Parte
de la exposición en el Museo Picasso de Málaga que, desde hoy,
confronta en su nueva exposición temporal al artista, sus orígenes y sus
raíces, a través de obras del propio Picasso y de maestros que le
precedieron.
Málaga, 25 - El Museo Picasso de Málaga
confronta desde hoy en su nueva exposición temporal al artista que
llegaría a ser universal con la ciudad en la que nació en 1881, sus
orígenes y sus raíces, a través de obras del propio Picasso y de
maestros que le precedieron, además de documentos sobre esa Málaga de
fines del XIX.
Picasso nació en una ciudad cuyo padrón contabilizaba poco menos de
116.000 habitantes, de los que el 85 por ciento eran analfabetos, y con
una economía en la que la principal pujanza correspondía al sector
vitivinícola.
"No podemos separar el nombre del pintor de su ciudad, ni de los
problemas de esa ciudad ni del entorno familiar", ha subrayado hoy en la
presentación Rafael Inglada, comisario de esta exposición, que
permanecerá instalada hasta el próximo 9 de junio.
En este entorno hay una figura fundamental para Inglada, el padre del
artista, ya que a su juicio "es una gran injusticia que cuando se habla
de los maestros de Picasso se excluya a José Ruiz Blasco".
"Me interesaba el lenguaje entre Picasso y los maestros que le
antecedieron, que eran amigos de su padre, y cómo Picasso ve a su propio
padre", ha añadido el comisario.
La exposición "pretende demostrar que Málaga nunca fue una simple
anécdota para Picasso", según Inglada, que ha resaltado cómo el artista,
"con 60 o 70 años, volvía de nuevo la mirada hacia sus orígenes, porque
tenía una memoria prodigiosa y recordaba muchos detalles de su
infancia".
El título de la muestra, "Picasso de Málaga", alude a la dedicatoria
que el artista hizo sobre el menú de un hotel francés cercano a la
frontera española en 1954.
Por su parte, el director artístico del Museo Picasso, José Lebrero,
ha apuntado que la exposición "ofrece un viaje a lo que pudo ser la
ciudad hace 120 años" y muestra "al Picasso antes de Picasso, antes de
la época azul y de la época rosa".
Son 52 obras de Picasso, 34 de otros artistas y 110 documentos que
confrontan, por ejemplo, un lienzo de un palomar obra de Ruiz Blasco y
el cuadro "Tres palomas" de su hijo, además de reunir una galería de
retratos familiares en los que el malagueño plasmó a sus padres, su
hermana Lola o su tía Pepa.
Varias personas visitan el Museo
Picasso de Málaga que, desde hoy, confronta en su nueva exposición
temporal al artista que llegaría a ser universal con la ciudad en la que
nació en 1881. EFE
También se han unido por primera vez la visión del puerto de Málaga a
cargo de Emilio Ocón y Rivas, la copia de esta obra que hizo Ruiz
Blasco y la interpretación de la misma que hizo un Picasso que contaba
apenas 8 o 9 años.
Lebrero cree que uno de los aciertos de la muestra son estas
"yuxtaposiciones" y además considera que "no es sólo una agrupación de
obras de Picasso y de otros autores, sino que también da una clave
antropológica de sus orígenes".
El consejero andaluz de Cultura y Deporte, Luciano Alonso, ha
destacado que "al niño Picasso lo que más le gustaba en el mundo era
pintar" y después mantuvo durante toda su vida "un recuerdo dulce de su
vida". Además ha recordado que ésta es la primera de las exposiciones
programadas por el Museo Picasso con motivo de su décimo aniversario.
Entre los invitados a la presentación de la muestra estaba Xavier
Vilató, sobrino-nieto de Picasso, que confesaba emocionado cómo había
esperado una exposición así desde hacía años.
"Hay cosas que sueñas, como que sería fantástico reunir piezas y ver
las correspondencias entre ellas, como el palomar del abuelito Pepe
(Ruiz Blasco) y, al lado, las palomas de Pablo", ha resaltado.
