UN MAR HUMANO EN LA INGLESA CIUDAD DE HULL

Miles de personas se desnudaron y dejaron que les pintaran la piel para participar en la nueva obra del fotógrafo Spencer Tunick, llamada Sea of Hull (Mar de Hull), que tuvo lugar precisamente en esa ciudad inglesa.
Miles de personas se desnudaron y dejaron que les pintaran la piel para participar en la nueva obra del fotógrafo Spencer Tunick, llamada Sea of Hull (Mar de Hull), que tuvo lugar precisamente en esa ciudad inglesa. AFP




Miles de personas se desnudaron y dejaron que les pintaran la piel para participar en la nueva obra del fotógrafo Spencer Tunick, llamada Sea of Hull (Mar de Hull), que tuvo lugar precisamente en esa ciudad inglesa. AFP



Miles de personas se desnudaron y dejaron que les pintaran la piel para participar en la nueva obra del fotógrafo Spencer Tunick, llamada Sea of Hull (Mar de Hull), que tuvo lugar precisamente en esa ciudad inglesa. AFP



Miles de personas se desnudaron y dejaron que les pintaran la piel para participar en la nueva obra del fotógrafo Spencer Tunick, llamada Sea of Hull (Mar de Hull), que tuvo lugar precisamente en esa ciudad inglesa. AFP





Miles de personas se desnudaron y dejaron que les pintaran la piel para participar en la nueva obra del fotógrafo Spencer Tunick, llamada Sea of Hull (Mar de Hull), que tuvo lugar precisamente en esa ciudad inglesa. AFP
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Fotos: AFP
Fuente: clarin HD

80 AÑOS DE LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES:
CÓMO INNOVAR EN UNA INSTITUCIÓN TRADICIONAL

Aunque también rondan los 80, son presidentes del siglo XXI; uno de ellos sumó el diseño como disciplina y ella fue la primera mujer en dirigir el organismo
Bellucci, Blanco, Taverna Irigoyen y Perazzo
  Bellucci, Blanco, Taverna Irigoyen y Perazzo. Foto: Silvana Colombo

Silvina Premat
Una institución tradicional como la Academia Nacional de Bellas Artes, que hoy cumple 80 años desde su creación, puede ser innovadora y estar a la altura de los desafíos que presenta el nuevo siglo. Así lo creen Nelly Perazzo, Jorge Taverna Irigoyen, Ricardo Blanco y Alberto Bellucci, quienes están entre los 70 y los 80, pero presidieron esta institución cuando ya habían dado un paso de este lado del umbral del siglo XXI.Pareciera que la Academia fuera limitativa, pero es todo lo contrario: es abierta. Estamos siempre tratando de ampliar nuestro alcance. Mi propia incorporación fue innovadora", comenta Blanco, a sus 75 años, y abre también el diálogo en esta reunión realizada especialmente para La Nación. Recuerda que con su ingreso, en 2002 (luego sería presidente en 2010), el diseño se sumó como disciplina a la música, la arquitectura, las artes plásticas, la crítica, la escultura, el grabado, la pintura y otras cinco hasta completar las trece que se consideran hoy y que fueron cambiando según las necesidades de las épocas. Al principio -y durante bastante tiempo- existió, por ejemplo, el coleccionismo como área temática.El jueves próximo, cuando se celebren ocho décadas de historia, en la sede de Sánchez de Bustamante al 2400, se exhibirán pertenencias de dos de sus miembros, de cuyos nacimientos se cumplió un siglo este año: Alberto Ginastera y Libero Badii. También se verán algunas de las obras donadas recientemente por otros dos integrantes, Guillermo Roux y Jorge Tapia. "Con esas obras y con documentos que tenemos en el archivo haremos en octubre una