EN LAS SALAS DEL SÍVORI, UNA SUBASTA PARA TODO PÚBLICO

Nuevos aficionados a las artes visuales y especialistas tienen un lote a su medida; la cita es pasado mañana, frente al Rosedal.

Las 104 obras están expuestas en los salones del museo  Foto: LA NACION / Soledad Aznarez
    Las 104 obras están expuestas en los salones del museo. Foto: La Nación / Soledad Aznarez

Por María Elena Polack / La Nación

En 2013, la estrella de la noche fue Juanito lustrabotas(1975), de Antonio Berni, que salió con una base de $ 30.000 y se vendió a $ 91.300. En 2014, la puja por un Quinquela Martín tensionó la sala. ¿Cuál será la obra por la que será recordado el 16° remate de arte de la Asociación Amigos del Museo Sívori, que se hará pasado mañana, a las 19? ¿Será el grabado Ramona en pose, también de Berni, que partirá de $ 275.000, la base más alta?
Los organizadores, liderados por Telma Satz, no se animan a señalar una sola obra como la favorita entre las 104 que saldrán a subasta: hay piezas de nombres consagrados y de artistas jóvenes que comienzan a hacer pie en el mercado, pero que ya han realizado muestras individuales y presentan obras bien recientes.

                                                      

                                                   Foto: La Nación

"Es muy importante darles cabida a artistas nuevos, pero que ya han hecho alguna exposición individual", cuenta Laura Feinsilber, una de las integrantes de Amigos del Sívori que trabaja anualmente en la selección de las pinturas, esculturas, fotografías y serigrafías, entre otras técnicas y soportes.
"Visitamos las galerías, miramos las últimas exposiciones y hablamos directamente con los artistas", agrega Lys Grimaldi, de la misma entidad, que no sólo asiste al museo en cuestiones de infraestructura, sino que comienza a donar obra para acrecentar el acervo propio.
En la Argentina, hay sólo dos remates de arte institucionalizados por museos. Éste, que cumple 16 años ahora, y el del Museo Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, que combina platería y arte colonial con contemporáneo. Ambas iniciativas permiten al público acercarse a adquirir obra respaldada, ya que los curadores de los remates hacen un trabajo minucioso para mantener el buen nivel de ofertas.
"Éste es el único remate de Buenos Aires que tiene 10 obras sin base y al mejor postor", ejemplifica Alfredo Cataldo (firma sus obras como Alkat). Este año la cifra trepa a 14, entre las que se destacan Regreso de pescadores, una serigrafía sobre tela de Benito Quinquela Martín; Contemplando la eternidad, gargantilla y colgante en plata de Marta Minujín realizado por Jean Pierre; Formas y misterios, un acrílico sobre tela de Carlos Cañás; Universos paralelos, técnica mixta de Mané Guantay, y R.893, serigrafía 29/100 de Juan Melé.
El rematador Enrique Scheinsohn prefiere no especular sobre cómo se desenvolverá el público interesado en adquirir obra en la subasta, aunque recuerda que "los años de crisis han sido excelentes". No es que quiera tomar este 2015 como un "año de crisis" igual que pudo ser 2001 o 2002, pero no reniega del hecho que otras inversiones usuales, como la adquisición de dólares con complejas restricciones hacen del arte una interesante opción de inversión.
Un repaso por el catálogo de la muestra actualmente colgada, que está integrada por todos los lotes, permite concluir que se ofrecerán trabajos para todo público: desde el recién llegado al mundo del coleccionismo hasta el experimentado que busca especificidades.
Puedo-Quiero, un díptico de Xavo (Javier Baliña) sale con base de $ 2500 cada uno: lo más bajo de la noche. Muy interesante es la franja media, que va de $ 7000 a $ 20.000, donde se encuentran obras como El abrazo IV, de Guillermo Roux; Vidas ocultas, de Luisa González; Primera carta al Papa, de León Ferrari, y De comienzos y finales, de Asher Benatar. Entre las más caras figuran Einstein, de Antonio Berni; El rayo, de Hernán Dompé; Marina, de Fortunato Lacámera; Focus, de Ari Brizzy, y Abstracción, de Antonio Seguí.
Con el dinero recaudado de la subasta (la mitad de lo que se obtiene se queda en la Asociación Amigos del Museo para destinarla a nueva obra y el resto va para los autores), en 2014, el Sívori adquirió una pintura de Ernesto Deira, de su serie Campos de Concentración. El óleo de 1961 de la colección de la familia del artista integró la muestra retrospectiva que hizo el Museo de la Untref.
Este trabajo de Deira formó parte de la muestra Otra Figuración, en la galería Peuser, en agosto de 1961, con la que se dio origen al grupo Nueva Figuración, que se completó con Jorge de la Vega, Rómulo Macció, Sameer Makarius, Carolina Muchnik y Luis Felipe Noé.
La Asociación de Amigos del Sívori adquirió el Deira por sugerencia de la directora del museo, María Isabel de Larrañaga, "Cocó", como la conocen en el mundo del arte. Para ella, que luego de 20 años al frente de la institución se retirará en los próximos días, éste es su último remate.
La obra de Deira, con reminiscencia del estilo negro que Goya supo imprimirles a sus genialidades, fue presentada en la apertura de la exhibición de las obras que se rematarán pasado mañana, una ceremonia en la que también fue agasajada Larrañaga.
La sucesión es otro tema para este museo y para resolver con tiempo, ya que no hay plazo para que el gobierno porteño nombre al nuevo director. Interinamente, quedará a cargo de la responsable del Departamento de Museografía del Sívori, Graciela Limardo.
Las 104 piezas del remate pueden verse de 10 a 20, hasta pasado mañana, a las 19, cuando se levante por primera vez el martillo. Será en las propias salas del Sívori, avenida Infanta Isabel 555, frente al Rosedal de Palermo. También puede consultarse el catálogo completo online en http://amigosmuseosivori.com.ar/2015_remate/. Previamente se reciben ofertas bajo sobre y en el momento habrá servicio de puja telefónica.

