CÉSAR PELLI, BRILLANTE



Formado en la Universidad Nacional de Tucumán, desarrolló su carrera en Estados Unidos, fue decano de Arquitectura en la Universidad de Yale y proyectó edificios en Kuala Lumpur,Tokio, Bilbao y Buenos Aires, donde recibirá el Konex de Brillantes



Todo lo demás parecería que le salió increíblemente fácil. Su estudio fue nombrado uno de los diez más influyentes de Estados Unidos; ganó todo tipo de concursos y premios internacionales; fue decano de arquitectura de la Universidad de Yale, uno de cuyos edificios más emblemáticos puede ver por su ventana. En la cercana Manhattan, a sólo dos horas de tren, tiene una enorme base de operaciones conectada con el planeta y es de los poquísimos que reciben el mote de "señor rascacielos". ¿Cómo lo hizo? Pocos días antes de volar a Buenos Aires para recibir el Premio Konex de Brillante le contó a adncultura su historia.
-¿Era el típico niño que ya desde pequeño hacía las torres más altas con bloques en el jardín de infantes y del que todos decían "ése va a ser arquitecto"?
-Creo que ésos son cuentos que se inventan después. Yo nací en Tucumán, me crié en Tucumán, me hice arquitecto en Tucumán y no sabía qué iba a estudiar. Mi madre era una educadora de profesión que tenía la idea muy de avanzada de poner a los niños desde muy jovencitos en la escuela, así que yo hice primaria, secundaria y la universidad con dos o tres años menos que mis compañeros. No me daba cuenta entonces, pero eso significó que los varones no me querían en su equipo de fútbol y que las chicas no me prestaban la menor atención. Pero también significó que, a los 16 años, yo ya estaba para entrar en la universidad, y, aunque no tenía ninguna idea concreta, me animé a probar con arquitectura, que era una carrera muy nueva en Tucumán, sabiendo que si me equivocaba no importaba perder un año.

 
Una clásica imagen del arquitecto que triunfa en el mundo y extraña el calor tucumano. Foto: Daniel Pessah


-¿La arquitectura lo sedujo enseguida?
-En la facultad enseñaban con un concepto muy antiguo, heredado de la École des Beaux-Arts: aprendíamos a usar tinta china, estirar las láminas y hacer órdenes clásicos. Yo lo hacía muy bien pero no tenía ni idea de para qué iba a servir. Pero al fin del primer año vinieron dos jovencitos de Buenos Aires como profesores y las cosas empezaron a cambiar. Me hicieron analizar un edificio de Frank Lloyd Wright en vez de un palacio renacentista y tuve que diseñar una parada de ómnibus en vez de una tumba o una urna. Ahí me empezó a entusiasmar la cosa, porque veía que combinaba el arte con el sentido social.
-¿Pudo empezar a construir en cuanto se recibió?
-Después de que me recibí tuve un par de obritas muy chicas. El primer edificio construido fue una casa de vacaciones para mis futuros suegros.
-Si luego le entregaron a la hija, supongo que quedó bien.
-Quedó preciosa y, sobre todo, fue baratísima. Ellos habían comprado un terreno con los cimientos de una escuelita, y los usé para abaratar costos, quedó bien, cuadrada y muy simpática; en Campo Quijano, Salta.
-¿Y viviendas más masivas?
-Empecé a enseñar en la facultad, mientras trabajaba en una organización creada por el gobierno de Perón. Me pusieron a cargo de la construcción de viviendas sociales. Hasta entonces, lo que se hacía eran conjuntos de casitas californianas en lo que se llamaba un "barrio jardín", pero terminaban siendo para gente de clase media que tenía contactos, así que pensé: "Los voy a jorobar", y a propósito, diseñé edificios sobrios muy utilitarios, de un solo piso extendido, como usa la gente en el campo. Nunca vi la obra construida hasta este año, en uno de mis últimos viajes fui a Tucumán y fue emocionante encontrar que allí seguían? ¡pero las habían arreglado muy bonitas, con flores, y con mamparas para armar compartimentos!
-¿Cómo fue que tomó la decisión de iniciar una carrera en Estados Unidos?
-Fue raro y nada fácil. Llegué con una beca de 95 dólares por mes a la Universidad de Illinois, teníamos una habitación en una casa compartida con varias parejas ¡y mi señora embarazada! Así que tuve que trabajar de bibliotecario nocturno y otras cosas, hasta que un profesor de la escuela de posgrado de arquitectura me consiguió trabajo en el estudio de Eero Saarinen, a dos dólares con cincuenta la hora. Naturalmente acepté y estuve en el estudio de Saarinen diez años. Luego fui director de Diseño en un estudio de ingeniería en Los Ángeles, donde diseñé obras que se publicaron mucho y de allí pasé al estudio de Victor Gruen, por primera vez como socio y no como empleado. Diseñé la embajada estadounidense en Japón y un edificio muy popular llamado la Ballena Azul. Para entonces ya era conocido. Philip Johnson me ofreció proponerme como decano de Arquitectura en Harvard, pero le dije que no me interesaba.

El Carnival Center en Miami, Florida, un edficio waterfront consagrado a las artes visuales y escénicas. Foto: Gentileza Estudio Pelli.
-¿Por qué?
-No me gustó nada el sistema, nada. En Harvard, a diferencia de Yale donde el puesto es para una sola persona, hay una división entre el decano y el chairman ; uno se ocupa de la parte académica y otro, del dinero, con el resultado, previsible, de que quien se ocupa de la parte académica no tiene poder "real". Además, cada escuela se vale por sí sola, mientras que en Yale siempre esta la "Madre Yale" que viene a rescatarte. Por suerte, parece que en Yale se enteraron de mi manera de pensar y me ofrecieron ser decano aquí. Me mudé aquí dispuesto a hacer vida académica.
-¿No fue así?
-Duró poco. A los dos meses de decanato, me convocaron para ampliar y renovar nada menos que el MoMA de las calle 53 entre la Quinta Avenida y la Sexta, algo que todavía no puedo creer, porque no es que yo no tuviera estudio, ¡no tenía ni un tablero! Mi señora consiguió este lugar, llamé a un muy joven arquitecto de apellido Clarke, hoy mi socio, que estaba en la Universidad de Rice, y empezamos de la nada.
-A propósito del MoMA, ¿qué opina de la reciente ampliación de Taniguchi?
-No quiero criticarlos porque les debo tanto, pero me parece que no fue lo mejor que se podría haber hecho. Eran épocas distintas. Ahora había mucho dinero y querían algo muy vistoso y grandilocuente. Cuando vinieron a mí era porque estaban al borde de la quiebra y querían algo lindo, decente y barato.
-¡Como lo de sus suegros!

 
La Torre Iberdrola, en Bilbao, es el fondo inesperado del paisaje decimonónico. Foto: Estudio Pelli
-Parecido, salvo que mis suegros me dejaron que hiciera lo que yo quería, éstos no?
-¿Le duele en el alma que hayan "tocado" su proyecto?
-No, porque gracias a ese cliente tengo mi estudio, me dio un gran empujón y la torre del museo que diseñé quedó como un marcador contra el cielo que recuerda mi paso por allí.
-Tuvo el gran privilegio de diseñar en el World Financial Center el conjunto de edificios que escoltaban a las Torres Gemelas, ¿Qué opina del proyecto para el Ground Zero ?
-Ahhhhh. El monumento es lindo, me gusta, pero todo lo que lo rodea ha sido afectado por demasiada política y apuro.
-Hablando de rascacielos, ¿Cuál fue la clave para que le dieran el diseño de las Torres Petronas?
-En las bases del concurso pidieron que los edificios fueran "bien malayos". Cuando pregunté y pedí más detalles, ni los desarrolladores inmobiliarios mismos sabían qué querían expresar con esta sugerencia. Se trataba de un país que no conocíamos, lejano y distinto. Por suerte había estudiado mucho arte islámico e interpreté que no querían unas torres que pudieran estar en Chicago o Fráncfort, sino que tuvieran sensibilidad para los habitantes de Kuala Lumpur, algo así como un símbolo, una obra icónica. Y lo fue. Muchos años después me enteré de que los demás no habían prestado atención a este requerimiento, que obviamente resultó ser decisivo.
-¿En qué lo cambió la fama y el dinero ?
-No creo que lo poco de fama que tengo me haya cambiado para nada. No tengo preocupaciones monetarias, pero no soy rico.
-¿Cuáles son los arquitectos y obras que más admira?
-Muchos. Desde los arquitectos de Hagia Sofía, la Catedral de Chartres, el patio de Ry?an-ji, pasando por Frank Lloyd Wright, Le Corbusier, Mies van der Rohe hasta Frank Gehry y Saana.

 
En Puerto Madero, con un perfil inconfundible se levanta la torre proyectada para YPF. Foto: DyN
-¿Y qué tal le resulta trabajar en la Argentina?
-Fantástico, me encanta. Acabamos de terminar un master plan precioso para el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, en un terreno con árboles centenarios y edificios que servían para la cuarentena de los caballos, gallinas, pescados? Ojalá se construya. Por lo menos el master plan fue muy bien recibido.
-Ahora viaja a Buenos Aires para recibir el premio Konex de Brillante, y ha proyectado para la ciudad tres edificios emblemáticos en ubicaciones estratégicas. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero en su caso?
-No lo creo. Después de todo, ¡no tengo ninguna obra en Tucumán!