muestra", anuncia Bellucci, muy activo a sus 76, director del Museo Nacional de Arte Decorativo y actual presidente de la Academia, que integra desde hace 10 años. Y anticipa: "Se empieza a crear una especie de galería de arte que, el día de mañana, puede llegar a ser un museo".Según Taverna Irigoyen, que viajó desde Santa Fe especialmente para este encuentro, el archivo y la documentación de la Academia es un valioso patrimonio que debería "salir" con mayor frecuencia al interior del país. El crítico de arte propone reflotar las exhibiciones en distintas provincias. De esta forma se reforzarían lazos que con el tiempo dan frutos concretos. "Hay mucho que hacer", señala, y a sus 82 recuerda que "en 2007 y 2009 la relación estrecha entre los académicos de Buenos Aires y el delegado en Tucumán logró evitar demoliciones de edificios públicos o patrimoniales". Perazzo observa que ya su elección como presidenta de la institución, en 1997, fue una señal de apertura: era la primera vez que se elegía a una mujer en casi siete décadas (luego, en 2001, designarían a Rosa María Ravera, ausente con aviso a este encuentro). "Ahora estamos en una época de aceleración y de cambio, y tenemos que ayudar a que el público tome conciencia del valor del arte y se acerque al sentido del arte contemporáneo", propone Perazzo, cuya gestión, a fines del siglo pasado, se caracterizó por la aparición de la revista Temas, de la que en los próximos días se presentará la edición decimocuarta. "Tenemos que ayudar al público a comprender las rápidas transformaciones que mueven a los artistas en este momento", sugirió. La Academia de Bellas Artes funciona con nueve empleados, cuyos sueldos son abonados por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación - del que desde hace unos años dependen las academias nacionales-, 35 miembros de número y otros tantos delegados provinciales y correspondientes (son los académicos residentes en el exterior) que trabajan ad honórem.Si bien es un órgano consultivo, no siempre es Academia nada pesa más que los antecedentes, un requisito estatutario que atenta contra el recambio generacional de sus miembros. En términos de innovación, Bellucci deja una inquietud: "Me gustaría que se reactivara un programa [suspendido por falta de fondos] a través del cual los académicos ofrecían su experiencia a los más jóvenes en seminarios, cursos o talleres". Ese deseo surge de una reflexión mayor: "¿Cuál es el rol que tenemos los más viejos en una sociedad joven y en constante cambio?" Escuchado. Blanco considera que, en términos generales, se ha cumplido esa función, pero no tanto como lo esperable. "Creo que los gobiernos u organizaciones que nos consultaron en los últimos tiempos tomaron nuestros consejos o recomendaciones de manera muy liviana. Así sucedió, por ejemplo, con el traslado del monumento de Cristóbal Colón. Nosotros emitimos una opinión muy clara, y pasó lo que pasó." Para ingresar a esta Academia nada pesa más que los antecedentes, un requisito estatutario que atenta contra el recambio generacional de sus miembros. En términos de innovación, Bellucci deja una inquietud: "Me gustaría que se reactivara un programa [suspendido por falta de fondos] a través del cual los académicos ofrecían su experiencia a los más jóvenes en seminarios, cursos o talleres". Ese deseo surge de una reflexión mayor: "¿Cuál es el rol que tenemos los más viejos en una sociedad joven y en constante cambio?". 

