ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA EN GRECIA

INVESTIGACION. Julia Tames camina por la cubierta del MS Turanor PlanetSolar, el barco de energía solar más grande del mundo, atracado en el puerto de Zea, en Atenas, el martes 5 de agosto de 2014. De 35 metros de eslora el buque esta preparado para participar en un proyecto de arqueología subacuática en Grecia, para examinar el lecho marino frente a un sitio prehistórico importante, en la esperanza de encontrar rastros de lo que podría ser uno de los primeros pueblos de Europa. (AP / Thanassis Stavrakis)

INVESTIGACION. Julia Tames camina por la cubierta del MS Turanor PlanetSolar, el barco de energía solar más grande del mundo, atracado en el puerto de Zea, en Atenas, el martes 5 de agosto de 2014. De 35 metros de eslora el buque está preparado para participar en un proyecto de arqueología subacuática en Grecia, para examinar el lecho marino frente a un sitio prehistórico importante, en la esperanza de encontrar rastros de lo que podría ser uno de los primeros pueblos de Europa.


Foto: AP / Thanassis Stavrakis

Fuente: Clarín HD

BARTOLOMÉ MITRE, EL GASISTA DEL BARRIO

Bartolomé Mitre, el gasista del barrio

Por Daniel Balmaceda

En pleno microcentro porteño, en San Martín entre Sarmiento y Corrientes, aún se mantiene en pie la casa que habitó Bartolomé Mitre. Vale la pena visitarla y descubrir, entre otras cosas, que cuando enviudó de Delfina de Vedia quitó la cama matrimonial, puso una mesa de billar y se mudó a un cuarto más pequeño en la planta alta de la casa.
Pero no vamos a hablar de esta casa, sino de la que estaba enfrente. Allí vivía por 1840, aun antes de que los Mitre se convirtieran en vecinos, la familia Ocampo. La casa tenía tres patios, además del zaguán, dos salas que daban a la calle -con ventanas de madera, sin vidrio, pero enrejadas-, una salita interna, tres dormitorios, un vestidor y un baño, además de la cocina, el lavadero, el gallinero, los cuartos del personal y el de la leña.
Respecto de las comodidades, no todas las casas contaban con aljibe. Por lo general se llenaban botellones de barro en lo de los vecinos que sí tenían, además de comprarle al aguatero que pasaba todos los días, pero el agua que se compraba era usada para limpieza y otros usos domésticos.
La iluminación de una casa era muy pobre en esos tiempos. Se combinaban las velas de estearina, en las salas y los cuartos de la familia, con las de sebo, para los cuartos del personal, la cocina y demás.
La familia estaba integrada por Gabriel Ocampo, Elvira de la Lastra y sus hijos: Elvina, Laurentina, Etelvina, Astermia, Gabriel y Teodomira. La armonía puertas adentro no logró mantenerse por mucho tiempo. La madre murió en forma repentina (tenía 26 años) y la pérdida coincidió con otro episodio: el padre estuvo a punto de ser apresado por la mazorca rosista, pero logró huir por los techos de la casa y, saltando por azoteas, consiguió asilo en casa de Emilio Castro, quien vivía en la misma manzana, sobre la calle Reconquista. Pocos días después partió de allí disfrazado de verdulero ambulante y logró llegar a San Isidro. Se embarcó rumbo al exilio, primero en Montevideo y luego en Chile, donde se casó y formó una nueva familia. Si bien se ocupó de apoyar económicamente a sus hijos, ellos siguieron viviendo en la casa de la calle San Martín, al cuidado de Petronila Gómez Vidal (abuela de las criaturas). Los chicos crecieron. Teodomira, la menor, se casó con Octavio Garrigós en 1856 y siguieron viviendo en San Martín y Corrientes.
Para aquel tiempo surgió el querosén como medio de iluminación, aunque no para los cuartos, sino para el patio principal. Y luego el gas, que ya venía usándose en las calles desde 1823.
Una noche se cortó la luz. Teodomira sospechó que era una falla del regulador de gas y envió al mucamo Andrés a lo de Mitre, para que regresara con Vilches, el portero del general, quien podría repararlo. Pero en la puerta, el mucamo se encontró con Mitre y le pareció que era lo mismo. Así que le dijo en su tonada gallega: "La señora dice que vaya osté a arreglá a rejulador". Enorme sorpresa fue para Teodomira advertir que el ex presidente entró a su casa transformado en gasista.
Y la luz volvió.

