El museo crecerá en tamaño. Pero la duda es si perderá su estilo sobrio y
moderno.
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El hall. El edificio sumará 4.000 m2 bajo tierra. / LEO VACA |
El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) acaba de ganar el Premio Década 2012, una distinción que otorga la Bienal Internacional de Arquitectura a una obra construida en Buenos Aires hace 10 años que haya mantenido intacta su vigencia. Pero el éxito arquitectónico del Malba –como es bueno que ocurra– va acompañado de su éxito en la convocatoria de público: por sus salas pasan cerca de 3 millones y medio de visitantes por año. Tal es así que su fundador, el empresario y coleccionista Eduardo Costantini, armó en 2006, a tan solo cinco años de su inauguración, un nuevo plan para ampliarlo. El proyecto se elevó a la Legislatura porteña que acaba de aprobarlo por amplia mayoría, luego de pasar por la doble lectura y la audiencia pública reglamentaria.
El edificio actual es realmente bello. Sobrio,
elegante, diáfano, de una modernidad sin estridencias. El proyecto
original fue producto de un concurso internacional que contó con
prestigiosos jurados como Norman Foster, César Pelli y Mario Botta. El
certamen lo ganó un estudio de jóvenes arquitectos cordobeses compuesto
por Gastón Atelman, Martín Fourcade y Alfredo Tapia (AFT). Pero para que
la iniciativa no corriera peligro, Costantini tomó la decisión de
contratar a MSGSSS, un estudio de gran trayectoria, para que supervisara
y guiara la ejecución del proyecto.
La obra se convirtió en un
referente ineludible de la arquitectura argentina contemporánea. Hasta
el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo le dio un premio a
Costantini por su iniciativa. Sin embargo rápidamente quedó claro que
para este empresario y coleccionista una cosa es la cultura y otra son
los negocios. Costantini, basado en especulaciones marketineras les
pidió al estudio AFT que hicieran Grand Bourg, la torre en estilo
francés que se yergue sobre la avenida Figueroa Alcorta. El bando más
fundamentalista de la corpo arquitectónica no perdonó a los jóvenes
diseñadores cordobeses y los expulsó al purgatorio. El golpe fortaleció a
AFT y pronto –casi a manera de revancha– volvieron a mostrar su oficio
en obras de gran valor arquitectónico como las bodegas Navarro Correa en
Mendoza, el Club House del Golf de Nordelta o el proyecto para la
Biblioteca Central del Bicentenario en Rosario que ganaron en 2010 por
concurso.
El Malba tiene algo que resulta inquietante. Pareciera
que tiene demasiado hall para pocas salas de exposición. Además no se
entiende por qué ese hall de refinada belleza se derrama en una suerte
de gran escalinata que no conduce a ningún lugar que lo amerite. Tal vez
la nueva intervención termine de explicar la dimensión de ese espacio.
El nuevo proyecto, ahora en manos del arquitecto uruguayo Carlos Ott
(autor entre otras obras de la Opera de la Bastilla, en París y los
aeropuertos de Ushuaia y Calafate, el Boca Juniors Design Suites, en
Tacuarí y Moreno, y el recientemente concluido Campus de la UADE de
Pinamar, en la Argentina), propone ampliar el museo casi unos 4.000
metros cuadrados por debajo de la actual plaza. Prevé un patio de
esculturas con techo vidriado y transitable de unos 500 metros
cuadrados, lo que permitirá que los objetos se vean desde la plaza.
Incluye además dos auditorios con capacidad para 80 y 100 personas, una
sala de 100 metros cuadrados destinada a los talleres de los chicos que
hoy trabajan en los pasillos y una sala de 1.000 metros cuadrados para
muestras temporarias y para exhibir obras de la colección permanente.
Días
pasados estuve en Maceió, Brasil, en un encuentro de arquitectos de
toda América, el XXIV Congreso Panamericano de Arquitectos. Entre los
temas que sobresalieron estuvo la firma de una carta en rechazo de la
iniciativa del gobierno brasileño de convocar a una consultora de
Singapur para planificar el futuro de Brasilia. La misma ciudad que en
los años 50 diseñó Lucio Costa (ganó el encargo por un concurso público)
y que el recientemente fallecido Oscar Niemeyer le dio vida,
embelleciéndola con sus fantásticos edificios. ¿Por qué no planificar el
futuro de esta ciudad con los herederos culturales legítimos de Cosa y
Niemeyer, es decir, con profesionales brasileños?, preguntaban
retóricamente los autores de la carta.
Volviendo al Premio Década
ganado por el Malba, el jurado fue Andreas Gjersten, un prestigioso
arquitecto noruego que acaba de ganar el Premio Arquitectura Europea. Lo
seleccionó entre otros cinco edificios finalistas y consideró esta obra
del estudio AFT un ejemplo a seguir por arquitectos e inversores para
las próximas décadas. Cabe preguntarse entonces por qué Costantini no
habrá elegido al estudio cordobés para hacer la ampliación en vez de a
Carlos Ott, un arquitecto uruguayo, de fama y prestigio mundial, de
dilatada trayectoria, pero con una estética y un vocabulario
arquitectónico demasiado estridente como para convivir con las mesuradas
líneas del ya consagrado Malba.
* Editor jefe de ARQ
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