Artista: Duccio di Buoninsegna
Época: circa 1308-1311
Medio/técnica: temple sobre tabla
Medidas: 43,8 cm × 111 cm
Colección: National Gallery of Art,
Washington, EEUU
Duccio di Buoninsegna (c. 1255/1260, Siena - c. 1318/1319, Siena) fue probablemente el artista más influyente de Siena, Italia, de su tiempo.
Se le considera como uno de los más influyentes en la formación del estilo gótico internacional.
Primer pintor destacado de la escuela sienesa, fue también inspirador de otros miembros de la misma, como Simone Martini y los hermanos Ambrogio y Pietro Lorenzetti, entre otros.
La Natividad entre los profetas Isaías y Ezequiel, es un pintura al temple y oro sobre tabla (43,8 x 77, 5 cm por encima del panel central, 43,8 x16, 5 cm en los laterales) de Duccio di Buoninsegna, que data de alrededor de 1308 a 1311 y puede verse en la National Gallery of Art de Washington, EEUU.
La resistencia a prestar a China el célebre óleo La libertad guiando al pueblo amenaza con una crisis diplomática
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PARÍS.- Una crisis
diplomática amenaza las relaciones entre París y Pekín, debido a la
resistencia francesa de prestar el famoso cuadro La libertad guiando al
pueblo, pintado por Eugène Delacroix en 1830.
Si bien la fragilidad de ese óleo sobre tela de 3,25 x
2,60 metros explica oficialmente las resistencias que opone el Museo del
Louvre, donde es expuesto habitualmente, también hay sectores del
gobierno que se niegan a prestar esa obra, símbolo de la libertad, a un
país que está sometido a un régimen autoritario y represor.
El mismo problema político se había presentado en 1956,
cuando se proyectaba una gira de esa obra emblemática -popularmente
llamada solo La libertad- a Europa del Este, que preveía escalas en
Varsovia, Moscú y Leningrado (hoy San Petersburgo). El viaje fue anulado
cuando los tanques del Ejército Rojo reprimieron en forma implacable la
insurrección de Budapest.
Hasta ahora, no hubo en forma pública objeciones de
carácter político. Por el contrario, todos los argumentos invocados son
de orden técnico y científico. Pero nadie se engaña sobre el fondo del
debate.
Por su aspecto alegórico y su alcance político, ese
cuadro es utilizado con frecuencia como símbolo informal de la República
Francesa o de la democracia.
La mujer que avanza sobre las barricadas con los senos
desnudos y enarbolando una bandera fue, sin embargo, durante mucho
tiempo objeto de intensos debates de carácter moral en Francia por la
osadía de la representación.
El gigantesco cuadro de Delacroix debe viajar en 2014 a
Pekín, en principio, como parte de un programa de 380 proyectos
culturales organizados para conmemorar el 50° aniversario del
establecimiento de relaciones entre China y Francia.
En enero de 1964, 15 años después de la victoria
comunista, el presidente francés Charles de Gaulle fue el primer líder
occidental en reconocer a la República Popular China.
En ese marco, también habrá una gigantesca exposición
económica e industrial francesa en la Feria de Chengdu, algo que
interesa particularmente a los franceses, interesados en aumentar su
penetración en el mercado chino. En el contexto de esas celebraciones
también se prevé un viaje a París del presidente Xi Jinping, que podría
concretarse en el segundo trimestre del año próximo.
Para no herir la susceptibilidad china, el presidente
del Louvre, Jean-Luc Martínez -opuesto al desplazamiento de la obra-
argumentó que el cuadro es extremadamente frágil. "La última palabra la
tendrán los expertos", dijo.
El argumento invocado por Martínez no es falso. Desde
1958, el emblemático cuadro del Louvre está sometido a una "limitación
absoluta de desplazamientos y a una recomendación de prohibición de
préstamo".
Sin embargo, esas restricciones no le impidieron, en
todo caso, partir a Detroit y a Nueva York en 1974. Y nuevamente a Tokio
en 1999 por decisión del entonces presidente Jacques Chirac, cuya
voluntad era festejar dignamente el Año Francia-Japón.
