LA LUZ DESDE LO OSCURO



Secretos del montaje de Caravaggio y sus
seguidores en el Bellas Artes. Un mundo que habitan curadores, museógrafos, herederos y restauradores, unidos por obras de valor universal.


Cómo se armó "Caravaggio y sus seguidores" en el Bellas Artes. ( Por Pepe Mateos / Música: Zefiro torna de Claudio Monteverdi, contemporaneo del artista)
Por Ana Laura Pérez

Ha llegado por la mañana. Ahora, sola en la gran mesa de paño en la que se revisan al detalle las obras, parece desolada. O más furiosa. O simplemente desilusionada con Perseo que la engañó con su reflejo y logró cortarle le cabeza antes de que lo convirtiera en piedra también a él. Separada del cuerpo, el escudo convexo, gema de la muestra, parece más que nunca decapitada, parte de un cuerpo en camino a otra lección de anatomía.
Los expertos del museo, los responsables italianos, el productor de la muestra en Brasil, el dueño de la pieza. Todos giran a distancia, como si la mirada conservara el poder de petrificar a quien alcanzare, aun desde ese almohadón en el que reposa como una mascota obediente y mansa. Los comentarios se hacen en voz baja y la luz de la lámpara separa la escena del resto del pabellón, en penumbras. Acaba de arribar el último Caravaggio. Y no sólo porque ha sido la caja 22 de las 22 cajas que había por abrirse. También porque ha sido el último cuadro en atribuirse al pintor, después de dos décadas y media de investigaciones y exámenes. El 25 de febrero se divulgó la noticia ante la prensa internacional y se presentó el libro con los documentos y análisis al que Ermanno Zoffili había dedicado buena parte de su vida adulta. Había muerto cuatro días antes.
La Medusa, cuya autoría terminaría por probar, había sido adquirida por el padre, quien le transmitió además el gusto por el arte y el coleccionismo.
 Sin embargo, nunca creyó que fuera obra de uno de los grandes maestros de la pintura italiana. "Simplemente le gustaba", dice su nieto, Alberto Zoffili, quien creció junto al escudo amenazante protegido de las agresiones ambientales con temperatura y humedad estable, en la sala familiar. "Jamás pudimos entrar con una pelota a casa." Alberto es un hombre atildado, elegante y amable que sigue cada paso de los técnicos sin amedrentarlos. Gerardo Nicola Parrinello, el correo de la Superintendencia de Roma, ángel de la guarda, dulce compañía, que no abandona ni de día ni de noche el tesoro que le ha sido encomendado, da pasos seguros. Se ve la tensión, la sacra devoción de curadores, restauradores y museólogos. El cable de la lámpara que corta el recorrido cobra dimensiones de amenaza. Subraya la posibilidad de que algo pase con ese objeto que se ha explorado al detalle. No se los escucha. Pero alguno señala con el meñique un punto invisible sobre la superficie irregular. Y otro u otras confirman. Y alguien más busca entre los documentos la referencia a esa rasgadura, ese velo o ese levantamiento de la pintura que demostraría que la Medusa no está muerta. O que la materia muerta sigue viva mientras cambia.
De modo que después de la revisión minuciosa, solemne, el ángel guardián levanta el almohadón con una gestualidad que no admite bromas o titubeos y que recuerda a la culminación de Corpus Christi o al príncipe con el zapato de cristal buscando a Cenicienta. Y va el cortejo hacia el final del pabellón al que está prohibido acercarse mientras duren las operaciones de montaje. Sólo unos pocos entran al recinto. Sus movimientos pueden verse a través del ojo de vidrio que los museógrafos argentinos idearon para la exhibición, inspirándose en una instalación circular del artista contemporáneo Anish Kapoor.
Los excluidos observamos a la distancia, limitada la curiosidad ante el cordón sanitario dispuesto por las autoridades para evitar que una distracción provoque algún mal movimiento o torpeza. Cualquier daño a la obra valuada en 2009 por el Estado italiano en 16 millones de euros y asegurada para viajar en marzo próximo a los Estados Unidos en 88 millones de euros ­a mayor recorrido mayor es la cotización­ sería una catástrofe.
Vista desde lejos, la cápsula parece una sala de cirugía. O una nursery en la que Gerardo ­único autorizado para manipular la obra­ aparecerá enguantado para mostrar a los argentinos la criatura portentosa. La madera verde se cubre de paños limpios de algodón. Y cuando la superficie está aislada se presenta la Medusa para empezar a medir los soportes con que se la sujetará. Son cinco o seis personas arrojadas alrededor, la elite de la tropa museográfica, con la concentración de quien tiene que desactivar una bomba. Definir el lugar donde se colocarán los soportes de acrílico lleva horas. Ivanei Da Silva, de la empresa brasileña Base7 Proyectos Culturales, se divierte. Las cosas van bien. En San Pablo, sólo el montaje de la Medusa llevó dos días completos de trabajo.
Definidos los tres puntos por los que se amurará la obra, el equipo se disuelve hasta que vuelva Pedro Osorio, el museólogo experto en acrílico que lleva días en el diseño del dispositivo de amure. La joya entonces descansa sola, olvidada por sus protectores. Gerardo, el comisario italiano, ha dejado en la parte superior del círculo blindado un pequeño ratón de paño rojo. Búsquelo cuando visite el museo. Es el talismán que protege el tesoro.
Cabellos venenosos­
Escribió G. Murtola, uno de los varios poetas que se fascinaron con la obra del joven Caravaggio: ¿Es esta la Medusa, la de cabellos venenosos / con miles de sierpes? / Así es; ¿no ves acaso cómo mueve los ojos, cómo / Los pone en blanco? / Huye, huye de su cólera, huye de su desdén, / Pues si te alcanza su mirada, / Te convertirá en piedra también.

"Tiempo atrás mi padre tenía unas piezas de arqueología de la Antigua Grecia, hermosas. También me gustaba la Medusa. Pero con el mito de que convertía en piedra a quién la mirara era una imagen que me atemorizaba. Y la mirada... ¡es una mirada de horror! Seguramente la última mirada de un ser al que le cortan la cabeza.

Cuando éramos chicos ese terror funcionaba
Con mis hijos no funcionaría...
¡Ni con los míos!
¿Da más trabajo viajar con la Medusa o con sus hijos?
No me pone nervioso viajar con la Medusa. Esto es como un legado que me acerca a mi padre, pero con el que, al mismo tiempo, siento distancia.

Alberto Zoffili, heredero, parece el hijo de un coleccionista, el padre de cuatro hijos y el gerente de una empresa de transportes de Milán que es. Cuando visita el espacio dedicado a la obra. Cuando espera horas las pruebas de montaje. Cuando sigue con la vista la revisión de los expertos.

Si está fastidiado, lo oculta. Pero no esconde que cumple la voluntad de otro. Está en la Argentina, estuvo en Brasil y estará el año próximo en Miami y en Washington porque ha hecho suyo el compromiso asumido por su padre antes de morir. Y, también, porque el reconocimiento público y la consideración de la crítica internacional aumentan el valor del cuadro que guardan en la bóveda de un banco mientras analizan la mejor oferta.

"Tengo un hermano mayor, pero no le gusta viajar en avión. Así que me tocó hacerlo a mí", y lo que dice no suena a reproche.
Ustedes han vivido más de 20 años en una familia que tenía una misión.

Sí. Yo siempre vi a mi padre ir a la cama con libros de arte en la mano y dormirse con ellos encima. Siempre investigó muchísimo. Y este amor por el arte nos fue transmitido. He crecido en una casa con muchísimos cuadros y esculturas. ¡Y con advertencias para que no las tocáramos! "Ahí no se puede estar", dice que escuchó muchas veces. Pero cuesta imaginarse a este Alberto Zoffili de niño corriendo con una pelota dentro de la casa.

No está claro cómo el abuelo obtuvo el cuadro. "Sólo le gustaba mucho, pero no comprendió cabalmente su valor. Sí lo comprendió mi padre, que era profesor de la Universidad de Bellas Artes de Milán. Amaba el arte y estudió en particular este período de la pintura italiana. Así que se dedicó a investigar. Como imaginará si alguien dice `Tengo un nuevo Leonardo Da Vinci’ desconfiamos." En el cuadro que decoraba su infancia están interesados museos árabes y europeos. De cualquier modo, asegura Zoffili, van a venderlo después del tour americano. Como por ley la obra sólo puede salir de Italia para exhibiciones temporarias, "no nos gustaría que quedara en una colección privada. Pensamos que es patrimonio de todos. Que el arte hace al amor, a la verdadera cultura y a la virtud. Lo ideal sería que fuera expuesto junto con la otra Medusa en la Galería Ufizzi, de Florencia".

¿Por qué? Porque en Florencia está la copia que Caravaggio hizo del original, que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes argentino. Con rayos se pudo comprobar que el artista ensayó tres diseños de su Medusa.

"Primero hizo la nariz, los ojos, la boca. La primera vez dibujó las serpientes. La segunda el pelo. La tercera vez, completa la cabellera de serpientes.

Cuando terminó la Medusa Murtola, que es más pequeña, la copió sobre un vidrio y luego la proyectó y realizó una más grande (que su mecenas el cardenal Del Monte envió como regalo al gran duque de Toscana Ferdinando).

¿Ve? Por eso, en la Medusa que se expone en el Ufizzi no hay ningún dibujo preparatorio bajo la pintura. Lo hizo con pequeñas variaciones, pero copiándola de este original."

­Detalles invisibles

­
Para el lego todo es sorpresa en el armado de la muestra ("La más importante en muchos años", según la directora artística María Inés Stefanolo. "De Caravaggio hay unas 50 obras: que Italia nos preste el diez por ciento de los cuadros que tiene implica una operación complejísima de realizar"). Y para todo hay explicación: el verde de las paredes ("No queríamos usar ni el rojo ni el azul, que ya se habían usado en exposiciones similares, pero seguir en la paleta de Caravaggio. ¿El dorado? Un experimento propio, inspirado en los marcos", dixit Valeria Keller, responsable del diseño museográfico, las diagonales que organizan el pabellón ("La imagen renacentista en general está planteada a partir de un triángulo, es estática.
En cambio, la imagen en el Barroco es dinámica gracias a la diagonal marcada por la luz o la disposición de las figuras, ¿ves?", señala Florencia Galesio, investigadora del MNBA), las discusiones en torno a la luz ("Iluminar la calavera es obvio ­discute Mariana Rodríguez, a cargo del diseño museográfico y, en particular del diseño de la luz­. Llevala para allá, para la aureola que es más sutil. ¡Mirá cómo aparecen transparencias detrás del San Francisco!"). Hay discusiones en torno a tonos, a técnicas y charlas sobre las ingratitudes que esperan al restaurador: una condena a reiterar lo que otro ha hecho, un límite a la propia iniciativa, un velar la mirada personal. En fin. "Es normal: cada restaurador se enamora de su obra. Continúa amándola, la cuida, la va a ver. No siempre, pero pasa eso de `esto no está del todo bien, pero el próximo año...’." Está Paola Sannucci de la Superintendencia Especial para el Patrimonio Histórico, Artístico y Etnoantropológico y para el Polo Museológico de la ciudad de Roma. Guapa, franca, alegre. Es la encargada de seguirle el paso a 16 de las 22 obras expuestas en el MNBA. "No todos los restauradores son iguales: a mí me gusta muchísimo el arte, otros aman mucho la materia, otros el trabajo manual. A mí me gusta usar las manos para llegar al arte. Me gusta la imagen, el color, la forma, ver cómo cada artista ha pensado su cuadro. Al fin de cuentas, los cuadros parecen todos iguales. Pero no es verdad porque están llenos de cosas muy personales."