CONQUISTAR LAS ALTURAS SIN FRONTERAS

  • Torres Petronas en Kuala Lumpur,Malasia
  • Torre de Cristal, Madrid
  • Torre Iberdrola, Bilbao
  • World Financial Center, Nueva York
  • Torre Repsol YPF,  Buenos Aires
  • Embajada de Estados Unidos, Tokio
  • Torre República, Buenos Aires
  • Torre Bank Boston, Buenos Aires
  • International Finance Centre, Hong Kong
  • Ampliación del MoMA, Nueva York
  • Centro de Artes Dramáticas, Charlotte

    Maestro a distancia

    Por Graciela Melgarejo / LA NACIÓN


    No ha dejado nunca de estar presente en ninguna de las trece bienales internacionales de arquitectura de la Ciudad de Buenos Aires, esa creación de Jorge Glusberg que se transformó en una cita de honor para los arquitectos y estudiantes de arquitectura argentinos de todas las edades. Vino para mostrar aquellas obras que a lo largo de su trayectoria fueron para él un desafío, porque con su mensaje quiso "llegar a los más jóvenes". Por eso, sigue siendo emocionante recordarlo, rodeado de estudiantes profesionales muy jóvenes, en la fotografía de tapa del suplemento de Arquitectura de La Nacion, hacia fines de la década de 1990. Poco antes había inaugurado su primera obra porteña, el edificio República.
    Egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán en 1948 -de ella ha dicho: "Por aquellos años (del 44 al 50) era con Harvard la mejor escuela de arquitectura del mundo"-, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Yale, Estados Unidos, entre 1977 y 1984, Pelli nunca ha dejado de hacer docencia, aun a la distancia. Por ejemplo, cuando se le pregunta por su "estilo", contesta con firmeza: "Yo comenzaría por hacer notar que he evitado un estilo propio. Esto me permite comenzar todo nuevo trabajo libre de prejuicios y abierto a nuevas posibilidades. Entonces diseño para el lugar con sus características físicas, su clima, su cultura, su historia. También diseño para la gente que usará mi edificio. Mis intenciones estéticas se enriquecen en el proceso. Sin duda, esto requiere un esfuerzo, pero creo que vale la pena". Y ésta es la respuesta del creador de las Torres Petronas, en Kuala Lumpur, Malasia, que de 1998 a 2003 fueron las más altas del mundo (452 metros), y que muestran una armoniosa fusión entre modernidad y tradición.
    Aunque por derecho propio ocupa un lugar de privilegio entre los arquitectos top ten del mundo, Pelli siempre rescata el mismo concepto: "Mi trabajo es fruto de un equipo, un conjunto de cien colaboradores que hace años que se mantiene conmigo, y que comparte criterios y la misma escala de valores".
    La idea de que la arquitectura es más importante que el arquitecto y que "el arquitecto es un proveedor de servicios: un servicio refinado, artístico, pero un servicio a la sociedad" no sólo sustenta todo su trabajo, sino que también se remonta a la esencia misma de la profesión, esa que nació como un oficio para ser transmitido de maestros a aprendices. Lo que César Pelli sigue haciendo, afortunadamente.

    El otro César

    Por Ignacio Dahl Rocha / Para LA NACIÓN


    En una helada madrugada del invierno de 1983 caminábamos con Jacques Richter, mi actual socio en Suiza, desde nuestras residencias de estudiantes hacia el edificio de arte y arquitectura de la Universidad de Yale, donde cursábamos nuestras maestrías. Nos detuvimos unos minutos en la cafetería del Yale Center for British Art, la última y más sublime obra de Louis Kahn, para tomar un café antes de entrar en la escuela. Como es habitual entre estudiantes de arquitectura, habíamos pasado una noche en vela. No era la primera ni sería la última, pero ésta era una ocasión especial. Aún no habíamos terminado el trabajo de la noche anterior, pero decidimos interrumpirlo porque nos esperaba "Caesar" en su oficina de decano de Arquitectura.
    Respondiendo al pedido de un grupo de estudiantes, César Pelli, además del curso regular de proyecto que dictaba, había accedido, durante ese semestre, a darnos un curso especial de teoría de la arquitectura en su despacho. Dedicó esa mañana, como todas las que seguirían, a compartir sus experiencias con nosotros. Nos escuchaba y nos guiaba con toda su inteligencia y paternal generosidad. Hacia el final de la reunión César, que no había hecho ningún comentario al respecto hasta ese momento, nos pidió que no despertáramos al "pobre Jacques", que para entonces, y a pesar de los enormes esfuerzos por evitarlo, había sido vencido por el sueño y descansaba en los confortables sillones del decanato.
    Cuento esta anécdota, aparentemente trivial, porque pinta esa imagen tan grata que tengo de César Pelli. Es el complemento necesario de la imagen de la "estrella" que desde entonces, y cada vez con mayor intensidad, ha irradiado su talento y energía en el universo de la arquitectura internacional. La imagen de la humildad y generosidad del maestro que transmite su pasión a las nuevas generaciones.
    En un momento en que la arquitectura está llamada a reorientar su camino revalorizando su misión fundamental como servicio a la sociedad, la trayectoria de Pelli nos ofrece un modelo ejemplar de arquitecto que, habiendo alcanzado la excelencia y el reconocimiento profesional, no ha cesado de explorar y compartir la disciplina como hecho de cultura y como pasión personal. Hoy, junto al cariño y la admiración que le profesamos, somos muchos los que compartimos con César el destino de haber encontrado nuestro camino profesional fuera de la Argentina. Él ha sido el pionero más notorio. Celebramos este Konex tan merecido y esperado, que se puede interpretar, además, como una manera de incorporar el trabajo de los argentinos en el exterior a nuestro patrimonio cultural.

    Fuente: ADN Cultura La Nación

UN ESTILO FRESCO, COMERCIAL E INCONFUNDIBLE


La primera gran retrospectiva de la obra de Roy Lichtenstein, ícono del Pop Art, desde su muerte en 1997, se presenta en la National Gallery of Art en Washington, DC.


Como un gimnasta campeón que perfecciona su rutina ganadora, Roy Lichtenstein desarrolló un estilo artístico diestro y firme, basado más en la agilidad que en la maña y, aunque en una gama reducida, fue capaz de variaciones y derivaciones sorprendentes.
No es arte grandioso, pero sí inteligente; es frío y seco pero accesible. Conocedores y no conocedores lo disfrutan por igual, y por algunas de las mismas razones. Y también incide el factor reconocimiento: muy alto. Quien tropezó alguna vez con su obra la reconocería en cualquier parte.
"Roy Lichtenstein: A Retrospective", una exposición itinerante en la National Gallery of Art en Washington, D.C., hasta el 13 de enero, es la primera retrospectiva importante de su obra desde su muerte, a los 73 años, en 1997. Es una muestra grande y tiene algunos puntos flojos, pero en líneas generales se recorre bien. No hay muchas etiquetas que obliguen a detenerse.
Más importante aún, las imágenes de Lichtenstein presentadas en grande, con sus dibujos de puntos Ben-Day, sus contornos gruesos en negro, y sus colores planos y brillantes, son casi ergonómicamente cómodas para el ojo.
Nacido en Nueva York, donde también creció, Lichtenstein se volcó al arte desde un principio. Después de prestar servicio durante tres años en el Ejército en la Segunda Guerra Mundial, obtuvo una licenciatura en Bellas Artes de la Universidad de Ohio. Como casi todos, empezó produciendo trabajos cargados de pintura. Hacia 1960 sintió, no obstante, que esa forma entorpecía su estilo. Encontró una opción: se puso a pintar historietas.
El primer ejemplo, "Look Mickey", de 1961, es lo primero que se ve: una imagen del pato Donald y el ratón Mickey adaptada de un libro para niños de Disney. 
Continuó avanzando en esta nueva dirección. Recortaba ilustraciones comunes de diarios, tiras cómicas y avisos; y las pintaba. En los cuadros, disponía las imágenes sobre planos de puntos Ben-Day para sugerir la apariencia de la impresión comercial barata, creando inicialmente los estampados con un cepillo de aseo para perros sumergido en pintura.
Lo que estaba haciendo era, por supuesto, Pop Art. No lo inventó, pero enseguida fue identificado como uno de sus exponentes categóricos, y su carrera despegó. En 1961, a través de un colega artista, conoció al marchand Leo Castelli, que aceptó representarlo y de inmediato lo sumó a una muestra grupal de otras estrellas en ascenso, como Jasper Johns, Robert Rauschenberg y Frank Stella. Andy Warhol se incorporaría pronto al equipo.
La primera muestra trabajando en series temáticas, realizando varias a la vez, individual de Lichtenstein con Castelli, en 1962, se agotó antes de la inauguración. Estaba claramente al comienzo de una carrera vertiginosa, aunque él la vivía en gran medida desde la perspectiva de su estudio, donde pasaba la mayor parte de su tiempo, refinando y ajustando los aspectos formales de su trabajo y ampliando criteriosamente su repertorio de temas. Empezó a sentirse cómodo A comienzos de los años 1960, pasó del color al blanco y negro.
También incursionó en un género romántico producido por DC Comics, del que adaptó una línea de imágenes en primer plano de mujeres jóvenes apesadumbradas.
"Drowning Girl" de 1963 es una de sus pinturas más famosas.
A esa altura también generó desaprobación. Su obra recibió críticas por ser superficial, nostálgica, poco crítica, conservadora.
Como respuesta, podría haber señalado otra de sus series derivadas de DC Comics, formada en este caso por cuadros tamaño cartel que mostraban batallas de aviones de combate, y relieves murales dentados en forma de bombas haciendo explosión. Colgados del piso al techo, conforman la instalación más dinámica de la muestra.
Y aunque tal vez no sean exactamente "arte político", tampoco se leen como bromas del Pop.
Lichtenstein era inflexible en cuanto a mantener el contenido personal al margen de su obra. Es indudable, empero, que en algún nivel, esta serie, aun no siendo una respuesta a la Guerra de Vietnam, refleja su propia experiencia de la Segunda Guerra Mundial y la amenaza de la catástrofe nuclear que obsesionó a Estados Unidos en los años posteriores a la guerra.
Hacia mediados de los sesenta, el Pop Art, después de su breve momento enfático, ya comenzaba a ser algo del pasado. Lichtenstein hizo ajustes en su obra. No podía hacer mucho con la forma. Lo que podía cambiar era el contenido y es lo que hizo, con variado éxito.
Desaparecieron las figuras de historieta; entraron las naturalezas muertas. Las naturalezas muertas son ingeniosas, aunque de poca envergadura. Las más elaboradas están dedicadas a Picasso, un héroe para Lichtenstein, y parecen pensadas como parodias afectuosas. La obra da escasos motivos para considerar una vieja visión de Lichtenstein, como un superficial muy dotado, poco idóneo.
Pero hay cosas más interesantes por delante, entre éstas las cuatro pinturas de 1974 tituladas colectivamente "Artist’s Studio".
Inspiradas en el "Estudio rojo" y el "Estudio rosa" de Matisse, son descripciones de habitaciones vacías de gente pero llenas de arte.
En este caso tramó un tributo a sí mismo. Matisse y Picasso están, pero lo que en realidad estamos viendo es una retrospectiva de Lichtenstein que empieza con "Look Mickey" y avanza desde ahí.
Probablemente, sólo un artista cuya obra es tan categóricamente desprovista de ego como la de Lichtenstein podía salir airosa con semejante homenaje a sí mismo, y lograr incluso que resulte incluso conmovedor, utilizando una tensión de vulnerabilidad y mordacidad en su obra que de otro modo resulta muy difícil ubicar. Está ahí, en seis bellas pinturas de espejos sin reflejo. Y esta ahí en las pinturas llamadas "Landscapes in the Chinese Style", la última serie que terminó antes de morir. Es un homenaje, también, a los grandes pintores de la naturaleza de la dinastía Song china (960-1279 dC). En uno de los cuadros extiende pintura blanca con pinceladas fuertes sobre la tela para evocar la niebla acumulada. En otro, va desvaneciendo lentamente el tono de su dibujo de puntos, como si el paisaje se disolviera en una bruma. Estas expresiones confieren brillo al final de la muestra.
Es imposible no compararlo con Andy Warhol, su compatriota Pop. Warhol no sólo cambió radicalmente el arte sino que cambió también a Estados Unidos. Lichtenstein cambió el arte, hasta cierto punto, pero nada más. De todos modos, su obra no se parece a la de ningún otro artista.
Lichtenstein está incrustado en la cultura.
Llamémoslo un clásico estadounidense y dejémoslo ahí.

