En el museo Larreta / Una joya del arte recupera su brillo.
Cuatro expertas realizan la tarea, que insumirá un año y medio.
Julieta Molina
LA NACIÓN
Lo admiten: la obsesión es un requisito casi indispensable para el trabajo que realizan. Esa pasión es la que impulsa a recobrar los brillos perdidos, por más compleja que sea la tarea y aunque insuma miles de horas de trabajo, y es la que comparten cuatro mujeres que trabajan meticulosamente desde hace seis meses en uno de los cuartos del Museo de Arte Español Enrique Larreta.
El tapiz no será restaurado para dejarlo como en sus inicios; se mantendrán parches de los siglos anteriores -unos 10 de 40 hallados- . Según la técnica conservativa utilizada, estos retazos de tela tendrán la tarea de relatar con fidelidad la historia del tapiz.
Julieta Molina
LA NACIÓN
Lo admiten: la obsesión es un requisito casi indispensable para el trabajo que realizan. Esa pasión es la que impulsa a recobrar los brillos perdidos, por más compleja que sea la tarea y aunque insuma miles de horas de trabajo, y es la que comparten cuatro mujeres que trabajan meticulosamente desde hace seis meses en uno de los cuartos del Museo de Arte Español Enrique Larreta.
Su misión: restaurar Diálogo entre Alejandro y Diógenes
, un valioso tapiz flamenco de 3,42 x 3,84 metros realizado por la
escuela de Flandes en la época considerada de oro de la tapicería, en el
siglo XVII.
La historia conocida del tapiz se remonta a 1600,
cuando fue propiedad de Gabriel Núñez de Guzmán, gobernador de Flandes
en 1612. Un par de siglos más tarde, fue adquirido por Dardo Rocha
-fundador de la ciudad de La Plata- durante un viaje por España. Rocha
lo mantuvo colgado durante años en su residencia porteña de la calle
Lavalle.
En 1968, el tapiz fue adquirido por el Museo Larreta,
donde se exhibe desde entonces como parte de su colección. Finalmente, a
fines de 2010, se puso en marcha su restauración. La decisión fue
ardua, porque existen pocos especialistas en la restauración de textiles
de gran formato. Gracias al aporte de fondos de la Fundación Bunge y
Born, la iniciativa pudo ponerse en marcha.
El tapiz se encontraba en muy mal estado, según afirmó a
La Nación el equipo de restauradoras, integrado por la italiana Barbara
Ciani -a cargo del proyecto-, María Pía Tamborini, María José Cabala
-restauradora del museo- y Alejandra Ossó. Primero debieron intervenir
restauraciones pasadas: deshacerlas. "Muchas agravaron su estado de
conservación. Dañaron el tapiz", explicó Tamborini. Se encontraron
parches de tela donde había "lagunas", algunos adheridos con pegamento,
algo absolutamente fuera de lo común, según explicó Ciani. Otros retazos
habían sido cosidos con hilos que no eran los adecuados, y de forma
burda. Debido a esos arreglos improvisados, el diseño se vio modificado
por las tensiones que generaban las costuras de mala calidad.
Luego se realizaron numerosas pruebas para confirmar
que la tintura de los hilos no "migraría" (no desteñiría). El proceso
fue, nuevamente, en extremo meticuloso. Se humedeció una muestra de cada
hilo adherida a un papel secante, para corroborar que el tapiz podría
limpiarse con agua y jabón sin sufrir deterioro alguno durante el
proceso.
Para certificar la perfecta supervivencia del diseño,
el tapiz fue cubierto como un "sandwich", con tul, que también fue unido
con hilvanes. En el siguiente paso, se utilizó una aspiradora de baja
potencia para sustraer parcialmente el polvo varias veces centenario.
Más tarde se construyó, en los fantásticos jardines del museo, una
pileta de nylon, superior apenas al tamaño del tapiz. Con sus pantalones
arremangados, las restauradoras quitaron aquellos siglos de polvo con
esponjas, agua y jabón. Se lo dejó secar naturalmente, ayudado apenas
con algún ventilador.
Actualmente, están en la fase de consolidación, donde
unen el tapiz a una tela de soporte. Se realiza con hilvanes separados
por diez centímetros para evitar que el diseño se desplace. Así, con
hilos similares a los originales, se recrea el efecto de la trama para
que recupere la lectura estética del tapiz, según afirmó Ossó. Ese
trabajo llevará varios meses más: con hilo, aguja, pinzas, lupas y luces
de gran intensidad, cada restauradora interviene un sector diferente
del tapiz, que está parcialmente enrollado sobre una mesa.
La fase final
El tapiz no será restaurado para dejarlo como en sus inicios; se mantendrán parches de los siglos anteriores -unos 10 de 40 hallados- . Según la técnica conservativa utilizada, estos retazos de tela tendrán la tarea de relatar con fidelidad la historia del tapiz.
Se calcula que aún falta un año para terminar el
trabajo. Luego de culminar la restauración, se colocará un forro de
algodón que, con velcro, permitirá que sea colgado nuevamente en las
paredes del museo.
Más de cuatro siglos pasaron desde que el tapiz fue
tejido. Hoy, son estas cuatro mujeres las encargadas de restaurar su
belleza original y mantener, sin embargo, las cualidades que conforman
su historia. Queda el enigma de cuántos siglos pasarán y quienes
emprenderán similar tarea, para mantener, a su vez, las refacciones que
ellas realizan hoy.
Fuente texto: lanacion.com
Fuente texto: lanacion.com
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