­Deporte nacional­

Levanta el brazo en dirección a Lot y sus hijas, el cuadro de Battistello, que tenemos enfrente. Ella trajo una silla desde el otro extremo, cansada de estar de pie. Tiene edad de empezar a pensar en su jubilación: averiguó el costo de un departamento en Recoleta, ¿y si alquila su casa en Roma y vive con ese dinero en Buenos Aires? "El hombre es un personaje típico, pero mirá esta bolsa, esa cabeza volteada hacia un costado. Dicen que copia a Caravaggio, pero Caravaggio no hubiera hecho el cuadro así." Quiere ilustrar su idea antishow de la pintura. Esto es ver más allá de las grandes marcas del arte mundial: Leonardo, Miguel Angel, Caravaggio... "Battistello no es un artista de primera importancia. Pero es un artista que ha hecho lo suyo con lo que recibió de Caravaggio. Por ejemplo: Caravaggio no tiene escenas cerradas. Además, pasado el período juvenil reduce el cromatismo. Usa siempre el encarnado o cualquier cosa que va hacia el azul o hacia el rojo, oscuro. Tres o cuatro colores que impacten. Acá hay marrón, el naranja, el rojo, el blanco, el color existe." Marca el rincón izquierdo, un plato hacia adelante como saliendo del cuadro.
Insiste: "En Italia, el deporte nacional es encontrar el nuevo Caravaggio.Por eso también todos aspiran a restaurar los Caravaggio. Yo, en cambio, ando buscando los de Piero di Cosimo". Las restauradoras argentinas la escuchan como a una amiga que acaba de llegar de viaje llena de novedades. Y celebran la irreverencia con risas.
¿De esta exposición? "Mmmm..." El pequeño autorretrato de Orazio Borgianni, con esa mirada oblicua, amenazante. Era, por talento y carácter violento, un caravaggista cabal.
"Caravaggio no solamente atraía a pendencieros, sino también a rivales resentidos", escribe Helen Langdon historiadora de la Nacional Gallery y el British Museum, autora de la biografía publicada por Edhasa sobre Michelangelo Merisi, el nombre real de Caravaggio, quien terminó portando como propio el nombre de su ciudad.
"Se mofaba de los artistas más tradicionales con comentarios provocadores y fanfarrones, pero a la vez sentía envidia de sus seguidores, de modo que le molestaba cualquier artista que se acercara a su estilo, o que pudiera poner en peligro su supremacía como artista." Paola mira la enorme sala, casi sin gente a esa hora del atardecer, cuando acaban de pedirle que controle el último ajuste de seguridad a un cuadro pequeño. Finaliza su tarea. Vuelve a Italia sin la pesadísima responsabilidad de los cuadros que tuvo que cuidar desde el momento mismo en que los descolgaron y embalaron, los subieron a los camiones. Tuvo que seguirlos hasta la bodega del aeropuerto y de ahí al avión. Voló y bajó con ellos en el destino. Siguió los camiones hasta el museo. Esperó que abrieran una por una las cajas. Revisó los documentos y certificó el estado de las obras. Asistió al colgado, aprobó la iluminación y certificó que la temperatura y humedad fueran las exigidas por las autoridades. Veló para que ni el movimiento ni las vibraciones ni las alteraciones de temperatura afectaran la carga. Se para delante de la Virgen con el niño de Bartolomeo Cavarozzi, otro caravaggista. "El cuadro no es muy bueno", dice. Pero no la deslumbra la técnica. "Es apenas una adolescente y tiene un hijo ya grande, se la ve perdida, sin saber qué hacer con ese chico. Es una imagen que me llena de pena."

Fuente: clarin.com

¿EN QUE SE HAN CONVERTIDO LOS MUSEOS?

¿Qué es un museo hoy en día? ¿Lugar de espectáculo y entretenimiento o de conocimiento? La irrupción de las industrias culturales y el turismo puso a la institución en crisis. En la era en que las pantallas y la visualidad mandan, pueden enseñar a mirar y a criticar a través de la imagen o convertirse en apenas un paseo para las multitudes, no muy distinto de la tevé.


Todo comenzó por acumulación, esa vieja costumbre que tenemos los humanos. Cráneos, huesos, animales disecados, estampillas, libros, vasijas, bocetos, pinturas, momias, muebles, joyas, esqueletos, tacitas de té… A algunos difuntos, en el Neolítico –y aún en la actualidad– hasta se los enterraba con estos objetos queridos, acumulados a lo largo de toda la vida. Tal era el lazo de apego, tal la significancia. En la Antigüedad Clásica, en cambio, en tiempos en que las reliquias eran los ítems a coleccionar, empezó a esbozarse un concepto distinto, una especificidad: comenzó a valorarse la belleza, y como consecuencia, al coleccionismo de objetos artísticos. Por eso también comenzaron a formarse en Grecia colecciones civiles y privadas, cuyo fin era ostentar un poder económico y político. En realidad, algo bastante parecido a lo que pasa en la actualidad con las colecciones y los coleccionistas salvo que, como dirá más adelante el coleccionista Eduardo Costantini –también dueño del Malba–, hay una característica que tomó un relieve fundamental hoy en día: la de la pequeña sociedad, la comunidad que una colección crea alrededor. “Se va creando una comunidad entre coleccionistas, y entonces se hacen circuitos, se habla sobre las obras, se va a eventos juntos”, dirá Costantini.
Muchos siglos después de Grecia, hace tan sólo diez años, tiburones inmersos en piletas de formol –que no, no son las salas de Anatomía I de la Facultad de Medicina, sino las esculturas de Damien Hirst–, y más esculturas hechas sólo con luz, otras con sangre disecada, gritos guardados en formatos digitales, performances grabadas en DVD o documentadas en fotografías, pinturas hechas con comida, con gusanos, con materia orgánica, también fueron acumulables, coleccionables y susceptibles de ser expuestos, mostrados, en público y en privado… Era la hora del coleccionismo de arte contemporáneo (en realidad, del arte del siglo pasado).
Todos estos objetos acumulados, coleccionados a lo largo de distintas épocas y contextos, fueron formando recordatorios emocionales, conjuntos, pequeños y grandes depósitos a puertas abiertas o cerradas, creados –fundamentalmente– en Europa. Al menos, esta es la parte de la Historia que conocemos. Hasta ahora estamos hablando de coleccionismo, de esa antiquísima dinámica que Susan Sontag define como una conexión entre presa y cazador, entre objeto y amo. Nos referimos al coleccionismo como la antesala del tema que nos interesa: tan sólo porque es un pariente del museo, (“Museos –dirá en su libro sobre el tema Américo Casilla, ex director Nacional de Patrimonio y Museos, ex director del área cultural de la Fundación Antorchas y actual director de Typa)–, esos artefactos tecnológicos producidos por las culturas más diversas”.
Las colecciones son su antepasado y también sus primos. Están en varias partes de su árbol genealógico. Recién en la segunda mitad del s. XVIII, con el Barroco y de la mano de los postulados de la Ilustración, se originó un tipo de coleccionismo diferente a todos los anteriores. Con la Ilustración y su afán didáctico, enciclopédico y científico, y luego de siglos de colecciones creadas fijándose a veces más en la cantidad que en la calidad, sin criterios de jerarquización ni clasificación, salvo cuando aparecieron las Wunderkammer, Kunsterkammer, Wonder chamber , Cabinets de Curiosités o Cámaras de Maravillas, durante los s. XVI y XVII, esas habitaciones donde se almacenaban, guardaban o archivaban objetos exóticos o fascinantes. Ahí sí se esbozaron las categorías de “Artificialia”, “Naturalia”, “Exotica” y “Scientifica”. Fue ese coleccionismo el que dio nacimiento al museo, a esos museos que reconocemos emblemáticos, como el Louvre o el Británico. Es el modelo de museo que se asentó en el s. XIX.

