HACIA LA NUEVA DIAGONAL DEL SIGLO XXI



Tres dimensiones






Cabildo. Hoy, entre Bolívar y Diagonal Sur. Abajo, el mapa original de diagonales.
Por Berto González Montaner
EDITOR GENERAL ARQ

Si hay un edificio emblemático de la Revolución de Mayo, es el Cabildo porteño. Quién no lo tiene grabado en la memoria, en su versión original, estampado en los manuales de la escuela, con sus balcones colmados de patriotas y el pueblo en la plaza queriendo saber de qué se trata. Incluso, existe una réplica a escala del original en el pueblo de La Punta, San Luis. Pero lo que hoy se alza en el lado oeste de la Plaza de Mayo no es más que la caricatura del Cabildo original. “Tan solo un muñón de lo que fue”, como lo describe el arquitecto e historiador Alberto Petrina.
Es que el Cabildo porteño sufrió –literalmente– transformaciones al compás de los gustos e ideologías de cada época. En 1879 el arquitecto Pedro Benoit lo reformó con un aire italianizante: elevó su cúpula unos 10 metros y le colocó azulejos. También le sacó las tejas coloniales y vistió de balaustradas sus balcones.
Diez años después, con la apertura de la Avenida de Mayo, le rebanaron las tres arcadas del área norte. Y de paso, cañazo: demolieron la torre. ¿Consecuencia? Un engendro. Ni en figuritas la clase alta quería quedar anclada a su pasado colonial. Con el bolsillo coqueteaba con Inglaterra en la cultura Buenos Aires aspiraba ser la “París de América del Sur”. Así fue que Torcuato de Alvear, el primer intendente porteño, se inspiró en la apertura de bulevares que había hecho Haussmann en París (1850) para hacer la Avenida de Mayo. Y mandó a demoler por la mitad la hilera de manzanas que van desde la actual Hipólito Yrigoyen y Rivadavia, desde Plaza de Mayo a la actual Plaza de los Dos Congresos.
También se inician por esa época las obras para abrir la Diagonal Norte y en 1931 se materializa la Diagonal Sur (Avenida Presidente Julio A. Roca). Con ella, el Cabildo pierde otras tres arcadas, las del lado sur, y recupera su perdida simetría. Recién en 1940 el arquitecto Mario Buschiazzo le devuelve al monumento su dignidad original haciendo lo que en jerga se llama una “restauración científica” (la primera que se hizo en el país). Recupera su ropaje colonial y realiza cambios, como la reducción del tamaño de la torre original, para hacerla proporcional a la nueva dimensión del edificio tras las amputaciones.
El proyecto de armar un tridente urbano institucional venía de lejos. Y, con el Plan Noel del año 1925, formulado por la Comisión de Estética Edilicia, se precisó aún más. El eje principal, el de la Avenida de Mayo, une la Casa de Gobierno con el Congreso, y las diagonales, con el Palacio de Justicia y el edificio de la Municipalidad, respectivamente. La Diagonal Norte fue más allá de la 9 de Julio y desembocó en Plaza Lavalle. Y en el cruce con la 9 de Julio y Corrientes, recién ensanchada, dio lugar al Obelisco, un monumento que por su ubicación, dimensiones, forma y pregnancia se convirtió en el hito-símbolo porteño. Y así se corrió el baricentro de la ciudad del eje institucional de la Avenida de Mayo hacia Corrientes, eje del entretenimiento.
La Diagonal Sur no tuvo igual suerte: inconclusa, dejó una ciudad desbalanceada. No obstante, la parte que se construyó tiene bellos y significativos edificios como el Concejo Deliberante (1926-1931), proyectado por Héctor Ayerza con su particular torre y campanario y el edificio Somisa (1966-72) de Mario Roberto Alvarez, el primero realizado en la Argentina en acero y el primero en el mundo íntegramente soldado.
Hoy en la Legislatura hay un proyecto de ley del Ejecutivo porteño que propone completar el trazado de la Diagonal Sur hasta la 9 de Julio. No sé si es una iniciativa prioritaria, lo que sí creo es que es una oportunidad para ayudar a reequilibrar la ciudad. Me imagino el nuevo tramo de la diagonal como un torrente de sangre nueva sobre el área sur de la ciudad. Enmarcada con nuevos edificios que hablen del espíritu de nuestra época, edificios con conciencia ambiental, donde se materialicen todos los conceptos de la arquitectura sustentable que reclama nuestro tiempo. Así como la Diagonal Norte viene enmarcada por hieráticas construcciones, con un estricto código formal, que habla de cómo Buenos Aires se quería mostrar al mundo a principios del siglo pasado, la nueva diagonal sur podría hablar de nuestra época, con edificios que se adapten a nuestras necesidades actuales y anticipen nuestras necesidades futuras.