Para Vilató, "hay algo que se cuenta poco y es importante, y es que
Pablo fue hijo de pintor y se crió en un ambiente de pintores, porque
fue un niño que había mamado esto desde muy pequeño, con una visión muy
clásica del oficio que viene casi del siglo XVIII y, al mismo tiempo,
con ganas de romper los moldes".
La
ciudad de Rio inaugura este viernes, el día de su 448 aniversario, el
Museo de Arte de Rio (MAR), destinado a convertirse en el corazón
cultural de renovación de la zona portuaria, una inversión de casi 40
millones de dólares financiada en gran parte por la alcaldía
Por Christophe Simon
La ciudad de Rio inaugura este viernes, el día de su
448 aniversario, el Museo de Arte de Rio (MAR), destinado a convertirse
en el corazón cultural de renovación de la zona portuaria, una inversión
de casi 40 millones de dólares financiada en gran parte por la
alcaldía.
La víspera de la inauguración que tendrá lugar en presencia de la
presidenta Dilma Rousseff, se organizó para la prensa una visita guiada
del museo escuela que se extiende a través de 15.000 metros cuadrados. Instalada en la plaza Maua donde llegan todos los barcos turísticos,
el museo cuenta con dos estructuras principales, el Pabellón de
exposiciones -situado en el antiguo Palacete Joao VI, construido en 1916
y de estilo ecléctico- y la Escuela de Regard, instalada en el edificio
contiguo, de estilo moderno, que fue en el pasado la estación de la
ciudad, explica Luiz Fernando Almeida, director del MAR, en una
conferencia de prensa. Los dos edificios de seis pisos, enteramente renovados, se unen a
través de una pasarela y se ven coronados por un "techo fluido",
ondulado como una ola, de 1.700 metros cuadrados y 15 centímetros de
grosor que requirió 800 toneladas de hormigón. "No hay más que cuatro ejemplares de este tipo en todo el mundo",
señala Hugo Barreto, secretario general de la Fundación Marinho
(privada) que participa en el proyecto. En la último piso del Pabellón de exposiciones hay una vista sobre la
magnífica bahía de Rio y el futuro museo científico en construcción, el
Museo del Mañana, a cargo del arquitecto español Santiago Pevsner
Calatrava Vall que será inaugurado en 2014. La escuela de Regard permitirá a unos 600.000 anuncios de escuelas
públicas de Rio "aprender a leer una obra de arte", declaró por su parte
Claudia Costin, la secretaria municipal de Educación. El MAR tiene una colección de 3.000 obras compradas o cedidas
gratuitamente por particulares, como una estatua de santo (Sao Joao das
botas) del escultor barroco Antonio Francisco Lisboa, más conocido como
Aleijadinho (1738-1814). En los cuatro pisos en los que se encuentran las ocho salas de
exposición sólo figuran colecciones temporales (de cinco meses) donde
las 3.000 piezas actuales de la colección del museo se mezclan, según
Barreto. El museo abrirá al público el 5 de marzo. El MAR forma parte de un conjunto de grandes obras emprendidas por la
alcaldía con vistas a la modernización de la ciudad para el Mundial de
fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Los trabajos de más de
4.200 millones de dólares son financiados por la asociación
pública-privada más importante de Brasil. Fuente: AFP
La definición del carácter de Buenos
Aires se completa con dos tendencias arquitectónicas que cambiaron
completamente su fisonomía a la vez que enriquecieron su patrimonio
urbano con edificios como el Teatro San Martín o el Banco de Londres,
dos obras maestras inscriptas en el Olimpo internacional de la
modernidad
Al
comenzar la segunda posguerra, el insistente discurso de las
vanguardias, que buscaba dotar a las construcciones del espíritu de la
época, logró imponerse de manera definitiva, desalojando de escena al
academicismo y al historicismo, que sufren su Waterloo con la
liquidación del sistema de enseñanza de tipo Beaux Arts.Un
homogeneizado Movimiento Moderno, ahora sí transformado en verdadero
"estilo internacional", impregnó toda la producción arquitectónica y
consagró al urbanismo como disciplina regente. La situación mostraba una
Francia relegada, sólo persistente a través de Le Corbusier, una
Inglaterra potenciada por los desarrollos del Welfare State y
unos Estados Unidos imperiales usufructuando el legado de la Bauhaus
estandarizado y masificado. De esta manera se abandonaron los ideales de
estética edilicia en favor de los dogmas de la planificación urbana, y
se sustituyeron las técnicas constructivas tradicionales y la
ornamentación por rígidos sistemas prefabricados.