Fuente: clarin.com

LA TECNOLOGÍA REVELA UN FANTASMA DE PICASSO

Con una cámara infrarroja, se descubrió que debajo de "Mujer planchando", en la misma tela, el pintor había ensayado otra obra que abandonó. Ahora se conocen más detalles de quién podría ser.


Picasso tenía apenas veintidós años durante la mayor parte de 1904, el año en que se estima pintó "Mujer planchando".  No tenía dinero y con frecuencia empezaba una pintura y luego la abandonaba y comenzaba otra en la misma tela.
Hace años que conservadores e historiadores del arte saben que bajo la superficie de "Mujer planchando", considerada un ejemplo de su Período Azul, se encuentra el fantasma invertido de otra pintura, un retrato de tres cuartos de un hombre de bigote que se vio por primera vez en las imágenes que se tomaron con una cámara infrarroja en 1989. Pero hay una pregunta –quién era el hombre– que aún no tiene respuesta.
En un primer momento, algunos expertos pensaron que la imagen podía ser un retrato de Benet Soler, un sastre de Barcelona y amigo de Picasso que lo ayudó a subsistir durante esos años de escasez. El galerista y coleccionista alemán Justin K. Thannhauser donó "Mujer planchando" al Museo Guggenheim de Nueva York en 1978.
A los efectos de obtener una imagen más clara de la figura que había debajo de "Mujer planchando", los conservadores del Guggenheim convocaron hace poco a John K. Delaney, un científico especialista en imágenes de la Galería Nacional de Arte de Washington, D.C.  Delaney usó dos tipos de cámara infrarroja y obtuvo imágenes mucho más detalladas que todas las anteriores. Por primera vez se vio la forma de los ojos del hombre y la curva ascendente del bigote, así como la raya del pelo y la corbata roja. "Se vieron detalles como que las mangas no están levantadas sino abotonadas", dijo el doctor Delaney.
Esa nueva tecnología también reveló que a Picasso le había costado ubicar uno de los ojos del hombre y que había tratado de hacerlo en dos posiciones diferentes. Carol Stringari, vicedirectora de la Fundación Solomon R. Guggenheim, dijo: "Se encuentra de pie ante lo que parece un caballete o un pedestal de escultura, pero pienso que es más probable que se trate de un caballete".
El ángulo del cuerpo del hombre, así como los ojos penetrantes, llevaron a algunos a pensar que la imagen podría ser el comienzo de un autorretrato. Pero la teoría se desechó porque en aquel entonces Picasso no usaba bigote y el hombre no se parecía mucho a él.
Stringari consultó a varios académicos, entre ellos John Richardson, el biógrafo de Picasso, que analizó numerosos dibujos, pinturas y fotografías de todas las personas probables.
Con minuciosidad, los fue descartando hasta que sólo le quedó uno: Mateu Fernández de Soto, un escultor hermano de Ángel Fernández de Soto, un dandy cuyo retrato Picasso pintó en 1903. Los dos hombres eran amigos del artista.
"El estilo del retrato y la paleta de colores sugieren que el hombre se pintó antes de 1904-1905, probablemente alrededor de 1901", dijo Richardson, haciendo referencia al estilo colorido de Picasso para 1900, cuando viajó a París. "El retrato "tiene ternura e intimidad", señaló. Agregó: "Se siente que el hombre es un artista, y alguien a quien Picasso conocía bien".
Pero Stringari y Julie Barten, la principal conservadora del museo, no coinciden. "Pensamos que se parece más a Ricard Canals, otro artista", declaró Stringari.
Richardson sostiene que, si bien el hombre puede parecerse a Canals, no es probable que Picasso lo pintara alrededor de 1901 dado que "Canals estaba en ascenso", dijo. "Se consideraba el rival de Picasso".
Otro detalle que hace pensar a Richardson que no se trata de Canals es la raya del pelo, que no coincide con la representada en dibujos, fotografías y pinturas de Canals.
"Pero hasta el propio Picasso se cambiaba la raya todo el tiempo", argumentó Stringari. "No digo que no sea posible que se trate de De Soto, pero no lo creo", agregó.
"Por más que investigamos, cada vez nos surgen más preguntas, y es posible que esas preguntas nunca encuentren respuesta". 

Fuete: clarin.com

NUEVOS FRESCOS DE GIOTTO:
HALLAN OBRAS DEL PADRE DEL RENACIMIENTO

Los restauradores encontraron pruebas que consideran concluyentes: las iniciales “GB” en las pinturas.

Detalle. Una de las imágenes, ahora atribuidas a Giotto. /PIETRO CROCCHIONI - EFE

La edad Media es un largo y oscuro periodo histórico comprendido entre los siglos V y XV, y caracterizado por sus innumerables incógnitas. Gran parte de la vida y la obra de los artistas que destacaron en aquel tiempo, se pierden de forma inevitable entre misterio y tinieblas. Pero ahora, un reciente descubrimiento podría poner un poco de luz a esos tiempos de tiniebla.
Las iniciales “GB”, apenas visibles, que fueron halladas anteayer por el equipo de restauradores que, dirigido por Sergio Fusetti, trabaja desde 2010 en los frescos de la Capilla de San Nicolás, en la parte más baja de la italiana Basílica de San Francisco de Asís, construída en 1253, indicarían, según los restauradores, que su autor fue Giotto di Bondoni (1267-1337), el innovador pintor, arquitecto y escultor, nacido en Florencia, que rompió con las limitaciones del arte de la Baja Edad Media, introduciendo el realismo, y convirtiéndose así en precursor de los cambios que desembocarían en el movimiento más importante de la Historia del Arte: el Renacimiento italiano.
No era de forma gratuita que sus contemporáneos consideraban sus obras como “milagros del naturalismo”.
Los frescos fueron dañados en el año 1997, cuando un terremoto sacudió la región de Umbría, en pleno centro de Italia, cerca del río Tíber, lugar donde se ubica la basílica, pero no fue hasta 2010 cuando comenzaron las tareas de restauración de este lugar, que durante siglos fue uno de los focos más importantes de peregrinación.
Las pinturas donde se han encontrado las iniciales, representan a la Virgen María sosteniendo al niño Jesús, a San Juan Bautista y a San Francisco y hasta ahora, la teoría más aceptada por los estudiosos de la Historia del Arte era que habían sido realizados por los seguidores de Giotto durante el siglo XIV. Pero desde esta semana, las nuevas pruebas han hecho girar la opinión de los expertos.
Según Sergio Fusetti, “este es uno de los primeros trabajos del artista, y es de extrema importancia para reconstruir la cronología de su trabajo y el de su taller”.
Este no es el primer hallazgo que se hace en el lugar desde que comenzara la restauración de las pinturas de sus paredes: el año pasado, mientras se restauraba otro fresco de Giotto (este, sin ninguna duda), que representa la muerte de San Francisco de Asís, se encontró otra imagen de la que tampoco se habían percatado hasta el momento: la de un demonio que observa la escena con expresión maliciosa desde una nube, y que nunca antes había sido visto.
Señala Sergio Fusetti que los frescos “fueron encontrados en muy mal estado”, pero que tras los trabajos de restauración, que están a punto de terminar, “podrá volver a admirarse su belleza y su riqueza”, y será pronto, ya que el día 6 de diciembre la capilla se abrirá al público.
En las paredes de la Basílica, que desde el año 2000 integra la lista de monumentos considerados patrimonio de la humanidad, hay 200 metros cuadrados de frescos, que según Giuseppe Piamontesse, padre del Convento de Asís, “constituyen la Biblia de los pobres, que permitió y permite a muchas personas acercarse a la vida de San Francisco de Asís”.
El costo de la restauración: casi 470 mil dólares.

