VARGAS LLOSA:
"LA SITUACIÓN QUE HAN CREADO
ME OBLIGA A HABLAR DE POLÍTICA"



El Nobel cuenta que pensaba abrir la Feria del Libro con un discurso literario. Pero el intento de veto lo hizo cambiar de idea.


UY, DIOS. PARECE DECIR EL GESTO DE VARGAS LLOSA. FUE EN MÉXICO, EN UNA CONFERENCIA SOBRE EDUCACION EL JUEVES.


Por Juan Cruz Ruiz, Periodista y escritor español - Diálogo

Mario Vargas Llosa pensó, cuando supo que habían propuesto vetarle como conferenciante de honor en la Feria del Libro de Buenos Aires, que esas noticias eran una broma. Poco después, cuando ya supo que era cierto, que habían hecho esa propuesta, y que esa propuesta había venido de la Biblioteca Nacional, nada menos, sí fue víctima de una broma: un periodista desaforado había usurpado desde Italia su identidad para decir, en Facebook, sistema que Vargas desconoce, que ni por asomo pensaba renunciar a su derecho a hablar en ese extraordinario foro de Buenos Aires.
La verdad es que el delincuente italiano usurpó su identidad pero calcó sus intenciones. Este viernes, recién despertado en México, donde le halló el epicentro de la polémica argentina sobre su figura y la Feria, el Nobel de 2010 dijo que, en efecto, ahí iba a estar, diciendo lo que tendría que decir.
Pero, claro, ahora no diría tan solo lo que pensaba decir antes de que algunos incendiaran su figura en la plaza pública. Estará, por supuesto, y ahora ya no será el mismo que iba a hablar, probablemente, como ha hecho tantas veces, de libros, de Borges (que es para él un símbolo de los libros), de Lugones, de Cortázar, de Sarmiento…, de la ingente materia literaria que él y cualquiera que haya leído asocia con Argentina en general y con Buenos Aires muy en particular.
Despierto, digo, “porque en esta casa siempre nos levantamos temprano”, como dice Patricia, su mujer. Mario sonaba desencantado, “con una cierta tristeza, sí”, aunque ha visto, al mismo tiempo, “que otras voces contradecían esa intolerancia, esa intransigencia y, en última instancia, ese fanatismo”. Entristecido, y sorprendido. “Sobre todo porque esa actitud haya sido encabezada por el director de la Biblioteca Nacional; que sea él quien pida un veto, una censura, con unos argumentos nacionalistas tan pequeñitos, tan estrechos, es desmoralizador”.
Eso “no está a la altura de lo que es la cultura argentina”. Mario Vargas Llosa ha escrito resmas enteras de textos sobre algunos de aquellos personajes sobre los que se edifica el conocimiento exterior de la cultura argentina de los últimos siglos; y, por supuesto, también ha escrito contra el Gobierno actual, y contra gobiernos pasados, como la ominosa dictadura, que también le vetó. Desde ese puesto de vigilancia intelectual y literaria, y también política, asistió perplejo ante la propuesta de veto.
“Aparte de política, de discrepancias ideológicas, me sorprendió y me entristeció mucho porque parece que daba la razón a muchas de las críticas que yo he hecho. Pero el veto no me parecía concebible en Argentina”, comenta.
Aunque el veto no era una novedad para él; fue vetado en Perú, su país, cuando escribió La ciudad y los perros, cuyos ejemplares fueron quemados en público; Fujimori lo proscribió como ciudadano, y en la propia Argentina fue tachado por la censura… militar. En una conversación con Soledad Gallego-Díaz, de El País, recordó este último incidente, y desde México volvió a hablar de ello este viernes: “Recordé inmediatamente que la única vez que había sido censurado en Argentina fue con la dictadura de Videla. Me prohibió Pantaleón y las visitadoras y La tía Julia y el escribidor. Tengo un decreto absolutamente maravilloso firmado por el general Harguindey, el que era ministro del Interior, explicando las razones, diciendo que yo había ofendido al ser argentino…”.
Mario Vargas Llosa pensaba que esa pulsión que le llevaba a Harguindey a defender “el ser argentino” había acabado al llegar la democracia. “Pero los argumentos del señor González y de los intelectuales kirchneristas de esta asociación, que no sé cómo se llama, son muy semejantes a los utilizados por el general Harguindey”.
Como ha escrito tanto sobre Buenos Aires y los libros, y la Feria del Libro es central en esta polémica, los lectores de Vargas Llosa recordamos de inmediato, cuando se abrió este melón desabrido, un texto suyo sobre la Biblioteca Miguel Cané, donde trabajó Borges, y donde por cierto está ahora el legado de Tomás Eloy Martínez… Ese era un homenaje a los libros, a la memoria de Borges y a la devoción argentina por la cultura literaria. Eso recordamos. ¿Y él mismo qué recordó? “Yo además me acordé de que la Biblioteca Nacional argentina ha tenido como directores a Jorge Luis Borges, a Leopoldo Lugones… Es decir, a la mejor tradición argentina, grandes creadores que, aparte de sus ideas políticas, yo creo que jamás hubieran pedido censuras o vetos contra escritores que no pensaban como ellos”.

