UN CLAUSTRO DEL SIGLO XII EN UNA QUINTA PRIVADA



El claustro románico hallado en una finca de Palamós es una construcción auténtica del siglo XII, según el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Girona (UdG) Gerardo Boto (en la imagen), que ha podido visitarlo hoy por primera vez tras descubrirlo a través de una revista francesa de decoración. EFE

A fines de la semana pasada saltaba la noticia en los diarios españoles: un claustro (galería que cerca el patio principal de una iglesia) de estilo románico, situado por los expertos en el siglo XII, de 40 metros de largo, había sido descubierto en el jardín de una mansión de Palamós (Cataluña), propiedad de un millonario suizo, y disponible para alquilar.
Cuentan que fue comprado en 1958, en Madrid, por un antepasado del actual propietario.
Quien destapó la rocambolesca historia, fue el profesor Gerardo Boto, especialista en iconografía medieval, que dejó boquiabiertos a sus colegas cuando explicó que la pieza, estaba en la finca desde hace medio siglo, sin estar inventariada como bien cultural.
Boto intentó acceder al lugar desde que en 2010, y gracias a las fotos de una revista francesa de decoración, lo vio. Pero nunca tuvo respuesta de los dueños ni de sus representantes legales.
Se terminó exigiendo, por vía judicial, una investigación para determinar la autenticidad del claustro, y recién el jueves, técnicos de la Generalitat (el Gobierno de Cataluña), pudieron acceder a la finca para comenzar con el trabajo.
En las próximas semanas se conocerá el resultado, pero desde el ente aseguran ya que “no se trata de una imitación ni de una pieza de reciente construcción”.

EL CLAUSTRO DE PALAMÓS ES AUTÉNTICO, SEGÚN EL POFESOR QUE LO DESCUBRIÓ

El claustro románico hallado en una finca de Palamós es una construcción auténtica del siglo XII, según el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Girona (UdG) Gerardo Boto (en la imagen), que ha podido visitarlo hoy por primera vez tras descubrirlo a través de una revista francesa de decoración. EFEEl claustro románico hallado en una finca de Palamós es una construcción auténtica del siglo XII, según el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Girona (UdG) Gerardo Boto, que ha podido visitarlo hoy por primera vez tras descubrirlo a través de una revista francesa de decoración.


Palamós (Girona), 8 - El claustro románico de Palamós es una construcción auténtica del siglo XII, según el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Girona (UdG) Gerardo Boto, que ha podido visitarlo hoy por primera vez tras descubrirlo a través de una revista francesa de decoración.
Boto, que prefiere dejar el veredicto final en manos de los técnicos de la Generalitat que ayer accedieron al emplazamiento para realizar las pruebas necesarias, ha admitido, sin embargo, que para él la antigüedad de la pieza no admite dudas.
El desgaste de la piedra y, sobre todo, un emblema heráldico en forma de castillo y que representa la corona de Castilla, es una de las claves, a su juicio, del origen del claustro.
Boto ha accedido hoy a la finca Mas del Vent, donde se halla la construcción, en la primera visita abierta a medios de comunicación, después de que los dueños de esta masía permitieran ayer la presencia de los técnicos de la Generalitat.
Josep Comas, presidente del consejo de administración de la empresa Explotaciones Agrícolas y Forestales Brugarol, propietaria del terreno, ha manifestado su predisposición a colaborar con la investigación y a aceptar el dictamen de la normativa patrimonial, si se confirma la autenticidad del claustro.
Comas ha explicado que, entre la documentación de que dispone la empresa, figura el contrato de compraventa del monumento a un particular en Madrid en 1958, por el precio final de un millón de pesetas de la época.
En ese momento, el claustro se hallaba en un solar del distrito madrileño de Ciudad Lineal, según ha detallado el representante de sus actuales propietarios.
Comas desconoce la iglesia de la que procede el monumento si es que se confirma su autenticidad, mientras que Boto está convencido de que procede de Castilla y que entronca con la construcción del monasterio de Silos en Burgos.
Sin embargo, ha destacado la "enorme dificultad" del traslado desde Madrid hasta Palamós, donde fue reconstruido piedra a piedra por especialistas en la materia.
El presidente de la empresa propietaria ha reiterado que nunca se ha pretendido ocultar la existencia del claustro y ha recordado que un reportaje en una revista francesa de decoración fue el que dio la pista a Boto.
Comas dice desconocer si la Generalitat, como manifestó su director de Patrimonio, Joan Pluma, les había solicitado a través de diversas cartas permiso para enviar a técnicos que certificaran la autenticidad del monumento, "aunque es posible, pero cuando han telefoneado y razonado su petición no ha habido problemas".
Las galerías claustrales que se hallan en el interior de Mas del Vent constan únicamente de dos laterales y, según las fotografías del montaje que constan en el Archivo Municipal de Palamós, originalmente pudo haber un tercero, aunque Comas desconoce este aspecto.
Boto ha agradecido la apertura de puertas de la finca al alemán Kurt Engelhorn, integrante de la familia fundadora de los laboratorios BASF y poseedor de una de las mayores fortunas del mundo según la revista Forbes, como propietario de la sociedad que la gestiona.
Vecinos consultados por Efe recuerdan la presencia en Palamós en la década de los sesenta de la familia Engelhorn, que también poseerían otras residencias en esta zona de la Costa Brava.
Comas ha relatado que personalidades como el escritor catalán Josep Pla habían visitado Mas del Vent que, en la actualidad, se alquila para la organización de eventos, aunque también cuenta con unos terrenos de cultivo.