Fuente: lanacion.com

ESPEJO QUE DEFORMA EL YO

Estoy adentro de la obra Cellule à pénétrer, de Julio Le Parc, empujando los espejos para poder pasar, cada tanto abandonándome a la espectación de mi contorno reflejado en un sinfín de ángulos...
Cellule à pénétrer. La obra de Julio Le Parc se exhibe en el Malba.

Por Julián Gorodischer

 

Estoy adentro de la obra Cellule à pénétrer, de Julio Le Parc, empujando los espejos para poder pasar, cada tanto abandonándome a la espectación de mi contorno reflejado en un sinfín de ángulos, multiplicado hasta la exasperación y sintiendo resonancias melancólicas lejanas del laberinto del Italpark en el que celebré mi cumpleaños de 5, esa vez en que me perdía siendo chico inaugurando el culto al yo. Busco, hoy, menos la salida de este laberinto que la sensación de estar perdido en serio: para que se disuelva el rumbo, y llegue una verdadera sensación de intensidad en el vínculo con la obra. Quiero sentir esta experiencia , y así voy, entre diletante y entretenido, esquivándome a mí mismo y completamente escindido, preguntando al vacío: “¿Qué es arte?”. ¿También el resultado de las diez bolas de espejos y sus correspondientes lucecitas refractarias que atravieso diariamente cuando paso por la estación Constitución, pasillo del mercado subterráneo? “¡No!”, me responde una crítica de arte que me escucha murmurar en voz alta, acá adentro, mientras los dos avanzamos como podemos entre los vidrios jamás cortantes. “No –repite– el arte exige conciencia de sí”, me dice. Un ámbito, un espectador, un creador que voluntariamente se sometan a la experiencia de la obra”, como ahora, cuando decidimos a cada paso cómo movernos para encontrar “el nodo”, “el centro”, la perspectiva derivada de aquella posición que nos ilumine sobre el conjunto en vez de hacernos naufragar en el embelesamiento o el horror ante lo que vemos reflejado: ella y yo. Acá estamos, entonces, con esta chica que de pronto ya no está, no la veo más detrás de mí ni al lado mío, cerca de la hora de cierre del Malba. Quedo embobado dentro de esta instalación pionera del arte cinético argentino (1963-2005), desorientado ante la proliferación de mi propia imagen que finalmente me lleva a perder el rumbo, me desorienta pero, sobre todo, me demuestra –por su atemporalidad, por su universalidad, por su capacidad de dialogar con el presente histórico– cuán cierto es que esta obra es un clásico –como ya lo era en su primera exhibición en la Bienal de Paris del ‘63, cuando Le Parc irrumpió ahí con el Groupe d’Art Visuel (GRAV) y rompió con la tradición artística que había prevalecido hasta entonces– al lograr interpretar el signo de cada tiempo en que le tocó ser exhibida: en esta ocasión, la hipertrofia del sujeto a través de todo tipo de estímulos para que lo subjetivo y singular invada todos los ámbitos de la cultura: la multiplicación de páginas y vidrieras personales en la web, el boom del periodismo en primera persona, el endiosamiento de la autofoto, el relevo del autógrafo-tributo por la selfie -egomaníaca, que incorpora el protagónico del yo deseante al antaño aureolado sistema de estrellas. Lo declaraba una antigua fan devenida en selfier en una nota de Clarín del 27/7: “Los autógrafos ya están guardados como pequeños tesoros de una época...”. Sigo “penetrando” mi imagen diferida y distorsionada en diez mil versiones de mí mismo; se me dificulta el andar.

Lo afirman los curadores de “Lumiere” –su retrospectiva en MALBA–, Hans-Michael Herzog, Käthe Walser y Victoria Giraudo: “Le Parc busca ofrecer al hombre la oportunidad de romper con su existencia reglamentada. Su intención es liberar al espectador de su dependencia”.


Fuente: Revista Ñ Clarín

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS LEONARDO DA VINCI

Como por milagro, proliferan las obras del genio. El sitio online Artnet hizo una investigación que revela que “hay un Leonardo o dos por semana en el mercado”.