Arca: comida, arte, solidaridad

El 8 del mes próximo, a las 20, comenzará la Noche de Arca &Arte, una combinación de comida y subasta en beneficio de la Fundación El Arca, dedicada a atender personas con discapacidad intelectual y en estado de abandono. En el Salón Retiro del Sheraton Hotel (Alem 1151) se subastarán obras de Antonio Seguí y Nicola Costantino, entre otros artistas. Más información en arcayarte@gmail.com .


Fuente: lanacion.com

"MANUCHO" MUJICA LAINEZ REVIVE EN LA SUBASTA DE UNA BIBLIOTECA

Hay manuscritos y ejemplares dedicados. Se trata de libros y cuadros que Manucho le había regalado a su amigo y secretario, entre otras cosas.
Libros. Algunos de los ejemplares que se rematarán. / Fernando de la Orden
     Libros. Algunos de los ejemplares que se rematarán. / Fernando de la Orden
Los cisnes. Uno de los manuscritos de Manuel Mujica Láinez. /Fernando de la Orden.
    Los cisnes. Uno de los manuscritos de Manuel Mujica Láinez. /Fernando de la Orden.
Alejandra Pizarnik. Una dedicatoria para Manucho. /Fernando de la Orden



      Alejandra Pizarnik. Una dedicatoria para Manucho. /Fernando de la Orden





"Para Oscar, con mi gran cariño, ésta, su novela". Firma Manuel Mujica Láinez -la fecha es febrero de 1977- y el regalo, el libro de actas en el que escribió a mano su obra Los cisnes, es para el poeta Oscar Monesterolo, su gran amigo y secretario. Ese manuscrito, redactado entre el 7 de septiembre de 1976 y el 11 de enero de 1977, junto con el cuaderno en el que el autor tomaba notas y compilaba artículos periodísticos para preparar esa novela y con un ejemplar de la primera edición, publicada por Sudamericana en septiembre de 1977, son el lote estrella del remate que se llevará a cabo esta tarde en Casa Saráchaga: parte de una base de 20 mil pesos y sólo los postores saben hasta qué monto llegará.
Es uno de los 219 lotes de libros que ocupan cuatro bibliotecas y que pertenecieron a Monesterolo, fallecido en 2000 a los 47 años: el remate se hace por decisión de su hermana. Muchos de ellos llegaron a sus estantes regalados por Manucho: hay, por ejemplo, un ejemplar de La pájara en el ojo ajeno, un libro que Alejandra Pizarnik publicó en Madrid en 1970, en una edición numerada de cincuenta ejemplares. En la posdata que dedicó a Mujica Láinez (1910-1984), la poeta escribió: "Hace dos meses fracasé en mi tentativa de matarme. (No se lo dije a nadie en Argentina). La primera razón: lo indecible. La 2ª: el descubrimiento de que no hay fondo en nuestras sombras interiores (hay algo que no desemboca). La tercera: no aceptar las condiciones de la vida (V. Baudelaire). No sientas tristemente lo que te confío. Entre otras cosas, la muerte es la tentación perpetua, la oculta fascinadora que nos oculta". En el remate, que larga a las 16.30 en Juncal 1248, la base por ese texto es de 2 mil pesos.
"Al Poeta Oscar Monesterolo cordialmente", firmó el pintor Raúl Soldi en la edición de 1972 de 20 poemas de amor y una canción desesperada que ilustró: sale a remate desde los 250 pesos. Y a partir de los 300 se puede pujar por la primera edición bilingüe de El oro de los tigres firmada por su autor, Jorge Luis Borges. En 1000 pesos empieza la disputa por una edición de 1975 que compila la obra en prosa de Borges: "Encontré este libro en casa de Borges el día que no tuvo (otra vez) el Nobel", escribió en la primera página Mujica Láinez antes de regalar el libro a Monesterolo. 
"Uno de los rasgos de la biblioteca de Manucho fue que dio lugar a muchas escritoras", explica Nicolás Bunge, que coordina el catálogo de libros en Saráchaga. Por eso en el remate de esta tarde habrá obras de Olga Orozco, Pizarnik, Silvina Ocampo, Marta Lynch, Beatriz Guido, Alfonsina Storni, Sara Gallardo y Juana de Ibarbourou. Entre todos los lotes, hay obras de Walt Whitman en inglés, un ensayo sobre los ex libris -esos sellos casi heráldicos que los bibliófilos usan para identificar sus libros- de autores consagrados y, claro, distintas ediciones de las obras de Manucho. De él, no sólo libros: también se rematan dibujos que legó a Monesterolo, como uno en el que, en medio de cientas de flores de todos colores, escribió: "¿Te acuerdas de mí? ¿Soy más que la sombra de un recuerdo? ¿No sientes temblar el aire, cuando pienso que te quiero?" Es cuestión de acercarse esta tarde y ser el mejor postor.