Añadir leyendaEl claustro. De estilo Románico.


Fuente textos: clarin.com  y EFE- fotos y epígrafes: EFE y Clarín.

MANUSCRITO EN INGLÉS DE NAPOLEÓN I
SE VENDIÓ EN SUBASTA POR 325.000 EUROS



"It is two o'clock after midnight, I have enow sleep..." Un corto texto en inglés redactado por el emperador Napoleón I, desterrado en la isla de Santa Helena, fue adquirido en subasta el domingo por el Museo de Letras y Manuscritos de París, que pagó 325.000 euros por él.

Por Fred Dufour

"It is two o'clock after midnight, I have enow sleep..." Un corto texto en inglés redactado por el emperador Napoleón I, desterrado en la isla de Santa Helena, fue adquirido en subasta el domingo por el Museo de Letras y Manuscritos de París, que pagó 325.000 euros por él.
Escrito de su puño y letra por Napoleón, esta carta de una página fechada el 9 de marzo de 1816 estaba dirigida al conde de Las Cases, su compañero de destierro y futuro redactor de las memorias del emperador derrocado.
Según la casa de subastas Osenat, que organiza cada año en el Palacio de Fontainebleau cerca de París ventas dedicadas al imperio napoleónico, esta carta de Napoleón es "una de las tres únicas que se conocen en el mundo".
Estimada entre 60.000 y 80.000 euros, partió finalmente a 325.000 euros para el Museo de Letras y Manuscritos luego de una subasta reñida.
En su "Memorial de Santa Helena", Las Cases relata cómo, en el mes de marzo de 1816, Napoleón le escribió cartas en inglés, principalmente para ejercitarse en la lengua de sus carceleros que había decidido aprender unas semanas antes.
Las Cases menciona la carta vendida el domingo: "El emperador no durmió en toda la noche: en su insomnio le divirtió escribirme una nueva carta en inglés; me la envió sellada; corregí las faltas, y él respondió, en inglés también, cuando me devolvió el correo. Me entendió muy bien; lo que lo convenció de sus progresos, y le probó que podría, con todo rigor, escribir en su nueva lengua".