De vez en cuando llega a los diarios la sospecha –la esperanza– de que tal o cual cuadro colgado en un lugar remoto salió, en realidad, de la paleta del gran Leonardo Da Vinci. De vez en cuando.
A los galeristas, en cambio, les llega más seguido. El sitio online Artnet hizo una investigación a partir de un llamado que recibió un experto en arte estadounidense, Todd Levin. Alguien llamado Richardl Lawler le decía que tenía no uno sino DOS cuadros de Da Vinci para vender. El experto se sorprendió: hasta el momento se conocen sólo 23 obras del artista del Renacimiento.
Sin embargo, a veces lo extraño es real. En marzo se vendió por 75 millones de dólares Salvator Mundi, una obra que recién en 2011 fue atribuida a Leonardo.
Artnet consultó a otro experto, Martin Kemp, de la Universidad de Oxford. El había escuchado hablar de dos cuadros, no sabía si eran los mismos del llamado. “Uno es un retrato de una mujer con una estola de piel y el otro, un supuesto retrato del pintor Salai”. De todos modos, dijo Kemp, a él le llevan entre 12 y 20 “Leonardos” por año.
En 2013, por ejemplo, un supuesto Leonardo fue hallado en un banco suizo. Era el retrato de una mujer de la nobleza, Isabella d’Este. Algunos expertos lo avalaron, otros dudaron.
“Hay un Leonardo o dos por semana en el mercado”, dijo a Artnet el galerista Asher Edelman. “Ninguno está documentado y la mayoría de los especialistas no los daría por auténticos. Las casas de subastas no los rematarían, los bancos no darían préstamos contra ellos”. ¿Edelman había oído hablar de los Leonardos de Lawler? Los que ofrencen esas cosas, dijo, “cambian de nombre todo el tiempo”.
En los últimos años, apareció una Madonna atribuida a Da Vinci en Escocia, un autorretrato en Italia, una versión de la Mona Lisa en Suiza y La bella principessa, pintado con tiza y tinta. Sobre cada uno hay polémica. Grandes nombres, gran atractivo. Ya se sabe, lo barato puede salir muy caro.

Fuente: Revista Ñ Clarín

UN BARCO DE HACE MÁS DE 250 AÑOS
ESTABA ENTERRADO DEBAJO DE LAS TORRES GEMELAS

Hallazgo arqueológico en pleno Manhattan
Fue construido por holandeses en 1773. Y luego lo hundieron para ganar tierra al río.



Entre rascacielos. La embarcación fue hallada hace cuatro años, pero recién ahora confirmaron su origen.
Entre rascacielos. La embarcación fue hallada hace cuatro años, pero recién ahora confirmaron su origen.
Dos momentos relevantes de la historia de Estados Unidos se cruzaron de casualidad en Nueva York, a partir de un hallazgo casual y sorprendente. Investigadores confirmaron que los restos del barco que había sido hallado hace cuatro años bajo el sitio donde se erigía el World Trade Center corresponden a una embarcación del 1700. Así, esos pedazos de maltrecha madera, maltratada por el paso de los años, vinculan dos sucesos críticos de la historia del país: los atentados del 11 de septiembre del 2001 y la víspera de la Guerra Revolucionaria.
Investigadores dijeron que un barco desenterrado en el sitio de construcción del World Trade Center, en el extremo sur de la isla de Manhattan, se hizo con madera que fue cortada alrededor de 1773, dos años antes del comienzo de la guerra y tres antes de la firma de la Declaración de Independencia de Estados Unidos.
Científicos del centro de estudios Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia afirmaron a la revista especializada Three Ring Research que el roble blanco usado en la armazón del barco provino de un bosque del área de Filadelfia, que es el mismo usado para construir el Independence Hall en esa ciudad.
Los investigadores dicen que identificaron tentativamente el barco como una corbeta construida en Filadelfia, que fue diseñada por los holandeses (primeros europeos en establecerse permanentemente en lo que hoy es Manhattan en 1624) para transportar pasajeros y carga en aguas poco profundas y pedregosas. Después de navegar durante dos o tres décadas, la hundieron a propósito en el fondo del río Hudson como relleno para ampliar el extremo sur de Manhattan.
Hace cuatro años, se encontró una pieza del barco de 9,7 metros de largo a unos seis metros de profundidad durante la construcción de un estacionamiento en el nuevo One World Trade Center, parte del complejo que se reconstruye después que los ataques terroristas del 11 de septiembre destruyeran las célebres Torres Gemelas.
Con extremo cuidado, los arqueólogos desmantelaron el barco pieza por pieza y congelaron las traviesas para poderlas estudiar y con la esperanza de rearmar el barco y exhibirlo. A poca distancia se encontró también un ancla de hierro de unos 45 kilos.
Este es el segundo barco que se encuentra enterrado en el fondo de las aguas en el extremo sur de Manhattan en las últimas cuatro décadas. Los arqueólogos encontraron otro, de carga del siglo XVIII, en Water Street en 1982.
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Fuente: clarin.com