Su último desplazamiento fue al Louvre de Lens,
sucursal del célebre museo parisino inaugurada hace un año en esa
ciudad, ubicada 150 kilómetros al norte de París. Fue un viaje que
terminó en drama, ya que un desconocido pintó un grafiti sobre La
libertad. El daño fue reparado felizmente por los especialistas.
El actual forcejeo dentro y fuera del gobierno será
resuelto en los próximos días y, al parecer, la decisión final será
adoptada por el presidente François Hollande en persona.
IN MEMORIAM FERNANDO A. HERRERO MACKAYE 13 - 10 - 1976 - 2 - 12 - 2011
Las lavandas en pleno apogeo.
La estética visión de un joven fotógrafo argentino, Fernando A. Herrero Mackaye, de estos cultivos de lavanda y de amapolas coloradas, en los Hitchin Lavender Beds, en el condado de Hertfordshire, en Inglaterra, y los cuadros del impresionista francés Claude Monet, 1840-1926, del holandés Vincent van Gogh, 1853-1890, y de la estadounidense Georgia O'Keefe, 1887-1987, en un mágico contrapunto con su plástica mirada. Y agregamos algunos apuntes sobre la fuerte carga evocadora de las célebres red poppies artificiales para los británicos.
Las laboriosas abejas colaborando a pleno con la polinización.
Todo la belleza y el misterio de la campiña inglesa sintetizados en esta foto llena de sugestión. El camino asfaltado, corre atrás del cerco de madera. Si se mira la foto bien en detalle, se ven una mesa y dos bancos, que seguramente han sido puestos ahí para que la gente pueda parar a hacer un picnic.
Un plano cercano de estas fuertes inflorescencias que con el tiempo se convertirán en la base de las ya míticas colonias de lavanda inglesas.
Como en la Provence francesa, las prolijas hileras de lavanda copian los desniveles del terreno. Y cada tanto, un árbol medio aislado.
Amapolas coloradas en Argenteuil, de Claude Monet, detalle.
Les Coquelicots, por Claude Monet. Amapolas coloradas en Argenteuil. Este cuadro puede verse en el Musée d'Orsay, en Paris.
Naturaleza muerta, vaso con margaritas y amapolas, de Vincent Van Gogh.
Red Poppy por Georgia O'Keefe, la pintora estadounidense que vivió casi hasta los cien años.
Otro de los cuadros de Monet donde se ven las amapolas coloradas
Campo de
amapolas en un cañadón cerca de Giverny, de Claude Monet. Este cuadro se
puede ver en el Boston Museum of Fine Arts, Massachusetts, E.E.U.U.
Campo de Amapolas, de Monet, detalle.
Amapola artificial lucida en la solapa por un canadiense. El Remembrance Day, Día de la Recordación, también conocido como Poppy Day, Armistice Day, Día del Armisticio (el evento que conmemora) o Veterans Day, Día de los Veteranos, es un día para conmemorar a los sacrificios de los miembros de las fuerzas armadas y de civiles en tiempos de guerra, específicamente desde la Primera Guerra Mundial. Se lleva a cabo el 11 de noviembre de cada año para conmemorar el armisticio que dió fin a la Primera Guerra Mundial. Las principales hostilidades de la Primera Guerra Mundial finalizaron oficialmente a la hora 11 del día 11 del mes 11 de 1918, con la firma del armisticio con Alemania. El día fue dedicado específicamente por el rey George V, el 7 de noviembre de 1919, a la observancia de los miembros de las fuerzas armadas que fueron asesinados durante la guerra, lo que posiblemente fue hecho sobre la propuesta de Edward George Miel de Wellesley Tudor Pole, que se establecieron dos períodos de ceremonial de la memoria basada en los acontecimientos de 1917. En Inglaterra y en sus colonias y ex colonias todo hombre luce orgulloso este símbolo después de haber contribuido en la colecta anual que se hace a beneficio de los veteranos de guerra.
Plano cercano de una amapola inglesa que no ha llegado todavía a su madurez. Las amapolas coloradas tienen un significado patriótico muy importante para los ingleses ya que se identifica con ellas a los muertos por la patria y a los veteranos de guerra, civiles y militares.
