HALLAN EN ESCOBAR
UNA RESERVA ARQUEOLÓGICA SIN PRECEDENTE



Sorpresa en un campo donde construirán un country. Se trata de un rompecabezas de 10.000 piezas que pertenecieron a los primeros pobladores del Norte bonaerense. Eran cazadores-recolectores que vivieron allí hace unos 2.500 a 3.000 años.

Excavaciones. Los arqueólgos tardaron 4 meses en desenterrar la reserva. La “parcela” que se preservará tiene 50 x 50 metros.

Por Sibila Camps

Trocitos de cerámica. Piedras angulosas o redondeadas. Minúsculos fragmentos de huesos. Un rompecabezas de 10.000 piezas: todo un tesoro para los arqueólogos que desenterraron las huellas más antiguas de los primeros pobladores del norte bonaerense, hace 2.500 a 3.000 años. Las encontraron en noviembre, a 5 kilómetros del centro de Escobar, en un predio donde se construirá un barrio privado; no obstante, el yacimiento será preservado.
La ley 25.743 obliga a realizar un estudio de impacto arqueológico previo a cualquier emprendimiento importante, lo que no siempre se cumple (ver Huellas ...). En este caso, antes de la construcción del barrio San Matías, el estudio encargado por la firma Eidico fue realizado por un equipo de arqueólogos dirigido por los doctores Daniel Loponte y Alejandro Acosta, investigadores del Conicet en el Centro de Registro Arqueológico, que depende de la Dirección de Patrimonio Cultural bonaerense.
En la época en que vivieron esos cazadores y recolectores, lo que hoy es el delta del Paraná era un gran golfo . Antes, hace unos 6.500 años, el mar se había elevado 6,5 metros y había llegado hasta el norte de Rosario. El mar fue retirándose muy lentamente; dejó un acantilado y comenzó a formarse el delta. “Cuando las condiciones marinas cambiaron a fluviales, ocuparon el lugar estos grupos aborígenes”, indica Loponte.
La llanura pampeana ya estaba habitada (se registra presencia humana desde hace 10.000 años). Y también había pobladores en la llanura fluvio-lacustre. Pero esta zona, en el nordeste bonaerense, estaba desierta. Loponte deduce que la región era similar a la franja entre Punta Indio y San Clemente, intermedia entre fluvial y marina.
A lo largo de cuatro meses de excavaciones, los arqueólogos se toparon con restos de cerámicas, herramientas y huesos de animales que dan cuenta de la buena elección del asentamiento, en función de la riqueza de recursos . A una profundidad de entre un metro y 1,5 metro rescataron instrumentos de piedra, del tipo cuchillo, para cazar y procesar presas; y raspadores para limpiar los cueros.
Entre ellos había huesos con cortes y fracturas, vestigios de que fueron cocidos. Se trata de huesos de guanacos, ciervos de los pantanos, venados de las pampas, nutrias. Además, aquellos aborígenes pescaban, corvinas y armado
s.

Huesos con cortes y fracturas. Vestigios de que fueron cocidos. Pertenecen a guanacos, ciervos de los pantanos, venados y nutrias.
Los trozos de cerámica muestran una decoración novedosa. Fueron escudillas para cocinar, y quizá también para almacenar alimentos.
Otros eran formas tubulares, abiertas arriba y en la base, por lo que “creemos que tuvieron un uso simbólico”, señala Loponte.
Aparecieron además manos de morteros, que pudieron haber molido carne seca, o semillas para hacer harina . ¿De qué plantas? “Pudo haber un monte de tala –estuvo desde hace no menos de 2.000 años, hasta la colonia–, que tiene un fruto comestible: espinillo, tala, algarrobo negro y blanco, chañar”, infiere el arqueólogo.
En esa zona convergían tres ambientes distintos: ese monte xerófilo, cuña del talar que desde Santiago del Estero llegaba hasta la depresión del Salado; la llanura pampeana; y el ambiente de río, con características tropicales.
“Era una franja ecológica que fue muy jerarquizada por los grupos aborígenes, porque tenía una gran variedad de recursos –subraya Loponte–. Por eso, en los últimos 2.000 años hubo una gran concentración de población: los primeros cronistas dan testimonio de que estaba lleno de gente”.
Los arqueólogos determinaron que aquellos primeros pobladores “probablemente eran una banda compuesta por cinco a siete familias”, que volvían cada tanto a ese campamento, y que lo ocuparon por varias generaciones. Sin embargo, algunas de las herramientas están hechas con trozos de rocas predominantes en Tandil o Sierra de la Ventana, y otras de El Palmar. Será difícil determinar si fue trueque o las trajeron de allá.
El hallazgo de este sitio obligó a Eidico a readecuar el diseño del barrio –parte del club house coincidía con la reserva–, ya que esa “parcela” de 50 x 50 metros será preservada. Mientras en el laboratorio del Instituto Nacional de Antropología se analizan las piezas, con colaboración de pasantes de Arqueología de la UBA, Loponte planea una nueva excavación, aunque no para extraer todo, sino una muestra. Después, la reserva será nuevamente cubierta. “En el futuro vendrán otros arqueólogos –sostiene–, con otra tecnología, y con otras preguntas”.