A Vargas Llosa, que se ha pasado la vida contando cómo ve la vida, la suya, la de otros, la de su país, la de otros países, y que se ha pasado la vida discutiendo (sin ponerse de acuerdo) consigo mismo, le pareció “maravilloso el argumento de que un escritor no puede venir a meter la nariz en cuestiones nacionales. Entonces no habría ninguna posibilidad de escribir ni de opinar sobre nada ni nadie con ese argumento tan pequeño”.
Por otra parte, Tomás Eloy Martínez, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges… se han pasado la vida entrometiéndose, por así decirlo, en la vida extranjera. “¡Si una de las cosas más interesantes de la cultura argentina ha sido la universalidad! Los escritores argentinos se han pasado la vida metiendo las narices en el mundo entero”.
¿Él se imaginaba que algo así podría ocurrir? “No. Sobre todo pensaba que en Argentina esto ya no era posible. ¡Pero, fíjate, es posible! Y lo extraordinario es que no ha sido uno, sino un grupo, no sé cuántos, ni sé tampoco las credenciales intelectuales que tienen. Pero que haya un grupo que pida vetos y censuras sobre sus colegas porque no piensan como ellos me parece de la peor tradición latinoamericana de la que estamos tratando de librarnos y me confirma en mis ideas a favor de la democracia, del liberalismo… De la tolerancia, básicamente”.
Le discuten, no es raro; le han discutido siempre, hasta cuando estaban de acuerdo con él; y no es raro, le dije, porque él mismo se ha pasado la vida discutiendo con todos, incluso consigo mismo. “Absolutamente”, dice, “pero es que eso es bueno. Que haya diálogo, comunicación, discrepancia, es muy bueno y muy sano. Básicamente es lo que es la democracia. En lugar de matarse y apalearse, discutir, cambiar ideas en lugar de piedras y palos. Pero claramente hay un espíritu piquetero que no acaba de desaparecer y que incluso contamina a cierto medio intelectual”.
La propia presidenta intervino para que no prosperara el veto. El Nobel dice: “Le agradezco a la señora Kirchner su intervención y me da la impresión de que es más lúcida que los intelectuales que la apoyan”.
Entonces, ¿qué va a pasar? Va a ir, claro, y va a hablar, por supuesto. ¿Para hablar de política? ¿Para hablar de qué? “Lo último que se me hubiera ocurrido es ir a inaugurar la Feria del Libro para hacer política. No era lo propio, lo adecuado. Sé que hay un sitio para cada cosa. Ahora ellos han creado una situación muy difícil porque sería un terrible escamoteo que yo no hablara de mis posiciones y mis ideas cuando me querían prohibir que lo hiciera… Es una cuestión de dignidad, de coherencia, y sería una frustración para quienes quieran escucharme que no me dé por enterado de lo que han dicho, de las acusaciones que me han hecho y, además, de las etiquetas que me han colocado”.
Muchas veces ha sido agitado desde el patio de butacas de conferencias. En algunos de esos escenarios estuve con él, como editor, acompañándolo. ¿Le intimidan estas situaciones? “No, no me intimidan porque desde muy joven, por desgracia, he estado metido en controversias y generalmente en medios donde la racionalidad muchas veces desaparece. Con la pasión dialéctica surge inmediatamente esa tradición que gravita sobre nosotros con tanta fuerza, que es la de la violencia: acallar, destruir, silenciar… Una tradición muy arraigada”.
Ahí lo tendrán; discutirán con él, y él discutirá, también, hasta consigo mismo. Lo ha hecho toda la vida. Está acostumbrado.


