés del público ya que se trataba de un edificio muy moderno.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar

"Le contamos la historia del pabellón y que visitamos un museo en Trevelin en el que está el diploma ganador al mejor trigo del mundo en 1889, trigo de la Patagonia. La mandamos hace dos o tres años a Balcarce 50, no sé si se la habrán hecho llegar", recordó.
Los festejos del Bicentenario reactivaron la intención de vender los restos. "Vimos que el gobierno de San Luis había hecho una réplica impresionante del Cabildo y pensamos que tal vez les podría interesar. Les llevamos una carpeta con toda la información, pero no pasó nada más", relató la hija de Solana. "Después leímos que Francisco de Narváez había comprado una biblioteca de Perón en una subasta millonaria y le escribimos un mail, pero nos respondió muy amablemente que no estaba interesado", agregó.
El Pabellón, el Plaza Hotel, todo muy desolado.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
El Pabellón, el Plaza Hotel, todo muy desolado.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar

En agosto de 2002, los terrenos de la calle Andalgalá al 1400 se vendieron, la estructura se desarmó y hoy hay construidos unos dúplex. Según asegura uno de los nietos de Solana, los hierros se encuentran en un campo en Pontevedra, partido de Merlo, en la provincia de Buenos Aires.
"Elegimos difundir la venta por Internet porque es lo más visto", explicó el joven, que es usuario activo del sitio Mercado Libre desde hace casi diez años. Hasta el momento, admitió, no recibieron ninguna oferta. "Es un bien con un triple valor: por su antigüedad, su conservación y su material, ya que las columnas llevan un sello de origen de Anzin, Francia", opinó la hija de Solana.

Se observa la iglesia Santísimo Sacramento y en el centro del predio el monumento a San Martín.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
Se observa la iglesia Santísimo Sacramento y en el centro del predio el monumento a San Martín  Foto: www.arcondebuenosaires.com.ar

"Da nostalgia venderlo. Mi papá estaba tan orgulloso y trabajó como loco para armarlo con sus propias manos, pero no sé qué podríamos hacer con él. Sería un sueño que lo volvieran a armar para eventos o exposiciones, o que algún privado lo compre para instalarlo al aire libre. Tal vez algún empresario como Alan Faena, aunque no sabemos cómo llegar a él", agregó.

La muestra del Bellas Ares en la exposición del Centenario se montó en la Plaza San Martín frente al Hotel Plaza.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
La muestra del Bellas Artes en la exposición del Centenario se montó en la Plaza San Martín frente al Hotel Plaza  Foto: www.arcondebuenosaires.com.ar

UN PERIPLO DE 125 AÑOS

1889
El Pabellón Argentino se armó en París. Luego, en Buenos Aires, fue sede de la exposición por el centenario de la Revolución de Mayo
2014
Tras ser rematada como chatarra en 1933, los restos fueron hallados en una casa de Mataderos. Hoy, permanecen en un campo de Pontevedra, Merlo.
El Pabellón Argentino en la Plaza San Martín.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
El Pabellón Argentino en la Plaza San Martín  Foto: www.arcondebuenosaires.com.ar
Detalle de “La Argentina”, obra de Jean Dominique Hugues colocada al frente de Pabellón.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
Detalle de “La Argentina”, obra de Jean Dominique Hugues colocada al frente de Pabellón  Foto: www.arcondebuenosaires.com.ar
En la actualidad el grupo escultórico se encuentra en la Escuela Técnica Raggio.  Foto:  www.arcondebuenosaires.com.ar
En la actualidad el grupo escultórico se encuentra en la Escuela Técnica Raggio  Foto: www.arcondebuenosaires.com.ar
 