Fuente: clarín.com

DAMIEN HIRST, EL ARTISTA MÁS RICO DEL MUNDO



 Mil Años, 1990.


De acuerdo a algunos críticos, a Damien Hirst le importa más el dinero y el escándalo que el arte. La controversia lo rodea desde sus primeras exposiciones a finales de los '80. Mil Años (1990) muestra un ciclo de vida completo. En la caja blanca se desarrollan larvas que se transforman en moscas y cuando escapan de su encierro se alimentan de la cabeza de la vaca.


La Imposibilidad Física de la Muerte en la Mente de un Viviente 1991 (Vista lateral).

La vida, la muerte, y lo difícil que es enfrentar la temporalidad en occidente son temas que obsesionan a Hirst, incluido desde sus primeras presentaciones en la selecta lista de Jóvenes Talentos Británicos. En la imagen, un tiburón suspendido en formol de 1991. 

Por el Amor de Dios, 2007 (detalle).



La exploración del tema de la muerte como tabú lo llevó a crear la que fue en 2007 la obra de arte más costosa de la historia, Por el Amor de Dios. Hirst incrustó más de 9.000 diamantes reales en el molde de platino sacado a una calavera del siglo XVIII.


Bella, infantil, expresiva, de mal gusto, que no es arte, demasiado simplista, para tirar, juego de niños, poco íntegra, rotativa, caramelo visual, sensacional, indiscutiblemente bella (para colgar arriba del sofá), 1996.







Aunque se le otorgó el premio Turner en 1995 y es considerado por muchos uno de los 20 artistas contemporáneos británicos de mayor relevancia, su obra ha sido criticada por tener 'poco contenido'. A partir de este miércoles, y hasta el 9 de septiembre, se podrá ver una retrospectiva de su trayectoria en la Tate Modern de Londres. En la imagen, uno de los lienzos giratorios que Hirst colorea con pintura que cae desde arriba.


Canción de Cuna, las estaciones: primavera 2002 (detalle).


Hirst saltó a la fama en 1988, cuando concibió, curó y organizó la exposición Freeze mientras cursaba el segundo año de su carrera en el Goldsmiths. Encontró un depósito abandonado en Londres, coordinó su limpieza y colgó las obras él mismo. Veinte años después, una de las mayores críticas que recibe es que 'terceriza' la ejecución de sus creaciones.


Canción de Cuna, las estaciones: primavera 2002 (detalle).

Pero los curadores de la muestra en la Tate invitan a que cada uno juzgue la relevancia de la obra de Hirst de primera mano. La muestra forma parte del Festival Londres 2012, que agrupa los eventos culturales en paralelo a las Olimpíadas. Incluye, entre otras, esta vitrina con miles de pastillas, que se subastó en 2007 por más de US$15 millones. Canción de Cuna quiere mostrar las estaciones con el cambio de colores de las píldoras.

Madre e Hijo Divididos (copia de 2007), original, 1993.


Su obra Madre e Hijo Divididos, originalmente de 1993, se convirtió en la vedette de la Tate Turner Prize en 1995, el año que otorgaron la distinción a Hirst. Consiste en cuatro tanques llenos de formol en donde se conservan una vaca y un ternero seccionados. Los tanques están dispuestos de tal manera que se puede pasar entre uno y otro y apreciar el interior de los animales.


Pecador, 1988.


En los primeros años Hirst fue muy conocido por sus gabinetes de fármacos. Pecador es una de sus primeras obras. En ella incluyó medicamentos de su abuela. Años más tarde diría que le provocaba desconcierto la credulidad de las personas en la medicina y su falta de fe en el arte.


Empatía en Blanco Mayor - Absolución II, 2006 (detalle).


En los últimos años Hirst ha vuelto una y otra vez a las mariposas, creando instalaciones con especímenes vivos y vidrieras caleidoscópicas a partir de sus alas.