Fuente: clarin.com

CAMBIOS DEL SIGLO EN UN SOLO ESTUDIO DE ARQUITECTOS

Dubois, Pater, Morea, Morea hicieron desde el decorado palacio de la Embajada de Francia hasta clásicos del racionalismo.

Ortiz Basualdo. Hoy Embajada francesa (1912).
Por Berto González Montaner *

Casi no lo pude creer cuando me enteré que la Embajada de Francia la hizo el mismo estudio de arquitectura que construyó esa moderna “placa” de departamentos de Talcahuano y Marcelo T. de Alvear, que en 1959 obtuvo el Primer Premio Municipal de Casa de Departamentos. Y no solo eso: también hicieron el Tigre Club –que está cumpliendo sus 100 años ahora como Museo de Arte–, el Hotel Chile en la Avenida de Mayo, y otras obras como la villa Ortiz Basualdo (actual Museo Juan C. Castagnino) en la avenida Colón de Mar del Plata. Me refiero al estudio de arquitectura integrado sucesivamente por los franceses Louis Dubois y Paul Pater, los argentinos Alberto y Luis Morea y finalmente Celia Ursini, Guillermo y Roberto Mérega, además de Enrique Monaldi. Una oficina que a lo largo de un centenar de años se caracterizó por su capacidad para interpretar y adecuarse al espíritu y las necesidades de cada época. Tanto, que los edificios mencionados adscriben a movimientos bien diferentes: desde el antiacadémico y voluptuoso Art Nouveau al más extremo Movimiento Moderno, pasando por las arquitecturas herederas de la École des Beaux Arts francesa y el ascético racionalismo.
Uno de los primeros proyectos es el Hotel Chile, en Avenida de Mayo 1295, por Dubois en estilo Art Nouveau. Fue en los tiempos en que esa avenida –pensada como la zona de recreación de la aristocracia– se había convertido en el lugar de hospedaje de capitalistas que venían a hacer negocios a la capital austral. Luego, Dubois convocó al joven francés Paul Pater, con quien hicieron arquitectura a lo grande para los aristócratas argentinos: la residencia marplatense para los Ortiz Basualdo y el Palacio Ortiz Basualdo, actual Embajada de Francia.


Racional. Marcelo T. de Alvear y Talcahuano (1953).
Dubois falleció en 1916 y dejó solito a Pater hasta que éste en 1926 se asoció con el ingeniero y luego arquitecto argentino Alberto Morea. La nueva dupla incursionó en los preceptos del insurgente movimiento racionalista. En su gran cantidad de casas de renta, reformularon la organización de las plantas incorporando las primeras ideas funcionalistas y plancharon los frentes de sus edificios, como en el caso de la despojada esquina de Libertad y Alvear, justo en diagonal a la decorada Embajada francesa. Testimonia María Eugenia Massuh, una de sus residentes, publicado en el libro Louis Dubois, Paul Pater, Alberto y Luis Morea : “…es como estar vestida con un traje de Chanel, de excelente calidad, muy cómodo de llevar, que nunca pasa de moda y de una sutil y sofisticada elegancia”.
En 1946 se sumó al estudio Luis Morea, sobrino de Alberto; y tres años después Pater se jubila. De esa época son otros dos edificios asombrosos: exploran nuevas soluciones para departamentos en renovados barrios como Retiro y Palermo. El de Marcelo T. de Alvear y Talcahuano (1953-57) es una “torre-placa”, de 21 pisos con unidades en dúplex, posiblemente inspirado en propuestas de Le Corbusier para resolver el problema del déficit de vivienda. Su lenguaje es radical, abstracto. Ambas fachadas principales se organizan sobre una grilla de columnas y vigas de hormigón visto con paños de ladrillo, bloques de cemento y carpintería. Y para atenuar el impacto de su dimensión, receden de ambas líneas municipales, amplían la vereda y colocan locales y un jardín en planta baja. Además, revisten las medianeras que quedan expuestas con venecita verde, convirtiéndolas en un hecho estético. El otro es la torre de Aráoz y Salguero (1963) sobre la Plaza Las Heras: los primeros tres niveles “camuflan”los estacionamientos con rampas curvas, convertidas en jardines colgantes.
El último eslabón de esta cadena arquitectónica es en plena efervescencia setentista. En 1976, Luis Morea se junta con los jóvenes Guillermo y Roberto Mérega, Celia Ursini y Enrique Monaldi. Seguramente entienden que la arquitectura ya no pasa por construir el capital simbólico de la pujante ciudad del 900, ni por crear departamentos modernos para la burguesía, sino por los grandes temas pendientes del país: la vivienda social, el planeamiento territorial y la tecnología como un instrumento para llegar con las soluciones a las grandes mayorías.

* Editor General Arq


Fuente: clarin.com


UN PUENTE AL LEJANO ORIENTE:
ARTE COREANO EN EL PALAIS DE GLACE

Esculturas, pinturas, caligrafía, y artistas del país asiático en la muestra “Viva Arirang”.

“La pietá”. Un Cristo suspendido cubierto de falsos diamantes rojos ocupa el centro de la sala. / MARIO QUINTEROS
Por Julián López

Lejos del fenómeno del K-pop, la sigla que define al pop coreano, que tiene a millones de occidentales imitando el famoso ‘Gangnam style’, o baile del caballo, y lejos de la creciente marea de adolescentes latinos que copian a sus ídolos asiáticos y aprenden el idioma para poder cantar, Buenos Aires recibe a Viva Arirang , una importante muestra de arte contemporáneo coreano.
Alentada por Kowin —Korean Women’s International Network—una red internacional de mujeres coreanas dedicadas a difundir la cultura de su pueblo en el mundo, y con motivo de la celebración de los 50 años de relaciones diplomáticas entre Corea y Argentina, más de 20 artistas visuales muestran su trabajo en el Palais de Glace hasta el 11 de noviembre.
El nombre de la muestra refiere a una canción coreana de incierto y antiquísimo origen y hay diferentes versiones acerca del significado de Arirang —cuenta el doctor Seung Hoon Chun, asesor de la secretaría de Cultura de la Nación—, pero todas refieren a una mujer que espera reencontrarse con su amado, o al anhelo por cumplir un sueño. Quizá lo más interesante sea que, además de las obras que se podrán ver, muchos de los que las firman han venido a nuestra ciudad para promover el intercambio.
No es usual que las muestras procedentes de latitudes tan lejanas ofrezcan la posibilidad de contactar a los artistas y, en ese sentido, hay un interesante trabajo de los alumnos y profesores de la Universidad de Buenos Aires sobre las posibilidades de diseño que ofrecen los ideogramas coreanos.
Demasiado cerca de idiomas imperiales como los hablados en China o en Japón, pero muy lejos de ser una traba infranqueable, el hangul, la lengua de Corea, es, en sí misma, una creación. La Historia cuenta que hace más de 500 años el rey Sejong convocó a un consejo de expertos para que idearan un idioma sencillo y así poder desterrar el analfabetismo, consiguiendo, además, que todos y cada uno de los habitantes del reino fueran capaces de comprender sus discursos.