En la ensimismada pero festiva Argentina de los años
cuarenta, la arquitectura se singulariza al interactuar con el grupo
Madí-Arte Concreto y al experimentar como nunca antes con la tecnología y
el espacio. Así surgen las propuestas del grupo Austral en edificios
experimentales como los departamentos de Virrey del Pino 2446 o los
estudios y comercios de la esquina de Suipacha y Paraguay. Pero al mismo
tiempo se despliegan las monumentales y sofisticadas estructuras de
hormigón armado para edificios públicos y estadios de fútbol, más o
menos revestidas de clasicismo.
Ya en los años cincuenta, con la institucionalización
de la modernidad, se restaura la voracidad por conocer casi todas las
propuestas de las usinas de la arquitectura occidental. Una vez más se
consumen las novedades a ritmo vertiginoso, pero también se asimilan en
forma inteligente y, en algunos casos, se reelaboran de manera
magistral. La ligazón con los centros de estudios, investigación y
experimentación, con la vanguardia artística y cultural, sin dejar de
lado una fluida comunicación con el gran público permitió que
fructificaran propuestas originales e innovadoras, social y
mediáticamente comprometidas.
La Biblioteca Nacional (Agüero 2502). Foto: Fabio Grementieri
Profesionalismo y funcionalismo se fundieron para crear
arquitectura cotidiana pero impersonal, donde la expresión formal y de
los materiales fue sometida a los designios de la imagen corporativa de
los rascacielos revestidos de metal y vidrio - el denominado
muro-cortina-, o del aspecto estandarizado de los edificios de vivienda
armados con hormigón y ladrillo y "decorados" con grandes ventanales y
delgados balcones.
Más allá de la "impersonalidad", en ambos casos surgen
propuestas distinguidas, con cuidadas proporciones y refinado diseño.
Son obras con generosos espacios de acceso donde se utilizan materiales y
revestimientos característicos: pisos de mosaico granítico de diversos
colores; revestimientos de madera en tablillas, de "venecitas" o de
espejos; gargantas de luz difusa. Y en los ejemplares de mayor lujo se
incorporan murales de artistas realizados con diversas técnicas:
pintura, metal, cerámica.
La irrupción de esta "segunda modernidad" en el ámbito
oficial ocurre durante el segundo mandato del general Perón, cuando
oficialmente se vuelca la mirada sobre los centros del diseño del Welfare State
del norte de Europa, visión que se amplió también a Estados Unidos
durante el período desarrollista. La arquitectura pública adopta la
maneras funcionalistas en la composición y el lenguaje que emplea en
edificios en serie como los de Correos y Telégrafos en distintas
capitales provinciales, o el Mercado del Plata y el Teatro Municipal
General San Martín.
Esta última obra, proyectada por Mario R. Álvarez y
Macedonio O. Ruiz, es un excepcional ejercicio plástico, espacial y
estructural que se inserta de manera impecable en el paisaje urbano y
cultural de la avenida Corrientes. Su combinación de dos salas -una en
anfiteatro y otra del tipo auditorio-, con sus respectivos foyers
a los que suma un bloque de oficinas como fachada a la ciudad, lo
convierte en un sofisticado proyecto incomparable internacionalmente
pero con antecedentes en la arquitectura porteña como el palacio
periodístico de La Prensa en Avenida de Mayo o la galería Güemes.
En forma paralela a los rigores del estilo
internacional se difunde el Brutalismo que, asociando primitivismo e
innovación, busca la máxima expresión en los juegos del hormigón a la
vista. Sin desdeñar el funcionalismo, busca fundir forma, estructura y
construcción para engendrar gigantescas esculturas recorribles y
penetrables. En ciertos casos, tensiones organicistas asociaban las
imágenes de esta arquitectura con episodios de la naturaleza; en otros,
una voluntad constructivista les otorgaba un aspecto metabólico, como
dentro de un permanente proceso de transformación.