Museo Dalí. Nuevo edificio, en St. Petersburg, Florida.
Museo Dalí. Nuevo edificio, en St. Petersburg, Florida.
En la Argentina, ejemplos claros y grandiosos de este tipo de institución son el Museo de Ciencias Naturales de La Plata y el Bernardino Rivadavia. Gigantes, repletos de mamuts reconstruidos a partir de un hueso, y con vitrinas antiguas, con museografías de otras épocas que conviven con otras contemporáneas, presentan, en un mismo espacio, temporalidades diferentes. “Fijate que las vitrinas del Museo de La Plata no están hechas para que el público pueda admirar lo que se expone, porque son altísimas, en ellas todo está muy arriba, sino que fueron hechas para guardar objetos, o para los investigadores. Y hoy en día siguen funcionando”, dirá el antropólogo y crítico cultural Néstor García Canclini cuando le pregunte sobre los museos a lo largo de los siglos.
Por su parte, Irina Podgorny –antropóloga e historiadora de los museos de ciencia–, comentará cómo éstos fueron creándose, en la Argentina, en el s. XIX, a la par que nuestro país, un poco por casualidad, un poco por favor político, otro por voluntad y algo por buena fe.
En América Latina, y en especial en nuestro país, hay varios tipos de museos: existen las casas-talleres de artistas, los de ciencias, los universitarios, los creados en lugares históricos –como el Museo Marítimo en el ex Presidio de Ushuaia–, las salitas armadas con colecciones amateurs, que sobreviven en algunas provincias; y también estos grandes museos más aggiornados, de importancia nacional, con mayor presupuesto, algunos de ellos privados.
Los que hoy tienen más relevancia y visitas son sin duda los de arte contemporáneo. ¿Porque ofrecen educación, como se pretendía en el s. XIX? ¿Porque ofrecen diversión, consecuencia del nacimiento de las industrias culturales de mediados del s. XX? ¿O porque ofrecen, simplemente, un paseo ritual, un “deber hacer”?
En otras palabras, ¿qué es un museo hoy en día? Contesta Néstor García Canclini, vía telefónica desde México: “Los museos hoy en día son muchas cosas, no hay un solo modelo de museo ni una política predominante en el mundo. Mi idea es que ese ciclo de los museos-espectáculo, con arquitectos de nombre, y con un atractivo puesto más en el continente que en el contenido, está cerrándose, esta agotándose.
Entonces, ¿qué modelo de museo piensa que se está formando en el s. XXI en el mundo y en Latinoamérica?
No veo un modelo predominante en el futuro. En América Latina creo que hay varios pertinentes. La Pinacoteca de Sao Paulo tiene un modelo a partir de la restauración de un edificio y de un programa de pocas adquisiciones pero convenios muy inteligentes con exposiciones internacionales itinerantes, como la de Cruz- Diez, que estuvo hace meses allí. Primero estuvo en el Malba y ahora la tenemos en el de Arte Contemporáneo de México.
Más que un modelo de museo, eso es un modelo de itinerancia de las muestras. Eso va creciendo. Otro punto importante es la internacionalización.
¿Por qué es importante la relación internacionalizada de los museos? ¿Qué les aporta?
Bueno, es difícil ya defender un museo ensimismado. La historia de los museos es la de la exhibición de su propia identidad o de las conquistas, si hablamos de los imperios, como en el caso del Museo Británico. Pero todo estuvo centrado en la historia nacional, y en lo que esas naciones habían hecho consigo mismas y con los otros. En la actualidad, la interdependencia es tal, que hasta han surgido nuevos museos, como el de las migraciones, el de las fronteras… y los propios museos nacionales –de historia o de arte– han tenido que reconocer esa interdependencia con lo que sucede en el mundo, con el mercado, con los nuevos medios de comunicación. O sea, los museos compiten con la televisión, con las redes sociales; y las pueden usar, también.

El Louvre,. París, donde son usuales las colas de turistas.
El Louvre,. París, donde son usuales las colas de turistas.
¿La tevé y las redes sociales compiten con los museos porque son un entretenimiento más?
En parte sí. Aunque no son sólo un entretenimiento: tienen que tener en cuenta que la visualidad hoy no se enseña sólo en la escuela o en el cine, si no en una serie de pantallas muy diversas y que ofrecen una variedad, no sólo de entretenimiento sino de información, digerida de otra manera. Esto no quiere decir que el museo deba atelevisarze o convertirse en una red social: tiene un espacio físico que debe considerarse en su especificidad, en su potencialidad. Pero por eso mismo es muy interesante la concepción de colección que están manejando algunos de los principales curadores de los más importantes museos del mundo, como Manuel Borja-Villel, del Reina Sofía, quien habla de centrar los misterios del acervo y de la circulación del arte no en la noción de colección sino de circulación de los acervos.
Por su parte, Jessica Morgan, curadora de la Tate Modern de Londres, en charla telefónica desde esa ciudad, sostiene que “los museos se han transformado en espacios mucho más sociales, comunes e interactivos que lo que eran antes, cuando solían ser espacios para la contemplación individual y reflexiva”. Si se le pregunta para qué sirve un museo hoy en día, responde que los museos hoy son, por lejos, espacios culturales muchísimo mejor situados que cualquier otra institución del mismo tipo (el teatro, el cine, la danza), para hacer frente, como potencia social, a una dirección que podría ser impuesta. “En un museo –agrega con razón–, nadie se ve obligado a sentarse en una silla y a ver algo que le imponen. Yo les doy la bienvenida a los cambios que incrementaron la popularidad de los museos. Creo que es un malentendido imaginar que el incremento de público o de popularidad significa necesariamente una baja de la cualidad.
¿Piensa que los museos se convirtieron en espectáculos o en atracciones turísticas?
No estoy en contra de la idea de espectáculo o de entretenimiento. Creo que el arte puede –y con frecuencia, debe– ser entretenido. Por otro lado, siempre han sido atracciones turísticas. Pienso en el “gran tour”, que se realizó en el s. XVIII como parte de un crucero por museos y sitios culturales europeos...
¿Qué tipo de conocimiento le brindan los museos de hoy en día al público?
Un conocimiento que se deriva del aprendizaje visual, el que en la edad de la sobrecarga de los medios de comunicación es extremadamente importante. Los museos pueden enseñar a mirar, a criticar, a comprender y crear a través de la imagen, en lugar del lenguaje. Son una herramienta muy poderosa de nuestra época.
Para Guillermo Alonso, director del Museo Nacional de Bellas Artes, “un museo tiene distintas funciones. El MNBA, que es un museo de colecciones, es principalmente un lugar de estudio, de preservación de sus propias colecciones. Eso es lo primero. Luego, es sumamente importante la relación que mantiene con la comunidad y con su entorno. En el fin del s. XX y en lo que va del XXI, veo que la conducta del público dentro de los museos se modificó. Las personas van, se quedan horas ahí, cada vez pasan más tiempo. Cuando yo estudiaba Derecho en el edificio frente al MNBA y ni me imaginaba que podía llegar a dirigirlo, venía a estudiar a las salas del museo porque estaban vacías y, entonces, eran silenciosas. Eso hoy es imposible. No habría cómo preparar Derecho Romano en este espacio”, dice con una sonrisa.

Museo de Ordos. Arquitectura futurista en China.
Museo de Ordos. Arquitectura futurista en China.
Marcelo Pachecho, curador jefe del Malba, no tiene dudas: “Sigo creyendo en el museo –dice– como en una de las instituciones creadas por la Modernidad, transmisora de valores. Sigo creyendo que un museo es el mediador de lazos comunitarios y de pertenencia. Más allá de la transformación que sufrió el museo al entrar en las industrias culturales en los últimos veinte años, con todo el tema de las industrias turísticas, y del ingreso al ámbito del negocio y del show, los museos siguen teniendo esa capacidad. Y me parece una función central. Porque creo que siguen siendo un lugar en el que se maneja fundamentalmente la distribución de valores y que tiene que ver con valores de intercambio, esa distribución particular de la identidad. Y con la inclusión de la ciudadanía, con la pertenencia... Sigue funcionando eso. Pero de una manera complicada, porque enfrenta una situación muy difícil de resolver, en términos de que se han transformado en centros vinculados con el espectáculo y con una concepción del museo donde la gente pasa por las salas sin tener ya relación con la obra.
Entonces, ¿para qué va el público al museo?
Porque el museo se transformó en una institución más de las industrias culturales.
Van de paseo. Los museos construidos en el mundo en los últimos veinte años tienen cada vez mayor cantidad de metros dedicada a las confiterías y tiendas, antes que a las salas de exposición. Muchas veces no es un buen negocio, pero siguen ampliándose porque la imagen sigue siendo poderosa. La imagen sigue siendo uno de los principales mecanismos de construcción de la ciudadanía. Y aun más con la globalización.
En este tipo de museos, donde las exposiciones son tan marketineadas y publicitadas como un espectáculo de Broadway, ¿dejó de importar la obra?
En parte sí, porque en realidad lo que se está vendiendo es una marca. Lo que vendés es el poder de convocatoria que tienen determinados artistas, y todo lo que se mueve alrededor de la historia del arte en relación a los grandes maestros, por ejemplo. Entonces es cierto que parte de las exposiciones se olvidan de las obras. Eso depende de las decisiones institucionales y curatoriales.
En 2001, Eduardo Costantini decidió hacer pública su colección de arte y crear su propio museo. ¿Por qué? Responde en estos términos: “Bueno, yo soy un coleccionista nato. De chico, coleccionaba estampillas. Pero tiempo después, con mi colección de obras, a medida que fue mejorando y los años fueron pasando, tomé conciencia del valor artístico de la colección. Tomé conciencia, también, de la dimensión social que tiene una obra de arte, sobre todo, un conjunto de obras de arte. Y llegó un punto en que me di cuenta de que tanto las obras como los coleccionistas tienen un rol social.” Comenta García Canclini sobre el tema: “Los coleccionistas jugaron un papel importante en la historia de los museos, pero también a veces han puesto muchas condiciones”, . “Es un papel complejo. Pero en la Argentina, el papel del coleccionista está condicionado por la despreocupación del Estado, que no compra casi nada de obra contemporánea. O sea, no compra obra en el momento en que se está produciendo. Esto pasa y pasó en la Argentina y en otros países de América Latina. ¿Qué consecuencias arrastra? Que en buena medida, la obra se está yendo de la región”.
Wunderkammer , cámara de maravillas: el gabinete del futuro puede llegar a quedar vacío.

Fuente. Revista Ñ Clarín

DEMOCRATIZAR LA CULTURA


ANTONIO SEGUÍ, Escuela Argentina,contemporáneo."LOS JURISCONSULTOS", óleo sobre tela, 70 x 50 cmRef.: Obra titulada y firmada al dorso por el artista. Con etiqueta de la Galería Ruth Benzacar con el Nº 3161 de sus registros. Esta obra de Seguí, será rematada por Subastas Roldán, de Buenos Aires, el proximo martes 13 de noviembre con una base US$ 9.000.

Por Aníbal Jozami  - Rector de la Untref y director del Muntref.