Fuente: AFP

DE LIVERPOOL A SAN JUAN


CUADERNOS PRIVADOS

De Liverpool a San Juan
Una de las preguntas que con diferentes grados de malicia se formulaban muchos provincianos ante el aluvión de maestras norteamericanas que contrató Sarmiento era: ¿por qué emigraron de Estados Unidos? De las sesenta y cinco que vinieron, treinta y seis continuaron enseñando durante trece años como término medio; veinte vivieron en la Argentina hasta su muerte.
No dejaron su país por falta de trabajo. En junio de 1877 la Nueva Revista de Educación de Nueva Inglaterra protestó porque las buenas docentes estaban partiendo al extranjero. Según escribió con celosa gracia la maestra Mary Conway a su hermana, algunas viajaron sólo para encontrar marido: “Gastan sus sueldos íntegros en vestidos, y de este modo adquieren, sin duda, una ventaja sobre las mujeres del país, que aunque ricas en sedas y encajes, no tienen ese peculiar estilo, que es tan agradable y tan característico americano. Las mujeres del país dicen que a fuerza de trajes, cosméticos y pedrerías, las maestras norteamericanas han cautivado al ministro de Educación. Lo han conseguido fácilmente, porque no se pasa de listo”. Pero las mujeres de nuestro país podían estar tranquilas. Cuando Mary Conway escribió esta carta, seis de sus colegas se habían casado con residentes norteamericanos o ingleses. Ninguno era argentino.
En su precioso libro 65 valientes , Alice Houston Luiggi informa sobre otros motivos: el prometido de Jennie Howard había muerto antes de casarse y ella estaba ansiosa por experimentar aventuras; Clara Allyn y Clara Gillies también habían sufrido reveses sentimentales. Isabel y Ana Dudley necesitaban levantar la hipoteca de la casa de su madre y esperaban que el Estado argentino les resolviera la situación: las maestras experimentadas cobraban en su país unos 1.200 dólares, y en la Argentina habían conseguido unos 200 dólares más y a veces hasta el doble. Sarmiento les había dicho que el peso oro, el “peso fuerte”, valía más que un dólar. Pero le faltaron unos pocos centavos para llegar a la verdad, porque entonces el peso estaba a 78 centavos de dólar. Y cuando el precio del oro bajó, el valor del peso también declinó.
En un principio Sarmiento instó a las viajeras a que compraran las tarifas económicas de los barcos. Pero la travesía solía durar setenta y cinco días y los sueldos empezaban a correr desde el momento en que se embarcaban. Pronto comprendió que era más económico para el Estado darles 300 dólares para que hicieran un viaje en un vapor rápido de Nueva York a Liverpool y allí hicieran un transbordo con destino a Buenos Aires. En total, este viaje duraba aproximadamente un mes. Los 300 dólares extra para el viaje de regreso estaban incluidos.
En una carta a Mary Mann de abril de 1866 le detalla el ofrecimiento: contrato por tres años; las maestras podrían abrir cursos públicos o clases particulares además de sus cargos en las escuelas; se les ofrecerían vínculos con las mejores familias: “La situación social que ocuparán será tan distinguida y sin mala interpretación me atrevo a decir mejor que aquí (se refiere a Estados Unidos), por el prestigio que las acompañaría de ir tan poderosamente recomendadas, ser norteamericanas, y personas de saber. Sus relaciones serían pues, las primeras familias del país.” Mientras Mary Mann buscaba candidatas para enviar a la Argentina, Sarmiento negociaba los sueldos por correspondencia: le propuso pagarles 190 pesos oro y ella, creyendo que se trataba del sueldo anual, lo consideró muy bajo. Al enterarse de que la cifra sería mensual le pareció excelente. En la carta siguiente Sarmiento bajó la oferta: “Tengo casi seguros 150$ gold. ¿Cuánto habrá de pagarse a una maestra? No podrían pagarse con esa cantidad mensual una maestra y una assistant ?”.