Campo de amapolas en Vetheuil, pintado por Monet en 1879.
La visión de Vincent van Gogh de este campo de amapolas pintado en 1890, el mismo año en que decidió quitarse la vida.
Antes, había impedido el traslado de la estatua a Mar del Plata Cólon acostado sigue esperando una definición
Por Ángeles Castro / LA NACIÓN
El gobierno nacional no podrá seguir desmontando el monumento a
Cristóbal Colón emplazado detrás de la Casa Rosada que, luego de que la
Justicia frenara su traslado a Mar del Plata y con el argumento de
restaurarlo, fue desmembrado en piezas que hoy yacen sobre el suelo.
Así lo decidió ayer la jueza en lo contencioso administrativo federal
Liliana Heiland, que además prorrogó la prohibición de mudar la estatua
hasta que se defina si el Estado nacional puede hacerlo, como pretende, o
si corresponde que permanezca en su ubicación original. Esta última
es la posición de varias entidades italianas y defensoras del
patrimonio, que presentaron dos recursos de amparo para impedir la
remoción del grupo escultórico y lograron detener el intento de la Casa
Rosada de reemplazarlo por una estatua de Juana Azurduy. El
monumento -realizado por el escultor Arnaldo Zocchi- fue donado a la
ciudad de Buenos Aires por los inmigrantes italianos al cumplirse el
centenario de la Revolución de Mayo. De ahí el interés por proteger
tanto su integridad como su destino por parte de entidades comunitarias,
como la Asociación Italiana de Socorro Mutuo y Cultura Nazionale y el
Círculo Italiano. Además, acudió a la Justicia Basta de Demoler, que defiende el patrimonio histórico y arquitectónico.
Los amparos recayeron en el Juzgado en lo Contencioso Administrativo
Federal N° 12, que está vacante y es subrogado por un juez diferente
cada mes. Desde allí fueron emitidas las dos primeras medidas
cautelares que prohibieron al Poder Ejecutivo Nacional (PEN) que
trasladara el grupo escultórico realizado en mármol desde su ubicación
en la plaza Colón al espacio verde homónimo en Mar del Plata. Pero
permitió avanzar en su restauración, que la Casa Rosada encargó al
prestigioso Domingo Tellechea. Una de las resoluciones rigió entre junio
y septiembre, y la segunda vencía hoy. Durante esos meses, una grúa y un grupo de operarios desmontaron en fracciones el monumento.
Ayer, la jueza Heiland volvió a extender la medida cautelar, con dos
novedades. La prórroga no tiene vencimiento, sino que vale hasta que se
resuelva la cuestión de fondo: si el gobierno nacional tiene potestad
para intervenir sobre un monumento sobre el que la Ciudad posee el
dominio y que fue recientemente declarado patrimonio porteño. Pero
el cambio más celebrado ayer por los amparistas fue que también ordenó
que el Estado nacional se "abstenga de cualquier acto que implique el
desmantelamiento o desmembramiento" del grupo escultórico. Por la tarde,
en la plaza Colón todavía estaban la grúa y operarios alrededor de la
estatua.
El árbol de nudosas raíces, refugio de enamorados y de personas sin techo, fue mutilado el martes pasado; indignación en las redes sociales; qué dice el gobierno porteño
En Plaza Roma, en la ciudad de Buenos Aires, había un ombú histórico, de nudosas raíces; en su tronco, de dimensiones colosales, un corazón enlazaba los nombres "Paulo y Beatriz"; durante el día, era el refugio de enamorados, también la sombra para una buena siesta en verano; por las noches, era casa para los sin techo. Desde el martes pasado, ya no hay ombú, ni refugio, ni sombra. Quedó apenas parte del tronco y las raíces, como serpientes inmensas en la tierra.