ARGERICH Y BAREMBOIM, A CUATRO MANOS EN EL COLÓN

Tuvieron el primer ensayo antes de la serie de conciertos que comenzará pasado mañana
Daniel Baremboim y Martha Argerich

La imagen del reencuentro: Martha Argerich y Daniel Barenboim, ayer por la tarde, en el primer ensayo que tuvieron juntos, en la Sala Bicentenario del Teatro Colón. Era la primera vez que los pianistas se veían en Buenos Aires antes de la serie de conciertos que comenzará pasado mañana y que tiene varias fechas agendadas. Una serie realmente maratónica que incluirá recitales de piano, conciertos con orquesta en el teatro y al aire libre (en Puente Alsina), y hasta una actuación de los pianistas con el grupo Les Luthiers.
En la vida, como en las películas, no todo es lo que parece. Cerca de las cinco de la tarde el hombre que salía del teatro por la calle Cerrito vestido informalmente con camisa a cuadros, gorra visera con la leyenda "Orlando" y un bolso colgado al hombro no era un turista que terminaba la visita guiada al Colón sino Marcos Mundstock. Minutos antes, por la misma puerta, había salido el resto de sus socios de Les Luthiers, Jorge Maronna, Daniel Rabinovich, Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés. Habían estado ensayando en una sala contigua a la del Bicentenario. Lo que ofrecerá el grupo dentro de este ciclo denominado Festival Barenboim será "La historia del soldado", de Igor Stravinski, y "El carnaval de los animales", de Camille Saint-Saëns.
Por estos días hay mucha actividad en el tercer subsuelo del teatro. Barenboim llegó el jueves de la semana pasada junto con todos los músicos de la orquesta West-Eastern Divan. Tuvieron ensayos durante toda esta semana y ayer se encontraron con la pianista. Trabajaron sin intervalos ni el recreo previsto de quince minutos. Después de dos horas pudieron descansar. Sentado al piano sólo quedó uno de los pequeños nietos de Martha. Y la pianista, que nunca puede con su genio, se fue hasta el fondo de la sala y destapó un Yamaha que estaba cubierto por su funda y por una montaña de partituras orquestales. Lo probó, le gustó cómo sonaba y pidió que lo movieran hasta el centro de la sala. Llamó a Barenboim y se sentaron a tocar.
Por ahora están allí, en ese búnker donde se trabaja casi sin pausa. Ya tendrán tiempo de darse una vuelta por la sala principal donde debutaron como pianistas hace tantos años; para caminar por su escenario, como esos jugadores de fútbol que salen a hacer un reconocimiento del terreno antes de los partidos, o como esos pilotos de Fórmula 1 que dan esos primeros giros de prueba en un circuito por el que ya transitaron varias veces. La carrera es larga, especialmente para Barenboim. Tiene programados, en menos de dos semanas, alrededor de una docena de conciertos.
Por estos días los ensayos tienen que ver con lo inmediato. El concierto de pasado mañana, donde la orquesta, con dirección de Barenboim y la participación de Argerich, ofrecerá un programa que incluirá a Beethoven y Ravel. Al día siguiente la orquesta y su director se embarcarán en la primera de cuatro funciones de repertorio wagneriano.
La del martes será una de las funciones más esperadas, ya que se trata del recital de piano en el que Martha y Daniel, estos dos hijos pródigos que siempre están volviendo a casa, interpretarán Mozart, Schubert y Stravinsky.
"Martha es la persona en el mundo que conozco hace más tiempo. Desde que yo tenía 7 años", dijo Barenboim semanas atrás, durante una entrevistas con LA NACION. Cada tanto se reencuentran en Europa. Pero esta vez tiene otro sabor.