Banco Hipotecario (ex Banco de Londres, en Reconquista y Bartolomé Mitre). Foto: Fabio Grementieri
Esta corriente coincide con un período experimental y
transgresor en el campo de las artes, y de relanzamiento cultural y
científico del país que se produjo en la en la década de 1960. Por esos
años también se consolidó cierta escuela de diseño argentina donde
predomina la arquitectura de "partido", diagramática, influida por una
combinación que incluye el sustrato del Beaux Arts , el funcionalismo inglés y las sobrevivencias del design
alemán, ahora en manos de la Escuela de Ulm. Algunas obras de esta
época combinan rasgos de ambas tendencias y asumieron su papel de íconos
institucionales y urbanos, tal el caso de la sede de la empresa Somisa
en Diagonal Sur o el Planetario "Galileo Galilei" en el Parque de
Palermo.
Las mejores obras del período son fruto de un
enriquecedor sistema de concursos públicos y privados que lograron
corporizar edificios institucionales donde se combinan carácter y
monumentalidad, rasgos inusuales para la modernidad. Las obras cumbre
del Brutalismo de Buenos Aires son también monumentos nacionales y
mundiales. Son ellas la sede del Banco de Londres y América del Sur
(actual Banco Hipotecario) y la Biblioteca Nacional.
En ambas obras tiene participación fundamental el
arquitecto Clorindo Testa -en la primera asociado al estudio Sepra y en
la segunda al arquitecto Francisco Bullrich-. La esquina de Reconquista y
Bartolomé Mitre es una propuesta inédita desde el punto de vista
funcional, espacial y estructural; una pieza de insólito vanguardismo
que se inserta magistralmente en el paisaje de grandes bancos
clasicistas de la City porteña. En este edificio se encarna como en
pocos el "espíritu de la época" a la vez que se condensan muchas
experiencias de la ecléctica cultura arquitectónica argentina. Por su
parte, la imponente estructura de la Biblioteca es una megaescultura que
reafirma la osadía del Estado desarrollista y resume múltiples
significados: acrópolis cultural futurista, arcaica nave de la memoria
universal, altar expiatorio del cisma político de la segunda mitad del
siglo XX.
El Brutalismo, más allá de los juegos vanguardistas de
alto vuelo, tuvo implacable incidencia sobre la definición de un paisaje
tapizado de insolentes medianeras o erizado de torres de perímetro
libre que transfiguraron la ciudad. El último de los grandes "estilos"
de la modernidad se desgrana en la década de 1970 y desaparece
reemplazado por la posmodernidad mímica, frívola y relativista que
caracterizará los últimos treinta años coincidentes con el
desvanecimiento de la variedad, creatividad y vitalidad de la
arquitectura porteña en el camino de la globalización final del universo
urbano.
ARQUITECTURA E IDENTIDAD
La arquitectura argentina que floreció en las dos últimas décadas del siglo XIX y primeros tres cuartos del siglo XX tuvo gran consistencia y continuidad y fue creadora de una indefinible pero palpable identidad. Aun así, ha sido parcial y fragmentariamente estudiada y valorada. La serie de notas publicada en adncultura durante el verano porteño es una invitación al conocimiento y a la preservación de un patrimonio único, que asimiló las novedades de
diversas usinas de la arquitectura occidental a ritmo vertiginoso de manera inteligente y, en algunos casos, en reelaboraciones magistrales.
Quienes cuestionan su "eurocentrismo" y alejamiento de las raíces
indígenas o latinoamericanas olvidan que el fenómeno se corresponde
tanto con las heterogéneas predilecciones de las elites como con los
múltiples aportes del aluvión inmigratorio. Pocas ciudades del mundo
como Buenos Aires desarrollaron una especial cultura arquitectónica, con
producción pareja y de calidad, donde se materializaron ejemplos de
interés, obras sobresalientes y algunas piezas de resistencia, dignas de
figurar de manera destacada en la arquitectura occidental del período.