Religión. La espiritualidad oriental, presente en la muestra con mayoría de jóvenes. / MARIO QUINTEROS
Bo Seul Shin es la curadora de la muestra y vino a Buenos Aires un tiempo antes de la inauguración para ver el espacio y diseñar el montaje de las obras: quedó impactada con la belleza y las proporciones del Palais de Glace. “Decidí aprovechar la estructura circular —dice—, por eso colgué a “La Pietá” en el medio —un Cristo enteramente cubierto de falsos diamantes rojos, que pende sostenido por hilos de acero en el centro del espacio de exposiciones y sobre las paredes de alrededor, la fotografía, las proyecciones de video”.
La mayoría de los artistas son jóvenes con un notable recorrido en las artes visuales coreanas, algunos de ellos han ganado importantes premios, y las obras dan cuenta del deslumbrante desarrollo tecnológico de la nación asiática, pero también hay espacio para la tradición y el lenguaje: la caligrafía y la poesía estarán presentes y podrán verse performances de cada una de estas disciplinas.
Entre los convocados hay unos pocos residentes en la Argentina, fundamentalmente del Sur de la ciudad de Buenos Aires, donde se afincaron los emigrados de corea que llegaron a partir de 1965.
Tal es el caso de Kim Yun Shin, artista plástica de 84 años, que llegó a nuestro país hace casi 30 y hoy es todo un referente para los nacidos acá en el seno de las familias de inmigrantes. Con amabilidad oriental y la pasión natural de los artistas, Yun Shin —que tiene un museo de arte coreano en el barrio de Flores— habló del vigoroso contacto que mantiene con los jóvenes de su comunidad a través de sus clases de arte, una forma de generar pertenencia y estimular el diálogo cultural entre Corea y la Argentina.

Fuente: clarin.com

LOS SONÁMBULOS MIRADOS POR EL ARTE

Tal vez el misterio por no saber qué pasa durante ese caminar nocturno lo haya convertido en fuente de inspiración para pintores, escritores y directores cinematográficos.

Johann Heinrich Füssli
Por Julieta Roffo
 
Por Julieta Roffo
Hay algo misterioso, desconocido, que puede generar intriga y cierto miedo al mismo tiempo, en el sonámbulo. Al menos en esa idea que se tiene de que se trata de una persona que se levanta de la cama, recorre la casa en silencio, con los pensamientos perdidos en el universo de los sueños y que mejor no despertarla para que la sorpresa no desencadene una reacción inesperada.
Las artes, a través de sus distintas disciplinas, tomaron esa figura en varios casos para componer una pintura, un escrito o una película, en la que el sonambulismo juega un rol más o menos protagónico, y los autores intentan reflejar esa intriga por un mundo que puede verse pero que, en el fondo, no puede terminar de conocerse.
Una de esas composiciones es el "Romance sonámbulo" que integra el "Romancero gitano" del célebre poeta español Federico García Lorca, y que fue escrito en 1924 y publicado en 1928. "Verde que te quiero verde", empiezan los versos del autor, una frase que luego se popularizaría. El también poeta español Rafael Alberti definió a la historia que su amigo le recitó antes de publicar como "un romance lleno de misterioso dramatismo". Se trata de cómo un gitano dedicado al contrabando es perseguido por la guardia civil y cómo su enamorada, también gitana, lo espera en vano, en la noche. García Lorca coincidió con Alberti al comentar, en una conferencia, que el "Romance sonámbulo" se trataba de uno de los más misteriosos del libro.
El pintor suizo Heinrich Füssli, que también escribió sobre arte y que vivió durante el siglo XVII y XVIII en Gran Bretaña, se dedicó entre otras cosas a representar en sus obras los trabajos de William Shakespeare, especialmente Macbeth, la tragedia teatral que, se estima, se escribió entre 1603 y 1607. Füssli, que tradujo Macbeth al alemán, trabajó sobre casi quince pinturas inspiradas en esa pieza, entre ellas "Lady Macbeth sonámbula", de 1784, que pertenece hoy al patrimonio del Museo del Louvre de París. Allí se ve a la mujer deambular en la noche, con la mirada a la vez dura y perdida, desorbitada, con una vela en la mano. Un médico y otra mujer, presentes en el quinto acto de la obra teatral, conversan sobre lo que ven, y llegan a la conclusión de que "sus ojos están abiertos, pero sus sentidos cerrados". Lady Macbeth está perdida bajo el pincel del suizo, y el sonambulismo es casi un sinónimo de la locura, de la pérdida de sentido, tal vez vinculada al crimen cometido.
Mucho más cercana en el tiempo es la película "La maldición de los sonámbulos", basada en una novela que Stephen King nunca publicó. La obra del autor de "It" y de "Misery", que se vio en cine en 1992, contaba la historia de una madre e hijo, ambos sonámbulos, que debían "alimentarse" de la energía de otros. A pesar del éxito de otras historias basadas en los libros de King, no fue el caso de esta, que no fue bien recibida por la crítica cinematográfica. La revista estadounidense Variety, por ejemplo, señaló que "el guión del escritor no tenía lógica interna". En el caso de "La maldición de los sonámbulos", el deambular nocturno es una característica asociada a la maldad, incluso a la monstruosidad, y por lo tanto al peligro para los otros.
En distintas épocas, en distintas latitudes y a través de diferentes expresiones artísticas, el sonambulismo sirvió como excusa para crear una obra, y cada autor lo interpretó de manera propia, atribuyéndole rasgos de misterio, de locura, de ausencia del sentido, de la amenaza a terceros, de miedo a uno mismo. Hay algo que no se termina de saber sobre esa persona que intempestivamente se levanta de la cama, se mueve, cambia las cosas de lugar, sin saber por qué y sin recordarlo de manera consciente, y como ocurre con lo desconocido, puede despertar curiosidad y hasta convertirse en fuente de inspiración para el arte.

Lea la nota central de esta entrega: Extrañas noches de un sonámbulo recién casado.
Por Diego Erlan y Dolores Gil.

Fuente: clarin.com

HORACIO COPPOLA, LOS OJOS DEL SIGLO VEINTE

Con más de 80 imágenes tomadas por Coppola en los 30 y otras de su hermano mayor, Armando, la galería Mara - La Ruche rinde homenaje al gran fotógrafo argentino.

Un banco en una plaza, de noche. Por encima, como si lo cobijaran, las ramas de un árbol. La imagen, simple, casual, nos retiene frente a ella con su fuerza poética y extrañamiento. Y permanece en la memoria. La experiencia se renueva frente a cada toma de Horacio Coppola (1926-2012), frente a más de 80 imágenes de Río de Janeiro, San Salvador de Bahía, Buenos Aires, Londres, París y Berlín, de la década del 30, que pueblan la galería Mara-La Ruche.
Pionero de la fotografía argentina, Coppola recorrió, como un flâneur, esa hija dilecta de la modernidad: la ciudad. En algunas imágenes es posible identificar el lugar por las palabras de un cartel, algún monumento o edificio emblemático. En otras es imposible, lo cual resulta congruente con el ojo vanguardista de Coppola, que privilegiaba las formas, la composición y los motivos simples: dos mujeres de espalda caminando por la calle con prisa, la vidriera de un comercio, un hombre leyendo el diario en medio de la vereda, una esquina, una pared medianera.
Las tomas en picado o contrapicado extremo son una de sus marcas formales que, en algunos casos, otorga cierto carácter abstracto a la representación al producir un punto de vista novedoso, que enfatiza líneas y planos. La figura humana es un motivo recurrente y, en varias imágenes, está acompañada por su sombra. El manejo de la luz y los contrastes que genera son centrales en su obra. De la ciudad muestra no sólo sus progresos, sino también la marginalidad y pobreza.
En 1930, Coppola visitó por primera vez Europa, donde compró su cámara Leica con la cual tomó imágenes de Río de Janeiro y de Salvador de Bahía en su viaje de regreso a la Argentina, en 1931. Al año siguiente, volvió a Europa y estudió en la Escuela de la Bauhaus de Berlín, que poco después fue clausurada por los nazis.
“Mira con ojo de documentalista y de artista, y en cada fotografía parece que pone el objetivo en el lugar exacto. La fotografía se compone en el ojo antes de disparar la cámara, como decía su maestro de la Bauhaus, Walter Peterhans”, señaló en diálogo con Ñ el galerista Jorge Mara, quien hizo esta exposición como homenaje al fotógrafo muerto el 18 de junio pasado, a los 105 años.
La muestra se complementa con una más pequeña de Armando Coppola, hermano de Horacio. Veinte años mayor, Armando introdujo a su hermano en la fotografía. Si bien no era fotógrafo profesional sino odontólogo, tenía su faceta artística como miembro de una familia que privilegiaba el arte, la literatura y la ciencia. Sus imágenes también son modernas, aunque menos audaces. Y, en algunas, se emparentan las miradas de ambos, ya sea en la elección de un encuadre, el tratamiento de la luz o el asunto fotografiado.
No faltan en la muestra las imágenes de Buenos Aires realizadas por Horacio en 1936, a pedido de la Municipalidad, que son parte de la memoria histórica porteña. Como aquella imponente de Diagonal Norte, cuya perspectiva nos precipita desde lo alto hacia su interior, con ese toque de magia que encierra el talento artístico.

Fuente: lanacion.com

CUANDO LA OBRA SE PERCIBE DE OTRA MANERA

La irrupción masiva de la tecnologización no sólo ha alterado la poética y los lenguajes del arte. También ha producido cambios: el arte se mira a través de dispositivos.