Fuente: clarin.com


INSTÁNEAS DEL SAN TELMO NO ANTICUARIO



En los alrededores de la ya célebre Feria de San Pedro Telmo, en el barrio de San Telmo, se puede ver de todo: hasta lo más insospechado. La fauna, los personajes, los oficios, las situaciones... He aquí unas imágenes de algunas cosas que también pueden verse los domingos, pero, aunque giran alrededor de las actividades de la feria y de los anticuarios de sus alrededores, poco tienen que ver con cosas viejas o antigüedades.

Las lindas estructuras de hierro y vidrio del Mercado de San Telmo, casi seguramente de origen inglés, donde hoy en día se puede encontrar de todo: baratijas, cosas nuevas, viejas y antiguas surtidas, amén de carnes, pescados, pollos, chivitos, corderos, lácteos, frutas y verduras, etc., etc.. Y también ropa nueva y usada, un par de medias flamantes, bijouterie o un ramo de flores plásticas con chocantes colores fluorescentes y olor a perfume rancio.

Tentadoras frutas, verduras, hortalizas, exquisitos orejones, derivados y "accesorios" llegados desde lejanos lugares del interior del país y también desde otros remotos, exóticos y paradisíacos del planeta.

De vaca, de oveja, de cabra, de búfala... la lista de precios de una quesería con gran variedad de tipos, formas y valores de quesos, con nombres que delatan, a pesar de alguna involuntaria falta de ortografía, un mayoritario origen francés e italiano.

Toda la seductora voluptuosidad y el atractivo colorido de las frutas, propias y ajenas. De cerca y de lejos. Y también concentrados, salsas y derivados envasados. Todo ahí nomás, entrando por los ojos y al alcance de la mano.

Un pálido y acalorado Carlos Gardel, de funyi y lengue como corresponde, se baja de su pedestal de estatua viviente para distenderse y descansar con la excusa de la visita de su amigo, seguramente mucho más rockero que tanguero.

Sin duda alguna, a la nota de color natural por excelencia dentro de este lugar tan peculiar y lleno de historias de otros tiempos, la aportan las cuidadas fruterías, con la calidad, variedad y la geométrica disposición de sus excelentes mercancías.

...................................................................................................Fotos y textos: P. L. B.

"BORGES ES COMO UN ACRÓBATA CHINO"



Jorge Luis Borges y Jean Coromines, en el acto de su investidura como Doctor Honoris Causa en la Sorbonne, el 4 de febrero de 1978.
Por Pekín. EFE

Soy un gran aficionado a Borges, para mí es como una droga ”, señaló A Yi, un joven y consagrado escritor chino, durante el diálogo “Intrigas Literarias”, que mantuvo con el argentino Guillermo Martínez en la sede del Instituto Cervantes de Pekín.
La influencia de Borges en la novela policial llega, literalmente, hasta China, según reconocieron en el coloquio Martínez y A Yi. “Cuando estaba aprendiendo a escribir ficción, leí mucho sobre Borges y sobre la literatura latinoamericana, dijo Yi, nacido en 1976. El escritor, ex policía, resume su trabajo anterior en los cuentos cortos de Historias grises o El pájaro me vio , dos grandes éxitos de ventas en su país.
Parte de la obra de Borges fue traducida al chino: El Aleph y Ficciones, por ejemplo. Y textos en los que el laberinto aparece de forma recurrente, como en los cuentos “El jardín de los senderos que se bifurcan” o “La biblioteca de Babel”. “Me parece que Borges es como un acróbata chino, con todos esos elementos en el aire. Traté de distanciarme de él para crear mi propio estilo, pero incluso hoy cuando encuentro un libro suyo no puedo evitar comprarlo”, contó A Yi, quien además confesó su fascinación por los laberintos en la obra de Borges. La influencia borgeana llegó a otros escritores como Yu Hua (Hangzhou, 1960), uno de los más conocidos autores contemporáneos chinos.
Por su parte, Martínez dijo a la agencia EFE que los lectores toman sus novelas como policiales “sin detenerse en detalle en las teorías filosóficas o matemáticas que aparecen en ellas”. De hecho, el escritor, y también matemático, visita China para promocionar la traducción de su novela La muerte lenta de Luciana B. Para él, “hay muchos escritores argentinos que sienten la figura de Borges como un peso. En mi caso es un desafío que hay que superar en la literatura argentina”.