Mientras Mary Mann se enfrentaba a las dificultades de reclutar maestras, el director del departamento de Ciencias de la Universidad de Wisconsin lo invitó a comer con un grupo de posibles candidatas. Sarmiento se sentó junto a una joven que hablaba español, Mary Elizabeth Gorman, de veintitrés años, que lo impresionó vivamente por sus exquisitos modales. La maestra se interesó en el proyecto y en febrero de 1869 le escribió ofreciendo sus servicios. Le explicó que era la mayor de una extensa familia y que deseaba ganar dinero para ayudar a la educación de sus hermanos más jóvenes. Temía arriesgarse a dejar su puesto sin tener la seguridad del nuevo trabajo en Argentina, pero anhelaba viajar y cambiar de clima. Sarmiento estaba eufórico. Siete meses después, en una larga carta a Mary Mann, le relató su deseo de crear dos high schools en San Juan: “la Gorman irá para allá con cien fuertes de sueldo y trataremos de darle casa además”. En términos económicos, el proyecto sarmientino fue una catástrofe. Pero el educador, el bárbaro, pensaba en otros términos.

Fuente: clarin.com


"TENER GRANDES OBRAS
DA ACCESO A CONTACTOS POLÍTICOS"



El aura del arte abre puertas que suelen estar cerradas hasta para los más ricos.



Concierto. Pettoruti, récord para un argentino, en 795.000 dólares.
Mario Gilardoni es un especialista en el mercado del arte local y dirige la Revista Trastienda. Y explica así el coleccionismo: “Hay personas que quieren tener algo, que quieren una pieza, una obra única, porque son coleccionistas y porque les fascina todo eso. Si vos preguntás si algunos de los precios altos que ellos pagan se justifican, yo te digo que eso está dado por el nivel de locura que el coleccionismo implica. Hay gente que tiene plata y que quiere tener una obra de arte determinada. Otras personas, en cambio, coleccionan coches. Coleccionar siempre implica cierto grado de locura, en el buen sentido. Desde cierto punto de vista, es compulsivo. Yo conozco varios casos de esos en lo que el tipo, si no puede comprar algo que quiere, sufre. Pero no sufre de manera leve sino intensa, es un sufrimiento casi físico, te diría. Y también hay un gran componente de posicionamiento social. Es decir, de pronto un coleccionista que tiene algunas obras importantes –pero no estamos hablando de un millonario, sino de alguien que ha venido formando su colección trabajosamente–, llegado cierto momento, se empieza a codear, a través del arte, con las grandes fortunas. Y de pronto la gente, bueno, no te digo que te reconoce como un par desde el punto de vista económico, pero sí tienen un acercamiento, una alternancia, digámoslo así; una inserción. Vamos a un caso concreto, sin citar nombres: el de un empresario exitoso, al que todo el mundo conoce , no tanto por sus empresas sino por su colección de arte. El, en realidad, es un empresario rico entre otros más. Ahí vemos que ese “paraguas” que es el arte le da una inserción en la sociedad que tiene un valor especial. Y hay gente –como este coleccionista, por ejemplo– que compró grandes obras, que después le permitieron el acceso a contactos políticos a gran escala, incluso hasta a niveles presidenciales.
¿Esos contactos eran con intereses empresariales o artísticos? Para todo. Sirven para todo. Este tipo fue aceptado en el mundo de las grandes fortunas como un tipo importante, no tanto por su dinero, sino por el aura del coleccionismo. Esto ocurre en todo el mundo. Pero, claro, tenés que tener la plata, ¿no?