El Observatorio de Políticas Urbanas y Patrimoniales es una de las ONG que se ocupa del tema. Uno de sus miembros fundadores, Matías Profeta, informó a LA NACIÓN que el árbol fue talado el martes pasado, luego de la tormenta del lunes. Según constataron en la organización, algunas ramas del ombú habían sido afectadas por los vientos, pero nada que hiciera pensar en una tala feroz. "Nos encontramos con un cerco de cintas amarillas, como las que coloca el gobierno de la ciudad en lugares de obras públicas. No sabemos por qué esta tala. No nos dieron una explicación formal de por qué decidieron destruirlo así", agregó.
El gobierno porteño taló el ombú centenario de Plaza Roma. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio
En la red social Twitter y en Facebook sólo se leen comentarios de indignación, desconcierto y tristeza. Ninguna palabra del gobierno porteño al respecto. Consultado por LA NACIÓN, en el área de Ambiente y Espacio Público, dijeron que por los daños de la tormenta se vieron obligados a la poda. Estaba seriamente dañado, informaron, con riesgo de caerse. La intención es recuperarlo, no sacarlo, enfatizaron. Reconocieron que llevará un tiempo importante que recupere las ramas y el follaje.
De a poco
se develan las verdaderas intenciones del gobierno nacional detrás de
la restauración encargada: desterrar de su sede al monumento al marino
genovés
Dos símbolos de una época: el Monumento a Cristóbal Colón desguazado y la Casa Fucsia iridiscente.
El fallo de la Cámara V en lo Contencioso Administrativo
Federal, conocido el 23 del mes pasado, devolvió algo de sentido común
al bochornoso episodio relacionado con el Monumento a Cristóbal Colón
que está detrás de la Casa Rosada. De acuerdo con ese fallo, la estatua
seguirá en su emplazamiento, hasta que se dicte la sentencia sobre el
fondo de la causa. Como se recordará, el Poder Ejecutivo Nacional
había presentado una apelación para pedir la nulidad de la cautelar que
impide el traslado de la estatua. Las tareas de remoción habían sido
frenadas por el recurso de amparo presentado por las ONG
patrimonialistas Basta de Demoler y Salvemos las Estatuas, al que se
sumaron también varios representantes de la colectividad italiana. El
recurso de amparo recaló en el Juzgado N° 12 en lo Contencioso
Administrativo, pero como éste está vacante y es subrogado por un juez
diferente cada mes, esa rotación impide que se le dé el seguimiento que
merece el tema. Ahora, según denunció la presidenta de Basta de Demoler,
María del Carmen Usandivaras, se dio intervención a la Comisión
Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, con lo cual un
organismo que depende del Poder Ejecutivo Nacional deberá ser el que
juzgue al demandado PEN en el expediente. En tanto, la estatua yace
acostada en la plaza que lleva su nombre, junto al pedestal sobre el que
estuvo montada, para facilitar las tareas de restauración a las que es
sometida. Es curioso cómo el gobierno nacional se muestra tan interesado
ahora en este rescate, a cargo en la actualidad del escultor y
taxidermista Domingo Tellechea, convocado por la Universidad Nacional de
La Plata para dirigir los trabajos que sobre el monumento realiza un
grupo de escultores y un equipo de la Facultad de Bellas Artes de esa
casa de estudios. Su primera intención había sido, en junio pasado,
enviar una grúa para desmontar todo el monumento y reemplazarlo por otro
de Juana Azurduy, donado por el gobierno de Bolivia a la Argentina, y
desterrar el de Colón a la ciudad de Mar del Plata. De a poco se va
descorriendo el velo de mentiras que desde el Gobierno se tejió sobre
toda esta operación. Esta restauración sería la segunda en cinco años,
ya que, entre fines de 2006 y principios de 2007, fue el Gobierno el que
pagó ese trabajo, cuando se reacondicionó todo el entorno de la Casa
Rosada. En ese momento, también los expertos a cargo de la tarea habían
desaconsejado el desmantelamiento del grupo escultórico. La estatua
del descubridor de América es hoy testigo mudo e involuntario de una
decisión unilateral y caprichosa, tomada con un profundo desconocimiento
de la historia de la Conquista o, lo que es peor, un enorme desprecio
por el respeto que se le debe a un patrimonio que no sólo representa a
los porteños, sino a los cientos de miembros de las colectividades
italianas. El Monumento a Colón, vale la pena repetirlo, fue donado por
la colectividad italiana para el Centenario de la Revolución de Mayo,
como símbolo de fraternidad. Es lamentable que, cien años después,
para aceptar la donación de otro pueblo hermano, se deba destruir lo que
pertenece por legítimo derecho y tradición a toda la sociedad
argentina.