Inconsciente de su espléndido y heterogéneo patrimonio, la ciudad
descuidó, agredió o destruyó por oleadas su mejor herencia. Para colmo,
en los últimos treinta años lo hizo sin reemplazarla por obras de
carácter, trascendentes de cara al futuro. Porque el patrimonio no
solamente se hereda, también se construye. Es tiempo y hora de preservar
un legado que es motivo de admiración de quienes nos visitan y debe ser
objeto de cuidado de la ciudadanía toda, desde la impronta temprana del
Beaux Arts hasta los aportes notables de Brutalismo y el estilo internacional.
El aeropuerto parisiense de Roissy-Charles de Gaulle, el más importante de Francia, contará con un espacio museístico dedicado al arte, en su nuevo sector S4 de la terminal 2E.
Serán 250 metros cuadrados destinados a recibir una selección de obras emblemáticas procedentes de grandes instituciones de París, tanto museos como fundaciones.
Las muestras serán temporarias, contó Le Figaro, y cambiarán cada seis meses.
El espacio "será una muestra de las riquezas artísticas de la capital", explicó Francis Bries, copresidente de la casa de subastas Artcurial y cofundador del proyecto junto con el director de Aeroports de Paris (ADP), Francois Rubicon.
La primera institución invitada a ceder durante seis meses una parte de sus colecciones al aeropuerto Charles de
Gaulle fue el Museo Rodin, uno de los más famosos de París.
Unos 50 cuadros y esculturas tomarán así el camino de la aeroestación situada al norte de París, entre ellos el célebre "Beso".
"Pensamos que Rodin lleva consigo un mensaje universal", contó Francis Bries.
Los promotores esperan entre 1.500 y 2.000 visitantes diarios.
Pero la fecha de apertura, inicialmente prevista para la primera mitad
de diciembre, se postergó por ahora "sine die": "Los trabajos acumularon
retrasos", dijeron fuentes cercanas a las obras, mientras nadie está
dispuesto a mencionar el costo del proyecto.
Sin embargo, no es
la primera vez que un aeropuerto destina espacio a un museo. En Holanda,
el aeropuerto de Amsterdam-Schiphol tiene hace tiempo un sitio
reservado sólo al Rijksmuseum, uno de los más importantes de la ciudad.
En Estados Unidos, algunos aeropuertos tienen también espacios de exposición, pero casi siempre consagrados a la aeronáutica.
Entretanto
en Italia hubo algunos experimentos, como cuando el Marconi de Bolonia
albergó la pintura "La abundancia y la felicidad" de Annibale Carracci.
También
hay que recordar, siempre en Francia, al galerista estadounidense Larry
Gagosian, que al no hallar grandes espacios en París para una segunda
galería decidió transformar un hangar del aeropuerto parisiense de Le
Bourget para exponer esculturas monumentales, junto a los aviones privados de los coleccionistas.
Guy Cogeval, presidente de los Museos d´Orsay y de l´Orangerie,
considera que esta exposición "es una bomba; una de las más bellas que
he visto y en la que he participado en mi vida. Presentamos el corazón
de nuestros museos. Lo mejor que tenemos". En esa idea insiste también
Pablo Jiménez Burillo, director del Instituto de Cultura de Fundación
Mapfre, que señala que "es muy difícil concentrar en una muestra un
conjunto de obras de tan altísimo nivel".
Una modernidad más profunda y radical
En enero de 2010, la Fundación Mapfre dedicó una importante
exposición al nacimiento del movimiento impresionista. La que ahora se
presenta muestra lo que ocurrió después de esa gran revolución. En 1886
se celebra la octava y última exposición del grupo impresionista en la
sala de exposiciones del marchante Durand-Ruel. A lo largo de las ocho
míticas exposiciones que había presentado el grupo, la concepción
tradicional de la pintura había saltado por los aires. Los críticos y el
público empezaban a asimilar las novedades estilísticas, y los
impresionistas comenzaban a tener cierto renombre. Así, entre 1886 y
1900 se asiste al desarrollo de una modernidad más profunda y radical.
El impresionismo evoluciona hacia diferentes actitudes pictóricas,
tradicionalmente definidas como postimpresionistas que, en realidad,
amplifican el talante provocador del impresionismo definiendo los
principios estilísticos que abrirán los lenguajes de las vanguardias del
siglo XX.
