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"Fue el cerebro más poderoso de América", dijo Pellegrini en el funeral de Sarmiento
"Fue el cerebro más poderoso que haya producido América", dijo, emocionado, el vicepresidente Carlos Pellegrini, designado por el gobierno de la Nación para recibir los restos de Domingo Faustino Sarmiento, que venían desde Paraguay, donde había muerto el 11 de septiembre de 1888.
Se cumplen 200 años del nacimiento de Sarmiento, pero ese elogio, dicho en la despedida final del gran maestro, resume su existencia singular.
Miles de alumnos, maestros, gente común, mujeres que habían alcanzado la educación básica gracias a él, lo lloraron en silencio ese lluvioso 21 de septiembre cuando el barco, con el cuerpo embalsamado del educador, periodista, diplomático y estadista, fondeó en el puerto de Buenos Aires.
Con ceremonia y pompa, los restos de Sarmiento, envueltos en las banderas de la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay (tal su último deseo), fueron llevados en una cureña hasta el cementerio y en su tumba se grabaron las palabras por él elegidas: "Una América toda, asilo de los dioses todos, con lengua, tierra y ríos, libres para todos".
Es que había muerto uno de los visionarios más grandes que tuvo la Argentina, aquel que ayudó a que se conviertiera en un país moderno, el hombre que se puso al hombro la lucha en contra de la dictadura rosista y que cosechó tantos amigos como enemigos.
Se ha dicho de él infinidad de cosas, pero probablemente quien mejor lo definió fue Eduardo Wilde: "Sarmiento no fue disciplinado ni metódico en sus trabajos por el bien del Estado, pero sus actos determinaron corrientes impetuosas que produjeron innegables beneficios. No deja, como Alberdi, una doctrina sistematizada de organización política, ni como Vélez Sarsfield un monumento jurídico, ni como Avellaneda la base de la legislación sobre tierras, pero su actividad siempre fecunda engendra un conjunto más trascendental y más valioso, pues no hay institución, reforma ni accidente de la vida democrática que no tengan rasgos de genial talento y de su incansable energía".
Su obra
Sarmiento abarcó todo lo que su ojo indagador pudo ver. Así, saltaba del periodismo crítico a la idea y realización de alambrar los campos para aumentar las plantaciones de maíz y trigo, cuyas innumerables variedades de semillas se encargó de introducir en el país. Con esta tecnología, por primera vez la Argentina dejó de importar harina.
Fomentó la vitivinicultura y la industria del vidrio, según destaca el historiador Vicente Osvaldo Cutolo. Por él nació el precursor de lo que fue el Banco de la Nación, creó el Departamento de Agricultura y fomentó la subdivisión del suelo, el arraigo del colono y el fomento de la riqueza minera. Eso, claro, lo recordaba cuando trabajaba cerca de una mina en Copiapó, en sus años de exilio en Chile, y aprovechaba sus horas muertas para enseñar francés. También fomentó la industria del mimbre, que veía cada vez que visitaba el delta del Paraná, uno de sus lugares favoritos.
Sarmiento fue quien fundó el Colegio Militar en 1870 y reorganizó la Escuela Naval, elevando de esta manera el profesionalismo de las fuerzas; instaló formalmente la primera escuela Normal de la República en Paraná y sancionó la ley Bibliotecas Populares y creó 100 en poco tiempo. Ese fue Sarmiento. Un adelantado.
Fuente texto: lanacion.com
Ahora que se conoce ''el misterio'' de las obras de Van Gogh, se podrá trabajar en técnicas que permitan la restauración de las mismas.
PARÍS.- El proceso químico que oscurece los coloridos cuadros del pintor holandés Vincent van Gogh, fue descifrado por un grupo internacional de científicos, lo que abre la puerta a una mejor conservación de las obras del genio impresionista y a su posible restauración.
El fenómeno, que los científicos no habían logrado resolver hasta el momento, afecta también a otros pintores de finales del siglo XIX, pero es en la obra del autor de "Los girasoles" donde cobra una mayor dimensión, por la importancia que él otorgaba al colorido y la profusión de productos químicos que utilizaba en sus pinturas, indican los responsables del estudio.