Fuente: Revista Ñ Clarín

EL MISTERIO DE LA SONRISA DE "LA GIOCONDA" FUE RESUELTO

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Una segunda pintura de Leonardo Da Vinci contribuyó a resolver uno de los más importantes misterios del arte : qué hay detrás de la sonrisa de la Mona Lisa o La Gioconda, obra realizada entre los años 1503 y 1519, y que descansa ahora en el Museo del Louvre, en París.
Investigadores examinaron otra obra del autor -donde se producía un efecto similar- para intentar determinar la técnica recurrente que pudiera explicar el secreto oculto. El estudio hecho por la Universidad de Sheffield Hallam y la Universidad de Sunderland, reveló que en La Bella Principessa (1490, aprox.) Da Vinci utilizó "un ingenioso truco para atraer al público", según consignó un diario inglés.
En el caso comparado, Da Vinci mezcló colores de manera tal que permitían "confundir" al espectador. Según el ángulo desde el cual la contemplaran, cambiaría la visión periférica. La boca de La Bella Principessa también parece modificarse dependiendo desde dónde se la observa. Cuando el visitante mira otras áreas del rostro de la mujer, su boca pareciera moverse muy sutilmente, generando una ilusión óptica lograda por el genio renacentista.
La técnica es conocida bajo el nombre de sfumato, y es la misma que se utilizó en La Gioconda. "Como la sonrisa desaparece tan pronto como el observador pretende 'capturarla', hemos llamado a esta ilusión óptica la 'sonrisa intocable'", señalaron los investigadores Alessandro Soranzo y Michelle Newberry, quienes escribieron el informe para la revista Vision Research.
"A través de una serie de experimentos psicofísicos, se encontró que un cambio percibido en la inclinación de la boca del 'La Bella Principessa' influye en su expresión de satisfacción generando así una ilusión", agregaron los autores del trabajo. Los científicos se preguntan, sin embargo, si Da Vinci pretendió crear esta ilusión y por qué. "La pregunta sigue siendo si Leonardo da Vinci pretende esta ilusión. En cualquier caso, se puede argumentar que la ambigüedad creada añade al atractivo del retrato".
Para arribar a sus conclusiones, los autores expusieron a voluntarios a observar con detenimiento la pinturas La Bella Principessa y La Gioconda desde diferentes ángulos, distancias y distintos niveles de borrosidad. En ese test también incluyeron la obra de otro autor, Retrato de una niña, de Piero del Pollaiuolo.
Los participantes hallaron que a medida que se alejaban o las imágenes de las pinturas de Da Vinci se hacían más difusas, la sonrisa aparecía más fuertemente. Sin embargo, esto no ocurría con el retrato de Del Pollaiuolo.
También realizaron otra prueba con los mismos voluntarios. Por un lado, taparon con un pequeño rectángulo negro los ojos de la Principessa, y en segundo lugar, la boca. En el primero de los casos, la sonrisa permanecía; mientras que en el otro, su mueca no se distinguía, lo que aseguró a los investigadores que el truco utilizado por Da Vinci radicaba en la zona bucal de la "modelo".
Los investigadores creen que Leonardo Da Vinci comenzó a utilizar la técnica del "sfumato" en su obra "La Virgen de las rocas", de 1483.


Fuente. infobae

PESE AL CAMBIO DE ESTATUA,
SIGUE CERRADA LA PLAZA QUE ESTÁ DETRÁS DE LA ROSADA

Espacio público.

Fue enrejada en 2008 y sólo la abrieron 3 días, durante la inauguración del monumento a Juana Azurduy, que reemplazó al de Colón.
Desde la reja. Así se ve el espacio verde en el que está la estatua de Juana Azurduy, un lugar que, según un acuerdo, debería estar abierto al público. Foto: Lorena Lucca
      Desde la reja. Así se ve el espacio verde en el que está la estatua de Juana Azurduy, un lugar que, según un acuerdo, debería estar abierto al público. Foto: Lorena Lucca
Pablo Novillo