Fuente: msn

ENGLISH LAVENDER AND RED POPPIES






IN MEMORIAM

FERNANDO A. HERRERO MACKAYE

13 - 10 - 1976   -   2 - 12 - 2011



Las lavandas en pleno apogeo.

La estética visión de un joven fotógrafo argentino, Fernando A. Herrero Mackaye, de estos cultivos de lavanda y de amapolas coloradas, en los Hitchin Lavender Beds, en el condado de Hertfordshire, en Inglaterra, y los cuadros del impresionista francés Claude Monet, 1840-1926, del holandés Vincent van Gogh, 1853-1890, y de la estadounidense Georgia O'Keefe, 1887-1987, en un mágico contrapunto con su plástica mirada. Y agregamos algunos apuntes sobre la fuerte carga evocadora de las célebres red poppies artificiales para los británicos.


Las laboriosas abejas colaborando a pleno con la polinización.

Todo la belleza y el misterio de la campiña inglesa sintetizados en esta foto llena de sugestión. El camino asfaltado, corre atrás del cerco de madera. Si se mira la foto bien en detalle, se ven una mesa y dos bancos, que seguramente han sido puestos ahí para que la gente pueda parar a hacer un picnic.


Un plano cercano de estas fuertes inflorescencias que con el tiempo se convertirán en la base de las ya míticas colonias de lavanda inglesas.


Como en la Provence francesa, las prolijas hileras de lavanda copian los desniveles del terreno. Y cada tanto, un árbol medio aislado.

 

Amapolas coloradas en Argenteuil, de Claude Monet, detalle.


Les Coquelicots, por Claude Monet. Amapolas coloradas en Argenteuil. Este cuadro puede verse en el Musée d'Orsay, en Paris.



Red Poppy por Georgia O'Keefe, la pintora estadounidense que vivió casi hasta los cien años.

Otro de los cuadros de Monet donde se ven las amapolas coloradas.


Campo de amapolas en un cañadón cerca de Giverny, de Claude Monet. Este cuadro se puede ver en el Boston Museum of Fine Arts, Massachusetts, E.E.U.U.

 
Campo de Amapolas, de Monet, detalle.

 


Amapola artificial lucida en la solapa por un canadiense. El Remembrance Day, Día de la Recordación, también conocido como Poppy Day, Armistice Day, Día del Armisticio (el evento que conmemora) o Veterans Day, Día de los Veteranos, es un día para conmemorar a los sacrificios de los miembros de las fuerzas armadas y de civiles en tiempos de guerra, específicamente desde la Primera Guerra Mundial. Se lleva a cabo el 11 de noviembre de cada año para conmemorar el armisticio que dió fin a la Primera Guerra Mundial. Las principales hostilidades de la Primera Guerra Mundial finalizaron oficialmente a la hora 11 del día 11 del mes 11 de 1918, con la firma del armisticio con Alemania. El día fue dedicado específicamente por el rey George V, el 7 de noviembre de 1919, a la observancia de los miembros de las fuerzas armadas que fueron asesinados durante la guerra, lo que posiblemente fue hecho sobre la propuesta de Edward George Miel de Wellesley Tudor Pole, que se establecieron dos períodos de ceremonial de la memoria basada en los acontecimientos de 1917. En Inglaterra y en sus colonias y ex colonias todo hombre luce orgulloso este símbolo después de haber contribuido en la colecta anual que se hace a beneficio de los veteranos de guerra.


 
Plano cercano de una amapola inglesa que no ha llegado todavía a su madurez. Las amapolas coloradas tienen un significado patriótico muy importante para los ingleses ya que se identifica con ellas a los muertos por la patria y a los veteranos de guerra, civiles y militares.


Campo de amapolas en Vetheuil, pintado por Monet en 1879.


La visión de Vincent van Gogh de este campo de amapolas pintado en 1890, el mismo año en que decidió quitarse la vida.

Amapola madura.



Campo de amapolas.


Red poppies comestibles.