La vieja afirmación de que los museos serían las catedrales del s. XXI, en un sentido amplio, viene cumpliéndose. Es decir, incluyendo en esta afirmación no sólo a los museos en sí, sino también a las bienales, parques de esculturas, etc. Sin embargo, la religiosidad y espiritualidad que también caracterizaría a este siglo (Malraux) hizo que un elemento no fuera en detrimento del otro.
El museo como institución cumple roles diversos que superan el marco restringido del objeto que lo identifica (sea el arte, la historia, etc.) ya que se ha convertido en ámbito de recreación familiar, atractivo turístico, de espectáculo (Guy Debord), etc. Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar el rol que han de jugar en el ámbito de la cultura ya que son también y fundamentalmente, lugares para la relectura de la historia y la revisión de la memoria. Desde esta perspectiva tienen también que ver, y mucho (pienso particularmente en los museos de arte), en la formación del gusto y los criterios estéticos y esta responsabilidad es creciente en la medida en que lo es también el número de visitantes y la diversidad sectorial de procedencias.
En el caso del Muntref (Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero) se acrecienta esa responsabilidad a la que hicimos referencia, por haberse constituido en un ámbito al que llegan millares de personas que no habían concurrido nunca antes a una institución de este tipo. Esto es así porque nos planteamos existir en un ámbito alejado de los circuitos culturales ya existentes y llegar con eventos de altísima calidad a una población hasta ahora ausente en las programaciones.
Desde Picasso y Torres Garcia, pasando por las retrospectivas de los grandes maestros del arte argentino, se han realizado muestras en los diez años de vida de nuestro museo, que fueron en algunos casos las más representativas de su trayectoria de exhibiciones.
Antonio Berni en Málaga y la Real Academia de San Fernando de Madrid, la muestra preparada para la Casa de la Memoria en Roma son, entre otras, junto a presentaciones en distintas provincias argentinas; ejemplo de producciones de Muntref en sus autoadjudicadas misiones de democratizar la cultura y al mismo tiempo, poner en valor las expresiones culturales argentinas en el exterior.
Lo que actualmente estamos realizando con Christian Boltanski (cuatro muestras paralelamente), con producciones pensadas especialmente para nuestro país, implica también poner al país en un nivel diferente en la escena internacional del arte contemporáneo ya que es la primera vez que un artista de ese protagonismo, realiza en nuestro medio una acción de ese tipo. Es, así mismo, la muestra más importante realizada por él en su trayectoria por lo que ningún libro sobre Boltanski podrá ignorarla.
El Muntref está también formando su colección que reúne ya más de cien obras y que se enriquecerá con doce esculturas que serán seleccionadas por un jurado internacional a fin de marzo de 2013, a base de las propuestas recibidas en el concurso al que han sido convocados artistas de los países que integran la Unasur. Creemos estar cumplimentando tareas pendientes y llenando lugares vacantes en la construcción de un entramado cultural para las mayorías.

Fuente texto nota: Revista Ñ Clarín

¿SE ACABAN LOS MUSEOS DE ARTE CONTEMPORÁNEO?


Esta interesante obra de Alberto Delmonte, Escuela Argentina, 1933-2005, "Naturaleza muerta geométrica", un óleo sobre hardboard de 40 x 50 cm, se remata en Hijos de Martín Saráchaga, Rodríguez Peña 1778, el próximo jueves 15 de octubre, a las 18,30 horas, con una base de $ 13.000 y con un precio estimado en $ 19.000.

Por Néstor García Canclini  - Antropólogo, Critico cultural


Guggenheim, MACBA, Reina Sofía, Tate Modern ¿Por qué estos museos se volvieron protagonistas de la cultura contemporánea, el turismo masivo y la renovación urbana? En parte, porque en ellos se condensan alteraciones de época. Los museos –aun los de arte– nacieron para guardar y exhibir trofeos de las conquistas y lo que las elites nacionales declaraban signos de identidad. Los museos de arte contemporáneo, en cambio, pueden tener colecciones o no tenerlas. Su tarea es construir escenas para que circulen artefactos de muchas culturas. Lo buscan con una arquitectura que asombra (Renzo Piano, Paul Gehry, Zaha Hadid), generando alrededor tiendas, cafés y restaurantes “de tendencia”, con la promesa de que las multitudes hallarán a Demian Hirst, Louise Bourgeois u otros nombres que ya vieron en las revistas, y las miradas no convencionales de curadores sobre las encrucijadas del mundo: Okwui Enwezor, Catherine David, Cuauhtémoc Medina.
Pero hay algo más. Si estos museos recientes lideran es también porque el pool de experimentaciones llamado arte contemporáneo instauró en el tráfico cultural y económico un juego de apelaciones y referencias que las artes visuales nunca habían tenido y que compite parejo con los otros productores de sentido: la tevé, la moda, las redes sociales.
Lo que importa decir es que la efervescencia creativa, de fluido cosmopolitismo, circula también en centros culturales polivalentes, movimientos parapolíticos de indignación que duran unos meses, medialabs donde se reúnen jóvenes para quienes la vida pública ya no está en los partidos, ni en instituciones de varios siglos o recién diseñadas. Sus innovaciones se extienden más lejos de lo que se llamaba arte en el s. XX, suben a las redes y se intercambian entre Londres, Estambul, Bs. As. y Tokio. El ciclo de los museos, las críticas a su somnolencia o elitismo y la pretensión de democratizarlos pasa a otra etapa ante nuevos modos de crear, reproducir, descargar y ver.
Signo trágico de que una época se agota: decenas de museos en Europa y EE.UU. con edificios de autor y colecciones improvisadas, que ahora, sin presupuesto, repiten diez meses la misma exposición. O cierran parte del año.
No deberíamos tomar como destino universal esta agonía del norte en países latinoamericanos con pocos y deficientes museos, donde ocurrió ya hace una o dos décadas la crisis económica de 2008-2012. Cuando apenas salíamos de esas turbulencias, Argentina logró que sus colecciones habitaran por primera vez sitios dignos como el Malba (2001), los museos MNBA de Neuquén y MACRO de Rosario (2004); la UNAM revitalizó con el magnífico Museo Universitario de Arte Contemporáneo la política museológica mexicana detenida en los 70. Algunos están comprando obra contemporánea y saben convertirse, a la vez, en centros de experimentación intercultural, con cine y publicaciones alternativas. El Museo del Barrio en Asunción y el Micromuseo en Lima aprovechan la falta de instituciones que se ocupan del patrimonio para fusionar lo culto y lo popular en una nueva visión de lo contemporáneo. Los museos, archivos y colecciones bien investigadas son, entre nosotros, labores incipientes.

Fuente texto nota: Revista Ñ Clarín

INVENTAR UNA HISTORIA DEL ARTE



LUIS BARRAGÁN Escuela Argentina, 1914-2009 "INVENCIÓN PICTÓRICA" - Óleo sobre tela, mide 170 X 100 cm. Obra fechada "1994" y firmada al dorso por el artista. Expuesta en la muestra "Luis Barragán, Pinturas" realizada en la Galería Van Eyck, de Buenos Aires, del 17 de septiembre al 19 de octubre de 2002 y reproducida en la tapa del correspondiente catálogo. Esta obra será rematada por Subastas Roldán, de Buenos Aires, el próximo martes 13 de noviembre 

Por Luis Pérez Oramas - Curador de Arte Latinoamericano del MOMA


La de arte contemporáneo es una noción inestable, resbaladiza, porosa. Los museos que se la atribuyen existen en una aguda ambigüedad de tiempos: se consagran al arte producido durante las últimas 24 horas y también a aquel concebido en los últimos 45 años.
En realidad todo museo de arte debería estar destinado a ser un museo de arte contemporáneo. Todo museo es una instancia presente en la que se proyectan, gracias al halo de luz que emana de nuestros días, las sombras de objetos pasados –aun cuando fuesen hechos durante las últimas 24 horas– para hacerse así contemporáneos.
Entender la dimensión anacrónica del presente, la arqueología inmediata del estar-aquí, ahora; la densidad histórica de nuestro tiempo: tal es el desafío de lo contemporáneo. Ser contemporáneo es tener el coraje de enfrentar la oscuridad de nuestros días, creo recordar que ha dicho Giorgio Agamben. Lo que no debe ser el museo de arte contemporáneo es el promotor de un estilo internacional en el que se aplanen todos los relieves, se aclaren todas las sombras, se disimulen todas las estrías para hacernos creer que vivimos en un mundo global y sin historia. Sólo es global el mercado, y siempre en detrimento de la realidad.
Los museos de arte contemporáneo en América Latina son novedad. En realidad siempre existió una confusión: se llamó así, desde el inicio, a museos destinados a la investigación de nuestras modernidades. Museos de arte moderno –en San Pablo, Caracas, Bogotá, quizá en Bs. As.– usurparon el nombre del arte contemporáneo, y viceversa. Sucede, en reglas generales, que nuestras modernidades artísticas surgieron antes de que existiesen las narrativas históricas que pueden enmarcarlas. Nuestras modernidades precedieron a nuestra historia del arte, y cuando no fue así entonces la acompañaron en su surgimiento –incluso en México, donde la musealización de las culturas precolombinas es, de hecho, una de las escrituras de la modernidad.
Los museos son dispositivos de capitalización: allí se acumula y se inventa un capital simbólico; desde allí se refuerza la dimensión capital de un lugar, una ciudad, un acervo, un tiempo. Capitalizar el presente: tal sería una misión para el museo de arte contemporáneo: hacer(nos) ver, allí, en nuestro tiempo.
Finalmente, si en Europa los museos fueron el resultado de la historia del arte, en América Latina la precedieron. Existieron antes de que esta se haya constituido en disciplina autónoma, o antes de que hubiese alcanzado sanción académica o social suficiente, aún menos política. De allí una misión aún más exigente: inventar nuestra historia del arte, incesantemente.

Fuente texto nota: Revista Ñ Clarín

VARSOVIA LLENA DE ARTE UN VACÍO ENTRE MEDIANERAS

El arquitecto Jacub Szcesny tomó un "almohadón de aire" en Varsovia y construyó una casa que es probablemente la más angosta del mundo. Recupera el lugar como un homenaje a un escritor israelí.