Opinión

Un viaje de París a Mataderos

Por Daniel Balmaceda / Para LA NACIÓN
En 1888, el escritor Eugenio Cambacéres fue el encargado de resolver una misión complicada en París. Al año siguiente se llevaría a cabo la Exposición Universal conmemorativa del centenario de la Revolución Francesa. Cambaceres logró convencer a los franceses para que la Argentina armara un pabellón independiente del resto de las naciones latinoamericanas. También consiguió que fuera instalado al pie de la flamante torre Eiffel, símbolo de la exposición.
Se presentaron 27 diseños que debían cumplir con un requisito: que la obra fuera desmontable para poder llevarla a Buenos Aires, una vez finalizada la exhibición. El arquitecto francés Albert Ballu ganó el concurso con el proyecto de una mole de hierro y vidrio que alcanzaba los 23 metros de altura, exhibía cinco cúpulas y presentaba cuatro figuras aladas que coronaban las torres de sus vértices. Los elogios al Pabellón Argentino se propagaron desde el día en que se inauguró la exposición. El presidente francés Sadi Carnot, lo visitó. Su anfitrión fue el vicepresidente de la Nación, Carlos Pellegrini.
El transporte a Buenos Aires fue traumático. Una tormenta obligó a deshacerse de lastre y la cuarta parte del pabellón fue devorada por el Atlántico. El resto fue ubicado en la Sociedad Rural de Palermo, en 1891, hasta que se decidió su emplazamiento en Plaza San Martín, de Retiro. Se completó el armado en 1894, aunque no se le había encontrado una función específica. Recién en 1898, cuando esa plaza fue escenario de una gran exposición nacional, se consideró convertirlo en teatro. La idea quedó a mitad de camino y en 1910, el año del Centenario, fue la sede de la Exposición de Bellas Artes. Su éxito fue tal que la estructura fue convertida en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Fue desarmado en 1933. Los vitraux, las mayólicas y las estructuras metálicas fueron a un depósito municipal. Las figuras aladas adornaron cuatro rincones de Buenos Aires. En la década siguiente, parte del esqueleto se vendió como chatarra. Hace quince años, la historiadora Josefina del Solar contó que se había topado con fragmentos en el fondo de una casa en Mataderos. ¡Qué hubiera sido de la torre Eiffel si nos la hubieran enviado!.

Fuente: lanacion.com

EL ESPACIO VERDE, EN EXTINCIÓN

TRES DIMENSIONES
La ley de bares en plazas porteñas les resta aún más verde a los comprimidos porteños.

Mesas y puestos. Imposible caminar y mucho menos disfrutar del espacio público en Plaza Dorrego, sobre todo un domingo de feria. / LUCIANO THIEBERGER
Mesas y puestos. Imposible caminar y mucho menos disfrutar del espacio público en Plaza Dorrego, sobre todo un domingo de feria. / LUCIANO THIEBERGER

Marta volvió de la plaza Dorrego indignada. Los bares vecinos habían puesto unas mesitas y era imposible que su hijo jugara a la pelota sin importunar a los parroquianos. Y, por supuesto, todos se quejaban. “En San Telmo casi no hay plazas, si las usan los bares, a dónde voy a ir con los chicos”, se lamentaba. La verdad, en ese momento, me pareció que Marta exageraba, qué le hacen unas mesitas a una plaza y qué lindo es tomarse un cafecito bajo los árboles. Hoy, veinte años después, la plaza Dorrego es una exclusiva extensión de los bares. Sus escasos 2.219 metros cuadrados albergan un promedio de 100 mesas, demasiado para una placita que no es ni un cuarto de manzana.
“Es que cuando permitís una explotación comercial de ese tipo, aunque sea limitada, le abrís la puerta a intervenciones mayores que se pueden realizar con un simple cambio en la reglamentación de la ley”, me explica el arquitecto Rodolfo Livingston hablando del caso de mi amiga Marta pero refiriéndose a la nueva ley que permite instalar bares en las plazas. “Es un disparate –termina por explotar Livingston ni bien se mete de lleno en el tema–, dicen que en Europa y Estados Unidos existen bares en las plazas pero París o Nueva York tienen mucho más verde por habitante que los escasos 1,9 metro cuadrado de Buenos Aires”. Y tiene razón, No hace mucho se hizo un ranking de las ciudades con mayor cantidad de espacio verde por habitante y Curitiba, en Brasil, ganaba por muerte (52 m2 por persona), Nueva York rebosaba de verde (23,1 m2/p), París y Santiago de Chile estaban en los límites que establece la Organización Mundial de la Salud, unos 10 metros cuadrados de verde por habitante, y Buenos Aires se ahogaba con su 1,9 metro cuadrado de espacio vegetal por porteño.
La nueva ley permite instalar bares en parques de más de cinco manzanas de tamaño y lejos de los bordes en los que ya haya bares. Los espacios que están en condiciones de ser explotados parecen pocos: Parque Centenario, Lezama, Los Andes, Chacabuco, Las Heras, Thays, Rivadavia, Patricios, Indoamericano, Roca y Sarmiento, la Reserva Ecológica, el Jardín Botánico y las plazas Irlanda y Rubén Darío en Recoleta. Si te ponés en la cabeza (y el bolsillo) de un empresario que además del bar tiene que construir baños públicos, estacionamiento de bicicletas, Wi-Fi y bibliotecas, solo algunos parques son apetecibles. Andá a concesionar un barcito gourmet en el Parque Indoamericano donde la gente necesita metros cuadrados para vivir.
Este es uno de esos típicos negocios en los que nadie le ve la ventaja. Olvidate que pueda ser una fuente de ingresos para la comuna, sabemos que eso no funciona y, además, lo que recauden será chauchas y palitos. Ponele que la gran cosa sea que algunos lugares abiertos tengan baños públicos, como dice Livingston, esa es una responsabilidad de la comuna. “Además –vaticina el arquitecto– van a ser todos containers amarillos. Cuando Carlos Thays colocaba baños en sus parques (el mayor diseñador de parques de la Argentina y autor del paisajismo clásico de Buenos Aires), hacía una suave loma, enterraba un poco la edificación y todo pasaba desapercibido”. Por mí, que crecí y viví sin baños públicos ni en las plazas ni en las calles, que no los instalen nunca.
¿Sabés lo que pasa? El que se quema con leche, ve una vaca y llora. Tantas medidas supuestamente “progresistas” terminaron siendo negocio para tan pocos que ya no creo en nada. La idea de los bares es muy linda si el metro cuadrado de verde de Buenos Aires no fuera una especie en extinción. Pienso en los bares, en las rejas de los parques y se me hace que en un futuro me van a aplicar derecho de admisión o voy a tener que consumir para patear una pelota con mis hijos.