Sólo tres días en los últimos ocho años. La Plaza Colón, el espacio verde que queda detrás de la Casa Rosada, sigue cerrada. Desde 2008, cuando el Gobierno nacional puso la reja, sólo pudo ser aprovechada por la gente tres días, durante el festival por la inauguración de la estatua de Juana Azurduy, que reemplazó al monumento a Colón. Por ahora, nada hace pensar que vuelva a estar disponible para los vecinos.
La única vez en los últimos años en que los vecinos pudieron entrar a este espacio verde ubicado entre la Casa Rosada y la avenida La Rábida fue entre la noche del 15 de julio y el sábado 18, cuando fue inaugurada la estatua de Azurduy. Tras el acto encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el presidente boliviano Evo Morales (el Gobierno de Bolivia donó el monumento, que costó un millón de dólares), la plaza quedó abierta para una serie de festejos, que incluyeron espectáculos de baile, recitales de importantes grupos folclóricos y una feria gastronómica.
Pero ni antes ni después se pudo volver a entrar. El conflicto comenzó en 2007, cuando fueron inauguradas las obras de remodelación de la plaza y ensanche de La Rábida, que incluyeron el enrejado. En ese año, el Gobierno porteño, entonces a cargo de Jorge Telerman, firmó un convenio con el ex secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, en el cual se estipulaba que la plaza estaría abierta salvo cuando la Nación debiera “disponer las medidas de seguridad que estime pertinentes en ocasión de desarrollarse actos del Gobierno Nacional en Plaza Colón”, como recepciones a autoridades extranjeras y otras. Pero la Nación nunca cumplió. Más allá del argumento de la seguridad, lo cierto es que la Plaza Colón fue inaugurada el 9 de octubre de 1904 y desde entonces siempre había estado abierta.
Además del uso del espacio público, la discusión de fondo tiene que ver con la autonomía porteña. En 1996, cuando la Ciudad pasó a tener sus propia Constitución y sus autoridades electas, se dispuso que todas las plazas y parques y sus monumentos pasaran a la órbita del Estado porteño.
La situación se complicó aún más cuando se conoció en 2013 que el Gobierno kirchnerista quería sacar el monumento a Cristóbal Colón, que estaba en la plaza desde 1921, para reemplazarlo por la imagen de Azurduy. Pese a las quejas de las colectividades italianas, que en su momento habían donado la estatua de Colón, y a los recursos judiciales que presentaron vecinos y el propio Gobierno porteño, la Nación siguió adelante. La Legislatura porteña sancionó incluso una ley para impedir el traslado. Pero luego el Gobierno porteño y el nacional terminaron llegando a un acuerdo político: a cambio de que le permitieran el reemplazo de estatuas, la Nación autorizó a que la Ciudad continuara las obras de la autopista Illia, que también estaban bloqueadas. Hoy el monumento a Colón está en la Costanera Norte, donde debe ser reinstalado.
Otro paso más de la apropiación de la plaza sucedió hace un año, cuando la presidenta firmó el decreto N° 1.137, por el cual determinó nombrar como Lugar Histórico Nacional “al conjunto urbano constituido por la Casa Rosada, el Museo del Bicentenario, la Plaza Colón y la Reja Federal (sic)”. Así, le quitó el espacio verde al patrimonio porteño.
El siguiente capítulo de esta discusión podría venir por el lado del mismo nombre de la plaza. Durante el acto de inauguración de la nueva estatua, la transmisión oficial insistía en mencionar al lugar como “Plaza Azurduy”. Pero el nombre oficial sigue siendo “Plaza Colón”, y la única forma para rebautizarla sería que la Legislatura porteña apruebe, en doble lectura, una ley con el cambio de nombre. Según confirmaron en la Comisión de Cultura de la Legislatura porteña, aún no recibieron ningún proyecto en ese sentido.

Fuente: clasrin.com

VIVIR DEL ARTE:
TANTO TALENTO PARA CREAR COMO PARA CONSEGUIR RECURSOS

Una docena de artistas revelan los malabares de una agenda que incluye vender obras, dar clases, obtener subsidios y ganar becas.