Hace tres años, Jakub Szczesny, un arquitecto polaco, iba caminando por el viejo gueto judío de Varsovia cuando se topó con lo que luego describiría como "un atractivo almohadón de aire" entre un edificio de departamentos de la preguerra y un edificio de la posguerra de propiedad compartida. A Szczesny, que pertenece a un colectivo llamado Centrala, dedicado a la arquitectura experimental, se le ocurrió la alocada idea de construir una casa en el espacio increíblemente estrecho que había entre ellos. "Me enamoré de un espacio entre dos edificios de distintas épocas", dijo. "Decidí establecer un vínculo".
Szczesny, de 39 años, se puso a imaginar a un habitante ideal para la casa, y llegó a la conclusión de que sería Etgar Keret, un escritor israelí cuya reputación por producir colecciones de cuentos muy breves, como la última "Suddenly, a Knock on the Door", lo señalaba como alguien acostumbrado a trabajar dentro de parámetros muy limitados, y cuya herencia judía con raíces polacas ofrecía una conexión conmovedora con Varsovia. (De chico, durante la Segunda Guerra Mundial, la madre del autor contrabandeaba comida pasando puestos de control nazis apenas a unos pasos de donde Szczesny esperaba construir.) Cuando Keret, de 45 años, recibió una llamada del arquitecto, en un primer momento se quedó perplejo. "Este tipo con un acento muy polaco me dijo que quería hacer una casa proporcional a mis cuentos", dijo. "Parecía una broma".
De todos modos, Szczesny viajó a Tel Aviv, donde vive el autor para probarle que hablaba en serio. Y a Keret le gustó la idea de que su familia recobrara de alguna manera un hogar en Varsovia.
A mediados de octubre, después de más de un año de enredos burocráticos y problemas de ingeniería y con la ayuda crucial de una grúa despachada desde Alemania, la Casa Keret abrió sus puertas ­o su puerta. Con sólo 122 centímetros en su punto más ancho, y apenas 71 centímetros en su parte más angosta, es probablemente la casa más delgada del mundo.
"Era un conjunto fantástico de imposibilidades", dijo Szczesny refiriéndose a la planificación y al proyecto de construcción. "Nos daba un infarto tras otro".
Las palpitaciones empezaron cuando Szczesny tuvo que determinar quién sería el propietario de ese vacío atractivo entre edificios. Wola, el distrito que alberga la Casa Keret, controlaba el espacio y los funcionarios locales ayudaron al arquitecto a obtener la habilitación. Pero a continuación, las tuberías de calefacción municipal descubiertas debajo de la obra causaron meses de postergaciones y exigieron un rediseño.
El diseño final utiliza una estructura de acero liviano construida con módulos pequeños que se atornillan entre sí. Las empresas siderúrgicas locales, ocupadas en levantar centros comerciales, no tenían interés en esta tarea reducida y compleja, dijo Szczesny.
Tuvo que enfrentar además la dificultad de encontrar maquinaria que pudiera trabajar dentro de límites tan angostos. Finalmente, descubrió a una empresa dispuesta a construir la estructura y una grúa alemana para deslizar en el lugar.
¿Cómo es la Casa Keret por dentro? Es poco probable que albergue fiestas escandalosas. La kitchenette tiene 90 centímetros de ancho, con una pileta en miniatura y una puerta corrediza que oculta un baño comprimido como los de un avión. Al segundo piso se llega por una escalera de mano y tiene una cama cuyas dimensiones no son precisamente para entusiasmar a los huéspedes a quedarse a dormir. El área del living abajo es el lugar más exiguo de la casa con 89 centímetros de ancho.
No obstante, una persona claustrofóbica tal vez se consuele al descubrir que también tiene los techos altísimos y "recibe mucha luz del este" de una de las ventanas, dijo Szczesny. El arquitecto utilizó plástico semitransparente en el techo para dejar entrar más luz y crear una sensación de espacio.
Keret, que viajó a Varsovia para la inauguración, piensa en la casa como un equivalente doméstico de uno de sus cuentos: pequeña pero completa. "Es algo muy, muy compacto", dijo. "Pero tiene todo lo que una casa necesita".
El autor dijo que tiene pensado quedarse en la casa, al menos a pasar la noche. "Me parece apropiado tratar de crear en ella", agregó.
"La casa será un portal a todo tipo de iniciativas artísticas".
Según la ley polaca, la Casa Keret es muy pequeña para ser una vivienda. Ha sido clasificada como una instalación artística que será propiedad de la Fundación de Arte Polaca, a cargo de administrarla.
Szczesny y Keret piensan seleccionar artistas para llevar a cabo residencias de cinco a siete días.
El tocayo de la casa tiene una visión seria respecto de la diminuta vivienda. "Para mí es como una metáfora; expresa cómo mi familia recupera un lugar en Polonia", dijo Keret. "En este sitio donde mataron a mi familia, ahora habrá una casa llamada la Casa Keret".
Para él, al igual que la casa propiamente dicha "Somos como alguien que pudo hacerse un lugar". 

Fuente: Revista Ñ Clarín

LA NOCHE DE LOS MUSEOS MIRA AL SUR Y A PIAZZOLLA

La 9ª edición del clásico cultural estará dedicada al genial músico, a 20 años de su muerte. Y habrá una oferta especial entre La Boca y Puerto Madero. Mañana, de 20 a 3, se podrán recorrer 183 salas.

Buenos Aires volverá a lucir mañana lo mejor de su oferta cultural. Con la participación record de 183 espacios artísticos , se realizará la novena edición de La Noche de los Museos. Entre las muchas novedades, este año se destacarán dos: por un lado, gran parte de la programación estará orientada a recordar a Astor Piazzolla a 20 años de su muerto. Por el otro, se sumará al circuito de visitas gratuitas la Milla Cultural del Sur, un conjunto de 13 espacios con distintas propuestas , desde Puerto Madero a La Boca.
Las actividades comenzarán a las 20 en el Planetario y terminarán a las 3 de la mañana. El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, dirigido por Mauricio Wainrot, presentará “Las 8 estaciones”, con música de Antonio Vivaldi (Las 4 estaciones) más las cuatro estaciones compuestas por Piazzolla: Verano porteño, Otoño porteño, Invierno porteño y Primavera porteña. Luego habrá un documental sobre Piazzolla, una presentación del Quinteto de la Fundación Astor Piazzolla y para cerrar se presentará Escalandrum, la banda de jazz liderada por Daniel “Pipi” Piazzolla, nieto del genial bandoneonista.
Mientras, la gente podrá visitar gratis 183 museos y centros artísticos en 28 barrios . Se podrá viajar gratis en 85 líneas de colectivos, presentando un pase que se conseguirá con la folletería o ingresando a www.lanochedelosmuseos.gob.ar. Pero este año también se podrá viajar en bicicleta, porque el sistema público de Bicing funcionará entre las 20 y las 2 .
Además de disfrutar de las colecciones permanentes de los museos, la gente podrá apreciar otras actividades, tanto privadas como de artistas individuales y hasta del Gobierno nacional. Por ejemplo, el club River Plate ofrecerá por primera vez la posibilidad de visitar sin costo su museo , que queda en el estadio Monumental. También abrirá la Casa del Bicentenario, que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación. Además, la automotriz Citröen organizará actividades propias junto al Planetario, y también se podrá visitar en Avenida de los Italianos al 800, en Costanera Sur, la actividad CUVO, en el cual habrá gente leyendo historias en distintos idiomas.
Otro de los destacados será la muestra “Impresiones eternas”, de grabados de Goya, que se exhibirá en el Museo Larreta, en Juramento 2291, donde a las 22 habrá un espectáculo de música española.
El año pasado participaron 650.000 personas , que visitaron 174 salas. Para este año se espera batir el record. “Nuevamente Buenos Aires vivirá una noche de fiesta del arte y la cultura. Estamos seguros de que volveremos a ver a vecinos y turistas adueñándose del espacio público y desplazándose con la expectativa de disfrutar de las múltiples actividades”, adelantó el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi.

Fuente: Revista Ñ Clarín

CON JOHN CAGE, MAR DEL PLATA INGRESA AL CALENDARIO MUNDIAL DE LAS VANGUARDIAS

Desde el jueves y hasta el domingo, un grupo de artistas llevará la obra del innovador estadounidense al gran público a través del Festival de Arte Contemporáneo John Cage “Rarísimo” durante el cual Playa Grande será escenario de una performance escénico-musical para 12 bocinas de 12 autos.