Fuente: lanacion.com
Secreta Buenos Aires

El 1833 desarrolló un sistema de comunicación que todavía se usa. Y en Buenos Aires tiene un monumento.

Monumento a Samuel Morse en la plaza de Sarmiento y Alem. Foto: Gustavo Castaing          Monumento a Samuel Morse en la plaza de Sarmiento y Alem. Foto: Gustavo Castaing

Eduardo Parise

Ahora, en los tiempos en que uno, en forma inmediata y con un pequeño teléfono celular, puede comunicarse con el primo que vive en Australia, aquello de los puntos y rayas parece hasta algo ingenuo. Pero cuando todavía no se había llegado a la mitad del siglo XIX, marcó un avance clave en las comunicaciones. El primer mensaje sólo recorrió poco más de 40 kilómetros y cuentan que era una cita bíblica: decía “Lo que Dios ha creado”. Con esas señales entre el sótano del Capitolio, en Washington, y la ciudad de Baltimore, se inauguraba en Estados Unidos el telégrafo. Por supuesto no había voz y mucho menos imágenes simultáneas como tenemos en este siglo XXI. La trasmisión lleva nombre y apellido: Samuel Morse. Y en Buenos Aires, un monumento lo recuerda.
Samuel Finley Breese Morse, tal su nombre completo, nació en Charlestown, un pueblo de los suburbios de Boston, el 27 de abril de 1791. Era el primer hijo de un geólogo y pastor calvinista quien lo marcó con sus ideas religiosas. Tanto que años más tarde sería un militante del anticatolicismo y contra la inmigración en Estados Unidos. Al principio Samuel se volcó hacia el mundo del arte. Y se convirtió en un retratista de escenas históricas. Su prestigio hizo que, en 1826, fuera fundador y primer presidente de la Academia Nacional de Dibujo de su país. Para entonces, ya estaba casado con Lucrecia Walker. La pareja tuvo cuatro hijos. Pero ella murió después del último nacimiento y eso generó una gran depresión en el hombre. De todas maneras, en enero de 1833, hizo su primera demostración pública sobre aquel invento en el que venía trabajando: la trasmisión de mensajes por una vía de cables.
Sin embargo, recién una década después se realizaría la trasmisión inaugural. Fue el 24 de mayo de 1844. Era algo revolucionario que Morse había desarrollado con su socio Alfred Lewis Vall, otro científico tan interesado en el tema como él. Juntos no sólo promovieron el uso del telégrafo sino que lo comercializaron. En un primer momento armaron una red de conexiones entre estaciones ferroviarias, para después desarrollarla para uso oficial. Ese método de trasmisión y recepción de mensajes usando sonidos y un alfabeto alfanumérico de puntos y rayas, según el largo del sonido, se difundió por el mundo. Y creció de tal forma que, con la llegada del siglo XX, ya pasó a las ondas de radio, prescindiendo de los cables. Para esos años, Morse ya había muerto. Eso ocurrió el 2 de abril de 1872, en Nueva York, a causa de una pulmonía. Le faltaba muy poco para cumplir 81 años. Ya era millonario, aunque buena parte de su fortuna la había invertido en obras de ayuda social.
Su prestigio de inventor hizo que en distintas partes del mundo se lo reconociera como figura importante en el desarrollo de las comunicaciones. Obviamente, eso incluye a nuestra Ciudad, que honra su memoria con un monumento realizado en bronce por el escultor Louis Bruninx. Nacido en Bélgica en 1884, el hombre llegó a Buenos Aires desde Burdeos. Era el tiempo del Primer Centenario de la Revolución de Mayo y la capital argentina incorporaba buenas esculturas para embellecer su fama que la presentaba como “la París de América del Sur”. Así fue como, en 1915, le encargaron la estatua de Samuel Morse. El gasto de la obra fue cubierto con el aporte que hicieron empleados del entonces Palacio del Correo y telegrafistas argentinos.
Justamente, su primer emplazamiento fue el hall de entrada del Palacio (actual Centro Cultural Kirchner) que ocupa la manzana entre Sarmiento, las avenidas Alem, Corrientes y Bouchard. Luego, la ubicaron en la Plaza del Correo, frente a la calle Sarmiento, donde está ahora. Allí se ve a Morse sentado en una silla junto a una mesita en la que se encuentra el telégrafo. A la obra le falta el papel que el inventor tenía entre sus manos donde estaban grabadas las marcas del mensaje recibido. Es probable que se lo haya llevado algún vándalo. De todas maneras el homenaje está hecho y no deja de ser una curiosidad más de las tantas que tiene Buenos Aires.
Y ya que se habla de curiosidades y de la Plaza del Correo, donde también está el Monumento al Cartero (obra del escultor ítalo-argentino Blas Salvador Gurrieri, que fue inaugurada en 1983), se puede mencionar algo llamativo que ocurrió con ese lugar. En 1979, en el terreno que ocupa la plaza, se iba a construir la sede central del Banco de Tokio en la Ciudad. Por supuesto, la construcción de ese edificio iba a tapar el frente del Palacio, quitándole toda su vista espectacular. Hubo todo un movimiento para evitarlo y se logró un acuerdo con la entidad bancaria: para preservar la plaza y en canje por ese terreno, se le entregó otro en Corrientes y Reconquista. Pero esa es otra historia.

Fuente: clarin.com

EL MUNDO DE CHARLES CHAPLIN, EN UN NUEVO MUSEO

La ciudad suiza de Vevey inaugura el primer espacio dedicado a la vida y obra del inolvidable Charlot
El edificio sede de Chaplin's World.
     El edificio sede de Chaplin's World. CHAPLIN'S WORLD