      Foto: Gentileza del artista


Por María Paula Zacharías / Para La Nación


Hacer algo "por amor al arte" es sinónimo de gratuidad. Pero vivir del arte es otra cosa. La vida de muchos artistas argentinos es un constante equilibrio entre placer, deber, necesidad y deseo. Es la hazaña de vender obras en un mercado chico, dar clases, pedir un subsidio, ser artesano, ganar un concurso... o manejar un taxi de día y pintar al óleo de noche.
"Si hubiera tenido que vivir del arte habría pedido limosna en algún momento", se ríe hoy Edgardo Giménez, rey aquí del pop art, que supo combinar su dedicación al color con trabajos rentados como publicista y diseñador.
Richard Sturgeon hizo malabares desde los 18 años, cuando se descubrió artista: mañanas de banco, tardes de taller y noches atendiendo un bar. "Largué la vida corporativa a los 30 años y tenía un hijo. Primero compré un taxi y con eso me defendí unos dos años. Después trabajé en una galería, hasta los 45, cuando empecé a vender mejor. Pero nunca dejé de dar clases. No es una vida holgada", reconoce el ganador del Premio Nacional de Pintura 2014.
Este galardón es un desahogo después de una carrera, muchas veces, de obstáculos. Equivale a cinco jubilaciones mínimas y suma algo menos de $ 20.000.
"Nuestra vida es mucho mejor que la que tuvieron nuestros maestros. Antes, estudiar arte era la condena a una vida miserable", dice María Inés Tapia Vera, que acaba de ganar el premio en la categoría Grabado. "Fui pobre. En los 70 hasta era mal visto vivir de la obra. Cuando nos casamos con Eduardo Iglesias Brickles, no teníamos nada. Trabajé de mil cosas hasta que me recibí y me dediqué a la docencia, y Eduardo, a diseñar en diarios. Cuando vendíamos algo, ese año nos íbamos de vacaciones", cuenta Tapia Vera.
"Cuando gané el premio municipal, pude dejar las escuelas y tener algo de ocio creativo: es muy difícil llegar de la calle, tirar la cartera y ponerse a crear. El Municipal son alrededor de $ 9000 por mes. Pagás el alquiler y comés. Pero el Nacional me resuelve el problema de la jubilación", analiza.
Carola Zech es otra maratonista que llegó a esa meta. "En los 80 fui artesana mientras duró mi formación y, de ese modo, viajé mucho. Después, por unos diez años fui profesora de plástica y dedicaba al taller las tardes y noches. Puedo recordar el cansancio feliz de esa época tan constructiva. Un trabajo para sostener otro", recuerda.
"He vivido de la enseñanza en mi taller y de algunos premios. Gracias a la pensión del Gran Premio voy a tener la tranquilidad de seguir produciendo", cuenta Diana Dowek, ganadora 2015 en Pintura.
Los jóvenes encuentran diferentes recetas. "Este año nació mi segunda hija y las ventas no me acompañaron. Mi economía es mensual: pago alquiler y no tengo trabajo fijo", dice Hernán Soriano.
Se mueve en bicicleta y su obra está hecha con materiales muy baratos u objetos encontrados. "Hago trabajos de montaje, obras o encargos para artistas, escenografías o cualquier trabajo donde haya que construir cosas. Soy dibujante, escultor, tengo nociones de mecánica y pintura. Todo lo que gano está destinado a mi familia. En el amor soy una persona rica", dice.


Historias de esfuerzo y pasión

De la videoperformance de una mudanza a la venta de obra por kilo
    Foto: Gentileza del artista

"Vivir del arte no es fácil. Los artistas muchas veces tenemos que buscar alternativas laborales", coincide Catalina León. "Vivo un poco de la venta de mis obras y otro poco de mi trabajo en Vergel, asociación civil que entrelaza arte y salud. Aunque en este momento logro mantenerme, es siempre un terreno incierto", desliza.
Isabel Peña atravesó años de terapia lacaniana para asumir su esencia de artista y la imposibilidad de vivir de otra cosa. "Me ayudó a hacerme cargo de mi deseo y a salir al ruedo. Al principio no objetivás tu obra y sentís que te dicen a vos que no cuando rebotás en una galería o un premio. Pero salir y rebotar es menos malo que quedarte encerrado sintiéndote un genio incomprendido. Es dura la calle, pero te enseña un montón -recomienda-. Trabajar es un placer y una necesidad. En un momento me sentí cansada de luchar, y pensé en tener otro trabajo... pero me di cuenta de que sólo iba a perder años de vida a cambio de un sueldo."
No todas son pálidas. "Vivir del arte para mí es inevitable. Una pulsión vital", dice Paula Cecchi. Estudió medicina, pero nunca ejerció. "Siempre el arte me dio trabajo. Tuve la suerte de tener de maestro a Guillermo Roux y de ver a un artista y su vida de cerca", dice. Vive de la venta de obra y de dar clases, muchas clases, en el taller que abrió con su marido, Pablo Noce, también pintor, cuando la casa empezó a quedarles chica para sus cerca de 50 alumnos.
"La clave es perseverar, no dejar de trabajar y ser consecuente", comenta. Recibió un subsidio para hacer un libro de su obra, que cubría parte del gasto de impresión, y para el resto recurrió al financiamiento colectivo. Juntó lo que necesitaba en cuestión de días. "Fue un boom. Internet está abriendo caminos interesantes", cuenta.
Paula Pellejero integra otro matrimonio de artistas con buena suerte en la Web. Gracias a las ventas del taller de dibujos de entre $ 50 y $ 1000, difundidas por Facebook, solventan sus viajes laborales. "Cuando entra dinero desde el arte es invertido en nuevos proyectos. Y si no, me las rebusco presentando el proyecto a instituciones", cuenta.
    Foto: Gentileza del artista