Las fantasías futuristas son cosa del pasado. Este vertiginoso presente tecnológico ocupa toda nuestra atención, y es cómodo no imaginar ningún porvenir, ni siquiera aquel futuro de fábula cuyas asombrosas proezas e invenciones solían verse desplegadas, con estrambóticas rendiciones visuales y datos de aparente precisión científica, en las revistas de actualidad y divulgación hasta bien entrada la primera mitad del siglo XX. También, tanto las poéticas como los lenguajes artísticos han visto alterarse su metabolismo por la irrupción masiva y democrática de la tecnologización.
En una secuencia de Bande à Part (Asalto frustrado, 1964), Jean Luc Godard hizo que sus personajes atravesaran corriendo el Museo del Louvre con velocidad de maratonistas aficionados en apenas 9 minutos y 43 segundos. Casi el mismo tiempo que les insumiría recorrer todo el museo ahora, navegando por Internet y cómodamente inmóviles. La tecnología nos ha hecho usuarios estáticos, instalados en el paradojal dinamismo fijo de la situación óptica y también casi maniáticos cultores de esa inmediatez, esa urgencia que convierte al hecho, al objeto y su captación por parte del destinatario, en fenómenos simultáneos. Es altamente improbable hoy apelar con algún grado de credibilidad melancólica a aquellas fórmulas retóricas del tipo de ¨cuando leas esto ya habremos llegado a…”, porque, tecnología mediante, estar en un lugar, narrar o archivar el momento, y que alguien sepa que hemos estado ahí, son sucesos sincrónicos. Un muy alto porcentaje de visitantes que ingresan al Museo de L’Orangerie, donde están emplazados en 360 grados los célebres lienzos panorámicos de Monet que componen su prodigioso ciclo de Les Nymphéas, no demoran ni cinco segundos promedio en la contemplación física directa de ese monumento a la disolución del punto de vista único, y pasan a fotografiarlo con sus cámaras digitales, con lo que acuden inmediatamente a recluir en el congelamiento bonsai del encuadre la magnitud de la ruptura física con los límites unívocos de la bidimensionalidad que propuso Monet. A toda costa, hoy más que nunca, el recuerdo y su almacenaje disputan la supremacía cognitiva con la percepción de la obra de arte. El añejo tiempo de ansiosa espera entre el momento de la toma y la recepción de la fotografía revelada se disuelve en el almacenamiento inmediato de la imagen. La toma pronto se nos revela, como si allí y sólo allí se produjera la revelación en sí del objeto captado. Es el propio espectador quien es tomado por la casi irresistible magia acelerada del proceso. Cada vez con más sofisticación, vemos y percibimos a través de aparatos, en un efecto en abismo de la ya remanida certeza de que sólo es real aquello reproducido o almacenado o mostrado a través de mediaciones tecnológicas.
Mientras tanto, el arte y el mundo se acercan en escala. Están a punto de quedar en una relación de uno en uno, de ser a la vez el mapa y el territorio, como en las ruinas circulares de Borges. Se sabe: hoy no es condición excluyente pintar o fotografiar un paisaje; ahora se puede fabricarlo, trasladarlo e instalarlo dentro de un museo, siempre y cuando se cuente con una economía de medios desarrollada. Definitivamente, la tecnología depende del capital, y viceversa, lo cual también se corrobora, aunque en menor escala, en el caso de aquellos artistas que se apoyan más en la técnica y no tanto en lo tecnológico. En ese sentido, es bueno recordar aquí la economía de una de las primeras rupturas vanguardistas en el lenguaje y las técnicas de la pintura, cuando Braque y Picasso resolvieron incorporar a sus lienzos simples elementos cotidianos como hojas de diarios, paños, cartones y sogas. Una vanguardia de recursos rústicos, pobre, frente a la opulenta avanzada de tecnología de punta de la que se vale universalmente el arte de este reciente giro del siglo (“la vanguardia última –si es que se la puede llamar así– del siglo XX es la del arte que se emparenta con la revolución más perdurable en un siglo de revoluciones: la revolución tecnológica”, Michael Rush, “ New Media in Late 20th Century” ).
Por otra parte, es bien sabido que los artistas-usuarios sacan extraordinario provecho de los expansivos e influyentes blogs y de las llamadas redes sociales, no sólo para colgar en el espacio decenas de imágenes de la propia obra, sino para anunciar y promocionar, con la masividad y la celeridad que ningún correo terrestre o mailing virtual podrían garantizar, cualquier evento, situación, o proyecto. La eficacia de este remedio contra el anonimato es enormemente convincente, tanto como para que sus eventuales efectos colaterales parezcan irrelevantes. La aluvional irrupción y circulación de millones de datos e imágenes y la consecuente hipervisibilidad global del conjunto amenaza con comprometer la visibilidad de cada eslabón, si convenimos en que no basta que algo sea visible para que haya sido verdaderamente visto. Inmersos en este fascinante Aleph tecno, se ha acortado hasta casi la extinción nuestra persistencia perceptiva, y cada vez es mas difícil recordar qué vimos de específico en ese flujo incontenible. La tecnología también como ilusión óptica: somos millones de “cartas robadas”. Como en el cuento de Poe, estamos tan a la vista que nadie nos ve.

Fuente: clarin.com

ARTE: LA BABEL ILUSTRADA


Balance de la Bienal de San Pablo

Para celebrar el trigésimo aniversario de este prestigioso encuentro internacional, Luis Pérez-Oramas convocó a 110 artistas -entre ellos, cuatro argentinos- que aluden a "la inminencia de las poéticas" sin estruendos ni emociones violentas

Frente al exceso de propuestas internacionales de bienales y ferias de todo tipo, especializadas, ortodoxas y heterodoxas, volver a la Bienal de San Pablo es algo así como la vuelta al hogar. El espacio está contenido en el pabellón de Ibirapuera, diseñado por Oscar Niemeyer y Hélio Uchôa, y el recorrido es cartesiano: claro y distinto.
Para esta trigésima edición, que cierra en diciembre, la batuta la sostuvo el venezolano Luis Pérez-Oramas, acompañado de André Severo y Tobi Maier como curadores asociados, e Isabela Villanueva como curadora asistente. Pérez-Oramas es además curador de arte latinoamericano del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York y lo fue también de exposiciones como El alfabeto enfurecido. León Ferrari y Mira Schendel, que presentó en el Museo Reina Sofía y en la Fundación Iberê Camargo de Porto Alegre hace un par de años. Ahora, una vez más en Brasil, congregó a 110 participantes bajo el concepto de La inminencia de las poéticas, ensayo polifónico a tres y más voces con un título que abre a una infinidad de sentidos.
¿En qué se sustenta el criterio curatorial? "Bienal es una de las encarnaciones de Babel, efímera y teatral como las grandes festividades del arte: los fastos, las pompas, los esplendores para los cuales artes y artistas fueron invitados desde siempre. [...] Todas las bienales son -hasta cierto punto- cacofónicas, en ellas se encuentran como imanes opuestos formas que se repelen mutuamente, vidas que se ignoran, lenguajes que no se entienden entre sí", enuncia Pérez-Oramas en el ensayo del catálogo.
Los artistas argentinos son cuatro: Martín Legón, Pablo Accinelli, Leandro Tartaglia y Eduardo Stupía. Accinelli (1983) aplica las herramientas visuales para crear microcosmos geométricos, modelos o sistemas que poseen analogías con un sistema mayor, echando mano del dibujo, la instalación y el objeto. En 2005 se asoció con Tartaglia (1977) en Actividad en Uso, una colección de libros sobre artistas contemporáneos argentinos (hasta el momento con tres publicaciones).
 
Registro de una acción del holandés Bas Jan Ader. Foto: Gentileza Bienal de San Pablo y Galerías Jorge Mara-La Ruchee e Ignacio Liprandi
"Trabajo en espacios específicos, buscando encontrar nuevos escenarios para la narración y la expectación de cosas, sonidos e imágenes. Me interesa mezclar elementos: la ciudad, el texto, la música, el registro, un recorrido en el tiempo y un espectador." Así define Tartaglia su trabajo, que implica un paseo por la ciudad de San Pablo. El espectador se convierte en pasajero de una combi y su atención es capturada tanto por la vista como por el oído, ya que debe llevar auriculares para escuchar una historia a lo largo del recorrido.
Legón (1978) hace un cruce con la psicología laboral. Enmarcó cientos de dibujos del "test del hombre bajo la lluvia", que fueron evaluados por un psiquiatra, un curador y un profesional de Recursos Humanos. La instalación incluye las evaluaciones críticas y los videos de los profesionales trabajando.
Finalmente, Stupía (1951), el más experimentado de los cuatro, el que aquilata mayores premios, trayectoria y exposiciones nacionales e internacionales, presenta prácticamente una antológica de su producción, caracterizada por una paleta limitada al negro de la tinta y el blanco del soporte; la mancha y la línea se contraen y expanden, alimentan el caos y el orden, la herida y la sutura, todo en una narración sin historias, con pasión y prudencia.

Un paseo por la historia

No hay en el recorrido de esta bienal estruendos ni emociones violentas. Los "históricos" son los más conmovedores: el sueño de August Sander (1876-1964), que a lo largo de 50 años intentó fotografiar todos los tipos humanos de Alemania en su monumental, inacabado y sobre todo muy influyente ensayo Gente del siglo XX, se exhibe completo por primera vez.
Siguiendo su huella, el holandés Hans Eijkelboom (1949) presenta un inabarcable trabajo de masificación urbana al catalogar usos, costumbres e indumentaria de hombres y mujeres de diversas ciudades (europeas, asiáticas, americanas y africanas). Es tragicómico y paradójico verificar que las ansias de "ser único" del citadino lo convierten en "uno más de la lista".