Por Pablo E. Chacón

El Festival de Arte Contemporáneo John Cage Rarísimo desembarca este año en Mar del Plata. La idea de los organizadores y managers, que están trabajando en el emprendimiento hace ya casi un año, no sólo es presentar algunas de las piezas del innovador norteamericano al gran público, articuladas a interpretaciones de sus colegas Mauricio Kagel y Morton Feldman. También buscan ocupar diversos espacios del balneario con performances, instalaciones de videoarte, cine, conferencias, música experimental y obras de teatro, para las cuales están invitados artistas de diversas nacionalidades que trabajarán sin estancamientos de áreas con el fin de promover actividades y escuchas no tan habituales y situar a la ciudad en el calendario internacional de las vanguardias. En el sitio www.rarisimo.org pueden consultarse fechas y horarios. Está todo listo para empezar mañana y continuar hasta el domingo.
Martín Virgili, músico, productor y alma mater del proyecto le dice a Ñ que “Mar del Plata tiene la infraestructura, los espacios y el clima ideal tanto para actividades al aire libre como en espacios cerrados, y además una tradición de vanguardia en el campo de la música, el cine, los mass media, etcétera, que componen la viga maestra de la sociedad del espectáculo que caracteriza al mundo digital contemporáneo, sin perder de vista que Cage es un tipo menos escuchado que versionado y hablado. Pero poco estudiado e interpretado. Para entenderlo, que no es tan fácil, están invitados los especialistas Rafael Cippolini y Lux Lindner, que además traen algunas sorpresas”.
El otro espíritu del Festival, sin dudas, está encarnado en el diseñador gráfico Mario Gemin, un marplatense de proyección internacional, que trabajó en Barcelona junto a Yves Zummermann y América Sánchez; y que en la Argentina diseña libros para los artistas Jorge Macchi, Ana Gallardo y Matías Duville, entre otros. Gemin confirma los dichos de Virgili, y agrega que “es un lujo, una gracia, haber podido conectar con gente que –valiéndose de las nuevas tecnologías– supo recuperar el espíritu de vanguardia que alguna vez tuvo esta ciudad. Sería bueno no olvidar que por acá entró la bossa nova a la Argentina, que en su momento pasaron María Callas, Pier Paolo Pasolini, Witold Gombrowicz; que acá tuvieron sus casas de veraneo Victoria Ocampo y su hermana Silvina, esposa de Adolfo Bioy Casares; que Borges dio una de sus últimas conferencias en la Argentina en el Teatro Auditorium, que acá vivió una larga temporada Osvaldo Lamborghini, y que acaso gracias a todo eso, la universidad creció en oferta y matrículas. Pero es importante remarcar que la vanguardia musical estricta, estuvo ausente. Bien, ya no lo está”.
¿Y por qué un homenaje a Cage? Lo dice el manifiesto que se reparte estos días en la sede y en Buenos Aires, donde se están ensayando todavía algunas piezas:
“¿Por la contingencia que nos encuentra en su centenario? En buena medida sí. Pero también por la inspiración que su obra nos ofrece; sembrar la democracia en el reino del sonido y del ruido, es el inicio de un reordenamiento de la estética, más cerca de la igualdad, más humilde también. Después, para tener a tiro sus ideas, que quizás no sean tantas, y que nos animamos resumir en un intento por consubstanciarnos (a nosotros mismos y a nuestras creaciones) con el curso de la vida. Y por la felicidad que su legado perpetúa. Esto no sólo por sus obras: ¡cuántas veces vimos a Cage sonreír en una foto! ¿Una pose? Pensamos que no. Más bien el entendimiento que la alegría es una ética y una política. La obra de Cage es un respaldo: el arte es una gracia, como lo son los mares, las montañas y los pájaros”.
Cage, remasterizado, si se quiere, por ese inmenso poeta californiano, íntimo de Jack Kerouac, sobreviviente de una generación diezmada: Gary Snyder, casi la representación del comunismo de la naturaleza (o de la cultura de la naturaleza) en una ciudad de fuerte raigambre socialista.
Entre sus piezas señeras se interpretará, de la mano de la pianista argentina Haydée Schvartz y el multiinstrumentista y vocalista colombiano Rodolfo Acosta R., “Four Walls”, de 1944, un dispositivo compuesto en colaboración con el coréografo Merce Cunningham, cuyo ensayo este cronista tuvo oportunidad de ver, para su asombro y descubrimiento.
 “’Four Walls’ constituye un ejemplo de minimalismo. Y quizá más que eso. La propuesta es anticipatoria: un poco antes que el discurso minimal explotara en la obra de Riley, Reich y Glass, Cage ya había visto el blanco a la distancia. Arcaica y meditativa (sólo se utilizan las teclas “blancas” del piano), e interrumpida en el meridiano de su desarrollo por un solo vocal, esta pieza es parte del repertorio de composiciones que involucran al silencio como materia de construcción”, cuenta Virgili.
Otra de las piezas de Cage que se recreará será “Five”, con Acosta R. como invitado especial, seguido de una serie de composiciones en esa estela, interpretadas por el colombiano Guillermo Rendón para “Tremolo tremulante”; Acosta R. otra vez, haciendo “Laberinto”; el uruguayo Eduardo Fernández, concentrado en “A meditaton on ‘Sakura’”, y el colombiano Fabián Quiroga, en “Hilo natural”. Completará el set un ensamble de música contemporánea colombiana compuesto por los guitarristas Rubén Gómez, Daniel Forero, Alvaro Herrán y Germán Molano.
La conferencia a cuatro voces “Hacia dónde vamos y qué estamos haciendo”, que Cage escribió en 1961 para ser leída en un colegio de Nueva York, tomará una forma “libre”: presentada bajo el formato de cuatro textos simultáneos, con las voces jugando a manera de contrapunto, simultáneamente, individualmente, tal cual un formato de cámara, interpretado por Acosta R., Mariano Losi, Adriana de los Santos y Virgili.
La performance escénico-musical para 12 bocinas de 12 autos se dividirá en cuatro secciones: “Para doce automóviles”, de Mariano Losi; “Titilar de luciérnagas metálicas con ilusión de heraldo” (para doce autos en círculo), de Antonio Zimmerman; “Doce” de Rodolfo Acosta R.; y “Bocinata ficta”, de Sebastián Bauer. Esto es: doce autos en círculo, cuatro compositores, y una proclama que interroga al espacio público desde adentro. Será en Playa Grande, el día del cierre del Festival.
Antes, el miércoles, en la Plaza del Agua, se interpretará “Acción fugitiva para 111 bicicletas”, , de Kagel: una propuesta donde 111 ciclistas prepararon sus rodados con timbres o cornetas de modo tal que entre todos compongan una masa sonora inédita, basada en la sonata para piano número 32 en do menor opus 111 de Ludwig van Beethoven. La dirección será del colombiano Rodolfo Acosta Restrepo, y su asistente, Daniel Leguizamón.
Lux Lindner presentará “cAGE aGAINST THE machine” (catamac) como una producción del departamento de Artes Espaciotemporales del COMARGIN (Comisariado de la Argentinidad Inmanente) y la excusa, según el performer, “es John Cage, un fenómeno americano. Un Satie que se encuentra con Walt Whitman”. Lindner dice que “con catmac aspiramos a una obra autorregulada, sin fisuras, hermética, neomoderna y sin humor, finamente posdramática. La estructura no es evidente; es más como un árbol de ideas subordinado a ciertos factores de orden azaroso. Comprende un entramado de códigos de diferentes lenguajes que interaccionan: música, danza, dibujos, proyecciones audiovisuales, fragmentos de textos de Cage, Eric Satie, Marcel Duchamp y Federico Peralta Ramos.
El jueves habrá una conferencia de Rafael Cippolini, “Una modestia animal: lección narrativa en un acto y medio; Raúl Manrupe disertará sobre animación argentina. El viernes, Rodolfo Acosta, Daniel Leguizamón, el Cuarteto Atemporáneo y Elsa Justel pondrán en acto un “Conversatorio: Cage hoy”; y el sábado, Lindner, Schvartz, Gabriel Valverde y Leguizamón hablaran sobre la actualidad de Cage. Ese sábado se esperan algunas sorpresas, como el resto de los días.
En rigor, Mar del Plata será intervenida por un grupo de artistas que manejan saberes, técnicas y discursos heterogéneos pero que sin consentir a los caprichos del mercado no hacen de su condena más que un acto irónico que les permite aprovechar sus posibilidades.

Fuente: Revista Ñ Clarín

CASAS DE SUBASTAS Y GALERÍAS
COMPITEN AHORA POR LAS OBRAS

Se desvanecen los límites tradicionales en el mundo del arte: Sotheby’s y Christie’s incursionan en la venta desde hace años. Pero hace poco ambas casas de subastas han inaugurado sus propias galerías de venta privada en sus sedes de Nueva York.

Por CAROL VOGEL - The New York Times

En el ala sur del segundo piso de Sotheby’s en Nueva York hay un espacio blanco que bien podría ser una galería de un barrio vanguardista. Este espacio inaugurado hace un año se llama S2 y es lo que los funcionarios de la casa de subastas llaman su "galería de exposición de ventas".
Una reciente mañana, Vladimir Restoin Roitfeld, de veintisiete años, se encontraba en medio del S2 y explicaba "Hue and Cry", la muestra de arte abstracto que organizó para el espacio.
A su alrededor había pinturas y esculturas tanto de nombres impuestos como de artistas más jóvenes. Los precios de los trabajos oscilan entre 20.000 y 500.000 dólares, dijo Roitfeld al hablar sobre una decena de trabajos que vendió.
Para preparar la muestra, Roitfeld visitó decenas de talleres de artistas y mantuvo reuniones con galeristas. "Nunca tuve un problema", explicó, cuando se le preguntó si alguno de los artistas había puesto reparos a exponer en una casa de subastas, el tipo de plataforma comercial que los artistas solían evitar.
Las convenciones tradicionales que alguna vez definieron el mundo del arte parecen haberse evaporado. Los gigantes de subastas Sotheby’s y Christie’s ahora dirigen galerías de arte internas y venden cada vez más arte de forma privada.
Las fundaciones también adoptan nuevos rumbos. La Fundación Andy Warhol para las Artes Visuales lleva años vendiendo sus trabajos de Warhol. Lo que queda se encuentra en manos de Christie’s para que se lo subaste. La Fundación Robert Rauschenberg utilizó un viejo depósito de Nueva York para presentar la muestra "We the People", que puede visitarse hasta el 9 de noviembre.
"Los límites tradicionales han cambiado en todos los ámbitos del mundo del arte", dijo William F. Ru-precht, el CEO de Sotheby’s.
"Nuestros clientes se desplazan mucho más. Además de viajar, también utilizan la Web".
En el mundo de los museos, ser un proveedor de información ha pasado a ser una prioridad, sobre todo en momentos en que los museos se convierten en editoriales online. El Metropolitan Museum of Art de Nueva York presentó hace poco MetPublications, un recurso que permite a los usuarios acceder a más de 600 catálogos, publicaciones y boletines del museo, que incluye unos 140 libros agotados.
Lo que sigue es una mirada a la forma en que se han desvanecido los límites en el mundo del arte.

Más allá del martillo

Las ventas privadas se han convertido en el sector de crecimiento más rápido del ámbito de las subastas. "Hasta hace poco, nos limitábamos a esperar que algo se subastara", dijo Marc Porter, presidente de Christie’s Américas.
Sotheby’s y Christie’s incursionan en la venta desde hace años. Pero hace poco ambas casas de subastas han inaugurado sus propias galerías de venta privada en sus sedes de Nueva York. Christie’s planea abrir otras en Londres y Hong Kong. Sotheby’s presenta muestras S2 en Los Angeles y Hong Kong. Funcionarios de Sotheby’s y Christie’s dicen que consideran el ámbito de ventas privadas como una extensión natural de su actividad central.

Galerías: no sólo ventas

"Retrospectiva" era antes una palabra que se asociaba con exposiciones de museos, pero también la usan las galerías comerciales.
Una muestra en las Acquavella Galleries de Nueva York llamada "Wayne Thiebaud: A Retrospective" (puede verse hasta fin de noviembre) presenta el trabajo del artista de noventa y un años. Hay imágenes de sus característicos chupetines y pasteles de crema.
También pueden verse pinturas, dibujos y grabados de la década de 1950 hasta el presente. Muchos trabajos proceden del taller del artista y de la familia, pero también hay préstamos de siete museos.
La muestra hace pensar en muchas otras exposiciones serias que se presentan en Nueva York y otros centros de arte como Londres y París. A diferencia de los museos, las galerías son más chicas y ágiles.

Museos: editoriales

Poco después de finalizada una muestra, por lo general su catálogo queda relegado a la tumba de los libros agotados. Por otra parte, como las colecciones permanentes de los museos crecen, tener información actualizada y detallada para ofrecer al público se ha vuelto imposible, por lo menos en la forma de una publicación impresa. Ahora los museos se convierten sus propias editoriales online.
El Metropolitan Museum of Art y otros museos pusieron online catálogos agotados, y materiales relacionados como reseñas, ilustraciones y publicaciones. El Museo del Condado de Los Angeles tiene en su sitio web un "salón de lectura" que pone a disposición de los visitantes libros agotados.
Michael Govan, director del museo, señaló: "En 2013 tendremos 20.000 imágenes de alta resolución online, todas gratis, de modo tal que cualquiera pueda usarlas para un trabajo académico o para ponerlas en una remera". 

Fuente: Revista Ñ Clarín

GIACOMETTI: LA OBSESIÓN DEL VACÍO

Desplegadas en cuatro salas de Proa, con un diseño de montaje impecable, más de 140 obras hablan de la relación que tenía con el espacio una de las grandes figuras del arte del siglo XX.



