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Por Peter Singer. Profesor de Bioética en la universidad de Princeton.
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CLAUDE MONET - Working-at-Eragny - Óleo sobre tabla |
Por Peter Singer. Profesor de Bioética en la universidad de Princeton.
El mes pasado en Nueva York, Christie’s vendió arte contemporáneo y de la posguerra por valor de 745 millones de dólares, la mayor cantidad jamás alcanzada en una sola subasta.
Entre las obras más cotizadas figuraban pinturas de Barnett Newman,
Francis Bacon, Mark Rothko y Andy Warhol, cada una de las cuales se vendió por más de 60 millones de dólares. Según el New York Times, los coleccionistas asiáticos desempeñaron un papel importante en el aumento de los precios.
No
cabe duda de que algunos compradores consideran sus adquisiciones una
inversión, como los valores bursátiles, la propiedad inmobiliaria o los
lingotes de oro. En ese caso, que el precio que pagaron fuera excesivo o
módico dependerá de lo que el mercado esté dispuesto a pagar por la
obra en una fecha futura.
Pero, si el beneficio no es el motivo, ¿por qué habría de querer alguien pagar decenas de millones de dólares por obras como ésas?
No
son bellas ni demuestran una gran destreza artística. Ni siquiera son
inhabituales dentro de las obras de esos artistas. Haga el lector una
búsqueda de imágenes de Newman y verá muchas pinturas con barras
verticales de colores, por lo general separadas por una línea fina. Al
parecer, una vez que Newman tenía una idea, le gustaba realizarla con
todas sus variaciones. El mes pasado, alguien compró una de esas
variaciones por 84 millones de dólares.
Una imagen pequeña de Marilyn Monroe obra de Andy Warhol -también hay muchas de ésas- se vendió por 41 millones de dólares.
Hace
diez años, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York pagó 45
millones de dólares por una pequeña Madonna y el niño de Duccio.
Posteriormente, en The Life You Can Save, escribí que había cosas mejores que habrían podido hacer con su dinero los donantes que financiaron la compra.
No he cambiado de opinión al respecto, pero la ejecución de la Madonna
del Metropolitan es hermosa y tiene 700 años de antigüedad. Duccio es
una figura importante que trabajó durante un decisivo período de
transición en la historia del arte occidental y pocas de sus pinturas
han sobrevivido.
Nada de eso es aplicable a Newman o a Warhol.
Sin
embargo, tal vez la importancia del arte de la posguerra radique en su
capacidad para poner en entredicho nuestras ideas. ¡El arte como crítica
del lujo y del exceso! Qué noble y valiente resulta eso, pero la
mayor potencia del mercado del arte es su capacidad para cooptar
cualquier exigencia que una obra de arte exprese y convertirla en otro
bien de consumo para los más ricos. Si los artistas, los críticos de
arte y los compradores de obras de arte tuvieran el menor interés en
reducir el abismo en aumento entre los ricos y los pobres, pasarían algún tiempo en países en desarrollo y con artistas indígenas, donde el gasto de unos miles de dólares en la compra de obras podría significar un cambio en el bienestar de aldeas enteras.
Nada
de lo que he dicho aquí va encaminado a negar la importancia de la
creación artística. El dibujo, la pintura y la escultura, como el canto y
la interpretación de un instrumento musical, son formas importantes de
autoexpresión y nuestras vidas serían más pobres sin ellos.
En todas las culturas y en toda clase de situaciones, las personas
producen arte, aun cuando no puedan satisfacer sus necesidades físicas
básicas.
Pero no necesitamos compradores de obras artísticas que
paguen millones de dólares para alentar a las personas a hacerlo. En
realidad, no sería difícil sostener que unos precios por las nubes ejercen una influencia corruptora en la expresión artística.
En cuanto a la razón por la que los compradores pagan esas sumas
extravagantes, supongo que piensan que poseer obras originales de
artistas muy conocidos realzará su categoría. En ese caso, puede
constituir un medio para provocar un cambio: una nueva definición de la
categoría conforme a pautas más éticas.
En un mundo más ético, gastar decenas de millones de dólares en obras de arte sería bajar de categoría, no realzarla.
Semejante comportamiento haría que la gente se hiciera esta pregunta:
“En un mundo en el que más de seis millones de niños mueren todos los
años por falta de agua potable o de mosquiteras o porque no han sido
inmunizados contra el sarampión, ¿no podrían hacer algo mejor con su
dinero?” Copyright Project Syndicate, 2014.
Fuente texto: clarin.com
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