LOS PALACIOS PORTEÑOS DE LA LUZ


La Italo. Unas de las subestaciones que hay en la Capital y el logo sobre los ladrillos naranjas. En los 90 los edificios pasaron a la Ciudad.
Por Eduardo Parise

Desde los tiempos de la revolución industrial, la energía es un elemento clave para producir, construir o moverse. Y en esto la electricidad siempre ocupó un lugar de privilegio. Buenos Aires, como toda gran ciudad, no puede prescindir de ella. Lo que ocurre cada vez que hay un corte, aunque dure sólo unas horas, es la mejor prueba. Ese proceso de usar la electricidad comienza aquí en 1887 con la creación de la Compañía General Eléctrica de Buenos Aires y se generaliza en 1912. Por ese tiempo, la instalación de usinas pasó a resultar imprescindible.
Fue en ese año, cuando la Compañía Italo Argentina de Electricidad (CIAE) logró una concesión por 50 años y terminó con el monopolio que tenía la CATE (Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad). Pero a diferencia de esta empresa, la Italo (como empezó a decirle la gente) optó por apuntarle al consumo urbano. Así surgieron usinas que, con una estética atrayente, se metieron en el paisaje porteño.
La que siempre se destacó es la que aún se conserva en Pedro de Mendoza y Benito Pérez Galdós, en La Boca y que, en horas, estará otra vez en marcha, ya no para generar electricidad sino convertida en la Usina del Arte (ver pág. 34). El edificio original empezó a construirse en 1912 y se terminó e inauguró en 1916. Fue diseñado por el arquitecto Giovanni Chiogna, un hombre nacido en Trento, Italia que, como tantos compatriotas, un día se embarcó en Génova en el vapor Formosa y recaló en esta Buenos Aires “per fare l’America”. Chiogna traía la impronta de Camilo Boito, un predicador del estilo románico gótico que, a fines del siglo XIX, era casi un emblema para los italianos.
Con ese estilo propio de los municipios medievales (asentado sobre una base de piedra, con paredes de ladrillo a la vista, ventanas con arcos de medio punto y hasta con una torre con reloj, digna de cualquier palacio de Florencia) el gran edificio de la usina boquense producía energía de alta tensión y estaba acompañado por otras cuatro estaciones intermedias (Montevideo 919, Tres Sargentos 320, Moreno 1808 y Balcarce 547) y otras muchas conocidas como “subestaciones estáticas”, ubicadas en pequeños lotes de la ciudad y el conurbano. Se calcula que de éstas hubo unas doscientas.
La usina de Pedro de Mendoza 501 funcionaba a vapor, que se producía con carbón, y hasta tenía canales subterráneos desde donde llegaba el agua del río para refrigerar a los generadores. Aquel diseño elegante fue el que le permitió a la Italo instalarla en una zona urbana sin que hubiera quejas de los vecinos. Y hasta se conocieran elogios como aquel publicado tras la inauguración donde se destacaba “la acertada y armónica aplicación de un estilo puramente italiano”. Años más tarde, la empresa construiría la usina de Puerto Nuevo, pero con otro diseño diferente a los propuestos por Chiogna. Hacia 1990 todos los edificios de la ex Italo que estaban en la Capital pasaron a la Ciudad. Para recordarlos, desde mañana, martes 22, habrá una muestra fotográfica en el Palacio Legislativo (Perú 160) titulada “Proyecto Italo: Palacios de la Luz”, que mostrará, hasta el 1 de junio, lo que eran esas construcciones.


De todas maneras, las principales miradas se centrarán en aquella usina que ahora tendrá otro destino. Según lo definió hace un par de años un funcionario será “el Teatro Colón del siglo XXI”. Tal vez nadie recuerde que, en 1905, en ese terreno de Pedro de Mendoza y Benito Pérez Galdós (se llamaba Colorado) estuvo la cancha del club Independencia Sud, el lugar en el que un club recién fundado jugó sus primeros partidos como local. Era Boca Juniors que en esos tiempos usaba una camiseta rosa (aún no había adoptado el azul y oro) y La Bombonera ni siquiera era un proyecto. Pero esa es otra historia.

REABRE EL PICADERO,
UN TEATRO MÍTICO QUE CASI FUE DEMOLIDO


 

Fundado en 1980, fue sede de Teatro Abierto. Será una sala para 300 espectadores, a metros de la avenida Corrientes. Hace cuatro años, iban a tirarlo para hacer una torre pero vecinos y actores lo impidieron. Reabrirá el martes, con un musical.