Un trabajo de artesano bajo tierra

Aunque no lo parezca, hurgar en busca de restos arqueológicos en un predio de 200 hectáreas es menos difícil que encontrar una aguja en un pajar. La primera etapa está a cargo de un geoarqueólogo , quien levanta un mapa de sensibilidad arqueológica, para reconocer todas las unidades estratigráficas en función de su antigüedad, y de las épocas en que pudo haber población en esa zona.
En una región como el norte bonaerense, si el terreno tiene lugares bajos e inundables, se busca en primer lugar los albardones que, por ser lomas fluviales, más elevadas, eran los lugares donde se instalaban los antiguos pobladores, cerca del agua pero con menos riesgo de desborde.
En esos lugares se hacen los primeros sondeos, cavando pozos con palas y tamizando los sedimentos con una zaranda . Si aparecen restos arqueológicos, habrá que trazar una cuadrícula , excavar metódicamente con herramientas más delicadas; eventualmente limpiar con pincel algunas piezas, e ir fotografiando y anotando el lugar exacto donde fueron halladas, antes de guardarlas en bolsas de nailon.
En terrenos altos se lleva a cabo un sondeo sistemático cada 50 metros. En este campo de Escobar, no se cavó más allá de los 2 metros, porque los restos de los habitantes más antiguos de la llanura pampeana (10.000 años) se encontraron a esa profundidad.
Después vienen las tareas de laboratorio. Con el método de carbono 14 se fecha la época del asentamiento. Si hay dudas, se recurre al método Kjdedal, que mide el contenido de nitrógeno total en los huesos; sirve además para saber si hubo ocupaciones diferentes en el mismo sitio.
El análisis exterior de los fragmentos de cerámicas permite conocer con qué tipo de alimentos estuvieron en contacto. Por otra parte, en los elementos de los morteros se busca fitolitos , que son células vegetales que se han mineralizado, lo que permite determinar qué se molió allí.
También se analizan los componentes de los sedimentos en los que quedaron enterrados estos vestigios de la acción humana, ya que proporcionan datos sobre su hábitat y sobre el clima.


Fuente: clarin.com


GAUGUIN, AUTOR DE SU MITO



Una muestra en Washington revela un Gauguin más oscuro que el conocido, inmerso en sus obsesiones y buscando en Tahití un paraíso que nunca encontró.