Por Ana Maria Battistozzi

Giacometti ha llegado a ser escultor porque tiene la obsesión del vacío”, escribió Sartre en Derriére le miroir en 1957. “Es escultor porque lleva su vacío a la manera que un caracol porta su caparazón, porque quiere darlo a conocer en todas sus facetas y dimensiones. Y tan pronto puede vérsele acomodado con ese destierro minúsculo que le acompaña permanentemente, como horrorizado ante él”….
Cuando Sartre escribió este ensayo ambos llevaban más de década y media compartiendo una reflexión desesperada que intentaba situarlos ante la realidad de la guerra primero y cuando ésta acabó los enfrentaba a lo que dejó. Una realidad habitada por seres que, como los de Giacometti, marchaban acompañados pero en profunda soledad. Sartre decía que Giacometti había expulsado todo lo que abundaba en los cuadros y esculturas. Aún así, para el escultor no era suficiente. No lo era para alcanzar la “verdad” imposible que perseguía en esas figuritas de límites espaciales imprecisos y vacíos enormes. “El hueco está en el centro de lo sólido y lo sólido se deshace en lo que ni siquiera es aire, en lo que es, simplemente, existencia”, interpretó Sartre con una agudeza imposible de replicar.
Diez años antes de su muerte en 1966, la obra de Giacometti había llegado así al momento esencial de todas las búsquedas que inició tempranamente en Suiza junto a su padre y su hermano Diego, dos figuras imprescindibles tanto en su formación como en su derrotero profesional. Presentar y reflejar la trayectoria de este artista es de algún modo hacer pie en los momentos más radicales del arte del siglo veinte. Es lo que la exhibición de Proa hace a través de 140 obras que vienen de la Fundación Alberto y Anette Giacometti en un despliegue infrecuente para estas geografías.
Especialmente seleccionado por la especialista en el artista, Véronique Wiesinger, para un recorrido latinoamericano que abarcó San Pablo y Río de Janeiro, el conjunto incluye pinturas, dibujos y esculturas, disciplinas absolutamente complementarias y necesarias en cada una de las búsquedas de Giacometti.
Todas ellas se desgranan en cuatro salas con un diseño de montaje impecable. Desde los primeros momentos en que la influencia de Cézanne y, sobre todo la del cubismo, es notable el deslumbramiento que le produjo el arte africano. Como bien observa Wiesinger le llega de manera tardía en los años 20 pero sin embargo contribuyó al giro absolutamente original que le imprimió a su obra. A este momento pertenecen piezas icónicas de esos años como La Pareja y Mujer cuchara, ambas de 1927.
Estas obras, que fueron presentadas en el Salón de las Tullerías y marcaron la primera aparición pública de real importancia en la trayectoria de Giacometti, ocupan un lugar de privilegio en el ingreso. La poderosa energía totémica de ambas preparan al visitante para las reflexiones que lo ocuparán y lo aproximarán al surrealismo y sobre todo, al pensamiento mágico que plasmará en una inédita representación de lo humano.
Vinculada a esta reflexión un sector se concentra en la cabeza, un tema que convirtió prácticamente en una obsesión. “No pienso en el interior de una persona ni en su personalidad”, confesó en una entrevista. “Es preciso representar lo que se ve y no lo que se siente”, expresó dando por tierra con cualquier carga subjetivista.
Así, su padre, su hermano Diego, su esposa Anette, pero también Simone de Beauvoir, Sartre e Isaku Yanaihara, el filósofo que tradujo a Sartre al japonés y fue uno de sus modelos favoritos, fueron víctimas de ese empeño. Sus bustos en bronce, yesos intervenidos en color y lápiz y pintura dan cuenta de esa ambición de objetivar en extremo a sus sujetos.
El paso por el surrealismo, que fue tan problemático como fructífero influyó en esculturas como la Boule suspendue (Bola suspendida), en la que Giacometti recurre por primera vez a la “jaula”, que le permite delimitar un espacio onírico de representación como el de la “Nariz” de 1947.
El espacio de la representación es sin duda otra de las cuestiones centrales en su obra y la relación de la figura con él es lo que lo define y le da escala. Sean esas diminutas figuras que caben en una caja de fósforos, las figuritas femeninas en un pedestal o los hombres que marchan. “Toda la escultura que parte del espacio como existente es falsa, el espacio es ilusión de espacio”, afirmó.
Otra de las cuestiones de gran interés que aporta esta exhibición, tiene que ver con los vínculos que Giacometti llegó a entablar en distintos momentos con coleccionistas argentinos. El primero surge no bien el visitante traspone la primera sala en la muestra de Proa a partir de Cabeza que mira. El delgado yeso de 1929, apenas intervenido por las leves marcas en lápiz que solía deslizar el artista en algunos de sus trabajos, perteneció a Elvira de Alvear. Esa pieza temprana y clave en el interés que despertó Giacometti en el París de los años veinte, fue adquirida por la entonces joven coleccionista argentina, en la Galería Jeanne Boucher. El dato –según consigna la investigadora italiana Braschi–fue registrado por el propio Giacometti en anotaciones personales a mediados de los años 30. Poeta y escritora, Elvira de Alvear, era sobrina de Carlos María de Alvear, a quien Bourdelle, maestro de Giacometti había realizado el monumento ecuestre que se encuentra en Recoleta. Braschi recuerda que a Giacometti le encantaba que uno de sus primeros coleccionistas fuera justamente descendiente de un prócer latinoamericano a quien su maestro le había dedicado un monumento. Elvira de Alvear era amiga de Borges y frecuentaba un destacado círculo se intelectuales latinoamericanos en París del que participaron Vicente Huidobro, Miguel Angel Asturias y Rafael Alberti entre otros. Muchos de ellos colaboraron con Imán, la revista que dirigió en 1931, sostenía económicamente y tenía como secretario de redacción a Alejo Carpentier. Entre sus colaboradores se contaban Xul Solar y Hans Arp, Robert Desnos y John Dos Passos, algunos de los notables que hicieron de París una fiesta. Pero el grupo estaba vinculado también a Michel Leiris y Georges Bataille, promotores de Documents, la revista que en 1929 publicó el primer artículo sobre Giacometti en Francia. Ese año la crisis económica eclipsó la rutilante estadía parisina de Elvira de Alvear y la obligó a regresar a la Argentina.
Pero no se interrumpieron allí los vínculos de Giacometti con el coleccionismo argentino. Un nuevo capítulo giró alrededor de Jean-Michel Frank, decorador de moda. Durante años Giacometti realizó muebles y objetos de decoración para él. En tanto Frank, a su vez, entabló una relación comercial con los hermanos Ignacio y Ricardo Pirovano a través de Comte, la sociedad que importaba el exquisito mobiliario modernista europeo que se puso de moda entre las elites porteñas entre los años 30 y 40. Por esa vía indirecta Giacometti volvió a vincularse con Argentina. Y así sus piezas de diseño ingresaron a varias colecciones locales, como las de Murature, Alejandro Santamarina y sobre todo la de Jorge Born y Matilde Born para cuya casa de San Isidro diseñó especialmente las bellas chimeneas, luminarias y ménsulas, que se exhiben en esta exposición.

FICHA
Alberto Giacometti

Lugar: Fundación Proa (Av. Pedro de Mendoza 1929).
Fecha: hasta el 9 de enero.
Horario: martes a domingos, 11 a 19.
Entrada: $12.


Fuente texto: Revista Ñ Clarín


ENCONTRARON UNAS CERÁMICAS DE PICASSO
PERDIDAS 40 AÑOS

Las había donado el Partido Comunista Francés a un museo de una ex república soviética.
Unas cerámicas de Picasso que habían caído en el olvido fueron halladas de casualidad en las reservas del museo de arte de Tashkent, en Uzbekistán, unos 40 años después de haber sido donadas a esta ex república soviética de Asia central por el Partido Comunista Francés.
"Estábamos en busca de porcelanas rusas en las reservas para instalarlas en la sala consagrada a la Vanguardia rusa. Y de repente dimos con estas cerámicas de Picasso", relató una de las organizadoras de la exposición, Gulchehra Ajunova.
La colección se expondrá hasta enero y comprende platos de postre, bandejas decorativas y jarras en los que están representados los motivos preferidos del célebre pintor, entre ellos una paloma, el rostro de una mujer y la cabeza de un toro.
Pablo Picasso se había lanzado a la cerámica en los años 40 y creó centenares de objetos en el taller Madoura, en Vallauris (sur de Francia). Estas piezas las donó Nadia Leger --la mujer del célebre pintor francés y amigo de Picasso Fernand Léger-- en nombre del Instituto Maurice Thorez del Partido Comunista francés.

AFP

Fuente:Revista Ñ Clarín

BUENOS AIRES, ESTALLADA DE COLOR
EN EL "MAPA MENTAL " DE UN ALEMÁN

Desde hoy se puede admirar la gigantesca obra. Además, abre una exhibición de arte experimental argentino.

Artista y obra. Ackermann delante de su “Walking South”, acrílico sobre madera y fotos, 5.90 x 42 m./MARIO QUINTEROS.
Por Mercedes Pérez Bergliaffa