Fuente: clarin.com

COMPRAR ARTE, UN JUEGO DE MILLONES
ENTRE LA PASIÓN Y LA ESPECULACIÓN

 

Gozar, pertenecer a un círculo privilegiado e invertir: los móviles del coleccionismo.

 
 
 
 
 
 
 
Casi 120 millones de dólares. Lo que se pagó por “El grito”, de Munch, en la subasta del 2 de mayo pasado en Sotheby’s de Nueva York.
Por Mercedes Pérez Bergliaffa - Especial para Clarín

Casi ciento veinte millones de dólares. Cuesta imaginar tanto dinero junto, ¿no? Pero eso fue lo que costó hace un mes la pintura El grito , del artista noruego Eduard Munch, subastada en Sotheby’s de Nueva York. Se rumorea que la compró la familia del emir de Qatar, el jeque Hamad bin Jalifa al Thani, un llegado reciente al mundo del coleccionismo de arte (tan recién llegado como todo coleccionista proveniente de Medio Oriente, una región que está creando sus propios museos y colecciones de arte moderno occidental y que, para ello, debe lanzarse a la caza de muy buenas obras de arte). Compran y quieren nombres instituidos, como Picasso, Munch, el Louvre… Y es, justamente, el Louvre, el que –por única vez– decidió abrir una sede fuera de Francia. ¿Adivinen dónde? Sí, así es: en la isla Saadiyat, en plena Abu Dhabi, capital de los Emiratos Arabes Unidos.
Entonces, casi ciento veinte millones de dólares el Munch, ciento seis millones y medio la pintura de Picasso, ciento cuatro y medio millones la escultura de Giacometti, el Rothko de casi ochenta y siete millones, el Modigliani de setenta, el Still Clyford de casi sesenta y dos : son alrededor de 550 millones de dólares que un par de personas gastaron en dos o tres cuadros y una escultura. Y estos son sólo los precios de conocimiento público, dados a conocer por las dos mayores casas de subastas del mundo, Christie’s y Sotheby’s. Ustedes deben saber que también existe todo un mercado mundial privado de obras de arte, de precios gigantes, en el que se rumorea que algunas obras alcanzaron precios aún más altos. Como lo que se cuenta sobre aquella pintura de Jackson Pollock vendida por ¡doscientos millones de dólares, de privado a privado! Para conocer en profundidad el mundo fascinante de las grandes y millonarias ventas de obras de arte internacionales, Clarín entrevistó a tres expertos mundiales en el tema: Jonathan Rendell, reconocido especialista de la casa Christie´s de Nueva York (quien tuvo a cargo la subasta de las joyas y obras de Elizabeth Taylor); el especialista en arte latinoamericano Axel Stein, de la casa Sotheby’s, también de Nueva York; y la socióloga francesa Raymonde Moulin, experta en mercado de arte, tema al que dedicó varios libros (de hecho, su última publicación, El mercado del arte , ed. La Marca- acaba de salir en la Argentina).
¿Qué es lo que hace que una obra de arte pueda costar ciento veinte millones de dólares? Bueno, no hay una sola razón sino un conjunto de razones –explica Stein, por teléfono desde Nueva York– Una puede ser su importancia histórica. Por ejemplo, la obra de Munch que se vendió hace poco en esta sala y que es la obra más cara jamás vendida en una subasta pública, es una pintura icónica del pasaje del siglo XIX al XX. Una pintura que se diferencia mucho de la producción normal del artista. No se sabe si el personaje es mujer u hombre, no cae en la caricatura pero se acerca, y resume en un solo cuadro cierta angustia de ciertos tiempos. Estando frente a ella, nadie puede quedar impávido.
Pero hay muchas otras obras de arte ante las cuales uno, como espectador, se conmueve. Y hay otras de esa época que muestran una angustia resumida.
También se tiene en cuenta la condición, que en este caso era impecable: los colores estaban tan vívidos que parecían puestos ayer. Y el tamaño… Pero sobre todo, es su rareza, que da testimonio de un momento histórico del S XX muy interesante: el papá del vendedor de esta obra fue quien ayudó a Munch a recuperar las obras suyas que el gobierno alemán tenía en su poder, y de las cuales quería deshacerse porque decía que eran “arte degenerado”. Era la política de Hitler. Para el artista, el padre del comprador fue una persona muy especial. Tal era la relación, que el dinero de la venta de este cuadro el comprador lo destinará a la construcción de un museo dedicado a Munch. Y sí, existen otras pinturas que tienen historias y cargas emocionales parecidas. Pero no han salido a la venta o están ya en museos.
¿Por qué alguien compraría una obra de arte a varios millones de dólares? ¿Qué lo mueve a eso? Creo que se compran, ante todo, para disfrutar de ellas –responde Rendell, de la casa Christie´s, desde Nueva York–. También se busca una forma de invertir el dinero. Y, también, es una recompensa por su trabajo, para ellos mismos. Si vos tenés una fortuna individual de 1 billón de dólares, entonces podés permitirte que el mundo del arte devenga tu hobby.
¿Quién compra una jarrita de cerámica de tres millones de dólares? ¿Qué tipo de personas…? ¡Las ricas! (risas). Por ejemplo, en el caso de la cerámica china –que es un orgullo nacional–, existen muchos coleccionistas chinos grandes que compran piezas importantes porque quieren llevar de vuelta a su país obras que habían salido hacia Occidente. También se puede pensar en términos de inversión: podés poner tu dinero en un banco y ganar nada. ¿Por qué no poner, entonces, tu dinero en una obra…? Así lo tenés en una pared, y al menos lo disfrutás. Y si pertenece al grupo de las obras de arte-top, entonces su valor siempre continúa incrementándose.
Durante los últimos años, cuando se habla de mercado de arte, se menciona a China, India y Medio Oriente. ¿Cambió el mapa económico- artístico? Sí, el contexto económico evolucionó hacia una estructura multipolar –contesta la socióloga especialista en mercado del arte Raymonde Moulin, desde París– Rusia, China, India, Oriente Medio y América Latina se han convertido en cinco nuevos destinos de la economía mundial del arte. La globalización de la escena artística y la abundancia de liquidez contribuyeron al mercantilismo del mundo del arte, al frenesí especulativo y a la mediatización mundial de los artistas a través de un aspecto financiero.
¿El arte contemporáneo forma un mercado aparte, diferente? Sí, es un mercado de competencia monopólica –con muy pocos participantes– dominado por la especulación. Y parece ser que las crisis son la única forma de regulación que puede tener. Lo que en otros campos sería considerado como delito de información privilegiada o un abuso de posición dominante, aquí se consagra como una pertenencia que supone un valor: el de ser parte de los círculos más elitistas del mundo del arte.