La pequeña ciudad de Vevey, con apenas 20.000 habitantes, se encuentra a orillas del lago entre Leman, paisajes que quitan el aliento. Al llegar a la estación de tren, una gigantesca silueta de Charles Chaplin señala la dirección de la nueva gran atracción de la región. Se trata de la casona a la que el 7 de diciembre de 1952 llegó uno de los más grandes creadores de la historia del cine. En la Mansión de Ban (ese es su nombre), Chaplin pasó los últimos 25 años de su vida, en compañía de su mujer, Oona, y de sus hijos.
Chaplin’s World abrió sus puertas al público el pasado 17 de abril, tras 16 años de espera. El museo es un espacio ideal para los admiradores del personaje. Permite redescubrir su vida y obra a través de recuerdos históricos, fragmentos de películas, dispositivos multimedia, partes de los decorados de sus películas más conocidas y nada menos que 36 estatuas de cera representando a Chaplin, pero también a Woody Allen o Michael Jackson. Chaplin’s World es obra del Museo Grévin, de París, conocido por sus representaciones en cera de las celebridades más diversas. El proyecto fue lanzado en 2010 por el admirador de Chaplin Yves Durand y el arquitecto François Merlan.
El flamante museo ocupa 3.000 metros cuadrados edificados entre los 60.000 de parque natural e incluye un restaurante y el hotel Tiempos modernos. La visita completa está estimada en unas tres horas y comienza en la primera planta con caricaturas de Chaplin, incluyendo un dibujo de Picasso, fotos suyas con amigos como Albert Einstein o el político indio Nehru, y un nuevo edificio anexo completamente dedicado a sus películas. El visitante puede incluso entrar en la habitación donde el genio murió el 25 de diciembre de 1977, o en el salón comedor donde la cena familiar era ritualmente servida a las 18.45 todos los días.
Pero no todo es color de rosa en esta nueva propuesta cultural que se añade a la exclusiva Riviera suiza. Abrir Chaplin’s World no ha sido cosa fácil. Para empezar, dado que la Mansión de Ban se hallaba en un estado calamitoso, fueron necesarios 28 millones de euros en renovación y restauraciones. A ello se suman los casi 10 invertidos por el Museo Grévin en decorados y contenidos. Al final, la inversión está cerca de los 60 millones de euros, de los que el Cantón del Vaud ha contribuido con 10. Recuperar  esta inversión no será fácil de no cumplirse las previsiones de 300.000 visitantes anuales.
Pero no todo es color de rosa en esta nueva propuesta cultural que se añade a la exclusiva Riviera suiza. Abrir Chaplin’s World no ha sido cosa fácil. Para empezar, dado que la Mansión de Ban se hallaba en un estado calamitoso, fueron necesarios 28 millones de euros en renovación y restauraciones. A ello se suman los casi 10 invertidos por el Museo Grévin en decorados y contenidos. Al final, la inversión está cerca de los 60 millones de euros, de los que el Cantón del Vaud ha contribuido con 10. Recuperar  esta inversión no será fácil de no cumplirse las previsiones de 300.000 visitantes anuales.
Chaplin’s World deberá competir por la atención de un turismo cada vez más escaso en la carísima Suiza con otros eventos de la región como ser el festival de jazz de Montreux, o un proyecto que comienza a hacer ruido mediático: el Nest, o museo de la alimentación que Nestlé (cuyo cuartel general mundial está también en Vevey) piensa abrir en junio en estos mismos parajes.

ampliar fotoPero no todo es color de rosa en esta nueva propuesta cultural que se añade a la exclusiva Riviera suiza. Abrir Chaplin’s World no ha sido cosa fácil. Para empezar, dado que la Mansión de Ban se hallaba en un estado calamitoso, fueron necesarios 28 millones de euros en renovación y restauraciones. A ello se suman los casi 10 invertidos por el Museo Grévin en decorados y contenidos. Al final, la inversión está cerca de los 60 millones de euros, de los que el Cantón del Vaud ha contribuido con 10. Recuperar  esta inversión no será fácil de no cumplirse las previsiones de 300.000 visitantes anualesChaplin’s World deberá competir por la atención de un turismo cada vez más escaso en la carísima Suiza con otros eventos de la región como ser el festival de jazz de Montreux, o un proyecto que comienza a hacer ruido mediático: el Nest, o museo de la alimentación que Nestlé (cuyo cuartel general mundial está también en Vevey) piensa abrir en junio en estos mismos parajes.

LA CINEASTA
QUE CADA MAÑANA VISITA LA TUMBA DE JORGE LUIS BORGES

A 30 años de su muerte

La documentalista Ana Simon todavía hoy encuentra cartas y mensajes emocionados dirigidos al escritor argentino.
Ana Simon en la tumba de Borges en Ginebra