Gauguin, autor de su mito

Por Holland Cotter

Paul Gauguin era un hombre horrible pero pintaba bien. Es la visión actual que se tiene de él. En su afán por alcanzar la fama, abandonó a su familia, intimidó a sus amigos, robó ideas y mintió sobre su pasado. Su libro Noa Noa , que él publicitaba como un relato de su vida en Tahití, era en gran medida una invención, plagiado en su mayor parte. Si lo publicara en la actualidad, Oprah estaría exigiéndole una disculpa.
Claro que por otro lado está el arte. Las pinturas de Gauguin de los Mares del Sur, con sus fragantes colores de frutas machacadas –amarillo guayaba, verde lima, rosa pomelo – y sus escenas de un Edén tropical pintadas bajo el trance del opio son para devorar adictivamente. No hay otras iguales. Los museos tienen buenas razones para ponerlas en el menú.
El último de estos festines es la gran exposición llamada Gauguin: Maker of Myth , que llegó a Washington desde la Tate Modern de Londres y se inauguró en la National Gallery of Art el domingo. Los colores son todo lo ricos que se esperaba, pero, curiosamente, no son el plato dominante. Gran parte de lo que hay aquí, incluidos muchos grabados y varias esculturas, es oscuro. Se reiteran imágenes extrañas, incluso simplemente feas. La atmósfera es tensa, claustrofóbica, deprimente. Parte del problema reside en las obras elegidas.
Posiblemente para evitar el efecto grandes éxitos , las curadoras dejaron afuera numerosos clásicos carismáticos. De todos modos, para cuando se llega a la última sala da la sensación de que ningún malabarismo con las listas de las obras podía llegar a ocultar una nota básicamente deprimente en esta muestra. La historia que cuenta es, después de todo, la de un paraíso buscado pero nunca hallado; o hallado pero, en todo caso, sombrío, algo que un paraíso no puede ser.
La narración es el eje de la muestra, siendo la idea específica que justamente el uso de la narrativa apartó a Gauguin de contemporáneos modernistas como los impresionistas. En tanto éstos despojaban su arte de contenido simbólico y personal para avanzar hacia la abstracción, Gauguin apilaba exactamente estos elementos y miraba hacia atrás: cosas anticuadas como la pintura histórica, el arte religioso y el mito.
El mito que lo absorbió más plenamente fue el mito de la creación de Paul Gauguin. De modo que es apropiado que la exposición –organizada por Belinda Thomson, historiadora británica del arte, y Mary Morton, curadora de pinturas francesas en la National Gallery– se inicie con autorretratos. El más temprano, atribuido sólo recientemente a Gauguin, fue realizado alrededor de 1876, cuando tenía menos de 30 años y vivía en París. Había nacido allí en 1848 pero se ausentó durante largos períodos. No obstante, hacia 1876 estaba establecido como agente de bolsa parisino, se había casado y formado una familia. La pintura era algo que hacía en privado, al margen.
Pero pintaba mucho, y fue bueno enseguida, tan bueno que en 1879 Edgar Degas y Camille Pissarro lo invitaron a participar en la Cuarta Exposición de los Impresionistas , y fue el voto de confianza que Gauguin necesitaba. Tres años más tarde, dejó su empleo de oficina para ser artista a tiempo completo. Luego dejó a su mujer y sus hijos. Pasó meses en el campo en Bretaña, viviendo pobremente y pintando como loco. Zarpó hacia Panamá y permaneció en la isla caribeña de Martinica. En la época de ese viaje, en 1887, el pintor burgués de los domingos de la década anterior ya no existía: lo había reemplazado un artista con una nueva identidad y una nueva historia: un buscador espiritual y autoproclamado visionario.
Después de la estadía en Martinica empezó a llamarse a sí mismo salvaje y declaró su interés por los temas primitivos: campesinos bretones, negros caribeños. No sólo había pasado años en Sudamérica, decía; también tenía sangre inca. Era bestial, se jactaba, un monstruo, todo apetito. Como para probarlo, bebía descontroladamente y atacaba a sus amigos.
Sus autorretratos, como era de esperar, pasaron a ser autodramatizaciones, menos registros de cómo era –una suerte de noble hippie– que proyecciones de cómo se sentía. En 1889, se pintó como un Jesús compungido, abandonado en Getsemaní; luego como un Satanás de mirada penetrante acariciando a una serpiente; y por último en una escultura de cerámica, como una cabeza herida sangrante. En la obra de cerámica, que evocaba la alfarería precolombina, jugó la carta inca, pero también se proyectó a sí mismo como el martirizado San Juan Bautista. Igual que Juan, pensaba que era una voz en el desierto para condenar a una Europa moderna corrupta, abrazando el ideal de culturas no occidentales y en un estado de inocencia moral.