Fuente: lanacion.com

AGUSTÍN PÉREZ RUBIO:
"UN MUSEO NO ES UN PARQUE DE ATRACCIONES"

Estuvo al frente del museo de Castilla y León hasta 2013 y hoy asume como nuevo director artístico del Malba; lejos del arte masivo, dice que las muestras no deben estar al servicio del número de visitantes

Pérez Rubio, nuevo director artístico del MALBA.  Foto: LA NACION
Pérez Rubio, nuevo director artístico del MALBA.. Foto: LA NACIÓN



Por Violeta Gorodischer

El recuerdo es preciso: siete años, la tibieza del sol valenciano, la mano paterna, los pasos ansiosos hasta el quiosco de revistas. Allí, en ese terreno donde las historietas son el tesoro infantil más preciado, el pequeño Agustín observa en silencio. "Ésa", dice finalmente, y señala un ejemplar cuyo dibujo de tapa, tan extraño como cautivante, le interesa más que cualquier otro. El padre, perito mercantil, lo mira sin comprender nada: ni la elección del hijo ni esas figuras indescifrables que tanto le fascinan. Duda, pero accede. "Resulta que era un fascículo de Miró", detalla hoy el español Agustín Pérez Rubio, 42 años, recién llegado a la Argentina para asumir como el nuevo director artístico del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).
Al Miró siguió un Tàpies, y al Tàpies varios artistas más que, con el paso de los años, fueron construyendo una base sólida desde la cual Pérez Rubio se licenció en historia del arte, descolló como curador joven y pudo lucirse como director del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac) hasta febrero de 2013. A partir de hoy, podrá agregar una línea más a su CV: esta vez, estará a cargo de la colección y las nuevas adquisiciones, el programa de exposiciones y la supervisión general de publicaciones, educación y extensión cultural, cine y literatura del Malba.
La anécdota con la cual se presenta es una suerte de parábola: la curiosidad como uno de los baluartes más preciados del arte, ahí donde entra todo menos las certezas. "Si crees que sabes todo, eres pedante y te puedes morir mañana, pues ya tienes tus problemas resueltos y tus preguntas contempladas".
-¿Con qué muestra inaugurás tu cargo?
-Desde hace unos meses ya estoy trabajando en futuros proyectos. Me incorporo con la exposición Le Parc Lumière, que estará hasta el 6 de octubre, con una selección extraordinaria de sus piezas lumínicas de los años sesenta, y donde el montaje en las salas de la primera y segunda planta es extraordinario.
-¿Cuáles son los planes para este nuevo rol?
-Mi nombramiento viene junto con el de un director ejecutivo. Y se refuerza con el de un comité científico-artístico para las cuestiones dentro de la programación y la curaduría. Es decir, habrá una serie de curadores nacionales e internacionales que formarán parte de este comité, que se apoyará a su vez en alianzas y proyectos de otras instituciones. El Malba, así, queda mucho más reforzado a ese nivel. Para nosotros es muy importante la Asociación de Amigos de Malba, que ya existe, pero vamos a intentar, junto con el director ejecutivo, que se forme un board de patronos que realmente aporten, no sólo económicamente, sino en cuanto a relaciones institucionales. Que puedan donar piezas a la colección, que estén en relación con otros coleccionistas y otras instituciones. Lo artístico y lo ejecutivo-administrativo va a estar reforzado con estas alianzas.
-¿Es una práctica común en los museos de Europa?
-Sí, los latinoamericanos tienen una estructura más parecida a los museos americanos, es decir, la financiación es privada, de fundaciones o de dinero privado. En Europa, ese dinero es público. De todas formas, es más manejable a nivel administrativo un dinero que viene de manos privadas. Son métodos diferentes, pero los fines son muy parecidos.
-Al menos en Buenos Aires, cambió el concepto de museo de un tiempo a esta parte: tiendas, propuestas pluralistas, el museo como una salida? ¿Qué opinión tenés al respecto?
-Yo creo que es importante atraer al público, siempre y cuando se le den los resortes críticos a nivel de la muestra y de los contenidos. Por supuesto que el museo contiene una serie de conocimientos que se pueden transmitir a través de la experiencia: es muy importante que cada persona que venga se lleve algo. Pero cuidado, no se trata de una experiencia de entretenimiento: puede ser una visita placentera, hasta divertida, pero un museo no es un parque de atracciones. Si alguien quiere eso, o un balde de pochoclo, sabe adónde ir. Al contrario, el museo debe ser consumido desde un lugar reflexivo. Tú tienes que estar abierto, registrar los diferentes públicos, y darle a cada uno la atención que necesita, la manera de entendimiento que demanda. Que esto sea un intercambio intelectual y estético.