Todo listo. La sala, en el pasaje Santos Discépolo, tiene 260 butacas y un pullman con 32.
Por Nora Sánchez

Hace 31 años lo incendiaron y hace cuatro, casi lo tiran abajo. Ya le habían puesto cartel de obra y estaban abriendo un boquete. Pero esa herida en el edificio del pasaje Santos Discépolo 1857 movilizó a los vecinos que, recurso de amparo mediante, frenaron la piqueta. Porque la construcción que querían demoler para hacer una torre era nada menos que el teatro Del Picadero, cuna del ciclo de resistencia cultural Teatro Abierto. Una sala que, reconstruida y equipada a nuevo, reabrirá el martes de la mano del productor teatral Sebastián Blutrach. Su primer estreno será el musical Forever Young .
El nuevo Picadero fue reformulado por el arquitecto Gustavo Keller y el consultor técnico fue Marcelo Cuervo. Tiene 260 butacas y un pullman con 32 más. Ahora están terminando el hall principal, donde habrá una barra y un bar.
“Hace tiempo que buscaba un espacio que sirviera para obras más alternativas –cuenta Blutrach, que produjo éxitos teatrales como Toc Toc y es director del Metropolitan–. Quería un galpón, pero me avisaron que vendían el Picadero y vine a verlo. Sólo había una grada de cemento y la losa del techo”.
Era una oportunidad . En 2007, la constructora D Buenos Aires había empezado a demoler el teatro. Su proyecto era sumar el terreno donde se emplazaba a otros que había comprado en la unión de avenida Corrientes con Riobamba y el pasaje Santos Discépolo, para levantar una torre.
Alguien de Basta de Demoler vio el cartel de obra por casualidad. La organización vecinal fue a la Justicia, porque una ley ordena que cuando se demuele un teatro hay que construir otro similar . Y logró una medida cautelar impidiendo la demolición.
En una reunión de conciliación se llegó a un acuerdo: Ernesto Lerner, el inversor del proyecto edilicio, se comprometió a reconstruir y reabrir el teatro. Y empezó a hacerlo con el asesoramiento del escenógrafo Héctor Calmet, al mismo tiempo que avanzaba la obra de la torre lindera. Pero finalmente, decidió vender el Picadero.
Fue entonces que Blutrach decidió reinvertir el dinero que ganó gracias al teatro en esta sala emblemática. “Lo hice porque éste es mi trabajo: tengo 43 años y produzco teatro desde los 19 –explica él–. Conocía la historia del Picadero, pero a medida en que me involucré en este proyecto descubrí todo lo que significaba”.
El Picadero es un símbolo de la resistencia cultural durante la dictadura. Fue inaugurado en 1980, por Guadalupe Noble y el actor y director Antonio Mónaco. Pero su destino de ícono quedó sellado cuando en julio de 1981 fue sede de Teatro Abierto, un ciclo de obras de autores de la talla de Aída Bortnik, Griselda Gambaro, Eduardo Pavlovsky y Roberto “Tito” Cossa.
“Teatro Abierto fue un movimiento que nació de los autores prohibidos en los teatros oficiales, en la televisión y en las cátedras donde se formaban actores, porque nuestras obras no se enseñaban –recuerda Cossa–. Y fue Osvaldo Dragún quien propuso hacer un ciclo con obras breves de 21 autores, para demostrar que ahí estábamos”.
Las obras empezaban a las 18 y la entrada valía la mitad que una de cine. La respuesta de la dictadura fue contundente. Una semana después, en la madrugada del 6 de agosto de 1981, arrojaron tres bombas de magnesio contra el teatro, que se incendió por completo . Sólo quedó la fachada.
“El teatro independiente o de arte funcionaba durante la dictadura –cuenta Cossa–. Se hacían obras, algunas para nada inocentes. Pero lo que el poder vio antes que nosotros en Teatro Abierto fue que era un hecho político más que teatral. No toleraban que nos uniéramos en defensa de la libertad para la cultura. Y con el atentado les salió el tiro por la culata: convirtieron a un hecho contestatario en una epopeya”. El ciclo, de hecho, siguió en el Tabaris y fue un éxito.
En 1986, el empresario Lázaro Droznes alquiló el Picadero y puso un estudio de televisión. Más adelante, en 1991, lo adquirió y diez años después lo reabrió con la dirección artística de Hugo Midón. Pero cerró poco después.
Ahora el Picadero regresa. “El Gobierno porteño estará presente en este gran acontecimiento y por largo tiempo –afirma el ministro de Cultura, Hernán Lombardi–. Ayudando a la restauración, en acciones de comunicación conjunta y llevando espectáculos nuestros a la sala”.
“La reapertura del Picadero es una reparación y una respuesta a los años de horror –dice Cossa–. Blutrach va a dedicar un espacio a la memoria de Teatro Abierto. Eso sí: le vamos a pedir que le de más lugar a autores nacionales”.
Por ahora, el 29 de mayo el primer estreno será Forever Young , una comedia musical de origen noruego y dirigida por Daniel Casablanca. Sin embargo, Blutrach promete: “Voy a mantener un balance entre obras comerciales y otras más alternativas. Y además, me gustaría que el teatro Picadero sea un lugar de encuentro”.