Fuente: clarin.com

LA DOCUMENTA ALEMANA,
UN PASEO POR LA VANGUARDIA ARTÍSTICA
PARA PENSAR O EVADIRSE


Vista de vairos visitantes hoy en la dOCUMENTA (13) en Kassel (Alemania). Kassel se convierte así cada cinco años y durante cien días en paseo planetario por la vanguardia artística, a medio camino entre lo reflexivo, el entretenimiento y la provocación. EFE

Kassel (Alemania), 8 - La primera invasión de visitantes asaltará mañana la Documenta de Kassel (centro de Alemania), dispuesta a defender el título de mayor muestra de arte vanguardista del mundo con un programa de amplio recorrido que arranca en un búnker y se extiende más allá del límite de la ciudad.
Cualquier lugar es bueno para reflexionar o para evadirse de la crisis que atornilla al mundo: el búnker donde exponen la estadounidense Jennifer Allora, el cubano-portorriqueño Guillermo Calzadilla y el afgano Aman Majodidi; o las terrazas ajardinadas sobre el refugio, donde lo hace el argentino Adrián Villar Rojas.
Para ingresar en el búnker hay que colocarse un casco protector, no se sabe si por seguridad o porque forma parte de la experiencia.
Dentro se respira un denso aire que traslada al visitante a Kabul -uno de los ejes temáticos de la muestra- mientras en las terrazas exteriores retratan las ruinas de la civilización, entre ciervos abatidos.
En el itinerario, el búnker, los jardines, y también los tradicionales espacios del museo Fridericianum o la Orangerie, y las nuevas incorporaciones al circuito: un convento, en las afueras de la ciudad, un sanatorio, una cárcel, así como un centro comercial de la zona peatonal y un edificio de oficinas vacío.
Así lo ha presentado Carolyn Christov-Bakargiev, comisaria de la dOCUMENTA (13), en los últimos tres días a los medios y profesionales del sector, antes de abrir mañana la feria al público de a pié, inaugurada por el presidente del país, Joachim Gauck.
"Tienen cien días para reflexionar y para pasear, cada uno sacará su conclusión. O se marchará indiferente. También eso es una reacción", explica a los visitantes el tailandés Chiang Mai, a los pies de su blanco espectro llamado "Geist" -"Espíritu"-, una de las más espectaculares instalaciones del parque ciudadano Karlraue.
El "espíritu" del artista tailandés y su colega Apichatpong Weerasethakul, en un claro del parque, no anima a sentarse a relajarse. Sí lo hace el "Sanatorio" de Pedro Reyes, donde un equipo de "asistentes" atiende al visitante y le invita a la "distender músculos y mente", explica el artista mexicano.
Junto al gran estanque se emplazó una aterradora horca de madera, del estadounidense Sam Durant, para muchos ya el símbolo de la presente edición de la dOCUMENTA, que refleja a la lado de las apacibles aguas el mundo de las ejecuciones.
Incompleta, según la definición de la propia comisaria, y una especie de "taller de ideas en construcción", para Reyes, la dOCUMENTA reparte los casi 300 nombres de artistas y demás invitados -biólogos y otros científicos- en ambientes y dinámicas distintas.
Algunas de las obras se completarán a lo largo de la muestra, que se cerrará el 16 de septiembre, como los árboles depositados en macetas, a modo de contramolde de los 7.000 robles que plantó Joseph Beuys en 1982, una de las ediciones más míticas de la muestra.
Otras no llegarán nunca, como el meteorito de los argentinos Guillermo Faivovich y Nicolás Goldberg, que se quedó con sus 37 toneladas en El Chaco y sólo está presente simbólicamente en Kassel.
"También eso es experiencia artística. Intentar y representar", apunta Chus Martínez, exjefa de exposiciones del MABCA de Barcelona y mano derecha de Christov-Barkviev, que va de una performance a la siguiente, como el estreno de "Kauf mich" -"Cómprame"-, una denuncia del consumismo de la española Dora García.
La 13 edición de la dOCUMENTA se enmarca en el espíritu experimental de esta misma muestra de Kassel, fundada en 1955 por Arnold Bode y que desde esos inicios complejos, en plena posguerra, ha convertido esta ciudad de provincias, cada cinco años, en meca artística mundial.
Es una opción económicamente llevadera en tiempos de crisis, en una ciudad sin pretensiones, con hoteles y habitaciones privadas asequibles para casi todos los bolsillos, y cuyo mejor sistema de movilidad es la bicicleta, para la que también con un buen servicio público de alquiler.
El precio es variable -todo lo que ocurre al aire libre es de libre acceso- y la oferta abarca todo Kassel, con una excepción: el hombre que llama a los feligreses desde el campanario de la Iglesia católica de Santa Elisabeth, en la misma plaza que el Fridercianum.
Es obra de Stephan Balkonhol, discípulo del fundador Bode. Además del hombre del campanario se expone obra del artista en el interior del templo. "No formamos parte de la dOCUMENTA. Nadie nos ha invitado. Y eso que somos vecinos", dice el párroco Peter Bulowski, cuya exposición se cierra, también, el 16 de septiembre.

Por Gemma Casadevall

Fuente: EFE

PERDÓNALOS, SEÑOR...

Los monumentos a Eva Perón y a Juan Pablo II y el edificio de la Biblioteca Nacional: un terrible empaste visual motivado por intereses políticos, falta de criterio visual y de idoneidad a la hora de poner al arte en valor. El monumento a Juan Pablo II parece un pequeño bronce posado sobre uno de los tantos nichos de esa gran mole que es la Biblioteca.


PERDÓNALOS, SEÑOR...


“Diseñar es mucho más que simplemente ordenar, montar o editar; es agregar valor y significado, iluminar, simplificar, clarificar, modificar, dignificar, dramatizar, persuadir, quizás hasta divertir. Es convertir prosa en poesía.
El diseño amplía la percepción, magnifica la experiencia y realza la visión.”