Susana Reinoso


Cada tarde de sábado, la cineasta rumano-suiza Ana Simon, de 78 años, recorre la distancia entre su casa, ubicada en la ciudad vieja de Ginebra, y el cementerio de los reyes Plainpalais, para dejar flores en las tumbas de Jorge Luis Borges, de Alberto y Aurora Ginastera, y de Francois Simon (su marido y gran amor). Al salir también las deposita en la lápida sencilla de Sophie y Fedor Dostovieski. Ese ritual se repite en primavera y verano. En invierno, cuando las temperaturas bajan de cero grado, esta dama de aspecto etéreo deja ramas con hojas verdes y quita la escarcha de las sepulturas que le son familiares.
Gran amiga de Aurora Ginastera y del compositor argentino, Ana Simon realizó el documental
 La Ginebra de Borges para el centenario del nacimiento del autor de El Aleph, cuyos 30 años de muerte se cumplen el próximo 14 de junio. “Pensé en el documental luego de ver muy triste a María Kodama”, cuenta Ana a Clarín.
El trabajo de la documentalista es una biografía íntima, con testimonios de Borges y Kodama, en el escenario de la ciudad vieja que el argentino eligió para morir. Hay en la Grande Rue una placa que honra su nombre. Ginebra expande su belleza sin artificios en el documental, mientras la inolvidable voz en off de Jeanne Moreau, también amiga de Ana Simon, lee poemas de Borges.
En la película, Kodama cuenta que poco antes de morir, en su piso del número 28 de la Grande Rue, muy cerca de la casa de Ana Simon, Borges y Marguerite Yourcenar dialogaron sobre el laberinto.
Al calvinista cementerio de Plainpalais se “ingresa” por votación y sólo llegan allí los restos de quienes hicieron aportes sustanciales a la cultura. Entre árboles antiquísimos y sepulcros despojados, todos con estrictas medidas físicas, la lápida de Borges tiene el número 735 y, como mucho se ha escrito, en el frente donde se ven los siete guerreros con espadas rotas, hay una frase del poema “La batalla de Maldon”: “y que no temieran” (“And ne forhtedon na”).
Viuda de François Simon, el actor suizo más célebre, Ana atesora un fondo audiovisual y documental muy rico y un intercambio epistolar fluido con personalidades como Samuel Beckett, Eugene Ionesco, E.M. Cioran, Yehudi Menuhin o Alain Tanner, entre otros. Entre sus amigos argentinos se cuenta el eximio pianista Luis Ascott y suele pasar temporadas en casa del poeta y cantautor español Paco Ibañez, de allí su dominio del castellano.
Pero si algo define el carácter de Ana Simon es que, desde hace más de 20 años, cuando cada sábado va al cementerio de los reyes, recoge los mensajes que la gente deja en la tumba de Borges. “Ya no encuentro tantos mensajes como antes”, le dice a Clarín una tarde soleada de mayo, mientras recuerda la vida y la obra de quienes rodean la sepultura del autor de Ficciones.
En la sepultura 735, a 30 metros de la de Calvino, la cineasta ha encontrado pinturas, libros y objetos diversos que la gente ha dejado como recuerdo. Todo se lo fue enviando a Kodama, por eso sólo tiene en su poder algunos pocos de distintos años. “La gente que deja mensajes en su lápida viene de todo el mundo. Creo que Borges fue feliz en esta ciudad”, dice.
Entre el puñado de copias que Ana ha conservado hay algún programa de teatro con la frase: “¡Bravo Borges!”; y una hojita del Best Western Hotel Astoria, firmada por Aurora “sobrina de Estela Canto”, en la que dice: “Querido Borges. Estuve aquí para visitarte (...) nos vemos en El Aleph o en algún otro sueño”. También hay mensajes en inglés, como el de Yang y su mujer, de China: “Querido Borges, tu sabiduría hace al mundo mucho más interesante”. Boletos de tranvía escritos en alemán, hojas de libreta en francés, trozos de papel arrancados de cuadernos y hasta pequeñas cartulinas, en las que la gente también deja su correo electrónico al dorso: “[…] siendo indígena zapoteca ante tu tumba derramo lágrimas en tu memoria”. Hay también papeles desteñidos por gotas de lluvia, donde se lee: “Aquí estás entonces. Aquí estamos, en tu Ginebra (...) sobre la pampa (...) en carne viva”.
Ana le dice a Clarín que hay que escribir la historia de “la tumba de Borges en Ginebra, donde la gente le deja mensajes como si fuera un santo”. Quizá el principio de esa historia ya lo haya escrito Borges en Atlas: “De todas las ciudades del planeta, de las diversas e íntimas patrias que un hombre va buscando (...) Ginebra me parece la más propicia a la felicidad”.

Fuente: clarin.com
 

PARÍS BAJO EL AGUA:CIERRAN EL LOUVRE Y OTROS MUSEOS
PARA PROTEGER LAS OBRAS

Alarma  por  las inundaciones

El nivel del río Sena superó los 6 metros. A los 7 metros se considera peligroso.
En 1910 el agua llegó a 8 metros y la capital francesa quedó sumergida.
Desborde. El río Sena, que atraviesa París, alcanzó un nivel preocupante. /AFP
Desborde. El río Sena, que atraviesa París, alcanzó un nivel preocupante. /AFP