Fuente texto: Editorial del diario La Nación, 10-12-2013
La casa de Victoria Ocampo en San Isidro es un referente cultural insoslayable en el GBA.
Una casa del XIX. Fue construida por el padre de Victoria Ocampo allá por 1890./DIEGO WALDMANN
Por Bárbara Álvarez Plá
Un mes de septiembre de hace diez años ardía Villa Ocampo, la
casa en San Isidro de Victoria Ocampo hasta el momento de su muerte, en
1979. Unos días después, la casa fue robada. Fue entonces cuando la
Unesco, institución a la que Victoria legó esta mansión, comenzó a
reciclarla. El tiempo fue pasando y hoy Villa Ocampo celebra su décimo
aniversario, con una fiesta de puertas abiertas.
Diez
años y mucho trabajo por parte de un equipo de especialistas han hecho
posible que hoy podamos recorrer Villa Ocampo y sus jardines, y
disfrutar de sus muebles, sus obras de arte, sus libros y de muchas
actividades culturales. “Villa Ocampo es mucho más que un museo”,
explica Nicolás Helft, director de Villa Ocampo, “porque Victoria
pensaba que la cultura no solo tiene un valor estético, es una
herramienta de transformación y desarrollo”, y recuerda como la
escritora promovió la traducción de los clásicos ingleses y franceses e
imprimió la revista “Sur” en el papel más barato para hacerla más
accesible. “Todos eran bienvenidos a esta isla que reunió a comunistas y
conservadores en un ambiente de tolerancia, y eso es lo que queremos
mantener: quienes vengan deben sentirse como invitados, no como
visitantes”, afirma.
Villa Ocampo, que según su director recibe
desde 2007 una media de 30 mil visitantes por año, es “una caja de
resonancia de lo que pasaba en el país en ese momento, y que la figura
de Victoria encarnaba: la mezcla de refinamiento intelectual y
transgresión”, señala Helf, y añade, “no se trata de recordar lo que
hacía Victoria de forma literal, se trata de hacer lo mismo desde
nuestro tiempo”.
Afirma Helft que “a Victoria le interesaban desde
Sarmiento hasta los Beatles”, y en esa seña de identidad de la casa y
de su propietaria que es el cruce entre lo clásico y lo moderno es
imposible pasar por alto la biblioteca, compuesta por 11 mil volúmenes
en los que podemos encontrar desde la edición original del Manifiesto Surrealista de André Breton (1924), hasta la colección de los policiales de Georges Simenon, e incluso De profundis
escrito por Oscar Wilde en 1897, que la escritora “leía a escondidas
desafiando a la autoridad de su madre”, señala Ernesto Montequín,
curador del archivo y biblioteca. Ernesto cuenta que de todos los
volúmenes, que fueron clasificados y digitalizados en su totalidad,
seleccionó 3 mil, que son los que se pueden ver en la biblioteca de la
casa.
“Victoria era una lectora apasionada, casi patológica”,
señala Montequín, “no solo leía los libros, los vivía: los corregía,
hacía anotaciones, añadía anécdotas personales con los autores y hasta
discutía con ellos en los márgenes”. Como el caso del libro Eva Perón, aventurera o militante,
de 1966, en el que Juan José Sebreli compara a Evita con Victoria, “en
detrimento de Victoria”, dice Montequín, y que la escritora llenó de
insultos dirigidos tanto al autor como a Eva Perón. O la biografía de
la inglesa Virginia Woolf en la que Victoria añadió textos que la
completaban, contando sus aventuras junto a la escritora de Orlando,
durante sus visitas a Londres. “Lo que queda por delante”, cuenta
Montequín, “es la creación de un centro de documentación sobre Victoria
Ocampo y la revista Sur”. A festejar.