Desde hace años los científicos trabajaban en conocer la reacción que convertía paulatinamente el intenso amarillo de sus cuadros en un marrón chocolate.
"La clave está en el producto que Van Gogh utilizaba para crear ese pigmento amarillo, el cromato de plomo, que mezclaba con sulfato de bario para que fuera más claro y ganara brillo", explicó hoy Marine Cotte, experta del laboratorio francés de Grenoble, sureste de Francia, en cuyos laboratorios se han llevado a cabo buena parte de los experimentos.
En contacto con la luz, ese componente, utilizado en la actualidad para pintar sobre las carreteras las señalizaciones de obras por su intenso brillo amarillo, pierde parte de su color y se transforma en un marrón chocolate.
Los científicos han demostrado que el sulfato de bario sufre un proceso contrario a la oxidación, lo que provoca que pierda su intensidad.
Un proceso particularmente problemático en la obra de Van Gogh, que utilizaba la intensidad de sus colores para expresar su estado de ánimo. El pintor holandés acudía para ello a los últimos productos que había en el mercado y no dudaba en hacer probaturas de todo tipo, según Cotte.
En las mezclas de los productos que utilizaba reside, precisamente, la dificultad de conocer el proceso químico que afectaba al amarillo de sus cuadros.
"Había que utilizar procedimientos muy sofisticados para analizar muestras muy pequeñas de pintura y distinguir todos sus componentes", señaló la responsable del laboratorio de Grenoble.
Además, el fenómeno de oscurecimiento no afecta a todas las obras del autor, por lo que era necesario hacer un trabajo específico. "A simple vista la alteración de los colores es muy evidente, pero cuando se toma una muestra muy pequeña es más complicado obtener las variaciones químicas", agregó.
Los científicos han trabajado con restos de tres tubos de pintura procedentes de la época y los han sometido a diferentes intensidades lumínicas.
En uno de ellos, perteneciente al fauvista flamenco Rik Wouters (1882-1913), han comprobado el fenómeno del oscurecimiento tras someterlo a 500 horas de radiación lumínica.
Posteriormente, los investigadores trabajaron con dos cuadros de Van Gogh, "Vista de Arles con iris", de 1888, y "Berges de la Seine" (1887), ambos expuestos en el Museo dedicado al autor en Amsterdam.
Conocido el fenómeno, los científicos pueden comenzar ahora a proteger los cuadros del genio de la luz. "A largo plazo es el objetivo de este experimento, pero no es algo que vayamos a concluir de forma inmediata", señaló Cotte.
Mucho más complejo aun será crear un antídoto a este proceso de deterioro, explicó la científica, puesto que "añadir un protector puede salvar algunos componentes del cuadro pero dañar otros".
Los estudios sobre la obra de Van Gogh, por tanto, continuarán, aunque ahora los científicos ya saben hacia donde dirigir sus pasos.
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Fuente texto: EFE
Las niñas desnudas de Lewis Carroll
* Cuadernos privados
La tarde dorada en que Lewis Carroll le contó a la verdadera Alice Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas es tan misteriosa como la página arrancada de su diario íntimo en la que el profesor de matemática excéntrico, tartamudo y enamorado relató la ruptura de la relación amorosa que los unía. Me gustan los umbríos bares de Caballito para leer su historia.
Carroll, que en realidad se llamaba Charles Lutwidge Dodgson, explicó que la inspiración le llegó por el anhelo de complacer a Alice Liddell cuando se refugiaron del sol a la sombra de un almiar. Ese día alcanzó tal dimensión mitológica y fetichista que surgió un movimiento revisionista que cita informes meteorológicos de la época con el objetivo de demostrar que el 4 de julio de 1862 llovió.
Dodgson había llegado a Oxford en 1850 y se quedó allí 47 años, primero como estudiante, luego como profesor de matemática, preceptor y diácono. Aficionado a la fotografía, tímido, elusivo de la sociabilidad, a los treinta y un años anotó en su diario los nombres de 108 niñas a las que había fotografiado; en 1894 añadió “dieciséis amiguitas nuevas”.
