La sede social del Jockey Club, ubicada en Avenida Alvear 1345 –antigua residencia de doña Concepción Unzué de Casares– fue adaptada para sus nuevas funciones por el estudio de los arquitectos Acevedo, Becú y Moreno. En esa tarea de reciclaje, que concluyó en 1968, mucho se tuvo que trabajar para instalar en el segundo piso la Biblioteca y la Sala de Lectura. Al primero de esos ámbitos se le proveyó de una elegante iluminación, con artísticas arañas, lámparas individuales en las mesas de lectura y otras de pie adjuntas a cómodos sillones. En cuanto a la denominada tradicionalmente “Sala de Lectura” –donde se solían leer los diarios y revistas ya desde los lejanos tiempos de la sede de la calle Florida–, la altura de su techo representó un problema que se solucionó creando uno falso y más bajo, con una gran abertura central provista con tubos de neón cuya luz caía, a través de un parrilla plástica, directamente sobre la gran mesa donde se desplegaban las colecciones de los periódicos. En 1999, un inesperado accidente –el desprendimiento de parte de ese falso techo– permitió descubrir el techo original, que ostentaba ricas ménsulas y molduras.
Es ésta la única obra para la cual posó Pellegrini y su autor hizo también el monumento que lo recuerda en la plazoleta que está justo frente a la sede del Club y que fuera "levantado por la gratitud nacional". Amén de Presidente de la República Argentina, Carlos Pellegrini fue el principal impulsor de la creación del Jockey Club y su primer Presidente.
Las autoridades de la institución resolvieron que debía rescatarse ese ornato incomparable devolviéndole el aspecto que había tenido en el pasado. Se procedió por lo tanto a su cuidadosa restauración. Una vez concluido ese proceso, llegó el momento decisivo de resolver cómo se solucionaría la cuestión que planteaba iluminar, de manera adecuada, ese salón que había adquirido de repente nuevas proporciones, y fue en ese momento cuando entró tallar la personalidad, la imaginación y la experiencia de un maestro en la materia: Pedro Baliña. Muchas horas pasó Baliña estudiando diversas posibilidades, comentándolas, discutiéndolas, haciendo pruebas, desechando algunas ideas, volviendo sobre otras, hasta que por fin presentó un plan que, por la minuciosidad de su diseño, y por tener en cuenta los más diversos y variados detalles, fue aprobado de inmediato por las autoridades de la institución.
Ante todo, Baliña –que se encargó de dirigir personalmente las obras – tuvo en cuenta los distintos niveles de altura que presentaba el techo: el del cerramiento superior y el del cornisamento más bajo, sobre el que se elevan las grandes ménsulas. En el primer caso compuso un centro con numerosos focos de luz que inciden sobre el centro del salón, graduables en cuanto a la intensidad de la luz desde dispositivos instalados delante de cada uno de las sillas que rodean la gran mesa central. En cuanto a la moldurada cornisa, dispuso todo a lo largo de ella un perímetro lineal de spots que iluminan las estanterías y los libros, consiguiendo así un gran efecto dramático. También consideró los sillones que se encuentran ubicados en los ángulos de ese ámbito, dirigiendo sobre ellos haces de luz individuales.
En las vitrinas de los costados del busto de Carlos Pellegrini, se hacen exposiciones temporarias temáticas de libros singulares, documentos históricos, incunables, grabados antiguos, etc. Se les puso a dichas vitrinas una iluminación cálida, dada con tubos de origen alemán, que generan poca temperatura, con muy bajo consumo y larguísima vida útil promedio, por lo que no dañan el valioso material expuesto y se reducen drásticamente también los riesgos de incendios.
No quedó al margen de su plan la iluminación de las vitrinas para exposiciones, resuelta con luces ocultas para los ojos de los espectadores, ni el busto de Carlos Pellegrini que preside el salón, iluminado con un foco dirigido especialmente hacia él. En fin, la suya fue una tarea compleja y a la vez completa. Una excelente muestra de profesionalidad y buen gusto, sin dejar de mencionar el gran impacto visual logrado gracias a su inteligente planificación integral. Los resultados están a la vista, porque aún hoy, su labor sigue “iluminando” la tradicional sala de lectura de la Biblioteca del Jockey Club.
No quedó al margen de su plan la iluminación de las vitrinas para exposiciones, resuelta con luces ocultas para los ojos de los espectadores, ni el busto de Carlos Pellegrini que preside el salón, iluminado con un foco dirigido especialmente hacia él. En fin, la suya fue una tarea compleja y a la vez completa. Una excelente muestra de profesionalidad y buen gusto, sin dejar de mencionar el gran impacto visual logrado gracias a su inteligente planificación integral. Los resultados están a la vista, porque aún hoy, su labor sigue “iluminando” la tradicional sala de lectura de la Biblioteca del Jockey Club.
Roberto D. Müller
Director de la Biblioteca del Jockey Club,
Buenos Aires

No hay comentarios:
Publicar un comentario