María Laura Avignolo
Una mamá parisina les mostraba a sus pequeños hijos el río Sena, desbordado, que cubría completamente las vías paralelas, que diariamente descargan el denso tráfico de París. Sólo se veía la parte superior del semáforo, el resto estaba cubierto por las aguas. El Batobar flotaba abandonado, sin un solo turista, con las palmeras de cubierta bamboleándose por la fuerza del agua. Los chicos miraban desde el Pont Marie los patos, que nadaban abajo, donde todos los días pasaban normalmente los autos, frente a la Ille St Louis.“No entienden que esto es histórico. Jamás vi en París una crecida igual en el río”, repetía, frustrada, Denise, mientras les sacaba fotos a los chicos. Como ella, centenares de franceses y turistas se agolpaban en cada uno de los 26 puentes del río Sena para ver un fenómeno tan inusual como inquietante. Pero lo vivían con más curiosidad que alarma. Todos filmaban o se sacaban fotos. Desde Bercy hasta la Torre Eiffel.
Postal. El "Batobar", tradicional barco-bar, quedó vacío de turistas, en medio de la inundación. /NOEL SMART

El río Sena, que atraviesa la capital francesa y la divide en la “Rive Gauche” y la “Rive Droite”, está sufriendo una crecida pocas veces vista. El agua ya superó los seis metros siete centímetros y el viernes por la noche llegará al pico. Si alcanza a 7 metros es peligroso. A los 8 metros se inunda París, como sucedió en 1910.
La capital francesa está preparada para enfrentar la emergencia, que ya afecta el sur y oeste de algunas de sus ciudades cercanas, como Montergis y Nemour, que han sido evacuadas. El viernes por la noche Melun, en Seine et Marne, quedó cubierta por las aguas. En Montergis encontraron a una anciana ahogadaen su casa inundada. Se suma al menos a otros dos muertos. El viernes se había inundado Longjumeau yla gente fue evacuada en botes porque se habían quedado sin electricidad y calefacción. Al menos 7500 personas fueron evacuadas en Seine et Marne. Se estima que la crecida del río durará entre 5 a 10 días.
El primer ministro Manuel Valls admitió el viernes por la noche que habrá “evacuaciones preventivas aguas abajo de París” ante la posibilidad de desbordes del río. Dos gimnasios se abrieron en París para refugiar a los sin abrigo. El estado de “catástrofe natural”, vital para las aseguradoras para pagar los daños de la inundación, será reconocido por el presidente François Hollande el miércoles.