La muestra se inicia con las primeras series de Monet (Los almiares, Los álamos y Las catedrales) y termina con los trabajos decorativos de Vuillard en los Jardines públicos.
Entre ambos hitos se presentan los trabajos de Renoir en torno a las
bañistas, el desarrollo del neoimpresionismo —con obras de Seurat,
Signac o Pissarro—, el constructivismo de Cézanne, el retrato de los
bajos fondos por parte de Toulouse-Lautrec, la huida de Gauguin y sus
amigos a Bretaña, la creación del grupo de los Nabis con Serusier,
Maurice Denis, Bonnard y Vallotton, y la locura de Van Gogh en Arles.
"Estos artistas nos muestran la belleza en estado puro. Nos ponen
delante de los ojos otra forma de mirar, algo que nos consuela y nos
reconforta. Nos hacen ver que la pintura es bella en sí misma,
independientemente del asunto que represente. Nos hacen sentir el gusto
por la pintura. Estamos ante una auténtica fiesta de la que salimos
contentos, reconfortados y deslumbrados", afirma Jiménez Burillo.
El Museo de Arte Abstracto Español (Cuenca) acoge la exposición Picasso, grabador (1904-1935), una
selección de parte de la obra gráfica creada por Picasso entre los
inicios de su carrera y los años 30, con más de una treintena de obras
procedentes en su mayoría de los fondos de la colección de la Fundación Juan March.
La exposición se articula alrededor de una pieza cronológicamente final y central en su obra y en la historia del grabado: la Minotauromachie,
de 1935 (La Minotauromaquia), una pieza de tirada muy reducida (de la
que apenas hay ejemplares en nuestro país) y que algunos especialistas
consideran la obra gráfica más importante de todo el siglo XX.
Riqueza plástica
Además de otros dos grabados de la misma época y de tema taurófilo,
se exhibe también un conjunto de 28 aguafuertes fechados entre 1904 y
1915, con obras de las épocas azul y rosa –como Le repas frugal, de 1904, o Les saltimbanques, de 1905–, así como grabados de la época cubista.
Picasso concedió siempre una enorme importancia a su producción
gráfica. Desde muy joven sintió una gran pasión por el grabado, que
practicó y experimentó con casi todas las técnicas, desde el aguafuerte,
la punta seca y el buril hasta la aguatinta al azúcar. A través de tan
diferentes procedimientos, sus estampas fueron adquiriendo cotas muy
altas de expresividad y riqueza plástica, que lo confirman como un
maestro total de las técnicas calcográficas.
Desde
1899 hasta 1972 trabajó ininterrumpidamente este género artístico,
llegando a realizar alrededor de 2.200 grabados durante toda su vida,
que constituyen casi un diario personal y que –dado que están
perfectamente datados–, permiten seguir su trayectoria al detalle. Los
temas y preocupaciones reflejados en su pintura se perciben, igualmente,
en su obra gráfica, que hace patente su destreza como dibujante y su
trabajo en series temáticas. Obra maestra
Le repas frugal (La comida frugal) está considerada como la
obra maestra de su primera etapa como grabador. Bajo el asesoramiento
técnico y la supervisión de su amigo Ricardo Canals, Picasso realizó
este aguafuerte en 1904, en un taller del número 13 de la Rue Ravignan
de París, conocido como Bateau-Lavoir, al que acudían asiduamente
los miembros más destacados de la vanguardia parisiense. Al igual que
en sus obras pictóricas del “período azul” la pobreza, la miseria y la
desesperanza son el tema que, con un gran realismo, logró transmitir en
esta singular pieza. En 1913, Ambroise Vollard adquirió esta plancha,
junto con otras que fueron realizadas desde finales de 1904 hasta
principios de 1906, durante el llamado "período rosa", y las edita bajo
el título de Les saltimbanques (Los saltimbanquis).
Las escenas de circo y el interés por los acróbatas, los actores y la
vida errante de los artistas, cuya compañía frecuentaba, se
convirtieron en foco central de su ocupación: Picasso continúa la
tradición de figuras como Arlequín, Pierrot o el bufón desde sus
orígenes en la tradición italiana medieval y la Comedia dell’Arte
hasta las tempranas representaciones circenses contemporáneas, como las
del Circo Medrano, en París, al que Picasso acudía asiduamente junto a
sus amigos Apollinaire, Max Jacob y André Salmon.