Fuente texto: clarin.com


Placa conmemorativa sobre el frente de 13 de la Rue des Beaux Arts, Paris, Francia.


EL COLORIDO DE LOS TEXTILES TRADICIONALES




Imagen en la que aparecen vestidos tradicionales de Oriente Medio, en París. La imagen de la mujer de Oriente Medio vestida de negro por razones de tradición o religión salta en añicos en una exposición en París donde el modista Christian Lacroix invita a descubrir el vibrante colorido de los trajes tradicionales de esa región. Son llamativos los puntos de contacto con textiles tradicionales, viejos y antiguos de la Argentina, Perú, Bolivia.

Imagen de febrero pasado en la que aparece un vestido palestino de inicios del siglo XX, en París. La imagen de la mujer de Oriente Medio vestida de negro por razones de tradición o religión salta en añicos en una exposición en París donde el modista Christian Lacroix invita a descubrir el vibrante colorido de los trajes tradicionales de esa región.

Fotos: pierre verdy/AFP

PARIS, ESA PASiÓN TAN ARGENTINA



Viajar a París forma parte de la experiencia cultural argentina. Una breve historia testimonial recupera memorias, ensayos, cartas y textos de escritores y artistas, que recrean el último siglo y medio de esta tradición.

Bioy Casares, en Las Tullerías. El autor de “La invención de Morel” en una imagen de 1951.