Fue a Tahití en 1891 para encontrar esa cultura, aunque lo aguardaba un shock. La isla era desde hacía tiempo colonia francesa. El cristianismo estaba bien establecido y la cultura tahitiana se había diluido. Sin embargo, Tahití tenía sus placeres. En su pequeña sociedad provinciana él asumió una especie de estatus aristocrático. El campo estaba abierto de par en par para la depredación sexual y tomó como amante a una chica de 13 años. Ella es la figura de piel oscura recostada en una cama, desnuda y temerosa, en su pintura de 1892 “Manao Tupapau (el espíritu de los muertos sigue observando)”, que es una evocación de la conquista erótica y al mismo tiempo un homenaje a la “Olympia” de Manet, a su vez, imagen de la prostitución.
Gauguin era consciente de que el público del mundo del arte en su país captaría todas esas claves. Y su impulso por atraer a ese público fue otra razón por la que se quedó.
Imágenes de Tahití producidas en Tahití –pinturas como “Arearea no Varua Ino (Palabras del Diablo o Mujeres tahitianas reclinadas)” y “Mahana no Atua (Día de Dios)”– presentaban una autenticidad automática, comerciable. ¿Qué tenía de malo que sus títulos tahitianos fueran lingüísticamente cuestionables, y que las escenas presentadas fueran inventadas? ¿Quién se daría cuenta en París? Ahora lo sabemos, pero casi no importa, porque lo más sorprendente de estas pinturas es su innovación estética, la forma en que aplastan el espacio y transforman el color en una forma sólida independiente de las figuras, alejadas de los paisajes, libres de una función naturalista. Su visión modernista del arte como realidad es auténtica más allá de toda duda.
Aquí Gauguin había encontrado una historia genuinamente nueva, radical y futurista sobre un nuevo lenguaje visual al borde de la abstracción. Era de todos modos, como señala el catálogo de la muestra, un revolucionario reaccionario, que fijaba la esperanza no en el presente y el futuro modernista, que despreciaba y temía, sino en un pasado incorrupto y no colonizado, un pasado que, como un derecho de nacimiento principesco, le había sido arrebatado y que él había terminado pasando su vida tratando de recuperar.
El esfuerzo lo desgastó y limitó su arte.
Una sala dedicada a imágenes de mujeres cerca del final de la exposición resulta opresiva por los clisés: mujer como virgen, madre, puta. Estaba estancado en esa historia primitiva, no podía abandonarla. Le dio forma en una escultura de una diosa ficticia a la que llamó Oviri –derivada de una palabra tahitiana que significa salvaje– y quería que colocaran la escultura en su tumba. Talló la imagen de la diosa, como un espíritu protector, sobre paneles de madera que enmarcaban la puerta de su última morada.
La casa estaba en las Islas Marquesas, adonde se mudó en 1901. Debilitado por la sífilis y el alcohol, harto de un Haití cada vez más occidentalizado, pensó en volver a Europa hasta que los amigos lo convencieron de que su fama creciente como artista se veía afirmada por su estatus mítico de autoexiliado en un paraíso de islas. Para mantener altas las ventas debía mantener vivo el mito, lo cual significaba no moverse.
Su solución fue profundizar el mito alejándose a kilómetros de Tahití hasta otra isla, otro Edén más lejano, decepcionante. Allí se volvió peleador; escribió memorias vengativas; y provocó al clero local llamando a su casa Maison du Jouir, Casa de Placer –con los matices eróticos de la palabra “jouir” en francés. Había llevado la corrupción consigo.
De todos modos, en las Marquesas se puso a pintar con renovado vigor. Y en cierto modo el lugar le devolvió el color –paisajes enteros de rosa papaya– aunque es imposible saberlo por la muestra de Washington, que llega a un callejón sin salida decepcionante con algunos trabajos sombríos tahitianos tardíos. La vida de Gauguin también termina aquí, en 1903. Tenía 54 años y no era entonces un hombre más agradable de lo que había sido. A los ojos del mundo, fuera del Edén, se había convertido sin embargo, para bien o para mal, en el mito que había creado. Y además estaba el arte de toda una vida, espinoso y complicado pero también, en algunos casos, de una belleza profundamente influyente que crea dependencia.