Dodgson accedió a los Liddell después de hacer unos retratos de sus hijos, que despertaron la curiosidad de su padre, decano del Christ Church College. Así se entabló la amistad entre este genio matemático de veintisiete años y la niña de siete. El señor Dodgson acudía a las reuniones musicales de la familia, inventaba juegos matemáticos y adivinanzas para las niñas, las llevaba a excursiones en barca. La relación duró unos siete años y se interrumpió bruscamente por un acontecimiento narrado en la página arrancada de su diario.
“Su comportamiento contigo se había vuelto demasiado cariñoso a medida que te hacías mayor”, le escribió la hermana mayor Lorina a Alice en una carta de 1930. Además de los juegos había besos, y sólo besos, al parecer, en las relaciones entre Dodgson y sus amiguitas. Luego de llevar a la niña Irene Burch al teatro a ver La Cenicienta , él escribió: “…Se sentó en mis rodillas, y más o menos una vez cada media hora se volvía para darme un beso”. A la madre de su amiga Enid Stevens le solicitó por carta: “Me complacería muchísimo recibir un beso de otra de sus hijas, aparte de Enid (respecto a la cual, doy por sentado que cualquier niña de menos de doce años es ‘besable’)”. Según apunta Francine Prose en Vidas de las Musas , en sus memorias Isa Bowman se detuvo con admirable precisión en los tórridos besos del señor Dodgson.
A partir de mayo de 1862 el matemático registró en sus diarios unos agudos ataques de culpa. Esa repugnancia hacia sí mismo despertó múltiples debates: ¿se trataba de indolencia, de autocomplacencia física, de deseos prohibidos? El señor Dodgson se consideraba un vil pecador que necesitaba perdón, pero los pecados no fueron especificados, aunque reafirmaba promesas de no volver a cometerlos. Sus obras muestran una percepción compleja de la naturaleza infantil, y también sadismo, genialidad y anarquía. Cuando el hijo de lord Alfred Tennyson cumplió diez años le escribió: “Me alegra que te haya gustado la navaja, pero creo que es una lástima que no te permitan usarla ‘hasta que seas mayor’… Si te permitieran cortarte el dedo con ella una vez por semana, sólo un poquito, hasta que empiece a sangrar, y hacerte un buen corte profundo cada cumpleaños, creo que con eso bastaría…”.
Al señor Dodgson, y esto lo acerca a otro coleccionista de nínfulas, Vladimir Nabokov, le resultaba “difícil explicar qué necesidad hay de tapar los cuerpos adorables de las niñas”. En su libro Niñas muestra los retratos de niñas más intrincados y bellos de la historia de la fotografía. Pero no hay un solo desnudo. En una carta a una tal señora Henderson le prometió destruir todas las fotos de desnudos, excepto una, para las que habían posado sus hijas: “Esa inocente inconsciencia que poseen es muy hermosa y despierta un sentimiento de reverencia, como cuando uno se halla frente a algo sagrado”.
¿Acaso las niñas se quejaban de él? Enid Stevens escribió: “Nos pasábamos horas enteras sentados –el viejo y la niña– en un sillón enorme, jugando con las palabras… Me negaron días de una relación más estrecha con alguien que, pese a tener una mente fantasiosa, era una persona virtuosa; y me los negaron porque él era un hombre y yo una niña”.
Alicia es una obra maestra poblada de equívocos léxicos, de falsas etimologías, un tratado sobre el carácter arbitrario del lenguaje, del diálogo como vehículo de malentendidos e incomprensiones, un nonsense . Las paradojas lógicas de Carroll deleitaron a James Joyce, que no sólo citó a Alicia en su Finnegan’s Wake sino que usó el truco del portmanteau-word o palabra-baúl, en el que dos significados se anudan en una palabra. El último párrafo de Alicia , escrito desde el punto de vista de la hermana dormida junto a la orilla del río que sueña una repetición del sueño de Alicia, revela el dolor voluptuoso, la placentera tristeza de esa tarde dorada, y a la vez, otro “nabokovismo”, la añoranza anticipada de la niñez perdida.