Desde aquel canal de Venecia teñido de verde en 1968 a hoy, varios creadores argentinos enfocaron su obra en la causa ecológica; en el Día Mundial del Agua, cinco casos que confirman la vigencia del tema
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Venecia fue el inicio de una carrera dedicada a la naturaleza: la de García Uriburu
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María Paula Zacharías
¿Puede el arte salvar el planeta? La obstinación con la que
los artistas dedican su obra -y su vida- a esta causa hace pensar que sí. Con
acciones en el terreno, recreando la naturaleza, en duras expediciones o a
golpe de imaginación, los artistas propalan el mensaje de los ambientalistas de
las más bellas maneras.
Pionero en esto es Nicolás García Uriburu. Nadie hablaba de
calentamiento global cuando él, en 1968, tiñó de verde los canales de Venecia
para despertar la conciencia del mundo. "El arte no tiene más lugar fuera
de la naturaleza: su lugar es dentro de la naturaleza", decía su Manifiesto, de
1973, que junto con otras piezas memorables integra la exhibición que pone en
primer plano su perfil de militante ecológico en la galería Henrique Faria
(Libertad 1628). Usando un pigmento fluorescente que toma su característico
color verde al contacto con microorganismos del agua, Uriburu dejó su marca
también en el Sena, el East River de Nueva York y en el Riachuelo, donde, en
2010, se unió a Greenpeace para denunciar su polución crónica. Coloreó su
cuerpo, mapas, objetos y realizó exquisitas pinturas.
"Como artista siempre
estoy tratando de salvar al mundo, pero si fuera ingeniero lo salvaría de otra
manera. Hay que hacer lo más posible por la naturaleza", dice, incansable.
"No conozco gente que haya tratado el tema más temprano que yo. Le dediqué
mi vida. Soy un artista comprometido con esta causa. Ahora hay una conciencia
más grande, pero para muchos es una moda", afirma. Su obra sigue teniendo
plena vigencia: "Lamentablemente. Cosas que pensábamos que no íbamos a ver
ya están pasando. Todo va más rápido de lo que creíamos".
"El arte no puede salvar al mundo, pero sí puede mostrarle al mundo lo que hay que salvar", dice la artista local Matilde Marín. Comenzó a hacerlo en 2008, con paisajes, y en junio mostrará otro capítulo enla Galería Patricia Ready de Santiago de Chile: una serie
de fotos de pequeñas islas que responden a la idea del cuidado de la tierra y
el agua. Además de su obra, dirige por tercer año el proyecto Arte y Naturaleza
en el Museo de Arte Contemporáneo de Salta (MAC).
"El arte no puede salvar al mundo, pero sí puede mostrarle al mundo lo que hay que salvar", dice la artista local Matilde Marín. Comenzó a hacerlo en 2008, con paisajes, y en junio mostrará otro capítulo en
Tierra y agua en las fotos de Matilde Marín. |
"Tenemos planificado trabajar en Salinas Grandes junto con 21 artistas de la región noroeste en vinculación profunda con el paisaje. Los artistas toman el medio ambiente como límite móvil. Recorriendo el río, caminando sobre la extensión de sal y sus piedras, han tejido un sensible encaje. Un homenaje a la naturaleza que se ha convertido en objeto de cuidado y no sólo de contemplación", cuenta Marín.Otra artista viajera y ambientalista es Andrea Juan. "El arte puede y debe crear conciencia y sensibilizar porque llega adonde las cifras de los científicos no pueden: a través de los sentidos, a las emociones más profundas y desde allí puede movilizar hacia cambios de conducta", afirma. Su obra de los últimos 12 años está ligada a
Realiza proyecciones, videoinstalaciones, sites
specifics y performances que registra en fotografía y video.
También creó un programa de arte en el marco de la Dirección Nacional
del Antártico. "Un centenar de artistas se acercaron con el ideal de sumar
sus proyectos a esta particular red internacional de seres sensibles comprometidos
con la utopía de un mundo sostenible", dice. En la plataforma Sur Polar
comparten los resultados (www.surpolar.org). Ya tienen un calendario de
exposiciones: abril en Bogotá, mayo en Bilbao, junio en Madrid y septiembre en
Washington.
Hay una infinidad de artistas haciendo sus aportes. La obra de Alexandra Kehayoglou, por ejemplo, son bosques y caminos tejidos por los que se puede transitar e interactuar. Largas alfombras que evocan los paisajes nativos muchas veces desconocidos. "Mi idea es homenajearlos, agitarlos como bandera. Tejo inyectando amor a la tierra, en el bastidor, con lana, reproduciéndola, con la intención de que le llegue a aquel que atraviesa un sendero, a quien se sienta en un pastizal. Mi idea es que piense en la extinción del mundo natural. Y que se vaya pensando en cambiarlo", plantea.
Hay una infinidad de artistas haciendo sus aportes. La obra de Alexandra Kehayoglou, por ejemplo, son bosques y caminos tejidos por los que se puede transitar e interactuar. Largas alfombras que evocan los paisajes nativos muchas veces desconocidos. "Mi idea es homenajearlos, agitarlos como bandera. Tejo inyectando amor a la tierra, en el bastidor, con lana, reproduciéndola, con la intención de que le llegue a aquel que atraviesa un sendero, a quien se sienta en un pastizal. Mi idea es que piense en la extinción del mundo natural. Y que se vaya pensando en cambiarlo", plantea.
Caminos tejidos en lana en el taller de Alexandra Kehayoglou. |
"Me gusta pensar el arte como esa posibilidad de enfrentarte con una realidad ambiental, con un punto de vista, ubicarte en ese simulacro del fin del mundo. Me parece que le hace bien al artista trabajar así. Con una misión que está por fuera de la obra y del artista, todo se vuelve más real y más poderoso", analiza.Marcos Acosta es otro convencido. Pinta ciudades amenazadas por catástrofes naturales o paisajes tapados por la sombra de edificios, que mostrará a fin de mes en una exposición en el Museo Caraffa en Córdoba. Vive entre esas dos pesadillas, y las pinta una y otra vez. "Tal vez el arte sea uno de los pocos medios por los que podemos aspirar a salvarnos. El verdadero arte permite ver. Y sin dudas el camino es ése: poder ver lo que tenemos y tuvimos para amarlo, detenernos y reconstruir."
Expresiones en la Antártida, de Andrea Juan.
Energía solar para África
En el mundo, Olafour Eliasson es el
"artista climático" del momento. Danés radicado en Berlín, su forma
de poner la lupa en las urgencias del planeta es mediante megainstalaciones de
luz y agua que replican fenómenos atmosféricos: un sol que brilla dentro de
Su proyecto Little sun (www.littlesun.com) va
más allá del arte: lleva distribuidas 170.000 lámparas que funcionan con
energía solar en áreas de África sin red de electricidad.
En el Palacio de Versalles se espera con
ansiedad su próxima presentación. "El planeta me inspira, pero más la
gente: La tensión cultura y naturaleza, a veces de manera crítica, a veces en
forma positiva", dijo a
Fuente: lanacion.com |
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