(c) The New York Times y Clarín
.....Traducción de Cristina Sardoy




¿PICASSO LE REGALÓ 271 OBRAS SUYAS?



PABLO PICASSO

Casi nada encaja en la historia del electricista que dice haber recibido de Pablo Picasso 271 obras magistrales de su primera época. Así lo cree Bernardo Laniado-Romero, que fue director del Museo Picasso de Málaga, y que califica de “improbable” y hasta “insólita” la versión de Pierre Le Guennec, un electricista jubilado que atribuye al artista el regalo de casi 300 pinturas que él tiene ahora en su poder. El electricista las habría guardado en su garaje durante 40 años y ahora desea venderlas.


PIERRE LE GUENNEC, EL EX ELECTRICISTA QUE DICE QUE PICASSO LE REGALÓ 271 OBRAS SUYAS.

Fuente texto: noticiasarteseleccion.com


NINA CAMPBELL
EN EL MUSEO NACIONAL DE ARTE DECORATIVO



NINA CAMPBELL

La reconocida diseñadora de interiores británica Nina Campbell dará una charla en el Museo Nacional de Arte Decorativo el próximo miércoles 16, a las 19. El valor de la entrada será de 100 pesos e incluirá una copa de champagne.

Por su parte, Lucía Warck-Meister, artista argentina residente en Nueva York y productora del festival anual Art in Odd Places, habló ayer en el Centro Cultural Recoleta sobre arte en espacios públicos.

Fuente: adn Cultura LA NACIÓN

ZAHI HAWASS RENUNCIA A SER MINISTRO
TRAS RECONOCER EL EXPOLIO GENERALIZADO
DE LOS PRINCIPALES SITIOS ARQUEOLÓGICOS DE EGIPTO




Zahi Hawass.
Mientras fue ministro con Mubarak, el ajuar funerario de Tutankamón dañado por los saqueadores podía restaurarse en cinco días y las momias destruidas en el Museo de El Cairo eran de escasa categoría. Ahora que se ve obligado a dimitir por graves cargos de connivencia con el viejo dictador, Zahi Hawass ha reconocido que valiosos centros arqueológicos de todo Egipto están siendo “atacados por criminales de forma sistemática" y que el patrimonio del país “se encuentra en serio peligro”.

Zahi Hawass en plena conferencia de prensa cuando afirmaba que el patrimonio arqueológico egipcio estaba totalmente bajo control.

Hawass, que durante los últimos diez años ha sido el máximo responsable de antigüedades, dice que se marcha porque no puede soportar el expolio de unos yacimientos que la Policía y el Ejército "no son capaces de proteger”. Dos semanas antes, él mismo aseguraba que todos los monumentos del país estaban a salvo.
Fuente texto: noticiasarteseleccion.com
Zahi Hawass examina la momia de Hatsheput, la faraona hombre, en el Museo Egipcio de El Cairo.

Foto National Geographic Magazine/Kenneth Garret

VARGAS LLOSA:
"LA SITUACIÓN QUE HAN CREADO
ME OBLIGA A HABLAR DE POLÍTICA"



El Nobel cuenta que pensaba abrir la Feria del Libro con un discurso literario. Pero el intento de veto lo hizo cambiar de idea.


UY, DIOS. PARECE DECIR EL GESTO DE VARGAS LLOSA. FUE EN MÉXICO, EN UNA CONFERENCIA SOBRE EDUCACION EL JUEVES.


