Ahora exhiben la impactante colección.
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Qué ves cuándo me ves: retratos y autorretratos de Anatole Saderman |
Por Mercedes Pérez Bergliafa
“Lo interesante de esta muestra es que a la mayoría de los artistas los conocí en los años 50, 60, 70”, explicaba Fito Fiterman –director de la Fundación Alon– mientras recorría la exposición junto a Clarín . “Ellos fueron los que dieron origen a la pintura moderna y contemporánea en nuestro país.” Libero Badii, Carlos Alonso, Eduardo Audivert, Horacio Butler, Juan Del Prete, Luis Falcini –fue el primero que Saderman retrató–, Carlos Gorriarena, el escultor Naum Knop y Norberto Onofrio, entre otros, están allí, mirándonos en Recoleta, en un doble registro, observándose a sí mismos y siendo observados.
"A este muchacho hay que darle algo por todas estas fotos’, me
dijo; y entonces me regaló una hermosa naturaleza muerta”. La anécdota
la contaba el fotógrafo Anatole Saderman. Ocurrió allá por los años 30,
cuando retrató al exquisito y metafísico pintor Eugenio Daneri. Saderman
le sacó una foto, y Daneri le dio a cambio, como agradecimiento, una
pintura. La bolilla se empezó a correr, el “boca en boca” y los más
distintos pintores, grabadores y dibujantes fueron acercándose al
estudio de fotografía de Saderman –ubicado encima del famoso “Jimmy´s
bar”, en Callao entre Charcas y Santa Fé–, para que los retratara. Se
inició así una larga y especial historia en la vida del fotógrafo: ésa
en la que Saderman hacía sus retratos y los artistas le pagaban con
obras.
A mitad del juego, el fotógrafo cambió las reglas: ya no se
contentó con recibir cualquier trabajo a cambio sino que comenzó a
exigir, como “moneda de pago”, un autorretrato. “La colección que tenía
llegó a superar los cien”, comenta ahora Alejandro Saderman, hijo del
fotógrafo ya fallecido. “Dudo que haya existido en el país una colección
semejante”.
Es este diálogo entre retratos fotografiados y
autorretratos –pintados, dibujados o grabados– el que se podrá ver desde
hoy en la sala 12 del Centro Cultural Recoleta.
“Autorretrato”. Saderman por sí mismo, en una imagen tomada en 1975.
Retratos, autorretratos + retratos,
se llama la exposición, que cuenta con el apoyo de la Fundación Alon.
Formada por 27 autorretratos –en realidad por sus documentos, no son las
obras originales– y 38 fotografías de retratados, la sala está repleta
de caras que nos miran : ojos cargados de historias, ojos que son
vistos por otros –en las fotos de Saderman– y que se ven a sí mismos
–en cada autorretrato–.
Y está esa hermosa foto de Antonio Berni
sentado en su taller. Y la de un Lino Enea Spilimbergo pensativo, con
las ideas pasando a través de sus ojos claros, italianos. La foto del
pintor Ramón Gómez Cornet mirando –serio, fijo, casi preocupado– directo
a la cámara de Saderman. Y el original diálogo entre las fotos y los
autorretratos de los artistas, como el que se establece entre un Yuyo
Noé con un saco a rayas, y su propia visión de sí mismo, en collage,
con los pelos parados y los ojos recortados y pegados. En cambio, Rómulo
Macció eligió mirar hacia abajo, esquivando la lente del fotógrafo. A
sí mismo se vio frente al espejo, afeitándose la barba, en un dibujo
sintético, casi de historieta, de pocas líneas.
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La foto que Saderman le sacó a Carlos Alonso. |
“Lo interesante de esta muestra es que a la mayoría de los artistas los conocí en los años 50, 60, 70”, explicaba Fito Fiterman –director de la Fundación Alon– mientras recorría la exposición junto a Clarín . “Ellos fueron los que dieron origen a la pintura moderna y contemporánea en nuestro país.” Libero Badii, Carlos Alonso, Eduardo Audivert, Horacio Butler, Juan Del Prete, Luis Falcini –fue el primero que Saderman retrató–, Carlos Gorriarena, el escultor Naum Knop y Norberto Onofrio, entre otros, están allí, mirándonos en Recoleta, en un doble registro, observándose a sí mismos y siendo observados.
La muestra se
corona con la edición de un fabuloso libro, en el que aparecen todas
estas obras y las biografías de cada artista, así como la historia de la
colección de Saderman, “el gran pescador ruso”. O como lo llama el
crítico Alberto Giudici en el ensayo introductorio: “Saderman, un
buscador de espíritus”.
Fuente:Revista Ñ Clarín
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