 
Interior del pabellón Ciccilio Matarazzo que aloja la bienal, diseñado por Oscar Niemeyer y Hélio Uchôa en el Parque de Ibirapuera. Foto: Gentileza Bienal de San Pablo y Galerías Jorge Mara-La Ruchee e Ignacio Liprandi
Alair Gomes (1921-1992), un ingeniero, filósofo y crítico de arte que legó unos 170.000 negativos centrados en el cuerpo masculino -en gran parte deportistas jóvenes de las playas cariocas espiados por la cámara indiscreta-, también intenta un atlas, aunque homoerótico.
Cobran una nueva dimensión los padres de la performance como Allan Kaprow (1927-2006) y Bas Jan Ader, holandés nacido en 1942 que ensayó acciones para perder el control hasta que desapareció a la deriva en el mar en 1975; se halló su bote pero nunca su cuerpo. Recién en la década de 1990 se rescataron sus íntimos trabajos, como Estoy demasiado triste para contarte (1971), un video de casi cuatro interminables minutos donde el hombre llora en silencio frente a la cámara.

adn pérez-oramas

 
Caracas, 1960
Escritor y poeta, obtuvo su doctorado en Historia del Arte en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, en 1994. Fue curador de la Colección Patricia Phelps de Cisneros. Actualmente es curador de arte latinoamericano del MoMA de Nueva York y director de la 30a Bienal de San Pablo
Ficha . 30a edición de la Bienal de San Pablo, La inminencia de las poéticas, curada por Luis Pérez-Oramas en San Pablo, Brasil, hasta el 9 de diciembre.

Fuente: ADN Cultura La Nación

LA OBRA DE MILHAZES VISTE DE COLORES EL MALBA

Arte
La muestra de la artista carioca, una de las más cotizadas de su país, puede verse hasta el 7 de diciembre

Adiestrado en detectar arte de calidad, Eduardo Costantini recorría en 2004 galerías en Chelsea, Nueva York, cuando una vorágine de audaces formas multicolores, yuxtapuestas en un gran lienzo, le cambió el humor: el ánimo se le encendió, sintió alegría. El influjo de la composición le contagiaba goce y belleza. Quiso comprar aquel lienzo hechicero, pero ése y todos los demás de la carioca Beatriz Milhazes ya estaban vendidos. Un freno impensado a su júbilo; efímero como el regodeo de su mirada con aquellos colores sinfónicos.
El desquite llegó en Londres cuatro años después. Cuando El Mago, una implosión floral y colorística de hipnóticas formas inventadas, se alzó sobre el estrado de Sotheby's, el cuadro de casi 3 metros de largo por dos fue suyo: pagó US$ 1 millón y les arrebató el objeto de deseo a otros oferentes europeos de la sala. Tres años después, la marca de Milhazes trepó a los US$ 1,6 millones, ubicándola como la segunda más cara de su país, detrás de Adriana Varejäo.
Al contemplar ahora la última producción de la brasileña Milhazes, 30 grandes telas que azuzan las paredes blancas del Malba y son un imán indiscutido para las retinas, se entiende muy bien aquel afán de Costantini por poseer alguna de sus obras: reavivan el ánimo, contagian alegría. Incitan, luego, a rastrear "la salida" para esos laberintos de color en los que quedan atrapadas un sinfín de formas excelsas. Pero no la hay. Como tampoco un sosiego de blanco o de tonos apagados. Bienvenidos a la pintura de una de las mayores y mejor cotizadas artistas de Brasil.
Panamericano. Beatriz Milhazes. Pinturas 1999-2012, la exposición orquestada por Costantini para mostrar por primera vez en América latina esa euforia de color y abstracción, es una de esas muestras que los connaisseurs de la pintura contemporánea celebran. Hay dos gemas prestadas por el Guggenheim y otras dos de la colección personal de Costantini. Otra viajó del Museo de Arte Moderno de San Pablo y la mayoría proviene de colecciones privadas europeas.
El Malba se lleva un laudo al introducir a la artista a la cultura porteña, con la edición, además, de un catálogo con textos de referencia para su obra. ¿Por qué es tan buena? Por su singularidad compositiva y su insolencia en el color, en cada lienzo conviven más de un centenar de tonalidades en armonía; por el laberinto caótico de formas yuxtapuestas que crea, que parecen azarosas, pero que ubica con racionalidad cartesiana en el lienzo; porque dota al color de movimiento, y porque aun desde el lenguaje de la abstracción transmite la cultura brasileña en clave universal.
En su pintura asoman la fusión de las fuentes populares de Brasil con la lección colorística de Matisse, la geométrica de Mondrian y la desmesura surrealista de Tarsila do Amaral. Un mismo lienzo atrae y dispara infinidad de percepciones, coincide la crítica internacional.
Milhazes, de 52 años, no pinta directamente sobre la tela. Usa la técnica del collage pictórico: pinta cada motivo sobre una hoja de plástico, que luego imprime sobre la tela. Al retirarlo, el motivo se adhiere como una calcomanía. Su gramática abstracta colosal y a veces asfixiante supone el encastre de cada una de las formas por separado y luego la "construcción" de capas. Así, logra la densidad de figuras y cimentar cierta profundidad de campo.
Las formas pueden ser flores y frutas, mariposas y pájaros, arabescos, rosetones, la trama de un encaje o de un cotillón de carnaval, líneas sinuosas o figuras geométricas, formas de fantasía. Cada motivo cobra vida y dispara su misterio.
El curador de la muestra, el francés Frédéric Paul, ve en ese conjunto de formas una deuda al sincretismo de culturas de Brasil, el modernismo de los años 30, además de la cita al carnaval y la bossa nova.
"Siempre le temo a la rapidez de mis pensamientos y de las imágenes que se me aparecen", cuenta Milhazes a LA NACION, que confiesa tener una necesidad compulsiva de contacto físico con su telas. "Sin embargo, mis obras están ejecutadas con mucha lentitud y reflexión sobre dónde va cada cosa", confía sobre su producción, de diez o doce cuadros por año. ¿Qué dispara su pintura? "Todo empieza y culmina en el color", confía. "Pero mi búsqueda en definitiva se relaciona con lo que esconde la belleza del arte: pinto para descubrir por qué las personas tenemos la necesidad de la belleza."
Fuente: lanacion.com

EL "HOSPITAL"
DONDE SE RECUPERAN LAS ESTATUAS DE LA CIUDAD

Patrimonio / Consecuencias del vandalismo
Unas 25 obras al mes llegan al taller de restauradores y artesanos; se gasta un millón de pesos en reparar destrozos.



Algunos llegan sin manos, otros con la nariz rota o sin pies. Otros pierden sus armas en "batallas" en las que ni siquiera dan pelea. Es que los monumentos porteños son blanco del vandalismo sin tregua que los mutila y pinta una y otra vez. Y todos llegan allí, a ese taller escondido en los bosques de Palermo que funciona un singular "hospital" de estatuas.
Media docena de figuras blancas exhiben sus heridas en el jardín del departamento de Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad (MOA). Sin dedos, sin brazos, con sus animales cercenados, muestran sin pudor un deterioro que nadie se explica.
No sólo el hecho de estar a la intemperie deja sus huellas. Estas estatuas son la imagen de un vandalismo que no se detiene y que le cuesta a la Ciudad un millón de pesos cada mes. "En 2011, tuvimos que gastar 14 millones de pesos para reparar los destrozos que dejó el vandalismo y este año, por cómo venimos, esa cifra podrá ser superada. Es mucha plata que podría ser destinada para otras cosas, pero lo más importante es fomentar un cambio cultural y que todos empecemos a cuidar lo nuestro", se quejó el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli.
El MOA funciona en un predio lindante al Jardín Japonés desde 1956 y depende de la dirección general de Espacios Verdes de ese ministerio. Allí ocho escultores y restauradores hacen un puntilloso trabajo artesanal para devolverles el esplendor a las estatuas porteñas. Sin importarles que, quizás a los pocos días, regresen dañadas.
El taller recibe un promedio de 25 obras al mes, dijo su coordinador, Jorge Zakkur, que precisó que Buenos Aires cuenta con 2482 monumentos entre estatuas, bustos, placas, mástiles, fuentes y monolitos.
"El cazador de águilas" es una de las tres estatuas que estaba en Constitución, aunque ahora se mudó al jardín del taller. Llegó sin nariz, sin una oreja, su águila no tenía pico y le habían robado la cría. La realizó Eugene Guillot en 1899. Además de limpiar, los estragos del esmog y las palomas, hubo que quitarle grafitis de toda clase. Y devolverle los pichones perdidos.
"Aquí se hace un doble trabajo. Además de restaurar las obras que llegan, se las registra por si hay que reconstruirlas más adelante", explicó a LA NACION la directora de Espacios Verdes, Florencia Scavino. Es así que el MOA guarda una especie de "historia clínica" de cada obra con fotos y datos que permitirá restaurarla y dejarla lo más parecida posible a la pieza original. "Algunas estatuas están irreconocibles. Cuando podemos le hacemos un hidrolavado y las restauramos en el lugar. Si eso no es posible o va a demandar muchos días de trabajo, las trasladamos aquí", señaló Gabriel Palacios, escultor y restaurador que trabaja en el MOA hace más de 20 años.
Hay obras "recurrentes", según el restaurador. Como Diana cazadora, originalmente ubicada frente al edificio de la Aduana, en Paseo Colón y Belgrano, pero que vive largas estadías en el MOA. Tanto ella como su ciervo son presas frecuente del vandalismo. "Llegó sin manos, el ciervo sin patas ni cuernos", detalló Palacios.
Con esta estatua, reproducción de la del Louvre en París, tienen una anécdota ilustrativa. Después de remozarla en su sitio, los escultores estaban guardando los materiales cuando vieron que una señora subía a su hijo al ciervo. "Los cuernos sirven para hacer gimnasia o atar perros", señaló el restaurador. "Queremos que sean lo suficientemente firmes como para que no se rompan, pero a la vez frágiles para que rompan siempre las mismas partes, así no seguimos perdiendo piezas", confesó Palacios.
No es la única pieza con propósitos "múltiples": los balaustres de las Barrancas de Belgrano eran utilizados por karatekas para entrenar.
Otras sufren los avatares de los grafitis "temáticos". Sentada a los pies de la romántica escena entre los legendarios amantes Leandro y Hero, la restauradora Inés Giuliano contó: "No se le veía el blanco. Además de que a él le faltaba un pie y a ella la mano, estaba llena de mensajes de amor. ¡Mucho romanticismo, pero nadie sabe el trabajo que da sacarlos!".
La estatua es de 1913 por Tasq y estaba erigida a orillas del Lago de Regatas, en el Rosedal. La primavera y sus impulsos la destruyeron y terminó en el MOA.
"Algunas estatuas se pasan más tiempo acá que en sus lugares de origen, pero a veces tienen que esperar hasta que se acondiciona el lugar donde estaban", detalló el director del MOA, Mariano Vanecek.
La vida, del parque Lezama; Niña adolescente, de la plaza Emilio Mitre; La sorprendida, de Sarmiento y Casares, son algunas de las que esperan volver sus destinos.
Uno de los soldados del grupo escultórico de la plaza San Martín espera el turno para ser reparado. Perdió la vaina y la espada.
"No damos abasto", sintetizó Zakkur, antes de recordar el trabajo que les dio despintar la estatua de mármol de Caperucita Roja, que algún gracioso pintó con esmalte rojo.
 