Por Juan Cruz Ruiz, Periodista y escritor español - Diálogo

Mario Vargas Llosa pensó, cuando supo que habían propuesto vetarle como conferenciante de honor en la Feria del Libro de Buenos Aires, que esas noticias eran una broma. Poco después, cuando ya supo que era cierto, que habían hecho esa propuesta, y que esa propuesta había venido de la Biblioteca Nacional, nada menos, sí fue víctima de una broma: un periodista desaforado había usurpado desde Italia su identidad para decir, en Facebook, sistema que Vargas desconoce, que ni por asomo pensaba renunciar a su derecho a hablar en ese extraordinario foro de Buenos Aires.
La verdad es que el delincuente italiano usurpó su identidad pero calcó sus intenciones. Este viernes, recién despertado en México, donde le halló el epicentro de la polémica argentina sobre su figura y la Feria, el Nobel de 2010 dijo que, en efecto, ahí iba a estar, diciendo lo que tendría que decir.
Pero, claro, ahora no diría tan solo lo que pensaba decir antes de que algunos incendiaran su figura en la plaza pública. Estará, por supuesto, y ahora ya no será el mismo que iba a hablar, probablemente, como ha hecho tantas veces, de libros, de Borges (que es para él un símbolo de los libros), de Lugones, de Cortázar, de Sarmiento…, de la ingente materia literaria que él y cualquiera que haya leído asocia con Argentina en general y con Buenos Aires muy en particular.
Despierto, digo, “porque en esta casa siempre nos levantamos temprano”, como dice Patricia, su mujer. Mario sonaba desencantado, “con una cierta tristeza, sí”, aunque ha visto, al mismo tiempo, “que otras voces contradecían esa intolerancia, esa intransigencia y, en última instancia, ese fanatismo”. Entristecido, y sorprendido. “Sobre todo porque esa actitud haya sido encabezada por el director de la Biblioteca Nacional; que sea él quien pida un veto, una censura, con unos argumentos nacionalistas tan pequeñitos, tan estrechos, es desmoralizador”.
Eso “no está a la altura de lo que es la cultura argentina”. Mario Vargas Llosa ha escrito resmas enteras de textos sobre algunos de aquellos personajes sobre los que se edifica el conocimiento exterior de la cultura argentina de los últimos siglos; y, por supuesto, también ha escrito contra el Gobierno actual, y contra gobiernos pasados, como la ominosa dictadura, que también le vetó. Desde ese puesto de vigilancia intelectual y literaria, y también política, asistió perplejo ante la propuesta de veto.
“Aparte de política, de discrepancias ideológicas, me sorprendió y me entristeció mucho porque parece que daba la razón a muchas de las críticas que yo he hecho. Pero el veto no me parecía concebible en Argentina”, comenta.
Aunque el veto no era una novedad para él; fue vetado en Perú, su país, cuando escribió La ciudad y los perros, cuyos ejemplares fueron quemados en público; Fujimori lo proscribió como ciudadano, y en la propia Argentina fue tachado por la censura… militar. En una conversación con Soledad Gallego-Díaz, de El País, recordó este último incidente, y desde México volvió a hablar de ello este viernes: “Recordé inmediatamente que la única vez que había sido censurado en Argentina fue con la dictadura de Videla. Me prohibió Pantaleón y las visitadoras y La tía Julia y el escribidor. Tengo un decreto absolutamente maravilloso firmado por el general Harguindey, el que era ministro del Interior, explicando las razones, diciendo que yo había ofendido al ser argentino…”.
Mario Vargas Llosa pensaba que esa pulsión que le llevaba a Harguindey a defender “el ser argentino” había acabado al llegar la democracia. “Pero los argumentos del señor González y de los intelectuales kirchneristas de esta asociación, que no sé cómo se llama, son muy semejantes a los utilizados por el general Harguindey”.
Como ha escrito tanto sobre Buenos Aires y los libros, y la Feria del Libro es central en esta polémica, los lectores de Vargas Llosa recordamos de inmediato, cuando se abrió este melón desabrido, un texto suyo sobre la Biblioteca Miguel Cané, donde trabajó Borges, y donde por cierto está ahora el legado de Tomás Eloy Martínez… Ese era un homenaje a los libros, a la memoria de Borges y a la devoción argentina por la cultura literaria. Eso recordamos. ¿Y él mismo qué recordó? “Yo además me acordé de que la Biblioteca Nacional argentina ha tenido como directores a Jorge Luis Borges, a Leopoldo Lugones… Es decir, a la mejor tradición argentina, grandes creadores que, aparte de sus ideas políticas, yo creo que jamás hubieran pedido censuras o vetos contra escritores que no pensaban como ellos”.