Carteles. El agua se acerca a las señales de tránsito. /NOEL SMART

El palacio del Eliseo, sede del Poder Ejecutivo, acaba de informar que su plan de emergencia incluye una mudanza al Chateau de Vincennes, en el este de la capital, si las aguas siguen subiendo. El primer ministro Manuel Valls puso en marcha “el plan de continuidad de trabajo” del gobierno, después que el jueves el río superó los 4,50 metros. Han detectado ”51 lugares sensibles del gobierno”, “que deberán mudarse para seguir operando" y entre ellos está incluida la cancillería francesa, que queda frente al río. Quieren asegurar que se mantenga “el nivel operativo del gobierno y las comunicaciones internacionales”. El canciller Jean Marc Ayrault dijo que está “preparado para mudarse”. La orden ha sido dada si el Sena sube demasiado.Al cierre del Museo del Louvre hasta el martes para poder salvar sus obras de los sótanos, una idéntica medida fue adoptada por el Museo d'Orsay y el Grand Palais. Los tres se encuentran frente al río. La Venus del Milo en el Louvre ha quedado rodeada de cajas, que contiene las obras rescatadas del subsuelo de Louvre, que corre riesgo de inundación si el Sena sigue creciendo.Se teme que en el oeste de París “puede haber evacuaciones”, según el ministerio de medio ambiente. También las aguas podrían tener impactos en el camping del Bois de Boulogne, la Ille de la Jatte, la Ille St Germain y en Rueil Malmaison, un suburbio chic del oeste de París, donde se prevé que “podría haber evacuaciones el sábado”. Los bomberos, la policía, cada alcaldía, los servicios de emergencia tienen planes para enfrentar la inundación. Pero una encuesta en Le Figarodemuestra que mayoritariamente los franceses no creen que Francia esté preparada para esta inundación. Al menos el 74 por ciento contra el 23 por ciento. Su situación de vulnerabilidad se agiganta con el estado de emergencia y el status de “alerta atentado” en la capital.En medio de extraordinarios embotellamientos de tránsito ante el cierre de las vías del Sena y las huelgas reconducida de la CGT antes de la Eurocopa, con los basureros incluidos, París se prepara para enfrentar la crecida. El Metro dejará de funcionar a las 8 de la noche. Ya hay cuatro estaciones de Metro cerradas, desde el inicio de la tarde, por precaución. Se teme que muchos subsuelos del muy chic barrio XVI, las tradicionales “caves” parisinas, puedan inundarse. Otras 57 comunas al borde del Sena han entrado también en plan de salvataje. La población que puede ser evacuada es contactada mayoritariamente por mensajes de texto por las autoridades, vía las compañías de teléfonos celulares.El escenario de París Plage, esa tradición francesa que se instala en el verano sobre la orilla del Sena, era un mar el viernes a la tarde. Los bar peniches, clásicos sobre el río, han sido abandonados por sus dueños ante la crecida y sus accesos se hundían en el agua. La policía cerró con cintas coloradas y blancas los accesos al Sena, por el que solo navegaba la policía. La fuerza de las aguas es tal que muchas de los barcos donde viven parisinos en el río se han soltado de las amarras y flotan sin capitán, peligrosamente. Los bomberos y la policía los rescatan y los aseguran. Las estaciones de Bateaubus, el ómnibus del río, han quedado sumergidas por las aguas en París.El Bateaux Mouche, que tradicionalmente recorre el Sena en París cargados de turistas, está estacionado y asegurado en su muelle. No hay seguridad para poder navegar el Sena en estas horas. Los turistas, entre la lluvia, la inundación, la cancelación de los paseos por el río, y el “alerta atentado” de la capital, se sienten frustrados.En el túnel del Alma, donde murió la princesa Diana, se ha establecido protección para evitar la inundación. Es el oeste de París el más vulnerable ante este fenómeno. En el puente del Alma, dentro del río, está Zouave, un icono en las inundaciones. Esta estatua parisina es un termómetro que visualiza hasta donde las aguas van subiendo. En la tarde del viernes el agua le había llegado a la cadera. Si le llega a los hombros, comienza la catástrofe.El geólogo Bruno Janet, responsable de Vigicrues y que alerta estos fenómenos, explicó que las lluvias diluvianas del último mes y medio en París no han ayudado a desinflar los ríos y han provocado estas crecidas históricas. ”Con las lluvias y el retraso de la decrecida, esto no ha terminado. Vamos a tener que esperar que otros ríos salgan de su lecho en los próximos días. En el Cher, los niveles máximos serán esperados entre el viernes y el sábado. En la Ille de France, la situación es un poco diferente: Nemours ya ha comenzado a bajar. Pero los altos niveles de agua se desplazan ahora sobre el Sena. Hay que vigilar Melun (que ya está ahora bajo el agua) y París y tener en cuenta un factor agravante:los suelos húmedos no absorben eficazmente la lluvia” dijo.“París está protegido por cuatro gigantescos lagos de retención, que regulan los ríos antes que ellas se unan al Sena. Uno de esos lagos, el lago de Panneciere, está al límite de su capacidad. Esto muestra el carácter excepcional de las lluvias de los últimos días. Pero no hay una amenaza inmediata. Estas obras están hechas para soportar este tipo de situaciones”, explicó el geólogo.La ministra de Medio Ambiente, Ségolène Royal, dijo que “los desarreglos climáticos agravan la sucesión e intensidad de los fenómenos”, tras explicar que se van a acelerar “las indemnizaciones y la solidaridad con las víctimas de la inundación en Francia”.En París y la Ille de France, los transportes lanzaron su plan de prevención. Si las aguas alcanzan los seis metros 60, la entrada de los Metros va a ser amurallada. El RER C, un tren que conecta a París con los suburbios, fue suspendido. Un regreso a la normalidad tardará al menos dos semanas. Francia cree que estas inundaciones le costará 600 millones de euros a las aseguradoras. En Sogesur, una de las compañías de seguros de París, la espera telefónica era de 20 minutos. Una exhausta operadora reconoció: ”Usted es mi llamado 50”. Los seguros habitacionales son obligatorios en Francia. Todos llamaban para asegurarse que el suyo incluye la “catástrofe natural” y está protegido financieramente si, finalmente, el agua llega. Aunque sea al subsuelo de sus casas.


Fuente: clarin.com

TORRE DE LOS INGLESES:
100 AÑOS DE HISTORIA POR DENTRO

Fue inaugurada el 24 de mayo de 1916.