Por Lila Caimari

París es la calle Florida del mundo, decía César Fernández Moreno. Quien camine por el centro porteño sabe lo desactualizada que está la comparación. Pero no importa, porque los argentinos entendemos la noción de la calle Florida de la misma manera que estamos familiarizados con cierta noción de París. Todos la conocemos un poco, y algunos la han conocido de verdad. En La París de los argentinos, Jorge Fondebrider reúne un creativo centenar de relatos –memorias, ensayos, cartas y textos sueltos– de quienes en el último siglo y medio han puesto a prueba, con la experiencia, esa París “hecha en Argentina”.
El ejercicio se inicia con los pocos elegidos que pueden llegar a la ciudad-centro: hombres notables, médicos enviados para visitar hospitales, corresponsales de La Nación. Paseando por el Bois de Boulogne, alguien se cruza con la infaltable pareja de millonarios pampeanos aburriéndose en su luna de miel. A medida que avanza el siglo, el elenco se extiende a músicos de tango, farristas, artistas de vanguardia, modelos de alta costura, algún que otro snob, intelectuales, refugiados políticos, académicos, psicoanalistas.
Para los argentinos (como para todos los demás), París empieza por el descubrimiento del bienestar estético, por la euforia sensual de la simple caminata. Con desdén aristocrático, Lucio V. López rehúye las trayectorias prefijadas del Baedecker, en busca del París “de cada uno”. Su retrato de cierto idiosincrático protector de gorriones (modestos dueños de la libertad urbana que salpican la ciudad de belleza tan inmodesta) condensa su preferencia de baqueano por el espíritu rive gauche . Cada tanto, tras la armonía envolvente del paseo, salta la sombra del otro París –el suicida del Sena, los clochards , las mujeres marginales “feas como brujas”. Y la multitud, la foule . Miguel Cané visita los museos de a poco, degusta las obras lentamente: él también marca diferencia con los turistas bulímicos. Pero a la salida de esos silenciosos templos de la cultura universal, es atrapado en la protesta callejera (tan parisina como el Louvre), ese gentío que entona la marsellesa con un fanatismo que lo aturde y espanta. “Tuvimos la ocasión de saber por experiencia lo que es una apretura en el tumulto”, comenta Eduardo Wilde.
Además de la cultura y el consumo de lo exquisito, la ciudad-escaparate alberga lo extranjero y lo exótico, las bohemias del mundo entero. (Con este descubrimiento llega otro, asimilado a regañadientes: los argentinos son parte de ese mundo que pasa por París, ni más ni menos “otro” que otros que están pasando.) Allí, los grandes nombres están al alcance de la mano: “Vi a Franz Liszt”, “Me trató Pasteur”, “Rodolfo Valentino estaba en esmoquin blanco”.
Esta proximidad con el centro de mundos científicos, artísticos e intelectuales se extiende a los del país propio: Alberdi visita a San Martín, Mansilla a Alberdi, Cárcano se encuentra en el teatro con Alvear... Si hay rivalidades domésticas, se diluyen en paseos y cafés: la experiencia parisina es la madre de muchas redes que continuarán de vuelta en casa.
Todo esto prepara, claro, el gran tema del triunfo en París. “X me aplaudió”, “X me publicó”, “la galería X exhibió mi obra”... Es una virtud del libro haber escapado a lo más previsible de este ejercicio, para informarnos un poco sobre la trastienda del “dichoso triunfo en París”. Mordaz, Aníbal Ponce denuncia el “tácito complot de aplausos recíprocos y telegramas elogiosos” que construye glorias para consumo doméstico. Junto al mítico triunfo de Gardel están los que aprovechan esa fama, y se suben a la moda parisina del tango para hacer su propia carrera “argentina”.
Quienes mejor logran instalar su vida profesional reflexionan sobre los riesgos y tensiones del éxito de largo plazo. Colocar el arte propio en una ciudad “adonde hay mucho de todo y todo el tiempo” no es sencillo, dice el director y régisseur Alfredo Arias. Hay que aprender a comunicar un punto de vista diverso y a la vez genuino, y esto no es fácil cuando los años pasan y la relación con los orígenes se va debilitando.
Instalarse en París es abrir el anecdotario del desencuentro de los ritmos del acercamiento interpersonal: nada desconcierta a los informalísimos porteños como la lenta construcción de la confianza que imponen los dueños de casa. El día en que la panadera nos reserva la baguette más crocante, se ha cruzado un umbral decisivo, dice un testimonio experimentado. Horacio Butler habla de la larga relación con Mme. Pitaud, la portera de su edificio, esa concièrge tan infaltable como el pan o el camembert. Y se detiene en otro dato bien reconocible por el inmigrante en París: las inconcebibles condiciones higiénicas, los cuartuchos sin baño bajo esos circunspectos techos de pizarra.
Lo más extraordinario es la rapidez con que aceptábamos esas condiciones, observa. Es que esos rincones incómodos, que no serían siquiera considerados en el país propio, tienen las mejores ventanas, están cerca del Jardín de Luxemburgo o de algún bar bien frecuentado. Y todo habrá valido la pena.
En los años setenta, los hechizos parisinos pasan abruptamente al telón de fondo, porque lo más nítido es el drama que transcurre a miles de kilómetros. París es el rebusque y la supervivencia de los que no quieren estar en París. Las redes de ayuda incluyen “parisinos” de otras generaciones –la figura desgarbada de Cortázar aparece muchas veces prestando su nombre y su tiempo. Pero fuera de esta trama de angustia y apuntalamiento mutuo, el cruce con los compatriotas se carga de sentidos ominosos: hay que tolerar el espectáculo de los turistas de la plata dulce, protegerse de los personajes de esa siniestra embajada.
En el París del exilio reaparece la eterna cuestión de la diferencia de códigos sociales. Con una sorpresa: tras su aparente distancia, la sociedad francesa ofrece muestras conmovedoras de solidaridad. En los parisinos “antipáticos” que bloquean la intimidad instantánea se reconoce (y se aprende a apreciar) a los “que tienen un compromiso con la palabra”. La prueba más difícil la ofrece Simone de Beauvoir, que pone un reloj sobre la mesa donde se reúne con un grupo de madres de desaparecidos. En ese lapso de límites tan expresivos, las escucha sin interrupciones, y más tarde cumplirá con sus promesas de colaboración. “Formales y distantes como son, nos ayudaron mucho”, dice Norman Briski.
Por mil razones de aquí y de allá, las nuevas generaciones de “argentinos de París” se relacionan de maneras menos extremas con aquel mundo. Académicos, artistas o psicoanalistas van y vuelven en ritmos estacionales: sus trayectorias no necesitan cerrarse del todo, ni excluyen otras ciudades.
París ya no tiene el peso consagratorio de antaño, claro. Es menos fantástica porque sus brillos son menos inalcanzables. Pero como también es la ciudad de lo íntimo y lo sutil, una parte de esa atracción no se saciará nunca a golpes de escapadas. Por tradición cultural o manía identitaria, no faltarán argentinos que, con fidelidad casi anacrónica, seguirán caminándola y escribiéndola.