El arte contemporáneo, ese que no está destinado al cubo blanco, requiere un ejercicio constante de papeleo: presentarse a becas, concursos, subsidios y convocatorias. En eso, Gaspar Libedinsky, uno de los ganadores del concurso BA Sitio Específico, es un experto. "Me nutro para ello de mi labor académica. De mi estudio salen obras que el mercado después rotula como arte, arquitectura o diseño. Pero el trabajo más rentable es el de curador, que también ejerzo, sin los riesgos del artista, que debe invertir en la obra sin la seguridad de que será vendida". Su proyecto Carrousel, una calesita a pedal, pronto empezará a girar en Parque Patricios.
Ana Gallardo, más que luchadora, es una gladiadora. "Fui asistente en galerías, camarera, cociné, inventarié colecciones, vendí celulares, jubilaciones privadas... He trabajado toda la vida y, hasta hace muy pocos años, en relación de dependencia", relata. De esos tiempos es reflejo su video La casa rodante, donde recorre la ciudad con su casa a cuestas. "Ahora tengo un plan un poco más cómodo, con honorarios por cada obra in situ, subsidios y clínicas", enumera.
Gallardo acaba de representar al país en la Bienal de Venecia y lleva adelante La Verdi, un proyecto de talleres gratuitos para artistas financiado con la ley de mecenazgo: "Encontrar empresas que te apoyen es lo más difícil".
El mercado es una necesidad y un riesgo. La joven Julieta Barderi tuvo en su primera muestra en una galería un fuerte éxito comercial. "Pero después empecé a trabajar una imagen más densa, incómoda. Si bien perdí lugar en la galería, ya que consideraron esta obra menos amable y que no se iba a vender, este trabajo fue después premiado", contó en una mesa redonda sobre cómo vivir del arte en la escuela Regina Pacis.
Enrique Burone Risso respondió desde la voz de la experiencia: "El artista, si trabaja con seriedad, tarde o temprano será reconocido. Es importante no aceptar condicionamientos y escapar a las modas, con una producción artística sincera". Por cuatro años trabajó a sueldo para una galería, hasta que empezaron a pedirle determinada obra. "La obra no se realiza para gustar o vender", advierte. Con su galería actual tiene un acuerdo diferente: "Voy a porcentaje de la venta y la obra siempre es del artista".
"A mí me gusta llegar a fin de mes tranquilo", dice sin problemas José Luis Anzizar. Llegó a ocupar el puesto de director de Operaciones y Tecnología para América Latina del Citi, donde trabajó por 20 años. Renunció en 2002, para dedicarse al arte, pero también fundó una consultora de liderazgo, donde aplica sus facilitaciones gráficas.
"Vivo en un 50 por ciento del arte y el otro 50 por ciento del liderazgo... y no veo la diferencia entre estas cosas", confiesa.

    Foto: Gentileza del artista


Existe un prejuicio: se le dice salonero al que concursa con frecuencia. Pero no es por eso que la pintora Deborah Pruden rehúye presentarse. "Las veces que mandé, ni me seleccionaron para integrar la muestra, y tenés que pagar el marco, el flete, cumplir requisitos... Desistí", reconoce.
"Los artistas seguimos pintando y exponiendo, aunque no nos paguen. Espero que esta idea romántica se vaya revirtiendo", añade Pruden.
"Si el artista se mantiene sólo en su taller buscando la obra, se vuelve frágil y dependiente. Un artista es un empresario de sus estéticas", alienta Mónica van Asperen, una artista con trayectoria. Y va más allá: "El dinero viene por la obra, si quien la hace la suelta a su destino".
Cada uno, sumando esfuerzo y pasión, encuentra su manera.
La casa rodante de Ana Gallardo. En esta videoperformance de 2007, la artista documentó el año en el que ella y su familia vivieron de mudanza en mudanza una vez por mes. Con los muebles más queridos a cuestas (en la foto su hija pedalea), recorrió ocho kilómetros en una tarde para recordar los traslados del living de su hermano al de su hermana, y de la vivienda de un amigo a la terraza de otro...
Paula Cecchi. Su obra se vende en la galería Laura Haber. Da clases en el taller de Guillermo Roux, en la Universidad Nacional de las Artes y en el Taller La Oficina, que abrió con su marido Pablo Noce cuando su casa empezó a quedar chica para los casi 50 alumnos y su pequeño hijo, pintor en potencia.Catalina León. Llegó a vender su obra por kilo en una verdulería, cuando creaba sobre escombros. Este año las cosas pintan mejor: trabaja en arte y salud en el hospital Garrahan y tiene taller sin cargo en Prisma, una entidad subvencionada mediante ley de mecenazgo
José Luis Anzizar. No tiene problemas con su galería, Elsi del Río (la dirige su marido, Fernando Entin). Trabajó 20 años en el banco Citi y ahora da cursos sobre liderazgo. "Cualquier técnica es lo de menos. Hoy lo que ayuda a crecer es la capacidad de comunicar y de relacionarse con otros", alienta.


Fuente: lanacion.com


FUROR POR SAN MARTÍN:
EL SABLE CORVO DISPARÓ LAS VISITAS AL MUSEO

En el 165° aniversario de la muerte del prócer.

Unas 22.500 personas pasaron a conocer el arma del Libertador desde que se mudó de Palermo a San Telmo.

De guardia. El sable corvo de San Martín, flanqueado por dos granaderos en la sala principal del Museo Histórico Nacional. /Andres D’Elia.
    De guardia. El sable corvo de San Martín, flanqueado por dos granaderos en la sala principal del Museo Histórico Nacional. /Andrés D’Elia.