* Editor adjunto ARQ


Fuente: clarin.com

BORGES, ACCIDENTAL CELESTINO DE GIRONDO

Estrellas del pasadoLa popularidad en tiempos de los próceres
Isabel Aquino
Por Daniel Balmaceda / Para LA NACIÓN

   


En 1926, la encantadora pelirroja Norah Lange comenzó a acaparar toda la atención de su primo Jorge Luis Borges, siete años mayor. La pareja salía a caminar por el barrio de la joven, lejos de las miradas de doña Berta, que tenía cinco hijas, pero sólo dos ojos. Norah daba algunas señales de interés, pero la relación no traspasó la barrera que separa la amistad del noviazgo por la timidez del escritor. Las ocasiones de lanzarse a la pileta del amor fueron varias. Sin embargo, para Borges los paseos por el barrio no eran suficientes y esperaba su oportunidad, es decir, un escenario que le permitiera envalentonarse. Ese momento ansiado llegó el sábado 6 de noviembre a la mañana. En la Sociedad Rural Argentina de Palermo, Ricardo Güiraldes sería agasajado por el éxito de su obra cumbre. La reunión se denominaba Fiesta de Don Segundo Sombra. Al respecto, es interesante la mirada de Borges. Notó que a partir de este trabajo, Güiraldes se mostraba menos francés y más criollo, empleando palabras como velay, ahijuna y otras. "Se agauchó", le contaría Borges a su amigo Bioy, años más tarde.
La madre autorizó la salida. Norah Lange y su hermana Ruthy podían asistir a la fiesta si lo hacían acompañadas por Jorge Luis. ¿Sería ésta la oportunidad para que Georgie asestara el golpe final y se apoderara del corazón de Norah? Para la codiciada pelirroja, su existencia se dividiría en un antes y un después de aquella reunión. Pero no por Borges. Esa mañana, Norah Lange (de 20 años) conoció a Oliverio Girondo (de 35). Era abogado por mandato y poeta por gusto. Sobreviviente de la calle -fue atropellado por un automóvil-, alumno revoltoso -le lanzó un huevo de avestruz a su maestro, don Calixto Oyuela- y justiciero por mano propia -fue expulsado de un colegio en Francia por golpear con un tintero al profesor de geografía que osó hablar de los antropófagos de "Buenos Aires, la capital de Brasil"-. Girondo era todo un personaje mundano, con varios kilómetros recorridos. De allí surgió que sus amigos le dedicaran una copla:

"A veces rotundo
a veces muy hondo
se va por el mundo
girando, Girondo".

A Norah y Oliverio los presentó, sin querer, Jorge Luis. En el almuerzo posterior a la presentación se sentaron uno al lado del otro. Cuenta Norah: "Él había comprado una botella de vino especial y la tenía en el suelo, al lado de la mesa. Yo la tiré en un descuido; Oliverio me dijo con su voz (de caoba, de subterráneo): Va a correr sangre entre nosotros". ¡Pobre Borges! Meses y meses de trabajo de hormiga e indecisiones, para que una frase terminara dejándolo fuera de juego. O, más bien, fuera del fuego. Porque Norah no necesitó más pruebas de amor. Los recién conocidos bailaron. Esa tarde, Norah y Ruthy Lange regresaron a la calle Tronador acompañadas por Oliverio. Borges marchó a su casa derrotado.