Fuente: Revista Ñ Clarín

PARÍS VISITA A BUENOS AIRES Y VICEVERSA






















Los símbolos de la Paris europea y de Buenos Aires, la Paris de América.

Por Guido Carelli Lynch

El tango, Cortázar, el psicoanálisis, la arquitectura, el exilio. Imposible enumerar los factores que hermanan a París y Buenos Aires.
Hoy, a las 17.45, en el Centro Cultural Recoleta empezará a hacerse realidad otro punto de contacto entre las dos capitales.
Allí se presentará oficialmente la programación de Tandem, el paquete de actividades culturales que planearon las dos ciudades, para que cada una, durante sus respectivos tres meses de otoño, reciba el arte y la cultura de la otra.
Conciertos, muestras, teatro, circo, cine y hasta deportes. Serán seis meses de intercambio para el público de los dos países y para los artistas; 90 espectáculos y 300 intérpretes.
El Salón del Libro de París, que tendrá a Buenos Aires como invitada del 18 al 21 de marzo será el puntapié inicial. Allí, también participará la Revista Ñ.
Un día después las autoridades francesas presentarán la iniciativa en París. Dos días más tarde y hasta el 26 de junio empezarán a desembarcar en Buenos Aires algunos nombres grandes (y otros nuevos) de la cultura francesa. “Es la operación cultural más importante de la historia entre las dos ciudades”, anticipó a Clarín, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi.
Tandem, aunque más ambiciosa, se inscribe dentro del programa de relaciones culturales que Buenos Aires plasmó con Berlín, Montreal, Madrid y Medellín. Entre lo más destacado de la fase porteña se cuenta una retrospectiva de fotos de Robert Doisneau en el Recoleta, la presentación de Aldo Ciccolini en el Colón, una muestra de Pierrick Sorin (que además presentará un espectáculo en el Teatro San Martín) en el Mamba.
La pata parisina –la programación porteña en Francia – empezará el 10 de septiembre con una milonga a los pies de la torre Eiffel e incluirá retrospectivas de cine y teatro argentino. Sin embargo, todavía faltan revelar algunos nombres de la selección de artistas contemporáneos que representarán a la ciudad.

Fuente: clarin.com


CANALETTO Y SUS RIVALES
EN LA NATIONAL GALLERY DE WASHINGTON



Está abierta al público en la National Gallery of Art, de Washington, D.C. una espectacular exposición del italiano Canaletto frente a sus rivales de la época barroca. La muestra se inauguró el pasado 20 de febrero y cerrará el 30 de mayo próximo. Venecia inspiró a una escuela de pintores de vistas competitivos, cuyos logros se cuentan entre los más brillantes en el arte del siglo 18. La exposición celebra la rica variedad de estos puntos de vista de Venecia, conocido como "vistas", a través de unas 20 obras maestras de Canaletto y más de 30 por sus rivales, incluyendo Michele Marieschi, Francesco Guardi, Bernardo Bellotto y. En respuesta a un mercado de arte impulsado en gran parte por el Grand Tour, estos talentosos pintores representados los monumentos más famosos y las vistas de Venecia, en diferentes estados de ánimo y las estaciones.

Canaletto, La Plaza San Marcos, Venecia, 1742-1744. Donación Barbara Hutton.


Organizada por: la National Gallery of Art, Washington, y la National Gallery, Londres.