Renombrada como Monumental, sufre el deterioro. No anda su ascensor y no se puede acceder al mirador del sexto piso. Trabajan para que los vecinos puedan recorrerla.
De abajo. La torre, de estilo renacentista, es Monumento Histórico Nacional. Foto: Emiliana Miguelez
   De abajo. La torre, de estilo renacentista, es Monumento Histórico Nacional. Foto: Emiliana Miguelez

Silvia Gómez


"¿No es maravillosa la Ciudad desde acá arriba?", pregunta Omar Bevacqua. Es una pregunta retórica, porque sabe que la respuesta es sí. Es el cuidador de la Torre de los Ingleses; mejor dicho, la Torre Monumental, tal su verdadero nombre. Apoyado sobre las rejas profusamente decoradas del balcón que la circunda, señala la costa de Uruguay en el horizonte, los techos de pizarra negra en la cúpula de la estación del Ferrocarril Mitre, el coronamiento de la torre Bencich en calle Arroyo, la Plaza San Martín y el Kavanagh. La melodía de las campanas que marcan la hora, lo despiertan de esta ensoñación que provoca Buenos Aires desde las alturas. La torre, donada por los residentes ingleses en el país, cumple 100 años el martes. Será una buena oportunidad para acercarse a conocerla.



Por ahora, sólo está habilitada la planta baja donde se puede recorrer una modesta exposición de fotos antiguas y escuchar las campanadas desde las entrañas de la torre. No es un sonido potente, pero se escucha cómo baja a través del corazón de la torre, como en una letanía.
Es que el ascensor que lleva hasta el mirador del sexto piso no funciona hace un tiempo, aunque tiene su propia historia. El original fue donado por el Príncipe de Gales, unos diez años después de la inauguración de la torre. En 1984, después de la Guerra de Malvinas, vandalizaron el lugar, quemaron las puertas de ingreso y colocaron una bomba. La detonación incendió el interior de la torre, el mobiliario y destruyó el ascensor. En 1999 se encargó una gran obra de restauración de la torre y se colocó uno nuevo. Como no anda, se usa como depósito.
Para subir, el personal de la torre utiliza unas escaleras delgadas, de hierro, también originales, que se parecen a la de los barcos. Clarínhizo el recorrido y comprobó que si bien el sitio se encuentra limpio, es evidente que necesita mucho más que una mano de pintura: del basamento original casi no quedan balaustradas y de las cuatro fuentes que había en cada esquina, ninguna funciona.



Originalmente la torre perteneció a un departamento de relojes de la Ciudad, que ya no existe; luego se la transfirió a Turismo y después a la Dirección General de Museos. Y desde hace 15 días depende directamente del Museo de la Ciudad. Su director, Ricardo Pinal Villanueva, apunta a recuperar el lugar para los vecinos. "La Ciudad se merece tener un mirador como éste; que los vecinos puedan contemplar a Buenos Aires desde las alturas. Hasta que se construyo el Obelisco, fue un ícono de aquella Buenos Aires y queremos que vuelva a serlo", le dijo a Clarín.
Como muchos otros monumentos en la Ciudad -el de Cristóbal Colón que ahora se encuentra desmontado frente al Aeroparque o el de los Españoles, en Sarmiento y Libertador-, estas obras forman parte importante del acervo arquitectónico que distingue a Buenos Aires; y fueron donadas por las comunidades extranjeras que entre fines del 1800 y principios del 1900 ayudaron a construir la Ciudad. Además de ser el cuidador de la torre, Omar es un guía experto, conoce todos los secretos del edificio y. lo más importante, sabe transmitir su amor por este Monumento Histórico Nacional, de estilo Renacentista
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El 24 de mayo se 1916 la obra fue inaugurada con todas las pompas; llegaron funcionarios británicos y estuvo también el presidente, Victorino de la Plaza. La torre fue diseñada por el arquitecto Sir Ambrose Macdonald Poynter: tiene 60 metros de altura, un balcón que la recorre a la altura del piso seis, y una fachada que combina los ladrillos que identifican a las construcciónes británicas con una serie de escudos que presentan a la argentina y a los países que integran la corona británica. Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Se pueden ver también imágenes que representan a estos países: la ros de la Casa Tudor, una flor de cardo escocesa, el dragón rojo gales y el trébol.   El reloj, que fue puesto en valor el año pasado, es una versión más pequeña del Big Beng, ubicado en la sede del Parlamento británico. Fue montado por la misma empresa, Gillett & Johnston. "Es el hijo del Big Ben", le gusta decir a Omar. Tiene cinco campanas de bronce, cuatro de ellas conforman un carrillón. Suena cada quince minutos: cuatro campanadas a las y cuarto, ocho a las y media, doce campanadas a las menos cuarto y la melodía completa a la hora en punto. La campana más grande pesa 7 toneladas y el péndulo tiene 4 metros de alto.

Merece verse de cerca. "Vamos a hacer todo el esfuerzo posible para que el martes el ascensor esté funcionando", contó Pinal Villanueva. E insistió: "Queremos que los vecinos accedan al mirador y a las tres plantas de exhibición, que funcionaron durante muchos años, y que volveremos a rehabilitar".

Fuente: clarin.com