El edificio nació como fábrica de bujías, sobre un pasaje histórico.

Noche trágica. La del incendio, en agosto de 1981, en plena dictadura
El edificio del Picadero no nació como teatro: antiguamente era una fábrica de bujías , lo que explica el aspecto industrial de su fachada. Construido en 1926, fue diseñado por el arquitecto milanés Benjamín Pedrotti, autor también de la sucursal de la antigua tienda Gath & Chaves de Florida y Sarmiento. Su constructor fue A. Carte.
En aquella fábrica se producían las bujías “American Bosch”. Originalmente, la marca Bosch era alemana. Pero durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno estadounidense la expropió y, por eso, le antepuso “American” a su nombre. En los años 20, su representante en la Argentina era Don Armido Bonelli.
Todo ese pasado puede leerse en la fachada del teatro, de estilo florentino, ahora restaurada. En ella aparece el logo de la fábrica , con las letras AB y la cara de Fritz. Este personaje era parte del logo de la marca alemana original y representaba a un aviador germano.
El nuevo dueño del teatro, Sebastián Blutrach, también colocó el letrero original del Picadero en el frente del edificio para reforzar su identidad.
El pasaje mismo donde está ubicado el teatro también tiene una historia para contar. Su forma de “s” es una huella del primer trazado de vías férreas que se hizo en nuestro país, el del “Ferrocarril del Oeste”, de 1857.

En escena. Cipe Lincovsky y Juan Manuel Tenuta, en el Picadero
Este tren, para el que prestó servicios la legendaria locomotora “La Porteña”, partía de la Estación del Parque, que estaba donde hoy se encuentra el Teatro Colón. Después atravesaba los barrios por ese entonces más alejados de Almagro, Caballito y Flores hasta llegar a Floresta.
En 1883, este ferrocarril empezó a salir desde la estación Once y el recorrido desde plaza Lavalle quedó en desuso. En 1893, levantaron los rieles y el tramo que corre entre Corrientes y Callao tomó forma de pasaje. Lo llamaron Rauch en honor al coronel Federico Guillermo Rauch, un alemán que entre 1826 y 1827 organizó tres campañas contra los aborígenes pampeanos.
La forma del pasaje favoreció que se instalarán “casas de tolerancia”, donde se ejercía la prostitución. Y en los años 30, en esta callecita funcionó una feria franca. Como testimonio de esa feria, queda una foto publicada en la Guía Peuser de 1951.
La última gran transformación del pasaje se produjo en 2005, cuando lo convirtieron en peatonal y lo rebautizaron como Enrique Santos Discépolo, en honor al dramaturgo y compositor de tangos.

Fuente: clarin.com


encuentro”.
ver más

UNA NUEVA SALA SINFÓNICA,
EN LA VIEJA USINA DE LA BOCA



Abre pasado mañana en el edificio de la ex Italo. Es la Usina del Arte y fue construida en lo que fuera la caldera de la compañía de electricidad. Todo el complejo ocupa 15.000 m2 y servirá además para danza, artes plásticas, muestras y exposiciones.

Flamante. El interior de la sala de Pedro de Mendoza y Pérez Galdós, donde estaban las turbinas generadoras del notable edificio de la ex Italo. Tiene capacidad para 1.200 personas.
Por Pablo Novillo