Alfredo Dillon

Si pudiera trazarse un ranking de los próceres argentinos más populares, seguramente José de San Martín lo encabezaría por amplia ventaja. Basta con reparar en el fenómeno desatado en el Museo Histórico Nacional tras la llegada de su sable corvo: la cantidad de visitas mensuales se quintuplicó desde el 24 de mayo, cuando los granaderos escoltaron el traslado del sable desde el Regimiento de Granaderos a Caballo de Palermo hasta el Museo, donde lo recibió la presidenta Cristina Kirchner.
Desde ese día, más de 22.500 personas pasaron por el Museo, ubicado en Defensa 1600, en San Telmo: un promedio de 11.000 visitas mensuales, contra las 2.000 que solía recibir. El sable corvo es la estrella de la muestra permanente, titulada “San Martín de puño y letra”, que incluye también la recreación de la habitación del prócer en Boulogne sur Mer, Francia –donde murió el 17 de agosto de 1850, hace 165 años–; así como objetos personales y pinturas que retratan sus principales hazañas.
Además se pueden ver varios retratos del Libertador –incluyendo el único daguerrotipo original, de 1848, que inmortalizó a un San Martín anciano y canoso– y fragmentos ampliados de sus cartas. Estos elementos funcionan como prólogo para el gran atractivo del Museo: la sala –similar a una capilla, con un vitral en el techo– donde se exhibe el sable corvo, encerrado en una vitrina iluminada y custodiado por los granaderos. Lo rodean las armas de otros héroes del panteón nacional: Manuel Belgrano, Manuel Dorrego, Juan Manuel de Rosas y Guillermo Brown.
La historia del sable corvo es conocida: San Martín lo compró en Londres, lo empuñó en las guerras de Independencia y, antes de morir, lo legó a Juan Manuel de Rosas en homenaje a su defensa del honor de la República “contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”. Ya en el siglo XX, la espada fue robada dos veces del Museo Histórico por la Juventud Peronista, que con ese gesto buscó unir, en una misma línea histórica, a San Martín, Rosas y Perón. En 1967 el dictador Juan Carlos Onganía decidió trasladarlo al Regimiento de Granaderos a Caballo, donde permaneció hasta este año.
El recorrido de la muestra se completa con la sección “San Martín interactivo”, una instalación que le permite al público entablar un diálogo virtual con el prócer, y con un rincón para chicos donde se proyectan capítulos de Zamba, la tira animada del canal Paka Paka.
Los textos seleccionados en la exhibición perfilan a un San Martín comprometido con la causa americana y obstinado en mantenerse al margen de las luchas internas en el país. Así lo expresa su carta al general peruano Ramón Castilla, reproducida en varias salas: “En el período de diez años de mi carrera pública, en diferentes mandos y estados, la política que me propuse seguir fue invariable en dos solos puntos: (...) no mezclarme en los partidos que alternativamente dominaron en aquella época en Buenos Aires. (…) El segundo punto fue el de mirar a todos los Estados americanos en que las fuerzas de mi mando penetraron, como Estados hermanos interesados todos en un santo y mismo fin”. 


Fuente: clarin.com

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Correo de Lectores

San Martín compró su sable corvo en Londres, en 1811

El Cartero de NOVA.
Por Alejandro Fargosi (*)

Lo trajo a Buenos Aires, lo usó durante toda la Campaña Libertadora, lo hizo llevar a Europa, lo legó a Rosas en su testamento, lo trajeron a Buenos Aires, Rosas lo volvió a llevar a Europa y tras su muerte, al fin volvió a Buenos Aires, directamente al Museo.
Es decir que duró entero más de 200 años, pasó por combates y batallas, viajó entre Europa y la Argentina en barco cinco veces y hasta sobrevivió a dos robos violentos.
Pero llegó el kirchnerismo y fue dañado de gravedad: su dragona, que estaba integrada al mango, desapareció en algún momento por el traslado y absurdo e innecesario desarmado del sable.
Porque además de sacarlo del Regimiento de Granaderos al Museo Histórico Nacional, fue entregado al platero Pallarols para que lo desarmara, copiara y volviera a armar. Un absurdo completo, porque existen suficientes copias que se hicieron sin desarmarlo, que equivale a dañarlo.
Ya había copias exactas y no se necesitaba manosearlo. Menos todavía desarmarlo. Y por supuesto que jamás, romperlo.
En ese proceso perdió su dragona. Quizás esté guardada en algún lado. Ojalá.
Pero es inadmisible que haya sido separada del sable, ya que eso implica que fue cortada, desarmada o algo peor.
Algún día lo sabremos. Ojalá que sea pronto.
Y si el sable sufrió daños, la responsable legal es la presidente. 

(*) Mail: alejandro@fargosi.com


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Presidencia de la Nación
Sala de Prensa

Cultura - 18 de agosto

Comunicado sobre la dragona del sable corvo de San Martín

El Ministerio de Cultura de la Nación aclaró hoy que la dragona del sable corvo del General San Martín permanece en el Museo Histórico Nacional y no fue extraviada, tal como se manifestó en un matutino porteño.
A continuación, el comunicado completo emitido por la cartera nacional que dirige Teresa Parodi:
“El Ministerio de Cultura de la Nación informa que la dragona del sable corvo del General San Martín no “se perdió”, como se indica hoy en un artículo del diario Clarín que cita como fuente al abogado Alejandro Fargosi.
De hecho, la pieza nunca salió del Museo Histórico Nacional, desde que fue donada a la institución por los descendientes de Juan Manuel de Rosas, en 1897.
Cuando, en 1967, el dictador Juan Carlos Onganía le quitó al Museo la custodia del arma, tanto la dragona como la caja original del sable permanecieron en el edificio para exhibirse al público.
En la actualidad, la dragona - o correa del arma- se encuentra en restauración en el taller de textiles del organismo ya que se comprobó que está dañada la traba que la ajusta a la empuñadura. Cuando finalice el proceso, serán los Granaderos a Caballo quienes la coloquen en su sitio en un acto público.
Es importante aclarar también que la correa no es de cuero, como sostiene el denunciante, sino que está confeccionada con hilos metálicos”. 