El cubismo
En 1909, dos años después de la realización de Les demoiselles d´Avignon
(Las señoritas de Aviñón), Picasso trabajó el grabado desde los
planteamientos conceptuales y plásticos que definieron el cubismo. Las
estampas de este período –muchas de ellas ilustraciones para libros de
escritores como el que fuera su amigo, Max Jacob– están compuestas por
un entramado de líneas finas y profundas que, rompiendo la perspectiva
tradicional, dan lugar al surgimiento de un nuevo espacio en el que los
objetos aparecen descompuestos en múltiples planos y puntos de vista.
A esos años pertenecen las ilustraciones para el libro Saint Matorel,
considerada una obra fundamental del cubismo analítico, en la que
Picasso comenzó a trabajar tras su estancia en Cadaqués en el verano de
1909 y Le siège de Jèrusalem, 1914 (El asedio de Jerusalén) con ilustraciones que cabe adscribir más bien al cubismo sintético.
En algunos casos Picasso incorpora la letra a sus composiciones cubistas –como en Nature morte, bouteille (Naturaleza muerta con botella) de 1912– y en otros recurre al papier collé o a fragmentos de periódicos, como en L´homme au chien (Hombre con perro) de 1914, en su interés por vincular –con el collage– el arte con las cosas reales mismas. La Minotauromaquia
De entre toda la obra gráfica de Picasso hay que destacar especialmente La Minotauromachie,un aguafuerte de grandes dimensiones, estampado en 1935, y esencial en la producción del artista. Este grabado, de significados múltiples,
hermético, y del que se realizó una tirada muy reducida, es una síntesis iconográfica de los motivos que más tarde, en 1937, recogerá Picasso en El Guernica.
Picasso consigue captar en esta obra la angustia existencial del ser humano partiendo de situaciones vividas y realidades sentidas personalmente, echando mano de toda clase de recursos formales, de símbolos y figuras de otras generaciones, épocas y culturas, extrapolando una experiencia personal a un lenguaje universal, usando toda clase de recursos formales que pone al servicio de su necesidad de expresión.
En La Minotauromaquia se dan cita, en torno al espacio
taurino, muchos motivos, algunos muy típicos del repertorio iconográfico
de Picasso; en esa obra, todas las figuras antes citadas terminan
implicadas, de un modo u otro, en una especie de juego, en un
enfrentamiento que, aunque se presenta como la eterna lucha del bien y
del mal, deja intuir el deseo del triunfo de las fuerzas del bien.
Cuenca. Picasso, grabador (1904-1935). Museo de Arte Abstracto Español.
En excavaciones en San Telmo y San Nicolás hallaron vasijas de origen guaraní y fragmentos de platos
En
excavaciones en San Telmo y San Nicolás hallaron vasijas de origen
guaraní y fragmentos de platos del siglo XVII. Foto: LA
NACION / Ricardo Pristupluk
Por Catalina Fairstein / Para LA NACIÓN
¿Cómo
era la vida doméstica porteña en los siglos XVII, XVIII y XIX? Dos
importantes excavaciones arqueológicas en los barrios de San Telmo y San
Nicolás permiten reconstruir ese pasado gracias a los que ya son los
hallazgos más antiguos que hayan tenido lugar en la ciudad.
Una de las excavaciones se está realizando en el
estacionamiento lindero al ex convento de Santa Catalina de Siena, en la
esquina de la calle Reconquista y la avenida Córdoba, en el barrio de
San Nicolás. La otra, en Bolívar al 300, terminó el año pasado y dejó
varios objetos hallados que aún se encuentran en proceso de análisis.
Entre ellos, fragmentos de lo que podrían ser cacerolas, ollas y platos
de finales del siglo XVII. La importancia de los hallazgos es tal, que
en esa zona ya comenzó la construcción del que será el primer hotel de
temática arqueológica de la Argentina.
Patricia Frazzi, licenciada en conservación y
restauración de bienes arqueológicos, se encuentra a cargo del análisis
de las piezas encontradas en San Telmo. Entrevistada por LA NACION
contó: "El material es cerámica del siglo XVII, de origen guaraní.