                                                                                                                                                                                                                                                             Paul Rand

Los habitantes de Buenos Aires pueden sentirse orgullosos de la bien ganada fama de su ciudad por la cantidad y calidad de sus monumentos. De lo que no podrán jactarse es de tratarlos como corresponde. Tanto la Argentina como el Uruguay han dado excelentes escultores. De ellos, como de artistas del resto del mundo, hay magníficos testimonios en Buenos Aires.
Los desastrosos resultados que se ven sobre nuestros monumentos se deben, en gran parte a las permanentes agresiones que sufren: un problema de larga data que no se corregirá sin una mejor educación. Pero se deben también a la falta de una política oficial, eficiente y coherente, de un hilo conductor profesional, estético y funcional, en lo que respecta a la distribución, emplazamiento y puesta en valor del patrimonio artístico, al poco o nulo respeto por los espacios públicos, al inexistente diseño actual de sus plazas y parques . Hay buenas intenciones y esfuerzos aislados, pero sólo con eso no alcanza. Son insuficientes.
Poco tiempo después de que fuera inaugurado, un grupo de intelectuales cuestionó la decisión de emplazar el monumento a Su Santidad el Papa Juan Pablo II en el frente de la Biblioteca Nacional. La calificaron de “grueso error”.
Se podrá estar o no de acuerdo con las razones constitucionales, ideológicas y religiosas que adujeran los mencionados intelectuales para sustentar sus opiniones, pero dejémolas por un momento de lado y analicemos lo que exclusivamente concierne a lo visual. Tampoco están en discusión los valores plásticos intrínsecos del monumento en cuestión y mucho menos las cualidades del entonces jefe del catolicismo y si era oportuno o no ese homenaje en vida.
Se opina aquí sobre la decisión de emplazar el monumento en el preciso lugar donde se lo inauguró. A juzgar por los resultados, es evidente que se han considerado razones de cualquier tipo menos las plásticas y visuales básicas que debieron haber sido tenidas en cuenta. Psicología de la forma, en su nivel elemental.
El lugar elegido para el monumento sugiere a las claras que la decisión fue tomada por personas que desconocen absolutamente las leyes básicas que rigen nuestra visión y el modo en que se concreta nuestra percepción visual.
Desparramar obras de arte por doquier, sin ton ni son, lo puede hacer cualquiera.
Colocar obras de arte, poniéndolas en valor para que rindan al máximo de sus posibilidades, es un arte en sí mismo. También una técnica. Para hacerlo correctamente, hace falta conocer mínimamente, entre otros, una cantidad de principios básicos de composición, proporción, perspectiva, color; saber algo sobre cómo trabaja el ojo humano, tener sensibilidad plástica, un criterio estético formado, un cierto espíritu crítico, un ojo atento y entrenado del que se pueda decir que “sabe ver”. No basta con ostentar un cargo político. Como en todas las ramas del quehacer humano, será muy conveniente tener una buena dosis de algo que por estos días suele escasear: sentido común. Y todo irá tanto mejor si, además, se pone pasión. Enseguida se nota cuando esto es así.
Una de tantas leyes visuales que no fallan, es que, inconscientemente, el ojo humano empieza siempre el abordaje del campo visual por arriba a la izquierda, aunque sea por segundos. Después, recorrerá el resto más en detalle y hacia y desde todas las direcciones posibles, analizando más acabadamente cada detalle particular. Cada obra de arte individual, tiene sus propias necesidades absolutamente distintas a las del resto. Sea Usted funcionario o no, téngalo muy en cuenta si aspira a colocar obras de arte con acierto.
Las leyes de la percepción visual no discriminan. Aunque alguien fuera un israelita, que al leer en hebreo va de derecha a izquierda y de abajo para arriba; aunque fuera un zulú o un maorí que todavía está en la Prehistoria por no haber entrado todavía en la lectoescritura; aunque fuera hombre o mujer, joven o viejo, rico o pobre, el más genial de los premios Nobel o un analfabeto, gobernante o gobernado. Las primeras respuestas de todos ellos ante los mismos estímulos visuales, serían prácticamente idénticas.
Muy fácilmente podemos comprobar por nuestros propios medios otra de las tantas leyes. Sólo tendremos que dividir nuestro campo visual en cuatro cuadrantes: arriba izquierda, arriba derecha, abajo izquierda y abajo derecha. Y si luego vamos mudando un único objeto de cuadrante en cuadrante, nos parecerá ver cuatro objetos diferentes.
Ese objeto, tendrá un peso visual totalmente distinto según el cuadrante en el que lo ubiquemos. Estando en el cuadrante superior izquierdo, su peso visual será mayor. Pruebe luego con un cuadro, una escultura, tapicería o pieza arqueológica. Ocurrirá lo mismo.
Al emplazar monumentos, habrá que considerar también los puntos desde los cuales el observador mirará la obra, ver si habrá o no circulación de personas alrededor, las tensiones que se producen, cómo se atraen y rechazan las distintas partes, la relación entre las formas positivas y las negativas, etc.. El ojo busca obsesivamente ordenar, pide simplicidad. ¿Porqué negársela? Será también de vital importancia evaluar cómo interactúan “figura” y “fondo”. Todo es relativo en la estrecha relación que se establece entre ellos. Y, finalmente, si lo que buscamos es destacar, poner en valor, nos vendrá muy bien trabajar con contrastes, usándolos sutilmente, con cuidado y criterio. De tamaño, de color, de valor, de textura, etc. .