A Vargas Llosa, que se ha pasado la vida contando cómo ve la vida, la suya, la de otros, la de su país, la de otros países, y que se ha pasado la vida discutiendo (sin ponerse de acuerdo) consigo mismo, le pareció “maravilloso el argumento de que un escritor no puede venir a meter la nariz en cuestiones nacionales. Entonces no habría ninguna posibilidad de escribir ni de opinar sobre nada ni nadie con ese argumento tan pequeño”.
Por otra parte, Tomás Eloy Martínez, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges… se han pasado la vida entrometiéndose, por así decirlo, en la vida extranjera. “¡Si una de las cosas más interesantes de la cultura argentina ha sido la universalidad! Los escritores argentinos se han pasado la vida metiendo las narices en el mundo entero”.
¿Él se imaginaba que algo así podría ocurrir? “No. Sobre todo pensaba que en Argentina esto ya no era posible. ¡Pero, fíjate, es posible! Y lo extraordinario es que no ha sido uno, sino un grupo, no sé cuántos, ni sé tampoco las credenciales intelectuales que tienen. Pero que haya un grupo que pida vetos y censuras sobre sus colegas porque no piensan como ellos me parece de la peor tradición latinoamericana de la que estamos tratando de librarnos y me confirma en mis ideas a favor de la democracia, del liberalismo… De la tolerancia, básicamente”.
Le discuten, no es raro; le han discutido siempre, hasta cuando estaban de acuerdo con él; y no es raro, le dije, porque él mismo se ha pasado la vida discutiendo con todos, incluso consigo mismo. “Absolutamente”, dice, “pero es que eso es bueno. Que haya diálogo, comunicación, discrepancia, es muy bueno y muy sano. Básicamente es lo que es la democracia. En lugar de matarse y apalearse, discutir, cambiar ideas en lugar de piedras y palos. Pero claramente hay un espíritu piquetero que no acaba de desaparecer y que incluso contamina a cierto medio intelectual”.
La propia presidenta intervino para que no prosperara el veto. El Nobel dice: “Le agradezco a la señora Kirchner su intervención y me da la impresión de que es más lúcida que los intelectuales que la apoyan”.
Entonces, ¿qué va a pasar? Va a ir, claro, y va a hablar, por supuesto. ¿Para hablar de política? ¿Para hablar de qué? “Lo último que se me hubiera ocurrido es ir a inaugurar la Feria del Libro para hacer política. No era lo propio, lo adecuado. Sé que hay un sitio para cada cosa. Ahora ellos han creado una situación muy difícil porque sería un terrible escamoteo que yo no hablara de mis posiciones y mis ideas cuando me querían prohibir que lo hiciera… Es una cuestión de dignidad, de coherencia, y sería una frustración para quienes quieran escucharme que no me dé por enterado de lo que han dicho, de las acusaciones que me han hecho y, además, de las etiquetas que me han colocado”.
Muchas veces ha sido agitado desde el patio de butacas de conferencias. En algunos de esos escenarios estuve con él, como editor, acompañándolo. ¿Le intimidan estas situaciones? “No, no me intimidan porque desde muy joven, por desgracia, he estado metido en controversias y generalmente en medios donde la racionalidad muchas veces desaparece. Con la pasión dialéctica surge inmediatamente esa tradición que gravita sobre nosotros con tanta fuerza, que es la de la violencia: acallar, destruir, silenciar… Una tradición muy arraigada”.
Ahí lo tendrán; discutirán con él, y él discutirá, también, hasta consigo mismo. Lo ha hecho toda la vida. Está acostumbrado.


Fuente: clarin.com


INSTÁNEAS DEL SAN TELMO NO ANTICUARIO



En los alrededores de la ya célebre Feria de San Pedro Telmo, en el barrio de San Telmo, se puede ver de todo: hasta lo más insospechado. La fauna, los personajes, los oficios, las situaciones... He aquí unas imágenes de algunas cosas que también pueden verse los domingos, pero, aunque giran alrededor de las actividades de la feria y de los anticuarios de sus alrededores, poco tienen que ver con cosas viejas o antigüedades.

Las lindas estructuras de hierro y vidrio del Mercado de San Telmo, casi seguramente de origen inglés, donde hoy en día se puede encontrar de todo: baratijas, cosas nuevas, viejas y antiguas surtidas, amén de carnes, pescados, pollos, chivitos, corderos, lácteos, frutas y verduras, etc., etc.. Y también ropa nueva y usada, un par de medias flamantes, bijouterie o un ramo de flores plásticas con chocantes colores fluorescentes y olor a perfume rancio.

Tentadoras frutas, verduras, hortalizas, exquisitos orejones, derivados y "accesorios" llegados desde lejanos lugares del interior del país y también desde otros remotos, exóticos y paradisíacos del planeta.

De vaca, de oveja, de cabra, de búfala... la lista de precios de una quesería con gran variedad de tipos, formas y valores de quesos, con nombres que delatan, a pesar de alguna involuntaria falta de ortografía, un mayoritario origen francés e italiano.

Toda la seductora voluptuosidad y el atractivo colorido de las frutas, propias y ajenas. De cerca y de lejos. Y también concentrados, salsas y derivados envasados. Todo ahí nomás, entrando por los ojos y al alcance de la mano.

Un pálido y acalorado Carlos Gardel, de funyi y lengue como corresponde, se baja de su pedestal de estatua viviente para distenderse y descansar con la excusa de la visita de su amigo, seguramente mucho más rockero que tanguero.

Sin duda alguna, a la nota de color natural por excelencia dentro de este lugar tan peculiar y lleno de historias de otros tiempos, la aportan las cuidadas fruterías, con la calidad, variedad y la geométrica disposición de sus excelentes mercancías.

...................................................................................................Fotos y textos: P. L. B.