A partir del miércoles, Buenos Aires sumará un nuevo y bello espacio para el arte . Con un recital homenaje a Astor Piazzolla, El Gobierno porteño inaugurará la Usina del Arte, que funcionará en el viejo edificio de la compañía Italo, en La Boca.
El particular edificio, un palacio florentino, queda en avenida Pedro de Mendoza entre Caffarena y Benito Pérez Galdós (ver pág. 37). Fue construido por la Compañía Italo Argentina de Electricidad, con un proyecto del arquitecto italiano Juan Chiogna, entre 1914 y 1916. Allí funcionaban 12 calderas que producían vapor lo que impulsaba las turbinas que generar electricidad. Tras pasar por la manos de Segba y Edesur, terminó siendo operada por Acindar, que la cerró en 1997. Entonces, quedó en manos del Estado nacional, hasta que fue comprado por el Gobierno porteño.
El primer paso para convertirlo en un espacio para el arte lo dio el Gobierno de Jorge Telerman, cuando en noviembre de 2007 inició las obras de lo que entonces sería la Usina de la Música, porque se pensó al lugar como sede para la Sinfónica Nacional y la Filarmónica porteña. Pero luego la gestión macrista reconvirtió la iniciativa para, además de música, incluir baile, artes plásticas y otras disciplinas .
En total, la Usina del Arte contará con 15.000 m2 . La Sala Sinfónica dispondrá de 1.200 butacas , y se puso especial atención en lograr una perfecta acústica , sobre todo considerando que el edificio está al lado de la Autopista Buenos Aires-La Plata. Tendrá tres niveles de palcos, pullman y bandejas laterales .
Luego están la Sala de Cámara, con 400 butacas en dos niveles de palcos laterales y uno de platea , en el que se buscó crear un espacio de mayor intimidad entre el artista y el auditorio.
Además habrá una sala para ensayos y el Foyer central. Para las exposiciones se usarán el Salón Dorado, de 59 por 18 metros con hasta 20 metros de alto, decorado con piedra París y con balcones a los que se les recuperaron las barandas originales. De igual manera se restauraron las molduras y capiteles, de gran valor patrimonial.
Junto con otra sala de exposiciones estará el anexo Pedro de Mendoza (donde habrá cafeterías, sanitarios públicos y locales comerciales ) más otro anexo, conocido como “calle interna”, en el que estarán la Biblioteca y la Sala de Televisión. Las instalaciones se completan con los camarines y oficinas. Además, fueron recuperadas las fachadas, que volvieron a su aspecto original .
Este año la Usina del Arte tiene un presupuesto de $ 14 millones. Para el Gobierno porteño se trata de una fuerte apuesta. Daniel Chain, ministro de Desarrollo Urbano, aseguró: “Terminar con la histórica postergación de la zona sur es para nosotros una política de Estado, por eso llevamos adelante intervenciones urbanas como la puesta en valor de espacios públicos que mejoran la calidad ambiental del área La apertura de la Usina una decisión para generar un nuevo polo de crecimiento en el sur de la ciudad”.
La inauguración de la Usina del Arte se realizará pasado mañana a las 19. El recital homenaje a la obra del gran Astor Piazzolla estará a cargo del bandoneonista Néstor Marconi, el quinteto de la Fundación Piazzolla, Pablo Agri y la Orquesta de Cuerdas y el reconocido pianista Horacio Lavandera. Será la primera actividad de un centro cultural que será también sede del Campeonato Metropolitano de Tango, el Bafici, el Polo Circo, el ciclo de música contemporánea y otros espectáculos y ciclos culturales organizados por el Gobierno porteño.
Además de la música, los asistentes podrán disfrutar desde el viernes de dos puestas artísticas. Por un lado, Edificio , una obra visual de Leandro Erlich; por el otro, la puesta Spectra, del artista japonés Ryoji Ikeda, que mezcla sonidos y luces.
La apertura de la Usina será uno de los hechos más importantes para la cultura de la Ciudad, tras la restauración del Teatro Colón, inaugurado para el Bicentenario. Además, el Gobierno porteño impulsa la venta de propiedades del Estado para usar ese dinero en la reforma del Teatro San Martín, el segundo edificio más importante de la red cultural pública de la Ciudad.


Fuente: clarin.com




EL PREMIO ARTEBA - PETROBRAS DE ARTES VISUALES,
ES PARA...






Splatter Morfogenético Arlt Maschine.
El ganador del Premio arteBA-Petrobras de Artes Visuales fue Splatter Morfogenético Arlt Maschine (Silvina Aguirre, Laura Bilbao, Roberto Conlazo y Lux Lindner), que se llevará cincuenta mil pesos (premio no adquisición) y que resultó finalista junto con la Multisectorial Invisible y Pop Up Cartoon.


Fuente: Revista Ñ Clarín