El Faena Arts Center explota de color. Porque desde hoy se muestra allí una pintura gigante, gigante, del reconocido alemán Franz Ackermann. Es, en realidad, la pintura más grande que hizo en toda su vida. De unos 260 metros cuadrados, construida con 21 paneles, el gran mural sobre tela es el resultado de lo que vio el artista a lo largo de varios recorridos por Buenos Aires, “con sol, con lluvia, en buenas y malas calles”, contará Ackermann después. Famoso por realizar “mapas mentales” de las ciudades que visita, el pintor mezcla un poco de todo, en sus obras: líneas “como cables sueltos”, formas abstractas –orgánicas, blandas, y geométricas, duras–, fotografías blanco y negro con vistas de los barrios de Once, Flores, La Boca, Palermo (pero vistas de ómnibus abandonados, bajadas de autopistas, carteles de negocios medio derruidos, y toda una serie de cosas que a algunos artistas del “Primer Mundo” les llama siempre la atención como objetos plástico- visuales: los ven como si fueran esculturas o intervenciones urbanas...). Sobre todo, en medio de esa gran extensión de 42 metros de largo que es el mural, hay esa especie de núcleo, “una pupila, lo llamo yo”, explica Ackermann, “que divide al mural en dos. Si no estuviera, uno entraría en la sala y vería esta pintura grande, pero se perdería, no sabría por dónde empezar a mirarla. En cambio, con esto, la gente se acerca al núcleo, mira los detalles, lo mira de cerca. Si no estuviera esta pupila central, observarían el mural sólo de lejos, como quien observa la Torre de Pisa o la Torre Eiffel”.
Si bien el pintor insiste en que su gran mural “es como una película, como un túnel, que hay que mirarlo, recorrerlo de izquierda a derecha, comienza por unos cables sueltos en el panel izquierdo y termina con otros cables sueltos en el panel de la derecha”, en realidad, cuando uno entra en las salas del Faena, el color que tiene la obra por todos lados es tal, que inmediatamente nos fagocita. Si usted va a verlo le va a pasar eso, que el color lo va a llamar mucho, muy fuertemente. Entonces usted va a acercarse –irremediablamente– a la obra, y va a empezar a mirarla por varios costados. ¿Pero por qué pasa esto? ¿Cómo una pintura puede tener varios principios y finales? Porque aunque Ackermann insista en contar una y otra vez lo que el mural narra –el tema– de manera lineal, en realidad, quien más nos está diciendo en esta obra es el color. El es uno de los verdaderos ejes rectores de la cosa.
Usted habló acerca del tema del mural, pero cuando lo vi sentí que tiene una fuerte relación, casi física, con el color. ¿Es así?
–Sí, el color es la parte más fuerte de este trabajo. Te voy a contar una cosa: Hay una pintura de Barnett Newman –un pintor abstracto de los años 50, que trabajaba con pinturas en las que realizaba “campos de color”–, que se llama Quién le teme al rojo, al amarillo y al azul . Cuando Newman la hizo, quiso decir con eso que no sólo la arquitectura podía ser una cosa física, sino que el color también, y mucho. Empezó a hacer enormes pinturas basadas en esa situación, pero teniendo en cuenta que el color puede ser físico y espacial a la vez. Pensando en todo eso, decidí pintar este mural, que no es sólo narrativo, sino que es también un momento ambivalente respecto a la arquitectura que lo contiene.” Comenzado en agosto de este año en Berlín –ciudad donde Ackermann vive–, y terminado luego durante dos viajes que hizo a Buenos Aires para pintarlo, el artista trabajó con dos ayudantes que vinieron con él desde Alemania más otros siete argentinos. “En realidad siempre que viajo estoy pintando, pero regularmente lo hago en cuartos de hoteles, en tamaños muy chicos y con acuarelas”, explica Ackermann. “Ese tipo de pintura es muy, muy flexible, la puedo hacer en cualquier lugar. En cambio, en el caso de esta enorme pintura, primero tuve que ver la pared; y ella me estaba esperando.” Ackermann la mira de arriba a abajo, vestido de overall. “La próxima”, dice, “me alquilo un coche y me voy a recorrer la Patagonia con mi cuaderno de bocetos. Ahí voy a pintar mis pinturas flexibles. Mis mapas mentales”, sonríe. Y uno, mirándolo, le cree.

Artistas creando: una muestra experimental


A la par de la exposición del mural de Ackermann, en la planta baja del Faena Arts Center se presentan las obras de un grupo de artistas argentinos, jóvenes y de mediana edad. Ellos estuvieron trabajando durante los últimos tres meses en el espacio de LEA, el Laboratorio de Experimentación Artística que funciona dentro del mismo centro de arte, pero en otro piso. El resultado de esos meses de taller son estos trabajos que se exponen ahora: esculturas hechas con trozos de botellas de vidrio, latas llenas de cemento; videos filmados en los espacios del Faena hotel; intervenciones de arena mezclada con cola, esparcidas por el suelo; instalaciones donde el color y la textura de la mezcla de plastilinas reina.
Si usted va, observe estos trabajos como experimentos, procesos o pruebas que estos artistas están haciendo, quizás no como un punto de llegada. Y no deje de ver las obras de Luis Terán, Irina Kirchuk, Adriana Minolitti, Ernesto Ballesteros y Lucrecia Liontti.

Fuente: clarin.com

DESCUBIERTO EN BULGARIA UN TESORO
DE UNA TRIBU TRACIA CON OBJETOS DE ORO.


Un cofre con objetos de oro de finales del siglo IV o principios del III antes de Cristo fue descubierto en el noreste de Bulgaria, anunció este jueves la responsable de la expedición arqueológica Diana Guergova a la AFP.

Por Bgnes

Un cofre con objetos de oro de finales del siglo IV o principios del III antes de Cristo fue descubierto en el noreste de Bulgaria, anunció este jueves la responsable de la expedición arqueológica, Diana Guergova, a la AFP.
"Un pequeño cofre de madera descubierto en una capa superior del túmulo de Omourtag (en el noreste de Bulgaria) contiene huesos quemados y exquisitas ofrendas de oro que fueron envueltas en una tela de hilos de oro", explicó Diana Guergova.
Una diadema con cabezas de leones y animales fantásticos, pulseras, un anillo con un relieve de Eros, el dios griego del amor y de la fuerza creadora y adornos de riendas de caballo forman parte de este tesoro de los Getas, una de las tribus tracias que habitaba en el sureste de Europa del segundo milenio antes de Cristo hasta el siglo III después de Cristo, añadió.
"El tesoro se encuentra en el túmulo más alto, lo que marca el apogeo de la cultura de los Getas", quienes vivían a ambos lados del Danubio.
Este túmulo forma parte de la misma necrópolis que alberga la tumba de Svechtari (noreste), del siglo III antes de Cristo, descubierto en 1982 y que forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO, precisó.
Guergova ya descubrió entre 1992 y 1996 en este mismo túmulo una tumba con columnas dóricas o el esqueleto de un caballo enterrado en el marco de unos funerales getas. Sin embargo, las excavaciones fueron interrumpidas por falta de fondos. La arqueóloga está convencida de que la tumba de un rey tracio será descubierta en este túmulo durante próximas investigaciones.
"Nuestro hallazgo ilustra el esplendor de este enclave de los Getas, una tribu que, con sus ideas sobre la inmortalidad del alma, influyó a tribus de Europa Occidental como los Celtas". Varias tribus celtas dejaron huellas de su paso por el sureste de Europa, especialmente objetos de cerámica, precisó Guergova.

Fuente: AFP

AFIRMAN QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO
MARCÓ EL FIN DE LA CIVILIZACIÓN MAYA


Un equipo de la Universidad de Pennsylvania descubrió que un prolongado período de sequías, entre los años 1020 y 1100, golpeó a la evolucionada cultura centroamericana.

Continuos períodos de sequía debilitaron y finalmente provocaron la desaparición de la cultura maya, según apuntan los descubrimientos de un grupo internacional de investigadores presentados en la revista científica estadounidense Science.
Los descubrimientos, cuando falta poco más de un mes para el 12 de diciembre, fecha que según interpretan algunos estudiosos de las predicciones mayas supondría el "fin del mundo", se basan en datos detallados sobre las precipitaciones entre los años 300 y 1100 d.C. fundamentados en un análisis de las calcificaciones de las cuevas de estalactitas y estalagmitas de América Central.
El equipo de científicos, dirigido por Douglas Kennett, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, estudió las estalagmitas de la cueva de Yok Balum, en Belice, donde floreció la civilización maya hace más de un milenio.
La investigación de Kennett se centró en los isótopos, átomos de un mismo elemento cuyos núcleos difieren en masa. La concentración de los diferentes isótopos de oxígeno en los sedimentos permite deducir de forma detallada la cantidad de lluvia caída. Al mismo tiempo, la antigüedad de los depósitos de sedimentos se determinó gracias a otros isótopos.
Los científicos compararon el calendario de lluvias obtenido con los estados de la cultura maya conocidos a través de sus múltiples escritos. A partir de esa comparación, los investigadores pudieron establecer un patrón claro para la época traducida entre el año 300 y el 1100. Entre los años 400 y 660, los mayas vivieron un período de gran expansión, con construcción de ciudades y bienestar general, que coincide con épocas de lluvias copiosas.

Menos producción

Sin embargo, le siguió un período de sequías recurrentes, durante el cual disminuyó la producción agraria. Como consecuencia de este cambio climático se produjeron una caída del poder central, la división en diferentes comunidades y el inexorable declive político y social general.
El final definitivo de la evolucionada cultura maya coincidió con dos períodos de especial sequía, en los años 1020 y 1100, que golpearon duramente la ya afectada y dividida sociedad y condujeron a su extinción definitiva.
"Los efectos del cambio climático son complejos y transcurren en diferentes escalas temporales. Los cambios bruscos del clima son seguramente sólo una parte de la historia", subrayó Kennet en un comunicado.
Este nuevo análisis ofrece los datos más precisos de precipitaciones en el período maya. Sin embargo, desde hace tiempo ya se suponía que una serie de períodos de sequía podía haber sido la causa del hundimiento de la cultura maya.

Agencias DPA y AP .

Fuente: lanacion.com

LEÓN FERRARI, ARTISTA DE CULTO


Recibirá el martes próximo el premio Konex de Brillante, que comparte con César Pelli


León Ferrari

Por Victoria Noorthoorn / Para LA NACIÓN


Los artistas con mayúscula suelen exhibir ciertas virtudes: claridad, humildad, solidez y urgencia. Claridad de intenciones; la humildad de que su propuesta sea sólo una de las vías posibles para alcanzar tal objetivo; solidez de una situación de enunciación avalada por cientos de investigaciones y urgencia de que las obras sean plenamente necesarias. Es el caso de León Ferrari, elegido por el curador Robert Storr para la entrada a su Arsenale en la 52a Bienal de Venecia (2007). En ese momento, trabajamos arduamente y contrarreloj con Robert y León para seleccionar obras de la prolífica producción del artista: a los collages y dibujos de sus series Heliografías (1980-82), Nunca Más (1994-2004), L'Osservatore Romano (2001) y Relecturas de la Biblia (2000-2004), León propuso sumar sus recientes esculturas en poliuretano, reminiscentes tanto de la bomba atómica como de seres desfigurados que enmarcarían la pieza principal: La civilización occidental y cristiana (1965), creada en plena guerra de Vietnam y respecto de la cual Ferrari escribió palabras de escalofriante actualidad: "Quitar la crítica del arte es cortarle su brazo derecho, limitar la crítica a lo que no sea acre o corrosivo es ahogarla con azúcar", y "lo que pretendo con esas piezas es, como dice el cronista, 'enjuiciar nada menos que a la civilización occidental y cristiana'. Porque creo que nuestra civilización está alcanzando el más refinado grado de barbarie que registra la historia". La Sala Ferrari causó impacto en el jurado internacional que le otorgó el León de Oro, galardón máximo del arte. Al premio siguieron cientos de notas periodísticas que reconocían la importancia de un artista que denunció abusos políticos y religiosos, así como atropellos a la libertad de expresión y sobre la figura del artista. León siempre cuestionó el status quo; siempre reclamó la autocrítica política, religiosa, social y cultural. Hoy, más que nunca, como en 2007 y ante el nuevo premio Konex de Brillante, es momento de escucharlo y de aplaudirlo.

Fuente texto: ADN Cultura La Nación