-¿Cómo se le dan esas herramientas al público con muestras masivas, de hasta tres cuadras de fila?
-Bueno, apuntando a eso. Yo estoy seguro de que la gente se ha llevado algo de la experiencia de Kusama: esa pérdida del ser en los espejos, esa cuestión casi física de ese tipo de experiencia. Y luego, es importante hacer un display formativo y pedagógico a través de los textos, las guías y las visitas guiadas. El público va a apropiarse de una serie de cosas. El museo debe ser abierto, pero también debe profundizar en los contenidos, que no sea una batida rápida de información cultural. Cada uno se va a llevar lo que quiera. Por mucho que le pongas, si alguien tiene tres minutos, se va a llevar lo que quepa en ese tiempo; pero si alguien quiere profundizar, hay que ofrecerle esas capas de conocimiento.
-¿Cuál es el perfil que querés darle al museo de aquí en más?
-A ver, yo no hago una muestra para traer público. Nunca sabes por qué ni cuándo una muestra va a tener éxito; uno no hace una muestra pensando en cuánta gente va a venir. Un museo tiene un discurso. Todo esto de la masividad pertenece a una etapa anterior, yo daré un giro. Una muestra no es mejor que otra por tener más público. Hay muestras que no han tenido grandes cantidades de público, pero que, en 50 años, habrán pasado a la historia como parte de un museo. Tienes que estar para la mayoría y para la inmensa minoría. Para eso hay que balancear las programaciones, no estar al servicio de los números de visitantes, sino del discurso de aquello que el museo quiere narrar. En este sentido, mi papel como director artístico no es hacer una buena exposición o traer gente, sino hacer que todo el museo se unifique en un mismo discurso. Incluso abarcar dudas curatoriales: ¿hacia dónde va lo latinoamericano?; ¿qué sentido tiene hacer esto?
-O sea que la idea no es focalizar únicamente en las obras?
-Es que la obra no es autónoma, responde a inquietudes de un momento y de un proceso histórico. Hay que situar al museo en el discurso que quiere dar, cuál es la imagen de contemporaneidad que quiere dar.
-¿Y cómo se mide el éxito de una muestra?
-Es imposible de medir. A corto plazo, puedes decir que algo ha sido popular, que ha sido bien tomado por la crítica, pero en realidad no sabes, porque eso se tiene que ver en perspectiva histórica. Y nosotros no la tenemos ahora, para medir nada. Por eso trabajar en arte contemporáneo es arriesgarse. Cuando seleccionas un joven artista, no sabes qué va a ser mañana de él. Para ti representa esa contemporaneidad y ese paso adelante, pero en verdad no lo sabes. El éxito puede ser que vengan 100.000 personas o que a partir de una exposición surja una nueva cátedra que haga repensar determinado tipo de arte en la Argentina.
-Para terminar, ¿podrías nombrar tres artistas contemporáneos que te desvelen?
-Voy a responder teniendo en cuenta mi día a día ya que estos artistas ocupan actualmente mi energía por proyectos específicos, como por ejemplo: Rosangela Rennó, con quien estoy finalizando la edición de un libro de un proyecto conjunto que hicimos. Carlos Garaicoa y Sophie Calle, con quienes estoy trabajando en dos proyectos diferentes, el primero para noviembre en el CA2M en Madrid, y el segundo en febrero para el Centre de L'Imatge La Virreina de Barcelona. Pero también sigo investigando sobre Anne Marie Heinrich, fotógrafa que me parece interesante por su temprana visión feminista de algunas de sus imágenes, o Mirtha Dermisache, a quien le profeso un interés extraordinario y de quien el público en general desconoce gran parte de su obra.

Agenda de exposiciones

Las actividades previstas hasta fin de año
Le Parc Lumière
Hasta el 6 de octubre en las salas 5 (nivel 2) y 3 (nivel 1). Selección de obras históricas de Julio Le Parc (Mendoza, 1928).
C-32 Sucursal. La Ene en Malba
Del 8 de agosto al 13 de octubre en el nivel 1. Nueva edición del programa dedicado al arte actual. Esta vez, dedicada a La Ene, Nuevo Museo Energía de Arte Contemporáneo.
Berni. Juanito y Ramona
Del 31 de octubre al 22 de febrero en las salas 5 (nivel 2), 3 (nivel 1) y 1 (nivel -1). Exposición centrada en sus célebres series de Juanito Laguna y Ramona Montiel..


Fuente: lanacion.com