Inés Giuliano trabaja en el pie de Leandro, el mítico amante de Hero, ambos tatuados con mensajes de amor. Foto: Maxie Amena

Mármol y bronce

  • 2480
    Monumentos
    La ciudad atesora esa cifra de estatuas, bustos, placas, fuentes y monolitos
  • 14 millones
    De pesos
    Es lo que se gastó en 2011 para reparar los destrozos que dejó el vandalismo

Un predio que será puesto en valor

"Uno ve la lista de gastos que tenemos por el vandalismo y es tremenda. Una verdadera lástima, que esperamos cambiar con educación y con concientizar que si dañamos al espacio público nos hacemos daño a nosotros mismos", aseguró Santilli. Durante la visita de LA NACION, el ministro prometió que las instalaciones del MOA serán remodeladas y puestas en valor el año próximo. Los monumentos más atacados son el de Julio Argentino Roca, el Obelisco, cuya base ya fue pintada en cuatro ocasiones en lo que va del año. El Quijote, que tuvo que ser pintado en seis oportunidades y el de Roque Sáenz Peña, que es grafitado todas las semanas. También sufren roturas y robos las obras de arte del Rosedal, las estatuas de Parque Chacabuco, las figuras del parque Lezama y las piezas del parque Rivadavia.

Del editor: por qué es importante.

Forman parte del patrimonio cultural de la ciudad. Protegerlas del vandalismo es tarea de todos.


Fuente:lanacion.com

EL MUSEO RUSO DEL HERMITAGE
ABRIRÁ UNA FILIAL EN BARCELONA

Vista del interior del museo Hermitage de San Petersburgo (Rusia). EFE/Archivo

Moscú, 1 - El museo del Hermitage de San Petersburgo, una de las principales pinacotecas del mundo, abrirá una filial en Barcelona, anunció hoy el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas.
"Hemos firmado un acuerdo de intenciones firmes para que en los próximos dos o tres años se lleve a cabo la instalación estable y permanente del Hermitage en Barcelona", aseguró hoy Mas a la prensa española en Moscú.
Mas realizó este anunció tras firmar un convenio de colaboración con la viceministra de Cultura de Rusia, Alla Manílova, en el legendario edificio Ucrania de la capital rusa.
Este proyecto "reforzará de una forma muy clara la capitalidad económica, turística y cultural tanto de Barcelona, como de Cataluña", dijo Mas, que inauguró hoy en Moscú un Foro Empresarial Rusia-Cataluña.
Mas destacó que la presencia de una sede del Hermitage "complementará la tradicional muestra museística y cultural de la capital catalana".
"Tenemos museos tan importantes en Cataluña como el Dalí, el Picasso y el Miró. Tenemos monumentos de primera fila de la época modernista, de la época romántica y también de la época gótica", dijo.
En su opinión, el hecho de que "el Hermitage, que es uno de los museos más grandiosos del mundo, piense en instalarse de manera permanente en Barcelona nos va como anillo al dedo".
El presidente de la Generalitat aludió a la importancia de que "todos esos millones de visitantes que ya vienen a Cataluña, incluidos los turistas rusos, vayan viendo en Barcelona y en Cataluña esa oferta de primer nivel y de gran calidad".
Precisamente, Mas destacó hoy que más del 65 por ciento de los turistas rusos que han visitado España este año eligen Cataluña como su destino de vacaciones.
El Hermitage, que cumplirá 250 años en diciembre de 2014, ha sido descrito por el presidente ruso, Vladímir Putin, como el "el orgullo de Rusia".
Considerado uno de los principales museos del mundo junto al Louvre parisino y El Prado madrileño, el Hermitage acoge, entre otras obras, pinturas de Leonardo da Vinci, Picasso, Goya, Rafael, Velázquez, Miguel Ángel, Manet, Mattisse, esculturas de Rodin e innumerables iconos.

Fuente: EFE

CLAES OLDENBURG EN EL GUGGENHEIM BILBAO


El Museo Guggenheim Bilbao con el patrocinio de la Fundación BBVA acoge la exposición Claes Oldenburg: los años sesenta, la muestra más amplia hasta la fecha dedicada a la obra temprana, innovadora y emblemática realizada en los años sesenta por Claes Oldenburg (Estocolmo, Suecia, 1929), uno de los artistas más influyentes en el desarrollo del arte desde la década de los cincuenta.Con sus irónicas y agudas representaciones de objetos cotidianos de los años sesenta, Oldenburg contribuyó enormemente a la renovación de la escena artística norteamericana siendo clasificado como un artista fundamental de la performance, el arte de la instalación y el Arte Pop. Sin embargo, su obra polifacética y heterogénea va mucho más allá. Un ejemplo de ello son sus proyectos de gran escala, realizados junto a Coosje van Bruggen. Estos gigantescos monumentos de objetos consumo, ubicados en importantes ciudades de todo el mundo, han ejercido una gran influencia en el arte para espacios públicos.Una magnífica selección de cerca 300 obras, que comienza por la instalación La calle (The Street ) y sus representaciones de la vida moderna en la gran ciudad inspiradas en los grafitis; y continúa con los famosos artículos de consumo de La tienda (The Store) y con los espectaculares objetos de uso cotidiano del "hogar moderno".

Claes Oldenburg


LO QUE ÉL PREFIERE:
QUEDARSE EN CASA TRABAJANDO CON ORO

El artista Daniel Brush fundió sus primeros trabajos y empezó de nuevo.


SECRETOS DE LA ÓPERA:
REMATAN LA COLECCIÓN DE ARTURO TOSCANINI



Son manuscritos, cartas y otros objetos del legendario director de orquesta italiano.
La casa de subastas Sotheby’s sacará a remate una colección de manuscritos, cartas y otros objetos del legendario director de orquesta italiano Arturo Toscanini (1867-1957), cuya venta se estima en más de un millón y medio de dólares .
Se trata de un total de 88 lotes, que incluyen un manuscrito firmado por Giuseppe Verdi (1813-1901), que saldrá a la venta el próximo 28 de noviembre en la sede de la tienda en Londres. El material que ahora será vendido al mejor postor está en poder de los herederos de Toscanini, uno de los directores de orquesta más destacados del siglo XX. Es el legado del artista que heredó primero su hijo, Walter, y finalmente su nieto, Walfredo.
El manuscrito de Verdi contiene tres borradores de la ópera “Falstaff”, cuyo precio de salida está fijado en entre 80 mil y 100 mil libras –equivalente a 128 mil y 160 mil dólares– , mientras que también se venderá un manuscrito del “Ave María” para coro, con un precio similar de puja. El borrador de “Falstaff” muestra las primeras composiciones de la ópera, con tres oberturas, material que fue entregado a Toscanini por la sobrina de Verdi, informó la casa de remates.
En otro de los lotes hay un telegrama enviado por Verdi a Toscanini después de la primera actuación de “Falstaff” en La Scala de Milán en 1899, que puede alcanzar un precio de 1.500 libras. Otro de los objetos que se destacan es un valioso manuscrito de Mendelssohn, correspondiente a la obertura “Die Schone Melusine”, que fue entregada al director de orquesta por el pianista Rudolf Serkin y cuyo precio puede llegar a las 600 mil libras, equivalente unos 962 mil dólares.
El director del Departamento de Libros y Manuscritos de Sotheby’s, Stephen Roe, dijo ayer que esta venta es de “suma importancia” puesto que mucho de los artículos fueron adquiridos por Toscanini directamente a los compositores, a sus familias o amigos. El director nacido en Parma era particularmente famoso por sus interpretaciones de Beethoven y Verdi, y en los Estados Unidos fundó la Orquesta Sinfónica de la NBC, con la que actuó con regularidad hasta mediados de los años 50.

Fuente: clarin.com