Entre las obras de arte, como ocurre con la carrera por la supervivencia en la naturaleza, siempre triunfa la más poderosa sobre la más débil. En el arte, con idoneidad, ésto se maneja. Sin ella, no.
Decíamos que todo es relativo en la relación entre figura y fondo. En el caso que nos ocupa, el peso visual de la imponente volumetría de la Biblioteca Nacional, se “traga” al bronce con la figura de Juan Pablo II. Visualmente, lo convierte en un pequeño apéndice de ella, en insignificante. Queda subordinado, menoscabado, “hundido”. Tan simple y tan complejo como eso. Se establece una despareja lucha de fuerzas entre ambas obras de arte, la escultórica y la arquitectónica.
La Biblioteca, por razones obvias, sale amplia y fácilmente victoriosa. Ambas obras compiten por el protagonismo. Lo que en el mundo del teatro llaman “problemas de cartel”. Cuando dos o más figuras discuten sobre quién encabeza una compañía. Paradójicamente, la estrella máxima de la plaza en cuestión, es la Biblioteca. A ella, nadie pretendió homenajearla. Sin embargo, se lleva todos los lauros.
Pero, como si todo ésto fuera poco, falta el tercer elemento, el monumento a Eva Perón, que tiene una notable diversidad de materiales y de tratamientos que lo hacen visualmente muy complejo. Con él queda virtualmente “tapado” el monumento a Juan Pablo II.
No voy a opinar sobre negociaciones entre las bancadas mayoritarias en la Legislatura Porteña previas a la aprobación del traslado del monumento a Rubén Darío desde la plaza de la Biblioteca a la de enfrente, para poder emplazar en su lugar al de Eva Perón y complacer a las hermanas de la homenajeada. No puedo hacerlo porque, como casi toda la ciudadanía, las desconozco.
Diré, eso sí, que no me parece imprescindible que el monumento destinado a recordar la memoria de alguien tenga que estar necesariamente en el mismo lugar en que esa persona murió. El 99 % de los monumentos, de hecho, no lo están. Creo que, en momentos en que tanto se proclama la urgente necesidad de achicar el gasto público, la ciudadanía, sin dudar, hubiera valorado un ejemplo de austeridad departe de las autoridades pertinentes. Nos podrían haber ahorrado los costos del traslado del monumento a Darío y se podría haber levantado el de Eva Perón en un sinfín de lugares muy superiores al elegido, poniéndolo en valor y destacándolo en mucho mejores condiciones. Esta vez, supongo que pesaron más criterios muy diferentes de los visuales: históricos, ideológicos, político-partidarios y hasta sentimentales. Y si hubieran privado los criterios sociales que los funcionarios dicen defender, probablemente se hubiera destinado el dinero que se hubiera ahorrado a esos fines. Lo visual no es todo, pero si está logrado, hará que cada monumento luzca al máximo de sus posibilidades en forma autónoma y que, por lo tanto, cumpla con mucho más acierto el propósito de homenaje que con ellos se busca. Este verdadero tándem visual que a alguien se le ocurrió armar no favorecerá a ninguno de los tres elementos que lo integran. Conseguirán un efecto contrario al buscado.
Alguien que observe el conjunto desde la Avenida del Libertador, verá un conjunto visualmente saturado y confuso. Retomando la terminología de teatro, el orden de aparición en escena será: primero Eva Perón, después Juan Pablo II y finalmente, y en el ingrato papel de “ la mala” que vorazmente se come a todo el resto, la Biblioteca. Dramático. En esta “lucha”, el monumento a Karol Wojtyla pasa a ser el escasísimo jamón del sandwich, el más perjudicado de todos. Otra sería la situación si se lo mudara a Juan Pablo II. El silencio que se produciría entre la Biblioteca y el monumento a Eva Perón los independizaría, los desligaría y produciría el necesario descanso para los sentidos. Es que, como en la música, el silencio valoriza la nota.
La fuerza moral del sucesor de San Pedro no alcanza para neutralizar la enorme fuerza visual de la Biblioteca ni la del monumento a Eva Perón. La saturación visual provocará un enorme cúmulo de estímulos que impedirán una correcta y serena percepción.
A veces, como también ocurre en la naturaleza, hace falta eliminar algún elemento, entresacar en pro de mejores resultados en una floración o fructificación.
No deberían decidir este tipo de cosas quienes nada saben de lo que hacen. Deberían crearse comisiones asesoras ad-honorem de especialistas en estos temas para que orientaran sobre la mejor manera de llevar a cabo estas cosas. Aquello de “zapatero, a tus zapatos.” Las correcciones de los errores que producen los improvisados en estos temas, son carísimas. Si las pagaran nuestros gobernantes, seguramente se esforzarían para hacer un mejor papel. Y se dedicarían a gobernar. O a estudiar diseño antes de emplazar monumentos.

Pedro L. Baliña*

 
* El autor es Profesor Nacional egresado de Bellas Artes, decorador e iluminador.
  Se dedica a la iluminación y puesta en valor de obras de arte, 
de arquitectura interior y exterior y de arqueología.