Estimamos que es de color negro porque se usaba para cocinar. El color
obedece al uso, ya que estuvo expuesta al fuego. Se la considera de
origen hispano-indígena, y su utilización es previa a la loza industrial
y a la mayólica producida por los españoles".
La excavación es una de las más importantes en la
historia reciente de la ciudad y dejó a los especialistas ante una serie
de dudas que aún no saben cómo responder. Por ejemplo, se preguntan
cómo llegó cerámica guaraní a la zona que actualmente ocupa el barrio de
San Telmo.
Para Flavia Zozzi, la arqueóloga a cargo de la última
etapa de excavación en esa zona, "hay dos posibilidades. Una es que
hayan sido traídas de los alrededores del Delta, vía por la que se
comercializaba con Brasil; la otra es que fueran producto de reducciones
indígenas locales".
Sin embargo, los especialistas coinciden en que no hay
registros de fabricación de cerámica en la época colonial de Buenos
Aires.
"El material comenzó a aparecer en los contrapisos y
llegamos a tener pozos de hasta siete metros de profundidad -contó
Zozzi-. Lo más profundo es lo que corresponde a los aljibes y pozos de
basura." En el mismo sitio se encontraron objetos de los siglos XVIII y
XIX, como cerámicas y lozas.
Por otra parte, el inmueble tiene una rica historia.
Fue construido en el siglo XIX, por la familia Juan de la Peña.
Posteriormente, lo compró Martín Gregorio de Álzaga, quien se casó con
Felicitas Guerrero, célebre por haber sido considerada "la mujer más
bella de la Argentina" a mediados del siglo XIX. La muerte de los hijos
del matrimonio habría sido la razón del suicidio de Álzaga.
Felicitas
murió a los 26 años (muy probablemente, asesinada por un pretendiente
despechado), y las propiedades de las dos familias fueron heredadas por
los Guerrero, quienes las vendieron a fines del siglo XIX.
En 1900, la galería del edificio albergó la primera
filmación de cine local, y ocho años más tarde fue comprada por Max
Glucksmann, pionero de este arte en la Argentina. En 2000, el predio fue
adquirido por la firma que construye el hotel.
Nuevas excavaciones
En la playa de estacionamiento lindera al ex convento
de Santa Catalina, en el barrio de San Nicolás, se están realizando
nuevas excavaciones. Aunque el material hallado aún no se analizó, se
estima que los objetos también datan del siglo XVII.
Daniel Schavelzon, director del Área de Arqueología
Urbana de la Dirección General de Patrimonio de la Ciudad, estuvo a
cargo de la excavación que se realizó en el mismo lugar durante 2001. En
su opinión, el valor de la arqueología urbana es que "muestra la vida
cotidiana, la historia no oficial. Principalmente se trabaja sobre lo
que por entonces era la basura, lo que se tiraba". Y agregó: "Lo que
tratamos de rescatar es la vida doméstica. Con qué comían, cómo se
comía, cómo se cocinaba y ese tipo de cosas. La vida de la casa de un
señor cualquiera".
Respecto de los lugares en los que se decide hacer una
excavación arqueológica, Schavelzon explicó: "A veces avisan los
constructores, antes de hacer una obra. También están los llamados
rescates, que ocurren cuando un vecino dice que puede haber algo en
determinada zona.
En ese caso interviene el gobierno de la ciudad, que
analiza lo que hay. En ese caso, allí puede abrirse la puerta para una
gran investigación, como pasó en 2001 en el ex convento de Santa
Catalina de Siena".
La arqueología urbana es una práctica que en Buenos
Aires tiene menos de veinte años de historia. Muchas veces es resistida,
ya que se teme que las excavaciones demoren, o incluso detengan,
construcciones. En este sentido, Frazzi destacó: "Los arquitectos que
avisan de posibles hallazgos son muy pocos. La mayoría de las veces las
alertas las dan los vecinos". Para Schavelzon, "está claro que "nadie
quiere paralizar el progreso de la ciudad. Los arqueólogos sólo buscamos
un acuerdo que permita recuperar el patrimonio".