LA TRAGEDIA DEL HOTEL WATSON

Secreta Buenos Aires.

Estaba en Belgrano. Ganó fama cuando allí, descubierto por el marido engañado, un hombre mató a su amante y se suicidó.

Ubicación. Juramento y Vuelta de Obligado, junto a la Iglesia de la Inmaculada Concepción, conocida como “la Redonda”. Ahora hay un café.
    Ubicación. Juramento y Vuelta de Obligado, junto a la Iglesia de la Inmaculada Concepción, conocida como “la Redonda”. Ahora hay un café.

Eduardo Parise

La tragedia tuvo tres víctimas y conmovió a toda la Ciudad. Ocurrió en mayo de 1878. Por entonces otras noticias ocupaban los titulares de los diarios: el presidente Nicolás Avellaneda seguía impulsando la inmigración europea; su ministro de Guerra, el general Julio A. Roca preparaba la campaña al “desierto” para terminar con muchos habitantes originarios; los sanitaristas se preocupaban por la viruela y otros funcionarios creaban el Monte de Piedad (el actual Banco Ciudad) para “servir a la clase proletaria”, buscando promover el crédito barato y regular el mercado financiero. Pero aquellas tres muertes violentas, incluyendo la de un bebé, fueron demasiado para la sensibilidad de la gente.
Todo había empezado un mes antes, cuando un grupo de inmigrantes se había embarcado en Hamburgo, con destino a Buenos Aires. Para llegar a la “tierra prometida” eran más de treinta días de navegación. Entre esa gente estaba el matrimonio de Carlos y Teresa Scheiber, con sus pequeños hijos. También viajaba Julio Rohlfs, conocido de ellos. En la Argentina ya estaban radicadas varias familias alemanas llegadas desde la zona del Volga. Inclusive habían fundado pequeños pueblos como Colonia Hinojo, cerca de Olavarría. Al llegar a Buenos Aires, la pareja se alojó en el Hotel de Inmigrantes que entonces estaba cerca del Centro (funcionó allí hasta 1911, cuando se edificó el de Puerto Nuevo). Rohlfs se quedó en otro lugar de la Ciudad.
La sorpresa surgió un par de días después: Teresa desapareció, dejando a su marido y a los chicos. Lo llamativo es que ella llevaba un embarazo de casi ocho meses. Dicen que el hombre empezó a buscarla por toda la Ciudad, pero nadie tenía datos. Recién a la semana le llegó una información clave: su esposa estaba en el vecino pueblo de Belgrano. Fue la chispa que encendió el fuego de la tragedia. Cuando llegó, Carlos Scheiber descubrió que su mujer estaba alojada en el Hotel Watson, en Lavalle (hoy Juramento) y Río Bamba (hoy Vuelta de Obligado), al lado de la Iglesia de la Inmaculada Concepción, conocida como “la Redonda”. Junto con la mujer estaba Julio Rohlfs, su amante. Las crónicas de la época dicen que, al verse descubiertos, Rohlfs agarró un arma, le disparó a Teresa y se suicidó.
El Hotel Watson era un símbolo del lugar. Su dueño, Thomas Watson, un inglés nacido en 1837, se había radicado en el país a principios de la década de 1860. El hotel funcionaba allí desde unos años antes de la construcción de la monumental iglesia, que se inauguró en diciembre de 1878. Tenía dos pisos y hasta un mirador para divisar la llegada de las diligencias que paraban en el lugar. Cuentan que era famoso por la buena comida que preparaba un cocinero escocés. El día de la tragedia, allí también estaba alojado Vicente Castañeda, un médico español. Al ver a la mujer baleada, Castañeda actuó rápido y con una cesárea buscó salvar al bebé. Pero la criatura murió al día siguiente.
Después se descubrió que los amantes habían previsto que todo podía terminar mal. Y dejaron dos cartas explicando su decisión. Teresa decía que nunca había amado a su marido y afirmaba: “Más vale morir que seguir en esta vida”. Julio sostenía: “No hay nada que me pueda convencer de seguir sufriendo esta vida penosa”. Y ambos, en sus textos, confesaban su amor. Hoy del hotel sólo quedan unos arcos de su recova. La parte superior fue demolida. Y, tras unos años de abandono, la recova se convirtió en el local de un elegante café. Quizá por allí también retumben los ecos del sonido que dejaba al pasar el viejo “tranguaicito”, un tranvía tirado por tres caballos percherones que iba desde la estación del tren, en el Bajo, hasta la actual calle Vidal. El servicio era para que los vecinos pudieran llegar hasta el ferrocarril, un medio clave para trasladarse al Centro de la Ciudad. Ese servicio especial, cuya concesión estaba a cargo de Luis Cevasco (antiguo vecino de Belgrano), funcionó hasta noviembre de 1915. Pero esa es otra historia.


Fuente: clarin.com