Fuente: lanacion.com

ADOQUINES, UNA HISTORIA QUE DURA

SECRETA BUENOS AIRES

Buenos Aires conserva empedradas 4.000 de sus 26.000 cuadras desde hace décadas.
Barracas. Empedrado intacto de granito negro y rojo. Las piezas son de 20 por 15 centímetros y predominan en el sur de la Ciudad./ FEDERICO LOPEZ CLARO
Barracas. Empedrado intacto de granito negro y rojo. Las piezas son de 20 por 15 centímetros y predominan en el sur de la Ciudad./ FEDERICO LÓPEZ CLARO
Por Eduardo Parise

Ya aguantaron los rigores climáticos de décadas. También el traqueteo de carros y tranvías. Y se cubrieron con la pátina oleosa del combustible de autos, camiones y cientos de colectivos. Además, a lo largo de los años, soportaron construcciones, modificaciones y hasta destrucciones varias. Sin embargo, los adoquines de Buenos Aires siguen ahí a tal punto que de las 26.000 cuadras que tiene la Ciudad, unas 4.000 todavía mantienen el viejo empedrado como una forma de ratificar que adoquín es sinónimo de algo duro de verdad.
Las primeras referencias recuerdan que cuando faltaban 30 años para el final del siglo XVIII, el Cabildo porteño dispuso que se trajeran piedras desde la isla Martín García para cubrir algunas calles. La elección tenía que ver con el origen del lugar: la isla es un conjunto rocoso del Macizo de Brasilia, cuya antigüedad se calcula en millones años. Con ellas se armaron los primeros empedrados. Pero a mediados del siglo XIX el origen de los adoquines cambió: llegaban desde Gran Bretaña (provenían de canteras de Irlanda y Gales) como lastre de los barcos que después llevaban granos a Europa.
Aquellas piezas eran de una piedra sólida y compacta que después se colocaba sobre un lecho de tierra y arena. Pero su alto costo hizo que se pensara en opciones más económicas. Entonces se volvió a recurrir a los de Martín García y empezó una explotación específica en Tandil. Este lugar iba a ser clave para el adoquinado de Buenos Aires. Así, a inicios del siglo XX desde allí llegaban miles de toneladas de adoquines para cubrir las muchas calles de tierra de la Ciudad.
La producción estaba a cargo de gente especializada (predominaban los inmigrantes italianos, aunque luego se sumaron muchos españoles y yugoslavos) que soportaban duras jornadas de trabajo. Cada hombre podía producir por día unos 250 adoquines de 20 por 15 cm. Esos eran los más grandes. También estaban los conocidos como granitullo (de 10 por 10 cm) y la producción diaria oscilaba entre las 900 y 1.000 piezas. Para los cordones se usaban piedras que medían entre 70 y 120 cm de largo, por 40 de alto y unos 17 o 18 cm de espesor.
Entre los obreros encargados de producirlos en las canteras de Tandil (la principal era la del cerro Leones, pero también estaban La Movediza, Vicuña, Aurora y Azucena) había unas 15 especialidades: entre los más conocidos estaban los picapedreros; los barrenistas; los marroneros (para partir las piedras usaban una maza de 10 kilos denominada “marrón”); los patarristas (eran los que agujereaban la piedra para colocar dinamita) y los zorreros, que manejaban las zorras que bajaban la piedra desde los cerros. El corte de los picapedreros era algo artesanal previo estudio de la veta y usaban una maza de 4 kilos, además de herramientas como cuñas y escarpelo. Tras el corte, llegaba el trabajo del refrendador que se encargaba de perfeccionarlo. Aquel era un oficio milenario y la explotación de esos obreros generó fuertes conflictos gremiales con huelgas por mejores condiciones de trabajo. La más extensa ocurrió en 1908 y cuentan que hasta casi dejó sin stock de adoquines a la Ciudad.
Como se ve, el empedrado porteño no es sólo piedra; también carga mucha vida y pasado. Y dentro de ese pasado, además, están las referencias a otros elementos que se usaron para las calzadas, como los adoquines de madera. Los hubo de pino importado de Suecia, de algarrobo, de cedro, de cohíue, de pacará y hasta de quebracho. Muchos se lucieron sobre el piso de la Avenida de Mayo, en la elegante Santa Fe y sobre la calzada de la avenida Las Heras. Y algunos dieron tan buen resultado que hasta se exportaron a París, Londres y Roma. Pero esa es otra historia.

te puede inte

Fuente: clarin.com